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Martes, 23 de julio de 2019

Buridan, Jean

De Enciclopedia Católica

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Filósofo escolástico francés del siglo catorce, nacido en Béthune, en el distrito de Atois, hacia le final del siglo trece; se desconoce la fecha de la muerte. Estudió en la universidad de París con el nominalista Guillermo de Occam, fue profesor de la facultad de artes, procurador de la Nación de Picardía y (en 1327) rector de la universidad. En 1345 fue uno de los embajadores enviados por la universidad a la corte papal de Aviñón. También se dice que ayudó a la fundación de la universidad de Viena, pero parece improbable porque Buridan estaba en París en 1358 y Denifle ha mostrado (Chartul. Univ., Paris, II, 646) que la universidad de Viena no fue fundada hasta 1365, cuando Buridan era tan anciano que difícilmente pudo emprender tal viaje. Sus obras principales son: "Compendium Logicae", "Summa de Dialectica, y "Comentarios" sobre las obras de Aristóteles, la mas importante de las cuales fue sobre la “Política”. Dullard publicó una edición completa en París, 1500, que ha sido reimpresa con frecuencia, e.g., Oxford 1637, Londres 1641

Buridan no era teólogo. En Filosofía, pertenecía a la escuela de los Nominalistas o Terministas de Occam, a la que se adhirió pesar de las reiteradas condenas. También practicaba aquella determinada forma de escepticismo que apareció en la Escolástica de aquel tiempo y que surgió del creciente sentido de la inadecuación de la razón para resolver los más altos problemas del pensamiento. En su “Compendium Logicae” desarrolló por extenso el arte de encontrar el término medio en la demostración y eso, con el paso del tiempo (se menciona por primera vez en 1514) vino a ser conocido como “El Puente de los Asnos”, i.e., el puente por el que los escolares estúpidos eran incapaces de pasar de la menor o la mayor al término medio del silogismo, conocida más por la frase “El Asno de Buridan” que se refiere al “caso” de un burro hambriento colocado entre dos cargas de heno iguales en cantidad y calidad e igualmente distantes. El animal colocado así, argüía el dialéctico, nunca podría decidir a que carga de heno dirigirse y como consecuencia moriría de hambre. El “caso” no se halla en los escritos de Buridan (aunque el problema que propone se encuentra en Aristóteles) y puede haber sido inventado por un oponente para mostrar lo absurdo de la doctrina de Buridan.

Esa doctrina comenzaba por negar la distinción entre las distintas facultades del alma. La voluntad y el intelecto, decía Buridan, son lo mismo. De ahí que decir que la voluntad es libre en algún sentido excepto en el que el intelecto es también libre, es decir que la voluntad es más libre que sí misma. La libertad de la voluntad es la libertad de toda el alma. La libertad humana consiste, pues, en el poder de elegir entre dos o más alternativas deseables (libertas oppositionis).

Cuando el intelecto presenta una alternativa como mejor que la otra, la voluntad debe elegir la primera. Cuando la voluntad presente dos alternativas como igualmente deseables, no puede haber elección (aquí probablemente el oponente introducía el ejemplo de asno para ridiculizar la postura de Buridan). La voluntad sin embargo aún tiene otro recurso: puede posponer la elección dirigir al intelecto a considerar sólo una alternativa y cuando la otra alternativa, aunque sea mejor cae fuera de la conciencia, la voluntad puede llegar a una decisión y “elegir”, si es que ahora se puede llamar así al acto.

Por consiguiente, Buridan mantiene que en un conflicto de motivos el más fuerte siempre prevalece. La voluntad está “determinada” por el motivo más fuerte. No es un voluntarista. La voluntad, dice, es inferior al intelecto, por que presupone el acto del mismo, depende de él y es por medio del intelecto y no por medio de la voluntad que el hombre consigue la felicidad suprema.


fuentes

Stockl,Gesch. der Phil. des Mittelalters (Mainz, 1865), II, 1023 sqq.; Id., Lehrb. der Gesch.der Phil. (Mainz, 1888), I, 478; tr. Finlay (Dublin, 1903), 427; Turner, Hist. of Phil. (Boston, 1903), 408; Ueberweg, Gesch. der Phil. (Berlin, 1905), II, 347; tr. Morris (New York, 1890), I, 465.


WILLIAM TURNER.


Transcrito por William D. Neville.


Traducido por Pedro Royo