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Miércoles, 23 de octubre de 2019

Evangeliaria

De Enciclopedia Católica

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Libros litúrgicos que contienen partes de los Evangelios que se leen durante la misa o en oficios públicos de la iglesia. El nombre no es anterior al siglo diecisiete. Los griegos llamaron a esas colecciones Euaggelion, "Evangelio", o eklogadion tou euaggeliou, "Selecciones de los Evangelios".

Las colecciones de los Hechos de los Apóstoles y de las Epístolas son conocidas como para leer Apostolos, "Apostol", o praxapostolos. En las iglesias del rito latino, las lecturas del Antiguo Testamento y partes de los Evangelios se agrupas normalmente en el mismo libro bajo el nombre Comes, Liber comitis, Liber comicus (de comes, compañero), o Lectionarium. Evangeliarios separados son raros de encontrar en latín. Las tablas indicadoras de los pasajes que se ha de leer, así como los domingos y días de fiesta en los que se ha de hacer son llamadas por los griegos en griego "Evangelistarium", un nombre que se da a veces a los Evangeliaria mismos; también se les llama "Synaxarium", y los latinos los conocen como "Capitulare". Aunque la voz Evangeliarium es de origen reciente ha sido adoptada universalmente. La palabra Lectionarium se emplea, sin embargo para denotar o la colección de pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento, incluyendo los Evangelios o sólo estos pasajes sin los correspondientes evangelios

Origen y uso de los Evangeliaria.

Siguiendo la costumbre de la sinagoga, las Escrituras del AntiguoTestamento eran leídas en las primitivas asambleas cristianas. A medida que se iba decidiendo sobre el canon de Nuevo Testamento, se incluyan en estas lecturas ciertos extractos de él. Justino nos dice que en su tiempo, cuando los cristianos se reunían, leían las Memorias de los Apóstoles y los escritos de los profetas (Primera Apología, 67). Tertuliano, Cipriano y otros escritores atestiguan la misma costumbre. En Occidente, el orden de lector existía ya desde el siglo tercero. Por falta de testimonios precisos no sabemos como se decidían los pasajes concretos. Muy probablemente los obispos que presidían los elegían en la misma asamblea y es obvio que cuando ocurrían ciertas fiestas se leería la Escritura que se refería a ellas. Naturalmente, poco a poco resultaría así una lista más o menos definida. S. Juan Crisóstomo en una homilía predicada en Antioquía exhorta a sus oyentes a leer antes los pasajes de la Escritura que se van a leer en el oficio del día (Homilía de Lázaro, iii,ci). De igual manera otras iglesias formarían tablas de lecturas. Se acostumbraba a anotar en el margen del texto manuscrito el domingo o festivo en el que se iba a leer ese pasaje concreto y al final del manuscrito añadiría la lista de tales pasajes, el Synaxarium o Capitulare. El paso de este proceso a la creación de los Evangeliaria, o colecciones de tales pasajes, era fácil. S Gregorio es de la opinión de que poseemos fragmentos de los Evangeliaria del los siglos cuarto, quinto y sexto y que hay muchos del noveno en adelante (según él, 1071). De igual manera, encontramos Leccionarios en las iglesias latinas ya desde el siglo quinto. El “Comes” de la iglesia es de fecha anterior a S. Gregorio el Grande (P.L., XXX, 487-532). Desde el siglo diez se hallan las lecciones de los evangelios, junto con las epístolas y oraciones, unidas en un libro litúrgico , llamado el Misal.

Evangeliarios y el texto del Nuevo Testamento.

