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Miércoles, 20 de noviembre de 2019

Diferencia entre revisiones de «El Señor de los Milagros, Patrón y Guarda de la Ciudad de los Reyes (Lima)»

De Enciclopedia Católica

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Allí, Antonia Lucía siguió usando su hábito nazareno, de color morado [5]. Las beatas de Viterbo, que no veían con buenos ojos su hábito, la denunciaron. Así fue que Llegó al Beaterio, un Notario para que supervisara el cambio de hábito. Antonia Lucía obedece, pero en el proceso, algo lo conmueve Al Notario, y éste detiene la diligencia. Al informar al Proviso dijo: “Señor, no he visto en aquella señora sino un Angel." El Provisor se acerca a conocerla y se convence de que se trata de un alma santa. La Providencia de Dios dispuso que un nuevo benefactor la donara una cantidad de dinero, que le permitió adquirir unas casas en el barrio de Monserrate. Fue allí donde fundó, en junio de 1683, el Instituto Nazareno.  
 
Allí, Antonia Lucía siguió usando su hábito nazareno, de color morado [5]. Las beatas de Viterbo, que no veían con buenos ojos su hábito, la denunciaron. Así fue que Llegó al Beaterio, un Notario para que supervisara el cambio de hábito. Antonia Lucía obedece, pero en el proceso, algo lo conmueve Al Notario, y éste detiene la diligencia. Al informar al Proviso dijo: “Señor, no he visto en aquella señora sino un Angel." El Provisor se acerca a conocerla y se convence de que se trata de un alma santa. La Providencia de Dios dispuso que un nuevo benefactor la donara una cantidad de dinero, que le permitió adquirir unas casas en el barrio de Monserrate. Fue allí donde fundó, en junio de 1683, el Instituto Nazareno.  
  
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Por otro lado, un vizcaíno llamado Sebastián de Antuñano [6], vino al Perú a los catorce años, para aprender el arte del comercio, bajo la protección de un paisano suyo, que tenía  fama de rico mercader.
  
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En 1671, sus actividades lo llevaron a Madrid. Vivío en la calle Atocha frente a la Iglesia de los Trinitarios Descalzos. Fue  allí que, el "Cristo de la Fe", movió su alma a servir. Después de meditarlo, regresa al Perú. A pesar de haber amasado una pequeña fortuna, vivía austeramente, esperando el momento de da buen uso a sus caudales.
  
Por otro lado, un vizcaíno llamado Sebastián de Antuñano [6], vino al Perú a los catorce años , para aprender el arte del comercio, bajo la protección de un paisano suto, que tenía fama de rico mercader.  
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Por motivos comerciales, realizó varios viajes entre el Perú y España. En 1684, entando en el Perú, participó en un retiro de ocho días de Ejercicios Espirituales, con los jesuitas. Una locución interior lo condujo hasta la ermita del Cristo de los Milagros, donde oyó Misa.  
  
En 1671, sus actividades lo llevaron a Madrid. Vivío en la calle Atocha frente a la Iglesia de los Trinitarios Descalzos. Fue  allí que el "Cristo de la Fe", movió su alma a servir. Después de meditarlo, regresa al Perú. A pesar de haber amasado una pequeña fortuna, vivía austeramente, esperando el momento de da buen uso a sus caudales.
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Estando en contemplación del muro prodigioso, la misma voz le dijo: "Sebastián, ven a hacerme compañía y a cuidar del esplendor de mi culto."  
 
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Por motivos comerciales realizó varios viajes entre el Perú y España. En,1684, entando en el Perú, participó en un retiro de ocho días de Ejercicios Espirituales, con los jesuitas. Una locución interior lo condujo hasta  la ermita del Cristo de los Milagros, donde oyó Misa. Estando en contemplacdo del muro prodigioso, la misma vozle dijo: "Sebastián, ven a hacerme compañía y a cuidar del esplendor de mi culto."  
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Sebastián salió de ahí con una idea muy clara de su misión. Después de muchas gestiones, logra comprar el solar de la ermita del Santo Cristo,  y los solares vecinos. Aquí fijó residencia.
 
Sebastián salió de ahí con una idea muy clara de su misión. Después de muchas gestiones, logra comprar el solar de la ermita del Santo Cristo,  y los solares vecinos. Aquí fijó residencia.

