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Jueves, 6 de octubre de 2022

Catedral de Lima

De Enciclopedia Católica

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¿Cómo lució en el virreinato?, ¿es posible saberlo?

Sí, existen documentos y fotos que nos muestran un edificio con una configuración espacial muy rica y totalmente distinta a la que hoy conocemos y las diferencias eran tal que tendremos que analizar por partes la catedral antigua para entender sus diferencias con la actual.
Esta forma es la que tuvo la catedral desde sus inicios siguiendo una tradición que recién fue interrumpida en 1896


Podemos corroborar que existía una planta completamente diferente tal como lo muestran los planos mostrados más arriba, se aprecia hacia atrás la reja de la Capilla de San Bartolomé que fue en antaño la más ostentosa de las que había en la iglesia debido a que servía de sepulcro al arzobispo Lobo
Empezaremos por lo principal para luego pasar a detalles: La configuración espacial de la catedral limense era la típica de una catedral española, con un fraccionamiento del espacio para definir capillas para cofradías y distinguir la “capilla mayor” del resto del templo, con un coro al frente.
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Una variada documentación (aunque no tanta como se desease) nos demuestra que esta forma es la que tuvo la catedral desde sus inicios siguiendo una tradición que recién fue interrumpida en 1896, siendo la documentación más profusa la perteneciente al periodo 1687-1746 dejando en sombras algunos aspectos del templo mayor de la ciudad entre 1746-1896.
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No obstante, a pesar de ello, mediante fotos y archivos empezaremos a echar luces sobre el edificio que fue erigido para ser símbolo de Lima como la capital cristiana de Sudamérica y que debía reflejar su riqueza e importancia. Para ello, encontré por medio de un libro del padre Antonio San Cristóbal dos imágenes del templo catedralicio antes de su remodelación, las que hice una labor de “restauración digital” para poder apreciar una mayor cantidad de detalles la cual contrasté con documentación obtenida por el mismo autor sobre trabajos de reparación realizados en 1880 que nos brindarán una descripción de muchos ambientes perdidos del templo limeño centrándonos principalmente en el Retablo Mayor y el coro.
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Pero, ¿Qué le pasó a la Catedral en 1896?, una destructiva remodelación que intentando acomodar la historia a su gusto destruyo una larga tradición arquitectónica, de ella nos hablaremos más adelante ya que nos deja una reflexión para el presente.
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Presbiterio

Veamos la primera imagen correspondiente al presbiterio:

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Además de las diferencias con la capilla mayor (que serán explicadas más abajo) podemos corroborar que existía una planta completamente diferente tal como lo muestran los planos mostrados más arriba, se aprecia hacia atrás la reja de la Capilla de San Bartolomé que fue en antaño la más ostentosa de las que había en la iglesia debido a que servía de sepulcro al arzobispo Lobo. Es notoria también la ornamentación de las columnas de la nave, con una balaustrada sobre el capitel jónico y una suerte de “cinta ornamental” que la rodea por debajo del capitel y que muestra similitud con las presentes en varias iglesias limeñas como El Rosario (Santo Domingo), La Merced o San Francisco, esta además termina formando una suerte de telón en el penúltimo arco de la nave siendo un marco para un lienzo con ángeles pintado por Matías Maestro.
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Capilla Mayor

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En primer lugar notamos que esta se percibe más liberada, con sus frentes abiertos y con deambulatorio que la separa de la capilla de San Bartolomé lo que hacía posible caminar por detrás de ella, sensación de trasparencia aumentada por el hermoso templete del que hablaremos posteriormente, otro aspecto a notar es la diferencia de niveles, en antaño el altar mayor estaba separado por 10 escalones del piso, actualmente son 7, además es notable el uso de un distinto tipo de piso y lo más resaltante en comparación con la actualidad es que el coro no está al lado del altar (veremos por qué más adelante).
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Apreciamos además dos ambones que se mantienen hoy en día pero con modificaciones sobre todo en el enganche con la balaustrada, además de ser actualmente color madera natural mientras en la foto parecen ser blancos como el púlpito y el altar, algo muy probable ya que daba más uniformidad a la capilla mayor.
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Retablo

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Uno de los aspecto más negativos de las reformas en 1896 fue la deformación del Templete creado por Matías Maestro para este templo, se aprecia en la imagen y en descripciones de época un monumento más alto y ancho, con un mejor cuidado en las proporciones que generaba una imagen bastante más imponente que la actual.
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Podemos ver que tenía una base donde se ubicaban las imágenes de San Juan Evangelista (Patrón de la Catedral) y Santa Rosa de Lima (Patrona de la Arquidiócesis) y al lado de esta dos escalinatas apenas distinguibles con dos ángeles a los lados, eran dorados y policromados.La imagen de San Juan aun se conserva en el templo.
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Ángeles laterales al pie de las barandas

