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Lunes, 27 de junio de 2022

Facultades del alma

De Enciclopedia Católica

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I. SIGNIFICADO II.CLASIFICACIÓN


I. SIGNIFICADO

Cualquier doctrina que uno pueda sostener acerca de la naturaleza del alma humana y sus relaciones con el organismo, los cuatro puntos siguientes están más allá de posibilidad de duda.

La Conciencia es escenario de incesante transformación; sus procesos aparecen normalmente, hora en una sucesión, hora en otra; y la duración de cada uno es breve. Todos no presentan las mismas características generales, ni afectan a la conciencia de la misma manera. Difieren en considerar ambos caracteres como manifestación de conciencia, y del órgano, externo o interno de que depende su aparición. Ya que los rasgos que tienen en común bajo este doble aspecto, junto con sus diferencias, hacen posible y necesario, agrupar los estados mentales en ciertas clases más o menos comprensivas. Hay más en la mente, de hecho, que lo que se manifiesta en conocimientos; hay imágenes latentes, ideas, y sentimientos que bajo condiciones dadas, surgen y se reconocen, aún después de un intervalo considerable de tiempo. Por causa de aptitudes innatas o adquiridas, las mentes difieren en capacidad o poder. Consecuentemente, aun cuando fuera posible para dos mentes experimentar procesos perfectamente semejantes, diferirían grandemente, sin embargo, porque una es competente para experiencias, que resultan imposibles para la otra. No obstante su variedad y su carácter intermitente, estos procesos corresponden a uno y al mismo sujeto consciente; estando todos referidos, natural y espontáneamente, al ego, o yo. Estos hechos son la base psicológica para admitir las facultades (de facere, de hacer), capacidades (capax, de capere, de comprender), o poderes (de posse, de capacidad o aptitud para; los Escolásticos generalmente usan el término latino correspondiente a potentiæ). Cualquier esfuerzo, sin embargo, por definir con mayor precisión el significado de las facultades, llevaría seguramente a una protesta vigorosa. De hecho, pocas cuestiones psicológicas de importancia similar han sido el objeto de tantas acaloradas discusiones, y puede agregarse, de tantas desavenencias. Una visión extrema considera a las facultades como reales, aun cuando agentes secundarios ejerzan una influencia activa entre si, solo son meras explicaciones científicas de hechos psicológicos. ¿Por qué el hombre ve y razona? Porque tiene facultades de visión y razonamiento. El acto de voluntad, es libre; hay interacción entre intelecto, voluntad, sentidos, sentimientos, etc. A veces, sin embargo, se usan tales expresiones entendiéndolas como metáforas, con la advertencia explícita o implícita que no deben ser tomadas literalmente.

Al otro extremo se encuentran psicólogos, numerosos hoy en día, que rechazan, conceder cualquier clase de realidad, en absoluto, a las facultades. Solo los procesos, son reales; las facultades simplemente son, términos generales para rotular a ciertos grupos de procesos. Como todas las abstracciones, nunca deben parecer que tengan alguna realidad fuera de la mente, que acostumbra a utilizarlas como suplentes lógicos para facilitar la clasificación de hechos mentales.

Que la teoría de la facultad no tiene ninguna conexión esencial con el dogma católico, esta evidenciado suficientemente, por el hecho que ha encontrado, y todavía encuentra, antagonistas, tanto entre abogados, como entre teólogos católicos y filósofos.

Por consiguiente, juzgando la cuestión sobre sus propios méritos, puede decirse que la doctrina de Santo Tomás evita los extremos arriba expresados, y está al menos libre de los disparates con que los psicólogos modernos atacan, tan frecuentemente, a la teoría de la facultad. Sus expresiones, tomadas fuera de contexto, y trasladadas sin suficiente conocimiento de la terminología Escolástica, podrían ocasionar, fácilmente, una interpretación errónea. A causa de que el conocimiento de la naturaleza del alma y sus facultades, según Santo Tomás, es en parte negativo y en su aspecto positivo, analógico, es necesario usar expresiones tomadas de cosas que son más directamente conocidas. Sin embargo damos algunos principios que siempre deben tenerse presentes; por ejemplo, "las facultades sólo actúan por la energía del alma"; ellas no tienen energía propia, porque "no son los agentes". Considerando aplicaciones más especiales, "no es el intelecto el que entiende, sino el alma, a través del intelecto" (Quæst. Disp., De Veritate, x, 9, anuncio 3).

