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Miércoles, 3 de junio de 2020

Diferencia entre revisiones de «Alogi»

De Enciclopedia Católica

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(Sin diferencias)

Revisión de 11:18 20 mar 2008


(a privativa y logos, "palabra", i e. "Negadores de la Palabra").S. Ireneo (Adv. Haer., III, ii, 9) hace una breve referencia a personas que negaban la manifestación del paráclito y rehusaban , por tanto, admitir el evangelio de S. Juan, donde se anuncia. No da el nombre de este grupo. S. Hiopólito combatió tal error en su Syntagma y en una obra especial titulada "En defensa del Evangelio de Juan y del Apocalipsis". Estas obras se han perdido pero una buena parte de su contenido parece haber sido preservado por S. Epifanio, (Haer. LI) que informa ampliamente del ese grupo de herejes que surgió después de los Catafrigios, Cuartodecimanos y otros que no aceptaban ni el evangelio de Juan ni su Apocalipsis. Los llama Alogi (negadores de la Palabra) porque al rechazar el evangelio de Juan rechazaban al Logos que se revelaba en él. Comentando el texto, observa con sarcasmo que se les llamaba "Alogi”, es decir, "sin razón" . Estos herejes parece ser los que describe Ireneo como personas oscuras, y esa es la opinión general sobre ellos.

Los Alogi, por consiguiente pueden ser descritos como un grupo que surgió en Asia Menor a finales del siglo segundo. Evidentemente expresaban una protesta radical contra los abusos de los montanistas y de sus efusiones en visiones y profecías sobre el Paráclito prometido. Esto puede explicar porque llegaron a negar el Evangelio de S. Juan que predecía ala llegada del Espíritu Santo y porqué negaban todo crédito al Apocalipsis que en sus descripciones de la Jerusalén celeste y del reino de mil años alimentaba la imaginación de los entusiastas de Frigia. Los Alogi atribuían esos dos libros Cerinto. No está claro si además negaban la divinidad del Hijo y su generación eterna. S. Epifanio dice que negaban el Logos que predicaba Juan, pero está perplejo por la estupidez de atribuir a Cerinto un evangelio que estaba escrito contra él, ya que Cerinto enseñaba que Cristo era solo un hombre, mientras que Juan, en este mismo libro, predica su divinidad. Puede pues ser que los Alogi no rechazaran la doctrina misma sino sólo el Logos bajo el que la doctrina se presentaba en el Evangelio. Eso parece implicar S. Epifanio “porque “, dice, “ellos mismos parece que creen lo que nosotros”

Sea lo que fuere, el interés de los especialistas por ellos no va sobre su cristología sino por el criticismo bíblico que desarrollaron. Era sin duda una postura doctrinal previa que les impelió a rechazar el Evangelio de S. Juan y el Apocalipsis. Pero trataron de mantener su ponto de vista con argumentos sacados del examen de esos mismos libros. El evangelio de S. Juan, decían, contiene lo que no es verdad; según ellos no estaba de acuerdo con los otros evangelios, según el orden de los acontecimientos mostrado por los sinópticos y pro consiguiente reflejaba una doctrina docético. Aún hacían menos caso al Apocalipsis porque, afirmaban, era ininteligible con frecuencia, por no decir pueril y falso. A propósito de Apoc. ii, 18, afirmaban que no había una iglesia cristiana en Tiatira en ese momento.

Ese movimiento anticatólico ha sido estudiado cuidadosamente desde que en el siglo diecinueve se planteó la cuestión “juanina” buscando más información sobre la posición y autoridad del cuarto evangelio en la Iglesia primitiva.


Bibliografía

ST. IREN., Adv. Haer.,III, ii, 9; PHILASTRIUS, HAER., LX; ST. EPIPH., Haer., LI; KOERNER, De auct. Can. Apoc. Joh. ab Alogis impugnata (Leipzig, 1751); EUS., Hist. Eccl., III, 28, I. DRUMMOND, The Character and Authorship of the Fourth Gospel (London, 1903); ROSE, Aloges, asiates et romains, in Rev. Biblique, VI, 1897; ZAHN, Geschichte des neutestamentl. Kanons, I, 220-262; CORSSEN, Monarchianische Prologe zu den vier Evangelien (Leipzig, 1896; HARNACK, History of Dogma, III, 14-20.


Francis P. Havey.

Transcrito por John Fobian. En memoria de Helen L. Johnson.


Traducido por Pedro Royo. En memoria de Magdalena Zalamea.