Observemos otros dos detalles: El mini-baldaquino de plata que se encuentra detrás del crucifijo estaba tapado por un cortinaje que probablemente solo se abría en los momentos de adoración al santísimo y que la imagen titular no es la Virgen de la Asunción como ahora, si no la de la Evangelización, que actualmente ocupa la capilla de la Concepción, habiéndose modificado también ésta, por mandato del Señor Cardenal.

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Para entender un poco mejor este retablo antes de su deformación cito un documento del archivo catedralicio recogido por el padre San Cristóbal en su libro sobre esta iglesia:

“Altar Mayor:

Después de quitar la cera con todo cuidado se reparo lo dañado en la madera de sus candilejas y adornos cubriendo con masilla al oleo multitud de huecos pequeños, se lavo con potasa y jabón lo pintado al oleo, con esponjas escobillas y tocuyo todo lo que esta dorado, se doró y plateo los trozos que estaban en muy mal estado, se pinto al oleo los sitios indispensables, particularmente el centro y tabernáculos con tres manos de pintura blanca fina. San Juan y Santa Rosa y sus peanas se pintaron de nuevo, empleando oro y plata fina en sus adornos, haciendo diademas como de plata para los Santos y una guirnalda de rosas y briscados.

Se echaron abajo las dos vigas de sus costados para pulirlas, pintarlas y colocarlas al nivel de las cortinas; se reparo y pinto con cuatro manos de pintura al oleo la credencia colocando por detrás un aparato con mármol para los incensarios y una banquita para los acólitos; se formaron bases de madera para que corran las rondanas de jacarandá que se han puesto en los portones de los costados, se refacciono un pavimento, se perfecciono y pinto la tarima que sirve al Sr. Arzobispo.

Los tres sillones grandes se pintaron doraron y tapizaron con terciopelo carmesí; en la mesa del altar se han puesto planchas de zinc, seis candilejas grandes de metal amarillo para los candeleros, una pequeña base para el crucifijo y un aparato de madera para los ciriales” (1)

En 1896 se le quitó la base con San Juan y Santa Rosa, se le recortó su altura (para que entre en su posición actual, bajo un arco envés de bajo la bóveda), se le angostó eliminado la escalinata original con los dos ángeles descrita más arriba (para que entre el coro).

Púlpito y retablo de la inspiración: Se mantienen casi iguales salvo porque se le quitó ornamentaciones al tornavoz del púlpito como vemos en las dos imágenes inferiores.

Ahora pasemos a ver la imagen 2: Si se preguntaban dónde estaba el coro, aquí su respuesta (aunque era fácilmente deducible a partir de la planta mostrada más arriba y de la descripción general haciendo énfasis en la fragmentación espacial del templo limeño.

El coro catedralicio estaba conformado por una sillería de dos niveles, de los cuales el segundo tenia respaldares finamente tallados, los que junto con ese nivel se conservan, las del primero, han desaparecido.

Podemos notar que el órgano que hoy luce a uno de los lados estaba frente al altar y como vemos existían otros dos, algo corroborado en el texto que pondremos más adelante.


Luego, observamos la reja del coro, de un acabado bastante fino que estaba realizada en metal, según el texto que pegaré a continuación:

“La reja de fierro del coro y sus columnas y cornisa se lavó con potasa después de reparar varios defectos de la parte baja; se pintó su zócalo y se le dio lustre tanto a lo pintado como a lo dorado.” (2)

Texto sobre los órganos y breve descripción del coro

“Los tres órganos se han limpiado con todo esmero y se les ha dado lustre dejándolos como nuevos. En el mismo coro se ha colocado un timbre o campana de resorte para llamar la atención del organista.

Se empapelaron sus paredes con papel fino y guardillas doradas, se ha sacudido prolijamente el tallado de cedro, clavando y pegando multitud de sus piezas que estaban en los rincones y se reponían las que faltaban. Se cubrieron con masilla al óleo las grietas y dañaduras menudas y después se refrescó toda la madera a dos manos de aceite de linaza cocido preparado con aguarrás.