Además, la cuestión no es inquirir si la voluntad es libre, sino, si el hombre es libre (Summa, I:83; I-II:13; De Veritate, xxiv; De Malo, vi). Esto muestra que cuando una distinción real se admite entre el alma y sus facultades, o entre las facultades en si mismas, el significado no es una distinción entre substancias o agentes. En terminología Escolástica, la distinción no siempre significa separación, ni tampoco, la posibilidad de separación. La distinción entre una sustancia y sus cualidades, atributos o formas, se llamó distinción real.

Si el alma puede originar o experimentar estados y, tal como todos admiten, ser totalmente diferentes, es porque hay en la mente varios modos de energía o facultades. Puesto que las mentes no sólo difieren por sus volúmenes actuales de conciencia, sino también, y principalmente, por el poder que ellas tienen de experimentar procesos diferentes, está claro que si esto constituye una diferencia real, debe ser en si misma algo real. Tan inevitable es esta conclusión, que algunos de los antagonistas más firmes de las facultades, son al mismo tiempo los defensores más fuertes de la teoría de las “disposiciones psíquicas” que postulan para explicar, los actos de la memoria, hábito mental, y en general, la utilización consciente o inconsciente, de las experiencias pasadas. ¿Y aún, qué es una disposición psíquica sino un poder adquirido o facultad? El "fondo de posibilidades" de Stuart Mill o la "permanente posibilidad" de Taine, son ciertamente menos claras y más inaceptables que las "facultades". Para la facultad una mera posibilidad no es, sino, un poder real de un agente, una potentia (ver ACTUS ET POTENTIA).

Las disposiciones psíquicas no son más que explicaciones de hechos que son facultades, si por explicación significamos: asignar un antecedente mejor conocido, o conocido independientemente, que los hechos a ser explicados. En ambos casos, el conocimiento completo de la facultad, o la disposición, se deriva de los mismos procesos, porque ninguno puede clasificarse bajo la observación directa. La posibilidad de una experiencia o acción, si conocida, siempre se la conoce por inferencia directa o por analogía de acciones o experiencias pasadas. Aún sin ser una explicación científica, y sin sustituirlas, tampoco, por explicaciones científicas, la facultad, como la disposición, son sendas, de la actividad subconsciente, etc., que constituyen postulados legítimos.

II. CLASIFICACIÓN

Platón admite tres partes, formas, o poderes del alma, quizás, hasta tres almas distintas: el intelecto (noûs), los afectos más nobles (thumós), y los apetitos o pasiones (epithumetikón).

Para Aristóteles, el alma es una, pero dotada de cinco grupos de facultades (dunámeis): las "vegetativas" (threptikón), en relación con el mantenimiento y desarrollo de la vida orgánica; las del apetito (oretikón), o la tendencia a algún bien; las de percepción de los sentidos (aisthetikón); las de "locomoción" (kinetikón) que dirigen los variados movimientos corporales; y las de la razón (dianoetikón). Los Escoláticos generalmente siguen la clasificación de Aristóteles. Para ellos el cuerpo y alma están unidos en una sustancia completa. El alma es la forma substantialis, el principio vital, la fuente de todas las actividades. Por consiguiente, la ciencia del alma distribuye funciones que, hoy día, se corresponden con los campos de la biología y la fisiología. Sin embargo, en tiempos más recientes, y especialmente bajo la influencia de Descartes, la mente ha sido separada del organismo, como una extraña.

La sicología trata solamente con el mundo interno, es decir, el de la conciencia y sus estados. La naturaleza de la mente y sus relaciones con el organismo son cuestiones que pertenecen a la filosofía o la metafísica. Como consecuencia, la sicología moderna también falla, al distinguir entre las facultades espirituales del alma, aquéllas que el alma ejercita sin la intrínseca cooperación del organismo, y las facultades del compositum, es decir el alma y el organismo unidas en un completo principio de acción, o de un especial órgano viviente. Esta distinción también fue un punto esencial en la sicología Aristotélica y Escolástica.

Finalmente, los Escolásticos redujeron la vida afectiva a la facultad general de los apetitos, considerando que hoy día, especialmente desde Kant, una división tripartita es, normalmente, más aceptada, a saber en: facultades cognoscitivas, afectivas, y conativas. Algunos, sin embargo, todavía sostienen una división bipartita. Otros, finalmente, rechazan ambas como inaceptables, y sigue el orden de desarrollo, o basan su clasificación en condiciones objetivas y características subjetivas. Sin entrar en discusión puede decirse, que útil y justificable, la clasificación tripartita puede demostrar en sicología, que la reducción Escolástica de sentimientos a "apetitos" parece ser, sin embargo, más profunda y filosófica, porque los sentimientos y emociones, agradables o dolorosos, son el resultado de un acuerdo o conflicto entre ciertas experiencias y la tendencia mental.

C.A. DUBRAY Transcrito por Rick McCarty Traducido por José Luis Anastasio