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Viernes, 6 de diciembre de 2019

Aviz, Orden de

De Enciclopedia Católica

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Un cuerpo militar de caballeros portugueses. El reino de Portugal, fundado den 1128 fue no sólo contemporáneo con las cruzadas sino que concluyó la suya propia contra los moros. Algunos cruzados tenían solo votos temporales y cuando expiraban, a veces volvían a sus lugares y países aunque la guerra no hubiera terminado. Esto explica el favor que con se miraba a las órdenes militares más allá de los Pirineos, en Portugal como en España, porque en ellos el voto de luchar contra los infieles era perpetuo, como los votos monásticos.

Caballeros Templarios hubo en Portugal desde 1128 y recibieron una donación de la reina Teresa en año del concilio de Troyes, que confirmó sus antiguos estatutos. Hacia 1146 surgió en Portugal un de estas Ördenes. Alfonso I se la entregó a la ciudad de Evora, capturada por lo moros en 1211, y los caballeros fueron llamados al principio “Hermanos de Santa maría de Evora”. Pedro Enríquez, un hijo ilegítimo del padre del rey fue el primer Gran Maestre. Después de la conquista de Avis, el castillo militar que se erigió allí se convirtió en la casa madre de la orden y se les llamó “Orden de S. Benito de Avis”, ya que adoptaron la regla benedictina en 1162, modificada por Juan Ziritu, uno de los primeros abades cistercienses de Portugal. Como los Caballeros de Calatrava en Castilla, los Caballeros de Portugal debían a los cistercienses su regla y su hábito – una capa blanca con una cruz verde en forma de flor de lis. Los Caballeros de Calatrava también les entregaron algunos de sus lugares con la condición de que se sometieran a la visita de su Gran Maestre. Por ello a veces se les consideraba una rama de los de Calatrava, aunque nunca dejaron de tener un Gran Maestre portugués, que dependía del rey portugués.

Con el acceso al trono de Fernando (1383) estalló la guerra entre España y Portugal. Cuando João I, que había sido Gran Maestre de Avis, ascendió al trono de Portugal, prohibió a los caballeros someterse a la autoridad castellana, así que cuando Gonzalo de Guzmán vino a Avis como Visitador, los caballeros, aunque fueron hospitalarios, rehusaron reconocerle como superior. Guzmán protestó, y el asunto permaneció sin aclarar hasta el Concilio de Basilea (1431), cuando se declaró que Portugal no tenía razón. Pero el derecho de los de Calatrava nunca se puso en práctica y el siguiente Gran Maestre de los Caballeros de Avis, Rodrigo de Sequirol, continuó asegurándose la autoridad suprema sobre ellos.

La misión de las órdenes militares en Portugal pareció desaparecer cuando los musulmanes fueron expulsados, aunque las expediciones portuguesas a ultramar podía abrirle un nuevo campo. Los primeros desembarcos de europeos en África, la conquista de Ceuta por João I (1415), los ataques a Tánger bajo su hijo Duarte (1437) fueron también cruzadas, inspiradas por un espíritu religioso y sancionado por bulas papales similares. Los Caballeros de Avis y los Caballeros de Cristo, vástagos de los Templarios, realizaron hechos valerosos, unos con el infante Fernando y otros con Enrique, hermano del rey Duarte. Fernando también mantuvo una postura heroica durante los seis años que estuvo cautivo de los musulmanes, un largo martirio que mereció su beatificación, tras su muerte (Acta SS., 5 junio).

Pero este espléndido entusiasmo no duró. Pronto toda la nación se vio afectada por la riqueza que llegaba y las cruzadas en África se convirtieron en empresas mercantiles y las bulas papales se convirtieron en medios vulgares de recoger dinero. Después de que el rey se apropiara a perpetuidad de la investidura de Gran Maestre, se hizo con los ingresos para premiar servicios de la armada o del ejército. Aunque la riqueza de los de Avis no era tanta como la de los Caballeros de Cristo, era bastante grande, conseguida de las 45 comandancias. El espíritu religioso de los caballeros se desvaneció y se separaron de sus hermanos clérigos que continuaban solos la vida conventual. Fueron dispensados de los votos de celibato por Alejandro VI (1402), que toleró sus matrimonios para evitar los concubinatos escandalosos. Julio III (1551) les permitió disponer con libertad de sus propiedades personales. El requerimiento de la nobleza de nacimiento siguió siendo condición indispensable para los aspirantes a la capa, confirmado por el decreto de 1604. La reina María I , apoyada por el papa Pío VI ( 1 agosto 789) intentó sin éxito la última reforma. Finalmente D. Pedro suprimió las órdenes militares tras el fracaso de los usurpadores miguelistas (1834).

Bibliografía.

Para documentos: Noronha. Constitucoes de S. Bento de Aviz (Lisbon. 1631). Para la historia: Jos. Da Purificao, Catalogo dos Mestres de Aviz, 1722 (Acad real de Historia); Burro, Chronica de Cister, onde, etc. (Lisboa. 1602); cf Almeida en Mem. Acad. Scient. Lisboa (1837); Helyot Dict. Des ordes religieuz (1847), 1, 348-350; Schefer, Gesch. Von Portugal (Gotha 1834-54); Herculano, History of Portugal (Lisboa, 1554-73).

CH. MOELLER.

Transcrito por Dr. Michael J. Breen -- Trinity College, Dublin.

Traducido por Pedro Royo.