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Martes, 28 de enero de 2020

Diferencia entre revisiones de «Aeterni Patris (Carta Apostólica )»

De Enciclopedia Católica

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Carta Apostólica de Pío IX con la que convocaba el Concilio Vaticano I, datada el 29 de junio de 1868. Comienza con las mismas palabras y se cita con el mismo título que la de León XIII sobre la filosofía escolástica. Pero el propósito y sustancia son muy diferentes. Esta comienza señalando la provisión que Cristo hizo para que su fe y moral fueran enseñados y la unidad de ambas se asegurase. El comisionó a los Apóstoles para que enseñaran  y colocó a Pedro como su cabeza y Príncipe de los Apóstoles. Era un oficio para la Iglesia y cuando S. Pedro murió debía continuar en las personas de la serie de sucesores, uno tras otro. De aquí que el mismo poder supremo, jurisdicción y primacía son transmitidos a los Pontífices Romanos que se sientan en la Silla de S. Pedro. Y de aquí que los Romanos Pontífices han guardado como requiere su oficio, la fe y moral cristianas. Y de ahí que, cuando la ocasión lo requiere, convoquen Concilios Generales para atender a las graves necesidades de la iglesia.
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A continuación hace un rápido repaso de los peligros existentes en el momento para la fe y la moral y cómo remediarlos. Pío IX publica esta carta llamando a los obispos y otros que tienen el derecho o el deber de estar presentes, a un Concilio General que se había de reunir en la Basílica de S. Pedro de Roma el 8 de diciembre de 1869, aniversario de la definición de la Inmaciulada Concepción. Esta Carta no se debe confundir con el Decreto Pastor Æternus emitido por Pío IX a la clausura del Concilio, al año siguiente, y en el que se definía el dogma de la Infalibilidad papal.
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Acta PII IX (1868), 412-423, tr. in Dub. Rev., 1868, 529-535.
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Bibliografía.
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Carta Apostólica de Pío IX con la que convocaba el Concilio Vaticano I, datada el 29 de junio de 1868. Comienza con las mismas palabras y se cita con el mismo título que la de León XIII sobre la filosofía escolástica, pero el propósito y sustancia son muy diferentes. Esta comienza señalando la provisión que Cristo hizo para que su fe y moral fueran enseñados y la unidad de ambas se asegurase.
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El comisionó a los Apóstoles para que enseñaran  y colocó a Pedro como su cabeza y Príncipe de los Apóstoles. Era un oficio para la Iglesia y cuando S. Pedro murió debía continuar en las personas de la serie de sucesores, uno tras otro. De aquí que el mismo poder supremo, jurisdicción y primacía son transmitidos a los Pontífices Romanos que se sientan en la Silla de S. Pedro. Y de aquí que los Romanos Pontífices han guardado, como requiere su oficio, la fe y moral cristianas. Y de ahí que, cuando la ocasión lo requiere, convoquen Concilios Generales para atender a las graves necesidades de la iglesia.
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A continuación hace un rápido repaso de los peligros existentes en el momento para la fe y la moral y cómo remediarlos. Pío IX publica esta carta llamando a los obispos y otros que tienen el derecho o el deber de estar presentes, a un Concilio General que se había de reunir en la Basílica de S. Pedro de Roma el 8 de diciembre de 1869, aniversario de la definición de la Inmaculada Concepción.
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Esta Carta no se debe confundir con el Decreto Pastor Æternus emitido por Pío IX a la clausura del Concilio, al año siguiente, y en el que se definía el dogma de la Infalibilidad papal.
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===Bibliografía===
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Acta PII IX (1868), 412-423, tr. in Dub. Rev., 1868, 529-535.  
  
Acta PII IX (1868), 412-423, tr. in Dub. Rev., 1868, 529-535.
 
  
 
M. O'Riordan.
 
M. O'Riordan.
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Traducido por Pedro Royo.
 
Traducido por Pedro Royo.

Última revisión de 17:22 21 nov 2007

Carta Apostólica de Pío IX con la que convocaba el Concilio Vaticano I, datada el 29 de junio de 1868. Comienza con las mismas palabras y se cita con el mismo título que la de León XIII sobre la filosofía escolástica, pero el propósito y sustancia son muy diferentes. Esta comienza señalando la provisión que Cristo hizo para que su fe y moral fueran enseñados y la unidad de ambas se asegurase.

El comisionó a los Apóstoles para que enseñaran y colocó a Pedro como su cabeza y Príncipe de los Apóstoles. Era un oficio para la Iglesia y cuando S. Pedro murió debía continuar en las personas de la serie de sucesores, uno tras otro. De aquí que el mismo poder supremo, jurisdicción y primacía son transmitidos a los Pontífices Romanos que se sientan en la Silla de S. Pedro. Y de aquí que los Romanos Pontífices han guardado, como requiere su oficio, la fe y moral cristianas. Y de ahí que, cuando la ocasión lo requiere, convoquen Concilios Generales para atender a las graves necesidades de la iglesia.

A continuación hace un rápido repaso de los peligros existentes en el momento para la fe y la moral y cómo remediarlos. Pío IX publica esta carta llamando a los obispos y otros que tienen el derecho o el deber de estar presentes, a un Concilio General que se había de reunir en la Basílica de S. Pedro de Roma el 8 de diciembre de 1869, aniversario de la definición de la Inmaculada Concepción.

Esta Carta no se debe confundir con el Decreto Pastor Æternus emitido por Pío IX a la clausura del Concilio, al año siguiente, y en el que se definía el dogma de la Infalibilidad papal.


Bibliografía

Acta PII IX (1868), 412-423, tr. in Dub. Rev., 1868, 529-535.


M. O'Riordan.


Traducido por Pedro Royo.


The Catholic Encyclopedia, Volume I. Published 1907. New York: Robert Appleton Company. Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor. Imprimatur. +John Cardinal Farley, Archbishop of New York