Se hicieron y pusieron cuatro planchas lujosas con inscripciones en lugar de las que había en muy mal estado; se han hecho diez atriles grandes y dos banquitos para los organistas” (2)

En la parte detrás del coro se ubicaba el retablo de la antigua que actualmente ha sido aparentemente recortado en su ancho para ser movido a una capilla lateral, generando un espacio similar al de la catedral del Cusco o la de México (más similar al mexicano debido a la separación puerta-retablo).


Los cambios en la planta no fueron lo único, es más, la razón de ser del inicio de los trabajos fue reemplazar las bóvedas que estaban en mal estado, pero, ¿Cómo eran antes?, ¿eran diferentes?, muchos autores hablan como si fueran las mismas; sin embargo, estas eran muy diferentes.

Mientras las bóvedas de crucería actuales están sostenidas en base a una armazón de madera que forma cruces de malta, las anteriores eran bóvedas vaídas, es decir estas no estaban estructuradas en base a los nervios de madera como las actuales, si no, por sí mismas formando una estructura lisa sobre la que se agregó una estructura ornamental también simulando cruces de malta, pero esta solo era un adorno en remembranza por la bóvedas anteriores

A ésto, sus contemporáneos llamaron “vaídas artesonadas”, refiriéndose a artesones no a lo que hoy conocemos como tal, si no al añadido decorativo antes mencionado.

La diferencia en la bóveda actual y la anterior, a pesar de su aparente similitud debido a que usan el mismo motivo ornamental, es grande, en el sentido estético las anteriores simulaban ser de ladrillo mientras que las actuales son notoriamente de madera y en términos estructurales las actuales se comportan mejor que las anteriores que sin necesidad de un sismo se encontraban un tanto deterioradas (esto también por la calidad de los materiales, las actuales son de cedro y las anteriores de roble mulato).

Una breve descripción de las bóvedas antiguas en 1755:

“Las bóvedas monteadas, con perfecta conformidad a los arcos, que la ciñen, entran a llenar los huecos que estos dejan, con aquella majestad y decoro que corresponden a las cubiertas de una basílica, donde luce por todo el arte y la grandeza. Nunca las vaídas hicieron conocer mejor hasta dónde puede llegar la perfección de sus cortes. Los artesones que resaltan de ellas, dejando partida su corporeidad en ángulos y figuras tan vistosas como regulares; son aun tiempo ornato a su hermosura e indicios de su fortaleza. Ellas tienen por centro a la clave, desde donde se dirigen en rectitud hasta los arcos y pechinas, cruzándose en sus medios por otros que se entretejen con aquellos rayos y forman las figuras más agradables. Esto es de mostrar en algún modo la rectitud de los radios que construyen internamente aquellos cuerpos y la trabazón con que se unen.” (2)

Vale la pena acotar que en el espacio ocupado por el coro las bóvedas tenían linternas y ello definía más el espacio separándolo de las bóvedas laterales además de hacer más luminoso al templo.

Además de los cambios suscitados en ambos ambientes y el techo, la reforma integral del templo incluyo la eliminación de una enorme cantidad de retablos, la coronatura de las rejas de las capillas (poseían terminaciones similares a las de la catedral del Cusco) a las que además se les apertura vanos, la creación de dos balcones en los espacios de las puertas de Judíos y Naranjos reduciendo la escala de los mismos, la transformación del muro testero en un ridículo ábside circular que hasta hoy se mantiene aunque gracias a Dios perdió el “rosetón” que lucía y un largo etcétera.

¿Qué suscitó tremendos cambios? Pues que para los contemporáneos la catedral de Lima carecía de un estilo arquitectónico definido, pero que en ella prevalecía un estilo “románico”, ello sumado al esfuerzo del siglo XIX por llevar la arquitectura religiosa a ese estilo y el gótico y al mal estado de conservación de la iglesia, fueron los factores que se conjugaron junto a un deseo de mayor aforo y otras variables para generar una remodelación que destruyó siglos de tradición arquitectónica ininterrumpida en la que se veía reflejado el trabajo de muchos brillantes alarifes que hicieron todo lo posible por darle a Lima una catedral a su altura.

Esta remodelación fue aplaudida por la intelectualidad y la mayoría del pueblo en su momento, pocos fueron los que se escandalizaron por la destrucción de muchos de los elementos que distinguían el templo de otras catedrales de menor rango (como tener el coro al frente, la fragmentación espacial, etc.) y ello nos deja lecciones para hoy, puesto que vemos como es que se hacen modificaciones a nuestros edificios históricos sin ningún fundamento y estas son recibidas de manera alegre por la mayoría e incluso por la intelectualidad; sin embargo, ello no quiere decir que eso sea lo mejor opción a elegir. Reflexionemos muchachos.