Los evangeliarios tienen poca importancia para la crítica del texto del Evangelio. En el momento que se comenzaron a recoger en forma de libro los varios pasajes del Evangelio para usarlo en las reuniones litúrgicas, las varias familias del texto evangélico y sus traducciones ya existían y los Evangeliarios reproducen simplemente el texto que preferían las distintas iglesias que lo compilaban. Desafortunadamente tuvieran alguna influencia en manuscritos más recientes del Evangelio; ciertas añadiduras de carácter litúrgico ( por ejemplo in illo tempore; dixit Dominus) que se ponían al principio o final de la lectura se han colado en el texto mismo. Pero en el texto oficial de la Vulgata y en ediciones actuales del texto griego, debido a los trabajos de Tischendorf, Westcot y Hort, estos glosarios litúrgicos son raros. Vemos un ejemplo en el texto de la Vulgata de Lucas 7:31 ( ait autem Dominus).

Los Evangeliarios y la liturgia.

Es precisamente desde el punto de vista de la liturgia por lo que los Evangeliarios son interesantes. El método general de los Evangeliarios es uniforme, la primera parte contiene los Evangelios de los domingos comenzando en Pascua de Resurrección; la segunda parte contiene los Evangelios de las fiestas de los santos comenzando el 1 de septiembre. En las iglesias occidentales, la distribución de las perícopas evangélicas era más divergente debido a los varios ritos. Además el ceremonial seguido en la lectura del Evangelio presenta muchas diferencias entre iglesias, lo que sería demasiado largo para tratar aquí.

Ornamentación de los Evangeliaria.

Los libros usados en la liturgia y sobre todo los manuscritos de los Evangelios, fueron muy desde el principio, por lo que texto y cubierta fueron frecuentemente ornamentados con mucha riqueza.

Desde el punto de vista artístico la distinción entre los Evangeliaria estrictamente hablando y los manuscritos del Evangelio, es de poca importancia y en general, no se tiene en cuenta. Consiste únicamente en el hecho de que la iluminación de los Evangeliaria, en general, se da en los pasajes seleccionados para las grandes fiestas del año. El Libro de roble del juramento de la coronación de los reyes anglosajones, que recibió el rey Athelstan, al parecer, de su hermano político Otón I, y que a su vez regaló a la catedral de Canterbury, está ilustrado con figuras de los evangelistas copiadas libremente del Evangeliario de Carlomagno que se conserva en Viena. Sabemos que había evangelios en rollos por verlos en las miniaturas, especialmente como emblemas de los evangelistas, hasta bien entrada la Edad Media.

El rollo del Libro de Josué (siglo noveno, en la biblioteca vaticana) es un ejemplo de lo que eran los Evangeliaria en este formato con miniaturas. La forma de rollo permaneció mucho más tiempo para lo manuscritos litúrgicos de Milán y el sur de Italia. Los Evangeliarios costosos son notables sobre todo por su clara y cuidadosa escritura. Han ayudado a perpetuar y propagar ciertos estilos de caligrafía.

La uncial griega se usa en muchos manuscritos de los siglos nueve y diez; y la uncial latina también se emplea, especialmente en Galia, hasta bien entrado el medievo para obras litúrgicas y del evangelio. El copiar el evangelio influyó mucho en la escritura de los escribanos irlandeses y anglosajones e influyó en la propagación por todo el continente y al desarrollo de la carolingia minúscula y la semi-uncial de la escuela de Tours. Los copistas de los Evangelios utilizaron otros elementos para embellecer su habilidad con la pluma, como por ejemplo los pergaminos púrpura, oro o plata líquidos y varias tintas de color.

El papel de los Evangeliarios en la historia de la pintura miniada hasta los siglos doce y trece, es muy importante. Es de digno de especial mención las miniaturas insertadas en los cánones de Eusebio, o tablas de concordancias de los Evangelios. La letra inicial pintada difiere según las diferentes escuelas de escritura; los escribanos irlandeses usaban nudos artísticos y lazos, los escritores merovingios y lombardos preferían formas animales, peces especiales etc.