Revisión de 20:17 23 oct 2019

Origen

Cuenta la Historia que, por el año 1651, fue pintada la imagen de un Cristo crucificado. flanqueado en la parte superior por el sol y la luna. La imagen de Cristo fue pintada al temple, por un artista anónimo, sobre la pared rudimentaria de un galpón. En dicho galpón, se reunía una cofradía de negros angoleños. Todo esto ocurió en la zona llamada "Pachacamilla", en las afueras de la Lima. [1]

Pachacamilla recibe este el nombre, por ser uno de los lugares donde - en los años posteriores a la fundación de Lima -, fueron reubicados los habitantes de Pachacámac, sitio y templo del oráculo más importante del Perú prehispánico. [1]

En la tarde del 13 de noviembre de 1655, la ciudad fue azotada por un fuerte teremoto [2] que derrumbó gran parte de ella. Poco quedó en pie: un paño del muro del Cristo de Pachacamilla se mantuvo milagrosamente intacto, mientras que, en sus alrededores, reinaba la desolación.

Éste suceso fue el primer milagro reconocido [2]. Años después, se da un paulatino abandono del muro, tal como consta en la documentación coetánea.

En 1671, Andrés de León, vecino de la Parroquia de san Sebastián, se conmueve al pasar frente al muro del Señor y de inmediato, asume la responsabilidad de su cuidado. Mandó construir una peana de adobe, a modo de altar, que tenía por toda protección, una ramada de mangles.

Andrés sufría de un tumor maligno que había sido tratado sin éxito. En el transcurso de ese año, se entregó a la oración devota, a la vez que obsequiaba con flores [3] y ceras, al "Cristo de la Pared". En pago, Cristo le concedió el milagro de la curación.Éste, "el primer milagro concedido"-. La noticia se difunde por el vecindario, y por todo Pachacamilla,se enciende la devoción.

Por tradición, se sabe, que se reunían los viernes en la noche, y que al son del arpa y el bajón [4]cantaban el Miserere.

Meses después, el cura de la Parroquia de San Marcelo don José Laureano de Mena, a cuya jurisdicción estaba sujeta Pachacamilla, al noticiarse de esta celebración, la juzgó inapropiada para alabar a Dios. Y presentó una queja formal a la Autoridad eclesástica, en la personas del Provisor y del Vicario General.

El mismo virrey conde de Lemos, hombre conocido por lo piadoso, recibió noticia puntual de este asunto.

Se hicieron los trámites legales correspondientes, y se ordeno una inspección del lugar. Ésta se verificó el viernes 4 de setiembre, en presencia del promotor fiscal del Arzobispado, el Párroco de san Marcelo y el Notario eclesiástico.

En el acta consta que hubo 200 personas presente, y que la comitiva sólo limitó a observar. Al hacerse presente el Sacristán Mayor de san Marcelo, que frecuentaba esta celebración, se produjo un intercambio de palabras entre los sacerdotes, que ocasionó revuelo entre los asistentes; ante esta situación, la comitiva optó por marcharse. Este informe,dio fundamento a la orden de borrar la imagen; orden fechada el 5 de setiembre.

Días después, el Promotor fiscal del arzobispado, un notario, un pintor, el capitán de la guardia del virrey y dos escuadras de soldados, visitaron Pachacamilla. Se intentó borrar la imagen tres veces, en presencia de numerosos testigos.

El pintor, lo intentó dos veces: La primera vez se desmayó, y la segunda quedó paralizado. Luego, otra persona, que también quiso intentarlo, sufrió de un temblor inusitado. Finalmente, una persona distinta de las anterioes, a la que se le ofrece paga, dijo que no podía hacerlo. En ese momento, y de manera inusual, siendo alrededor de las cuatro de la tarde, el cielo se oscureció y empezó una fuerte lluvia.

El virrey conde de Lemos fue informado de los acontecimientos. Visitó con su esposa el galpón que albergaba al Cristo de Pachacamilla. Es de suponer, que su impresión fue mayúscula dado que mandó proteger, y se le rindiera culto.

El 14 de setiembre de 1671, día de la Fiesta de la exaltación de la Cruz, se celebró la primera Misa delante del muro prodigioso. Para esa fecha ya habían sido agregadas las imágenes de la Virgen y de Santa María Magdalena.

