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Miércoles, 23 de octubre de 2019

Cano, Melchor

De Enciclopedia Católica

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Obispo y teólogo dominico, n. 1 enero 1509 en Tarancón provincia de Cuenca, España; m. 30 sept.1560, en Toledo.

Su padre, Fernando Cano, un sabio jurista, le envió muy joven a la Universidad de Salamanca. Allí entró en la Orden de los Dominicos y fue profesor en el convento de S.Esteban. Francisco de Vitoria que tenía la cátedra de Prima (de teología) fue su profesor desde 1527 hasta 1531. Cano fue entonces enviado al colegio de S. Pablo de Valladolid donde, con Luis de Granada, entre otros, oyó las lecciones de Bartolomé de Carranza. Después de enseñar filosofía por algún tiempo fue nombrado maestro de los estudiantes, 1534, y promovido a la segunda cátedra de teología, 1536, año en que se le concedió el bachillerato en un capítulo general de la orden en Roma. En 1542, mientras asistía a otro capítulo general, fue nombrado Maestro en sagrada teología y a su vuelta a España obtuvo la cátedra de prima en Alcalá.

Tras la muerte de Vitoria, el 17 de agosto de 1546, compitió con Cano, que ganó y conservó hasta 1522, por su cátedra de Salamanca. En 1551 fue enviado por el emperador al concilio de Trento, acompañado por Domingo Soto y, como otros miembros de la orden, fue capaz, por su erudición histórica y su maestría en la escolástica y teología positiva, de rendir importantes servicios en las deliberaciones y logros del concilio. Al año siguiente, Carlos V le presentó para obispo de las Islas Canarias, pero un mes antes de ser preconizado, renunció. En 1553 volvió al colegio de S. Gregorio en Valladolid como rector, pero sin obligaciones profesionales activas.

En 1557 tras ser elegido prior de S. Esteban de Salamanca, fue también provincial. Esta elección fue contestada y entre los que se le oponían estaba Carranza, que era ya arzobispo de Toledo y Primado de España. Otro capítulo provincial confirmó el proceder del anterior pero la reelección fue anulada por Paulo IV, que no miraba a Cano con buenos ojos por apoyar a la corte española en algunos desacuerdos con la Santa Sede. Al morir el papa, Cano fue a Roma y obtuvo la aprobación de su elección por el nuevo papa Pío IV. Volvió a Toledo en la primavera de 1560, y murió ese mismo año.

El carácter de Cano ha sido discutido por escritores que le representan como un hombre de celo inmoderado y a veces de acción destemplada. Se le acusa de haber tomado parte en las desgracias de Don Carlos y en la persecución de Carranza. Contra esta acusación fue hábilmente defendido por el P. Touron, el erudito historiador y biógrafo dominico. Sin duda Cano desplegó gran energía, vehemencia y determinación en la consecución de sus propósitos. Al principio de su carrera, en Valladolid, se mezcló en controversias escoláticas con Carranza y sus continuas disputas, además de colocarlos a la cabeza de sus escuelas de pensamiento rivales, arrojan una sombra sobre todas sus relaciones posteriores. También se dice que Cano impidió durante un tiempo que los Jesuitas se establecieran en Salamanca. Sus reparos causaron mucha impresión al ser publicados precisamente cuando la Compañía fue suprimida, pero fueron retirados de la publicación en 1777. Fueron vueltos a publicar en "Crisis de la Compañía de Jesús" (Barcelona, 1900), 152-159. Con frecuencia se buscaba el consejo de Cano en asuntos importantes de la Iglesia o del Estado. Aunque tenía la completa confianza de Felipe II, declinó en 1554 ser confesor del rey.

Mírese como se mire su personalidad, Cano logró un nombre imperecedero por su obra para su obra "De Locis Theologicis" (Salamanca, 1563), que con una elegancia clásica y pureza de estilo que se acerca a los grandes tratados didácticos de Aristóteles, Cicerón y Quintiliano. Ciertamente está a la altura de las más alabadas producciones del Renacimiento no sólo por facilidad y libertad sino también por su lúcido juicio y profundidad de su erudición. Para algunos críticos esta obra que marca una nueva época en la historia de la teología ha conseguido para su autor un lugar detrás de Sto. Tomás de Aquino. El "De Locis" fue el resultado de un movimiento inaugurado por Francisco de Vitoria para restaurar la mejor doctrina patrística y para dar a la ciencia teológica una dicción más pura y una forma literaria mejorada. Cano tomó el trabajo de su maestro y tras años de trabajo produjo algo digno sus aspiraciones y esfuerzos comunes. Fue idea de Cano el establecer los fundamentos científicos de la ciencia teológica y por consiguiente "De Locis" es un tratado sobre el método teológico. Tras dilucidar la distinción entre los argumentos basados en autoridad y argumentos basados en la razón , el autor enumera diez loci o fuentes de la teología, cada uno tema de un libro. Con admirable precisión y claridad trata sucesivamente la autoridad de la Sagrada Escritura, la tradición oral, la Iglesia Católica, los Concilios, los Padres de la Iglesia Romana, los teólogos escolásticos, el valor de la razón humana manifestada en la ciencia, la autoridad de los filósofos y la autoridad de la historia. El decimosegundo y último libro trata del uso y aplicación de estos lugares o fuentes, en el debate escolástico o en las polémicas teológicas. Cano había contemplado escribir dos libros más sobre los loci en cuanto aplicables a la exposición de la Escritura y empleados contra varias clases de adversarios de la Iglesia Católica, pero se le adelantó la muerte antes de que pudiera completar el trabajo. Jacinto Serry, publicó una edición estándar en cuarto Padua 1714) con un "Prologus Galeatus" defendiendo a Cano contra sus críticos. Suele añadirse en la mayoría de las ediciones posteriores.

Otros dos tratados, "De Sacramentis" y "De Poenitentia", no son tan bien conocidos, pero muestran el mismo carácter de solidez y claridad de método además de la misma elegante latinidad.

Bibliografía.


QUÉTIF-ECHARD, Scriptores Ord. Praed., II, 176; MANDONNET in VACANT, Dict. de théologie catholique (Paris, 1904), col. 1537; TOURON, Hist. des hommes illust. de l'ordre de S. Dominique, IV; CABALLERO, Conquenses illustres, II: Mechior Cano (1871); WERNER, Gesch. d. apolog. u. polem. Litterateur (1889), IV.


JOHN R. VOLZ.,

Transcrto por Albert Judy, O.P.


Traducido por Pedro Royo.