Con frecuencia se encuentran escenas iluminadas, de interés para los especialistas en iconografía, en estas copias de los textos evangélicos. Con frecuencia es la figura del evangelista la que aparece al frente de su evangelio; el donante, o más bien un esbozo que muestra la donación del libro se halla con frecuencia en miniaturas desde los días de Carlomagno hasta el final de la Edad Media. El príncipe aparece recibiendo de manos del abad el Evangeliarium que usará siempre que asista a los sagrados oficios en la iglesia de la abadía (ver la pintura de Carlos el Calvo en la Biblia Vivien de la Bibliothèque Nationale, Paris). Pero en los siglos décimo y undécimo el príncipe aparece ofreciendo el precioso manuscrito a Cristo o al santo patrón de la iglesia o abadía ( ver el Evangeliario de Bamberg mostrando al emperador Enrique II ofreciendo el libro a Cristo).

Entre los Evangeliarios más conocidos se pueden mencionar los siguientes: La parte de un evangeliario de Sinope (siglo sexto: en la Bibliothèque Nationale, Paris); el evangeliario de Rossano ( hacia el 600) en unciales griegas; los códices sirios de Rabula (286, en Florencia) y Etschmiadzin (miniaturas del siglo sexto); el evangeliario de Gregorio I ( en Cambridge) en unciales latinas; el Libro de Kells (siglos siete al nueve, en Dublín); el Libro de Lindisfarne (siglo octavo en el Museo Británico de Londres) de ; el evangeliario irlandés-continental de S. Gall ( hacia el 800); el evangeliario carolingio de Gotescalco (hacia el 782,en la Bibliothèque Nationale, Paris); el códice Ada (siglo noveno, en Tréveris); el evangeliario de Echternach ( siglo décimo, en Gotha) y el de la abadesa Uta ( hacia 1200, en Munich). Los evangeliarios valiosos se atesoraban cuidadosamente y cuando se usaban en los oficios se colocaban sobre un lienzo o sobre un cojín La hoja de atrás de la encuadernación solía dejarse en blanco, pero la cubierta delantera era enriquecida con toda la habilidad del orfebre. Una de las encuadernaciones más antiguas o cubiertas que poseemos es la ofrecida por la reina Teodelinda (600) a la catedral de Monza.

A veces se insertaban placas d marfil, que parecían dípticos, en estas encuadernaciones. Los más antiguos son de origen oriental o italiano y muestran figuras aisladas de Cristo o de la Virgen etc. Algunas de ellas, que se hallan en los países a lo largo de los países del Rin o del Mosela y al norte de Francia ( siglos diez y once) muestran escenas de la crucifixión


Fuentes

BAUDOT, Les Evangéliaires (Paris, 1908), pp. 38-44 y 58-69, sobre los libros litúrgicos latinos que contienen pasajes de los evangelios que se leían en los oficios; sobre la distribución de perícopas en oriente, cf. pp. 30-32; en Roma, pp. 44-50 ad 69-94; en el RitoAmbrosiano. 94-101; GREGORY, Textkritik des Evangeliaria; vol. II, pp. 521-23, on Syriac Evangeliaria; CASPARI en Realencyklopädie für protestantische Theologie, s.v. Perikopen; RANKE, Das kirchliche Perikopénsystem; SCHU, Die biblische Lesungen der kath. Kirche in dem Officium und der messe de tempore (Trier, 1861); MANGENOT en VIG., Dict. de la Bible, s.v. Lectionnaires; DUCHESNE, Les origines du culte Chrétien (Paris, 1908); Dict. Christ. Ant., s.v. Lectionary; LECLERCQ en CABROL, Dict. d'archéologie chrétienne, s. vv. Alexandrie, Antioche; CABROL, ibid., s.v. Aquilée.

Véanse libros generales de paleografía, arqueología y artes menores y monografías sobre los Evangeliarios, especialmente BEISSEL, Geschichte der Evangelienbücher im ersten Hälfte des Mittelalters (Freiburg im Br. 1906.)

Coppieters, Honoré & Maere, René.

Transcrito por Alphonsus Maria Arata Nunobe.

Traducido por pedro Royo