Para asegurarse de que la imagen perdurara, el virrey llamó a los máximos expertos del momento, con el fin de evaluar la condición en que se encontraba la imagen. Tras examinarla minuciosamente,que expuestaa la intemperie, como estaba, a la intemperie; carenciendo de cimentación, y a expuesta a la humedad de la acequia con que se regaba la huerta, podía decise que era un milago que se mantuviese en pie.

Se cree que, cuando quisieron borrar la imagen, alguien le raspó una pierna a Cristo. Deseando repararla, el virrey contrató al reputado pintor José de la Parra, quien nunca logra el encargo, porque "la pared se comía los colores”.

Se agregaron al óleo las figuras del Padre Eterno y el Espíritu Santo, completando la escena del Calvario que se ve en el altar mayor del templo de las Nazarenas. La devoción aumentó y se multiplicaron los milagos y favores.

Por el año 1658, Antonia Lucía Maldonado, natural de Guayaquil, virreinato del Perú, quedó huérfaba de padre, a los 12 años de edad. Se mudó al Callao junto a su madre. Allí, ejercieron el oficio de cigarreras, para ganarse la vida.

Cuando alcanzó la edad necesaria su madre decidió casala, a pesar de que desde niña había mostrado inclinaciones religiosas. Se arregló el matrimonio, con Alonso Quintanilla, hidalgo de menguada hacienda.

El matrimonio se celebró en 1676, y de común acuerdo los esposos hacen voto de vivir en castidad. El matrimonio duró poco, porque en 1681 don Alonso fallece.

En 1677, Antonia Lucía del Espíritu Santo, recibió en sus sueños el primero de los llamados del Señor, que la dijo : "Mi madre ha dado su traje de pureza a otras almas y yo te doy a ti mi traje y hábito con el que anduve en el mundo: estima mucho este favor”. Posteriormente Antonia funda el Colegio Nazareno en el Callao, que dura alrededor de un año, debido a que que el benefactor le obliga a recibir a su protegida, con la pretensión de que asumiera la dirección del Instituto, a pesar de carecer de las para hacerlo. El confesor de Antonia Lucia le aconsejó mudarse a Lima. Por recomendación suya, fue recibida en el beaterio de santa Rosa de Viterbo.

Allí, Antonia Lucía siguió usando su hábito nazareno, de color morado [5]. Las beatas de Viterbo, que no veían con buenos ojos su hábito, la denunciaron. Así fue que Llegó al Beaterio, un Notario para que supervisara el cambio de hábito. Antonia Lucía obedece, pero en el proceso, algo lo conmueve Al Notario, y éste detiene la diligencia. Al informar al Proviso dijo: “Señor, no he visto en aquella señora sino un Angel." El Provisor se acerca a conocerla y se convence de que se trata de un alma santa. La Providencia de Dios dispuso que un nuevo benefactor la donara una cantidad de dinero, que le permitió adquirir unas casas en el barrio de Monserrate. Fue allí donde fundó, en junio de 1683, el Instituto Nazareno.

Por otro lado, un vizcaíno llamado Sebastián de Antuñano [6], vino al Perú a los catorce años, para aprender el arte del comercio, bajo la protección de un paisano suyo, que tenía fama de rico mercader.

En 1671, sus actividades lo llevaron a Madrid. Vivío en la calle Atocha frente a la Iglesia de los Trinitarios Descalzos. Fue allí que, el "Cristo de la Fe", movió su alma a servir. Después de meditarlo, regresa al Perú. A pesar de haber amasado una pequeña fortuna, vivía austeramente, esperando el momento de da buen uso a sus caudales.

Por motivos comerciales, realizó varios viajes entre el Perú y España. En 1684, entando en el Perú, participó en un retiro de ocho días de Ejercicios Espirituales, con los jesuitas. Una locución interior lo condujo hasta la ermita del Cristo de los Milagros, donde oyó Misa.

Estando en contemplación del muro prodigioso, la misma voz le dijo: "Sebastián, ven a hacerme compañía y a cuidar del esplendor de mi culto."

Sebastián salió de ahí con una idea muy clara de su misión. Después de muchas gestiones, logra comprar el solar de la ermita del Santo Cristo, y los solares vecinos. Aquí fijó residencia.




Notas

[1]

[2]

[3]Instrumento de viento precursor del fagot.

[4]

[5]

[6] Cuya lápida se encuentra a la entrada de la sacristía de la iglesia de las Nazarenas.