Para no ir muy lejos (Léase al teatro municipal o a las farolas plateadas con adoquines rojos), les hago una pregunta, ¿La catedral de Lima sigue recibiendo remodelaciones absurdas?.

Lamentablemente la respuesta es afirmativa, hace no mucho, el cardenal Cipriani mando a sacar el retablo-sepulcro de Diego de Morcillo de la capilla de la concepción (a la que cambiaron su imagen sin sentido alguno) para poner en su lugar un gran lienzo (sobre sus proporciones y acabado, no diré nada..) de Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, orando en el mismo ambiente. Y el Patrimonio, bien gracias. .


(1) y (2) “Memoria y cuenta que presenta la comisión nombrada por el venerable capitulo metropolitano en los trabajos y reparos que se han emprendido en la Santa Iglesia Catedral de esta capital del Perú” (Archivo del Cabildo Eclesiástico, Serie G. Carpetas de cuentas, Nº26) – Recogido por el Padre Antonio San Cristobal y publicado por él en su libro “La Catedral de Lima: estudios y documentos.”


(3) “Francisco Antonio RUIZ CANO Y GALIANO, Júbilos de Lima en la dedicación de su santa Iglesia Catedral, Lima, 1755, folios 69-69vta.” - Recogido por el Padre Antonio San Cristobal y publicado por él en su libro “La Catedral de Lima: estudios y documentos.”

Fuentes consultadas: SAN CRISTOBAL, Antonio, La Catedral de Lima: estudios y documentos. Lima: Catedral de Lima, Museo de arte religioso, 1996

LOHMANN, Guillermo; SAN CRISTOBAL, Antonio, RAMOS, Rafael … [et al.], Basílica Catedral de Lima. Lima : Banco de Crédito del Perú, Fondo Editorial, 2007

Relación de Arzobispos de Lima

Iº. Fray Jerónimo de Loayza, O.P. Obispo (1541-1546). Arzobispo (1546-1575). Diego Gómez de Lamadrid, O.S.T. (No tomó posesión de su silla).

IIº. Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo (1579-1606)(tomó posesión de su sede el viernes 12 de mayo de 1581).

IIIº. Bartolomé Lobo Guerrero (1609-1622).

IVº. Gonzalo de Campo (1625-1626).

Vº. Fernando Arias de Ugarte (1630-1638).

VI.º. Pedro de Villagómez (1641-1671).

VIIº. Fray Juan de Almoguera, O.S.T. (1674-1676)


VIIIº. Melchor de Liñán y Cisneros (1678-1708) IXº. Antonio de Soloaga (1714-1722)

Xº. Fray Diego Morcillo Rubio de Auñón, O.S.T. (1723-1730)

XIº. Francisco Antonio de Escandón, C.R. (1732-1739)

XIIº. José Antonio Gutiérrez de Ceballos (1742-1745)

Agustín Rodríguez Delgado (No tomó posesión de su silla)

XIIIº. Pedro Antonio Barroeta y Ángel (1751-1758)

XIVº. Diego del Corro y Santiago (1759-1761)

XVº. Diego Antonio de Parada (1762-1779)

XVIº. Juan Domingo González de la Reguera (1782-1805)

XVIIº. Bartolomé María de las Heras (1809-1821)

XVIIIº. Jorge de Benavente (1835-1839)

XIXº. Francisco de Sales Arrieta (1841-1843)

XXº. Francisco Xavier de Luna Pizarro (1846-1855)

XXIº. José Manuel Pasquel (1855-1857)

XXIIº José Sebastián de Goyeneche y Barreda (1859-1872)

Manuel Teodoro del Valle (No tomó posesión de su silla)

XXIIIº. Francisco Orueta y Castrillón (1875-1886)

XXIVº. Manuel Antonio Bandini (1889-1898)

XXVº. Manuel Tovar y Chamorro (1898-1907)

XXVIº. Pedro Manuel García Naranjo (1908-1917)

XXVIIº. Emilio Lissón Chávez, C.M. (1918-1931)

XXVIIIº. Pedro Pascual Farfán (1933-1945)

XXIXº. Juan Gualberto Guevara (1946-1954) Iº Cardenal del Perú

XXXº. Juan Landázuri Ricketts (1955-1990) IIº Cardenal del Perú

XXXIº. Augusto Vargas Alzamora, S.J. (1990-1999) IIIº Cardenal del Perú

XXXIIº. Juan Luis Cipriani (1999- ) IVº Cardenal del Perú.