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Jueves, 18 de julio de 2019

Diferencia entre revisiones de «Abstracción»

De Enciclopedia Católica

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F.P. Duffy.  
 
F.P. Duffy.  
 
 
Transcrito por Michael Mueller.
 
 
 
Traducido por Pedro Royo.
 
 
 
  
  
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Traducido por Pedro Royo.
 
Traducido por Pedro Royo.
 
 
The Catholic Encyclopedia, Volume I. Published 1907. New York: Robert Appleton Company. Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor. Imprimatur. +John Cardinal Farley, Archbishop of New York
 

Revisión de 09:57 30 jun 2008

(Latin abs, de trahere, traer, llevar).

La abstracción es un proceso (o una facultad) por el que la mente selecciona alguno de los atributos de una cosa con exclusión del resto. Para algunos escritores, incluyendo los escolásticos, los atributos seleccionados por la atención son los abstraídos; para otros, como Kant y Hamilton, el término se aplica a la exclusión de los atributos que son ignorados; el proceso, sin embargo, es el mismo en ambos casos. las cosas que parecen simples, son complejas, i. e. tiene varios atributos; y el proceso de abstracción comienza con la sensació , cuando la vista percibe ciertas cualidades, el gusto otras etc. Desde el comienzo de la inteligencia la actividad progresa rápidamente, pues todas nuestras generalizaciones dependen de la abstracción de lo que tienen en comón los diferentes objetos.

Un paso siguiente y más importante se da cuando la mente alcanza el estado en el que puede manejar las abstracciones tales como extensión , moción , especies, ser , causa, como base para la ciencia y la filosofía, en las que hasta un cierto punto los conceptos abstractos son manipulados como los símbolos en álgebra, sin inmediata referencia a lo concreto. Este proceso no carece de peligros o de falacias, pero el conocimiento humano no progresaría mucho sin él. Es, por consiguiente, evidente que los métodos de guiar a la mente de lo concreto a lo abstracto, así como el desarrollo del poder de manejar las ideas abstractas, son asuntos de gran importancia en la ciencia y en la educación.

La mayoría de los filósofos están de acuerdo con la importancia de la abstracción en el proceso del conocimiento y todos los que basan el conocimiento en la experiencia están sustancialmente de acuerdo, aunque difieren ampliamente sobre la naturaleza y validez de los conceptos abstractos en sí mismos. Una visión amplia , prevalente, representada sobre todo por las escuelas asociacionistas, es que las ideas generales de forman en la mezcla o fusión de impresiones individuales. La mente es en su más alto aspecto un poder ( llamado Intelecto Activo) que abstrae, de las representaciones de cosas concretas o cualidades, los elementos típicos, ideales , esenciales, dejando atrás aquellos que son materiales y particulares; pero la actividad de la facultad es siempre espontánea e inmediata; nunca es un proceso de mezcla de las representaciones particulares en una idea compuesta, y mucho menos una agrupación de cosas similares o atributos que tiene un nombre común.

Los conceptos así obtenidos representan un elemento que se realiza universalmente en todos los miembros de la clase, pero es reconocido formalmente como un universal solamente por medio de más observación y comparación .

Los argumentos a favor de la existencia de tal facultad no se deducen de un estudio de su operación actual, que elude nuestros poderes de introspección , sino del análisis de sus resultados. Sus defensores se apoyan principalmente en el hecho de que poseemos conceptos definidos universales, como el triángulo, que transcienden las vagas imágenes flotantes que representan la fusión de nuestras representaciones individuales; y también en el elemento de universalidad y necesidad de nuestros juicios. En conexión con este último punto la cuestión es de máxima importancia, ya que sistemas filosóficos que rechazan este poder de abstracción directa de la idea universal son , naturalmente, más o menos escépticos sobre la validez objetiva de nuestros juicios universales.



Bibliografía

Porter, The Human Intellect (New York, 1869), 377-430; Maher, Psychology (London and New York, 1900), 294, 307, 310; Spencer, Psychology (New York, 1898), I, viii; Mill, Logic (London and New York, 1898), I, ii; IV, ii; Mivart, The Origin of Human Reason (London, 1889), ii; Van Becelaere, The Philos. Rev., Nov., 1903; Newman, Grammar of Assent (London 1898), viii; Bowne, Theory of Thought and Knowledge (New York, 1897), xi; Bain, Education as a Science (New York, 1879), vii; Sully, Teacher's Psychology (New York, 1887), xii, xiii.


F.P. Duffy.


Transcrito por Michael Mueller.


Traducido por Pedro Royo.