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Jueves, 22 de agosto de 2019

Abad Laico

De Enciclopedia Católica

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(abbattocomes, abbas laicus, abbas miles).

Nombre que se utilizaba para designar a un laico a quien un rey o alguien con autoridad concedía una abadía como recompensa por los servicios prestados. El abad estaba encargado de la propiedad de la cual formaba parte, y se le entregaban los derechos como parte de sus ingresos. Esta costumbre tenía un efecto nocivo en la vida del claustro. Existió principalmente en el imperio francés del siglo VIII hasta la reforma eclesiástica del siglo XI.

Charles Martel fue el primero en conceder la propiedad eclesiástica a los laicos, amigos políticos y a los guerreros que le habían ayudado en sus campañas. En el periodo anterior, los franceses merongivianos habían concedido tierras a los laicos, o por lo menos les habían permitido su posesión y uso, aunque no la propiedad. En el siglo sexto y séptimo se llevaron a cabo en Francia numerosos concilios contra el abuso de la propiedad de la iglesia. Los reyes franceses tenían el hábito de designar abades en los monasterios que ellos habían fundado.

Por otra parte, muchos monasterios, aunque no habían sido fundados por el rey, eran colocados bajo el patrocinio real para estar bajo su protección y volverse posesiones de la Corona. Esta costumbre de las reglas merongivianas de disponer de la propiedad de la iglesia a particulares, así como de designar abades en los monasterios fundados o que pertenecían a ellos, fue tomado como antecedente por los reyes franceses para recompensar a los laicos con abadías, o darlas a los obispos en custodia.

Bajo las normativas de Carlos Martel la iglesia fue muy lesionada por este abuso, no solamente en sus posesiones sino también en su vida religiosa. El cuadro más sombrío se presenta con San Bonifacio y posteriormente con Hincmar de Reims con la consecuente caída de la disciplina de la iglesia. Aunque San Bonifacio intentó celosamente e incluso reformó con éxito la Inglesa Francesa, la concesión de abadías a abades seculares no fue enteramente abolida. Bajo Pepin los monjes fueron permitidos, pero en el caso de las abadías estas pasaron a manos seculares para luego trasladarse, posteriormente, a otras comunidades.

Carlomagno también dio con frecuencia la propiedad de la iglesia y algunas veces entrego abadías en arrendamiento feudal. Es verdad que San Luis el Piadoso ayudó a San Benedicto de Aniane en su esfuerzo para reformar la vida monástica. Para lograr esto, fue necesario restablecer la libre elección de abades y la libre convocatoria de monjes como jefes de las casas monásticas. Aunque el emperador Luis compartió estos principios, se continuó cediendo las abadías a los laicos y sus hijos lo imitaron.

La importante abadía de San Riquier (Centula) en Picardy tuvo abades seculares de la época de Carlomagno, quien había dado a su amigo Angilbert, el poeta y amante de su hija Bertha y padre de dos de sus hijos (ver SAN ANGILBERT).

Posterior a la muerte de Angilbert en 814, la abadía fue dada a otros laicos. La iglesia tuvo que tolerar; bajo algunas presiones, que frecuentemente las abadías fueran escenario de juergas y escenas mundanas. Algunos concilios del siglo IX aprobaron decretos contra esta costumbre; el concilio de Diedenhofen (octubre, 844) decretó en su canon tercero, que las abadías no podían continuar en poder de los laicos y que los monjes deberían ser los abades (Hefele, “Knoziliengeshchichte”, 2nd ed., IV, 110).

De alguna manera el Concilio de Meaux y París (845-846) hubo quejas en el sentido de que los monasterios que estaban en poder de los laicos habían caído en decadencia y enfatizaron los derechos del rey en este aspecto (op. Cit., IV, 115). Pero las abadías continuaron siendo otorgadas a los laicos especialmente en Francia y Lorraine, por ejemplo en San Evre cerca a Toul, en el reinado de Lothaire I. Lothaire II.

No obstante, establecido el control eclesiástico en 858, el mismo rey dio a Donmoutier a un laico y la Abadía de San Germán y San Martín y en la Diócesis de Toul, también hubo casos de abades seculares. La Diócesis de Metz, la Abadía de Gorze estuvo mucho tiempo en manos de laicos y bajo ellos cayó en decadencia.

Stavelot y Malmedy, de la Diócesis de Liege, en el siglo XI hizo otorgamiento a cierto conde Ragin, como también San Maximin cerca a Trier, a un conde Abal (Hauck, “Kirchengeschichte Deutschland”, II, 598). El Concilio de Maguncia en 888 decretó (can. xxv) que los abades seculares deberían dirigir y abastecer sus monasterios.

El ayuntamiento sin embargo, no pudo poner fin al mal. En el concilio llevado a cabo en Trosly, en la Diócesis de Soissons, en 909, se recibieron fuertes quejas (ch. Iii) sobre la vida de los monjes; muchos conventos, y se dijo que estaban gobernados por laicos, quienes mantenían a sus esposas, hijos, y perros, en los recintos religiosos. Para mejorar estas condiciones, fue necesario que el concilio declarara, la restauración de abadías, al mismo tiempo que se daba cumplimiento a los cánones eclesiásticos y capitulaciones reales quitándole a los laicos la autoridad en los asuntos de la iglesia (Hefele, op.cit., IV, 572-73).

Los abades laicos existieron en el siglo décimo y undécimo. Gosfred, Duque de Aquitania, fue Abad del monasterio de San Hilary de Poiters y como tal, publicó los decretos emitidos (1078) en el Concilio de Poitiers (Hefele, op.cit., V, 116). Fue solamente a través de las llamadas investiduras de conflicto que la iglesia fue liberada del dominio secular; una acción llevada a cabo dentro de la reforma de la vida religiosa y eclesiástica que, bajo normativas del pontificado, logró poner fin a la concesión de abadías a los laicos.

THOMASSINUS, Vetus et nova ecclesiae disciplina circa beneficia, parte II, lib II c.12 sqq (Lyons, 1705, 586-622); Hafele, Historia de los Concilios; Digby, Ages of Faith; FOSTER, Monasterio Británico; LINGARD, Historia de Inglaterra (Dublin , 1878); D’Alton, Historia de Irlanda; STUART AND COLEMAN, Historia de la Diócesis de Armagh.

J.P. KIRSCH

Transcrita por Mario Anello

Traducción al castellano de Luz Helena Cabrales.