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Lunes, 9 de diciembre de 2019

Anacleto II

De Enciclopedia Católica

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El título fue tomado por el cardenal Pietro Pierleone en la discutida elelcción papal del año 1130. Incierta la fecha de nacimiento, murió el 25 d enero de 1138. Los Pierleone eran una de las más ricas y poderosas familias senatoriales de Roma que habían apoyado al papa en los cincuenta años de guerra por la reforma y libertad, aunque nunca se olvidó que eran de extracción judía y que se habían enriquecido y llegado al poder por la usura.

El abuelo del cardenal, llamado Leo en honor al Papa Leon IX, que le había bautizado, fue un fiel seguidor de Gregorio VIII; el hijo de Leon, Pedro, del que la familia adquirió el apellido de Pierleoni, fue el lider de la facción de la nobleza romana enemistada con los Frangipani. Su tumba de mármol puede verse en los claustros de S. Pablo con su pomposas inscripciones que rcuerdan su riqueza y numerosa prole. Intentó instalar a su hijo como Prefecto de Roma en 1116, apoyado por el papa, pero se le opuso el partido contrario con revueltas en las que hubo derramamiento de sangre.

Su segundo hijo, el futuro antipapa, fue destinado a la Iglesia. Después de terminar su educación en Paris, se hizo monje en el monasterio de Cluny, aunque enseguida fue llamado a Roma por el papa Pascual II y creado cardenal -diácono de los SS. Cosme y Damián. Acompañó al papa Gelasio en su lucha con Francia y fue empleado por sucesivos pontífices en asuntos importantes, incluyendo legaciones a Francia e Inglaterra. Si creemos a sus enemigos, no fue digno de tan alto oficio por su gruesa inmoralidad y por su avaricia en acumular riquezas. Sea cual sea la exageración que pueda haber en estas como en otras acusaciones, lo que parece claro es que estaba determinado a comprar o conseguir por la fuerza la silla papal.

Cuando Honorio yacía en su lecho de muerte, Pierleone podía contar con los votos de 30 cardenales, apoyados por el populacho mercenario y por todas las familias nobles romanas excepto los Corsi y los Frangipani. La pars senior del Sagrado Colegio eran solo 16, dirigidos por el enérgico canciller Haymaric y el cardenal obispo de ostia. Los squadronisti, como se les habría llamdo depués, resolvieron rescatar al papado de manos indignas con un coup d'état. Aunque en minoría, tenían la ventaja de que 4 de ellos eran cardenales -obispos a los que la legislación de Nicolás II había confiado el papel dirigente en la elección. Más aún, en la comisión de 8 cardenales, a la que se decidió dejar la elección, aunque uno de ellos era Pierleone, 5 se oponían a tan ambiguo aspirante. para asegurarse la libertad de acción , trasladaron el trono papal del Laterano a S. Gregorio, cerca de las torres de los Frangipani. Honorio murió la noche del 13 de febrero y fue enterrado precipitadamente a la mañana siguiente, obligando a un reacio cardenal de S. Jorge, Gregorio Papareschi, bajo amenaza de excomunión, a que aceptara el pontificado. Tomó el nombre de Inocencio II. Más tarde, aquel mismo día, los Pierleone se reunieron en la iglesia de S. Marcos y proclamaron papa a Anacleto II. Ambos fueron consagrados el mismo día 23 de febrero, Anacleto en S. Pedro e Inocencia en Sta. María Nuova.

Es dificil saber cómo se habría resuelto este cisma si se hubiera dejado a la decisión de los canonistas. Anacleto tenía un fuerte título en la ley y en los hechos, la mayoría de los cardenales, con el bispo de Porto, dean del Sacro Colegio, a la cabeza, se mantuvieron con él. Casi todo el populacho estaba a su favor. Su victoria parecía completa cuando de repente, los Frangipani abandonando lo que parecía una causa perdida, se pasaron a su campo.

Inocencio buscó la seguiridad en la huida. Pero nada más llegar a Francia sus asunto dieron un cambio favorable. "Expulsado de la urbe, fue bienvenido en el orbe", dice S. Bernardo cuya influencia le asguró la adhesión de práctricamente todo el mundo cristiano. El santo pone sus razones para decirdirse a favor de Incencio en una carta a los obispos de Aquitania (Op. cxxvi). Puede que no tangan mucha fuerza canónica`pero fueron suficientes para sus contemporáneos: "La vida y carácter de nuestro papa Inocencio están sobre todo reproche, hasta de su rival, mientras que la del otro no está segura ni para sus amigos. En segndo lugar, si se comparan las elecciónes, la de nuestro candidato tiene inmediatamente la ventaja sobre la otra por ser más pura en el motivo, más regular en la forma y anterior en el tiempo. El último punto está fuera de toda duda, los otras dos se prueban porlos méritos o deméritos de los electores. Encontraréis, si no me equivoco, que esta elección fue hecha de por la parte más discreta de aquellos a quienes pertenece la elección del Sumo Pontífice. Había cardenales, obispos, sacerdotes y diáconos en número suficiente, según los decretos de los Padres, para que la eleccion fuera válida. La consagración fue realizada por el obispo de Ostia, a quien pertenece especialmente esa función".

Mientras tanto, Anacleto mantenía su popularidad en Roma gastando su riqueza y los tesoros de las iglesias. Sus cartas y las de los romanso a Lotario de Alemania permanecieron sin respuesta, aunque se aseguró el apoyo importante del duque Roger de Apulia, cuya ambió satisfizo con el regalo de la la realeza el dia de Navidad de 1130: un cardenal legado de Anacleto le ungió en Palermo como primer rey de las Dos Sicilias, un momento importante en la historia de Italia.

En la primavera de 1133, el rey alemán llevó a Roma a Inocencio II al que dos grandes sínodos, Reims y Piacenza, habían declarado papa legítimo; pero sólo llevaba 2000 de a caballo, y el antipapa, a salvo dentro de las murallas de Sant´Angelo, parecía seguro. Incapaz de abrarse camino hasta S. Pedro, Lotario y su reina Richenza, recibieron la corona imperial en el Laterano el 4 de junio. Una vez que el emperador partió, Inocencio hubo de retirarse a Pisa, y durante 4 años la ciudad de Roma quedó sin discusión en manos de su rival.

En 1137, Lotario que por fin había derrotado a los insurgentes Hohenstaufens, volvió a Italia a la cabeza de un ejército formidable, con el principal propósito de castigar a Roger, por lo que la conquista de Roma fue encargada a las labores misioneras de S. Bernardo. La elocuencia del santo fue más efectiva que la armas imperiales. Cuando Anacleto murió, la preferencia de los romanos por Inocencio era tan grande que el antipapa Victor IV, que había sido elegido por el partido, se hizo penitente ante S. Bernardo y fue llevado por él a los pies del papa. Así terminó, tras ocho años, un cisma que amenazó con serios desastres a la Iglesia

James F. Loughlin.


Transcribed by Gerard Haffner.

Traducido por Pedro Royo.


The Catholic Encyclopedia, Volume I. Published 1907. New York: Robert Appleton Company. Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor. Imprimatur. +John Cardinal Farley, Archbishop of New York