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Domingo, 26 de enero de 2020

Augusto, Emperador

De Enciclopedia Católica

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Augusto.

El nombre por el que es conocido Cayo Julio César Octaviano, el primer emperador romano, durante cuyo reinado nació Jesucristo. Nació en Roma el 62 a.C. y murió el 14 d.C. También es el título que recibió del senado en el año 27 a.C., en muestra de gratitud por la restauración de algunos privilegios de los que habían sido privados. El nombre fue asumido en adelante por todos sus sucesores. Augusto pertenecía a la gens Octavia y era hijo del pretor Cayo Octavio. Era sobrino-nieto de Julio Cesar que le nombró heredero principal en su testamento. Tras la muerte de Julio César, el joven Octaviano fue a Roma a tomar posesión de su herencia. Aunque originalmente pertenecía al partido republicano acabó aliándose con Marco Antonio. Por su propia popularidad y con la oposición del senado, tuvo éxito en conseguir el consulado en el 43 aC. Ese mismo año pactó con Antonio y Lépido controlar entre los tres los asuntos de Roma durante los próximos cinco años. Este (segundo) Triunvirato (tresviri reipublicae constituendae) dividió las zonas de influencia de manera que Lépido recibió Hispania, Antonio La Galia y Augusto África Sicilia y Cerdeña. El primer acuerdo del Triunvirato fue proceder contra los asesinos de César y contra el partido del Senado liderado por Bruto y Casio. Este sufrió una tremenda derrota en la batalla de Filipos (42 aC) tras la cual el destino de Roma quedaba prácticamente en manos de dos hombres, ya que Lépido, tratado siempre con negligencia trató de obtener Sicilia para sí mismo, pero Augusto se ganó a su tropas y tras someterse fue enviado a Roma donde paso el resto de su vida como pontifex maximus. Una nueva división del territorio de la República entre los dos dio como resultado para Antonio el Oriente y para Augusto el Occidente. Cuando Antonio se deshizo de Octavia, hermana de Augusto, encaprichado con Cleopatra, estalló la guerra civil entre ellos, originada sin duda por los distintos intereses de ambos y por el ya largo antagonismo entre oriente y occidente. Los seguidores de Antonio fueron derrotados en la batalla de Actium (31 aC) y Augusto quedó como el único dueño del mundo romano. Logró traer la paz a la República y por su moderación en su trato con el senado, su generosidad con el ejército y con la gente, fortaleció su posición llegando a ser de hecho, aunque no de nombre, el primer emperador de Roma. Su política en la preservación de las formas republicanas de la administración y la preocupación por evitar toda apariencia de poder absoluto y de monarquía no le privó de ningún poder y debilitó su control. No se puede negar que el carácter general de su administración y su política de centralización logró fortalecer y consolidar el débilmente organizado estado romano en un todo bien entretejido y coordinado. Fue un mecenas de las artes, letras y ciencias y dedicó grandes sumas de dinero a la organización y engrandecimiento de Roma. Es bien conocida su afirmación “la encontré de ladrillo y la dejé de mármol”. Bajo su dirección aumentó la industria y el comercio. La seguridad y la rapidez de los intercambios se lograron por la construcción de nueva vías. Se propuso renovar por medio de leyes el desorden y confusión de la vida y las costumbres que se habían asentado sobre todo debido a las guerras civiles. La vida en su corte era sencilla y sin ostentaciones. Se publicaron leyes severas para aumentar los matrimonios y los nacimientos. Se controló la moralidad de los juegos y del teatro y se introdujeron nuevas leyes para regular la situación de los esclavos y de los hombres libres. Los cambios que impuso Augusto en su administración de Roma y su política en oriente son de importancia especial para los historiadores del cristianismo ya que el suceso más importante de su reinado fue el nacimiento de Nuestro Señor (Lucas 2:1) en Palestina. Los detalles de la vida de Cristo en la tierra desde su nacimiento a su muerte estaban muy entretejidos con los propósitos perseguidos por Augusto, que murió con setenta y siete años (14 aC). Después de la batalla de Actium favoreció a Herodes el Grande, le confirmó como rey de los judíos y le concedió los territorios entre Galilea y la Traconítides con lo que se ganó su gratitud y devoción. Muerto herodes ( 750 ab urbe condita) Augusto dividió su reino entre sus hijos: uno de ellos, Arquéalo, desapareció pronto y su territorio, junto con Idumea y Samaria fueron unidos a la provincia de Siria (759 A.U.C). En esta ocasión Augusto ordenó un censo de la provincia que debía ser llevado a cabo por el legado Sulpicio Quirino, y cuyas circunstancias son de gran importancia para el cálculo del la fecha de nacimiento de Cristo. ( Ver IMPERIO ROMANO; LUCAS EVANGELIO DE.) Fuentes. Las principales fuentes para la vida de augusto son los escritores romanos SUETONIO, TACITO, VALEYO PATERCULO Y CICERON ( en sus Epístolas y Filípicas); los escritores griegos NICOLAS DE DAMASCO, DION CASIO Y PLUTARCO. Ver también su autobiografía oficial, el famoso Monumentum Ancyranum. Para el origen y carácter de las leyendas que ya desde muy temprano hicieron de Augusto uno de los “profetas de Cristo” ver GRAF, Roma nella memoria e nelle immaginazioni del Medio Evo (Turin, 1882), I, ix, 308, 331. PATRICK J. HEALY Transcrito por Janet Grayson Traducido por Pedro Royo