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Jueves, 30 de junio de 2022

Abadía de Farfa

De Enciclopedia Católica

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Situada a unos 41 kilómetros de Roma, no lejos de la estación de Farfa Ravina. Una leyenda en la “Chronicon Farfense” relata la fundación de un monasterio en Farfa en el tiempo del Emperador Juliano, o Graciano, por el siberiano San Laurentius, quien había llegado a Roma con su hermana, Susana, y quien había sido nombrado Obispo de Spoleto.

La leyenda indica que haberse enamorado de la vida monástica, escogió una cabaña de madera cerca de la corriente del Farfa, un afluente del Tiber, cerca del cual él construyó una iglesia para Nuestra Señora, y un monasterio. Descubrimientos arqueológicos en 1888 parecen probar que el primer establecimiento monástico establecido allí, fue construido sobre las ruinas de un templo pagano. Este primer monasterio fue devastado por los vándalos en el Siglo XV, sin duda, aproximadamente en el año 457.

En el Siglo VII, una ola de monasticismo del norte, se extendió por toda Italia. La gran tradición benedictina se fortaleció en Italia con la fundación de Bobbio, por San Colombo, y la fundación de Farfa por parte de los monjes de Gaul, aproximadamente en el 681. La “Constructio Monaserii Farfensis”, un texto que proviene muy probablemente de 857, relata la larga historia del principal fundados Thomas de Maurienne; quien había hecho una peregrinación a Jerusalem y estuvo tres años en esa ciudad.

Mientras estaba en oración ante el Santo Sepulcro, en una visión, Nuestra Señora le indicó que regresara a Italia, y que restaurara Farfa; y el Duque de Spoleto, Faroald, quién también había tenido una visión, fue encomendado a ayudarle con este trabajo. En una fecha muy temprana encontramos trazos de esta leyenda en conexión con la fundación por tres nobles de Beneventum, del monasterio de San Vicente en Volturno, territorio sobre el cual Farfa declara jurisdicción. Tomás murió en 720; y durante más de un siglo los abades francos gobernaron sobre Farfa.

Los jefes lombardos y más tarde los carlovingios, promovieron la continuidad en cuanto a excluir a Farfa de la obediencia de los Obispos de Rieti, y en asegurarse muchos privilegios e inmunidades para el monasterio. Con la excepción de Nonantula, y si damos crédito a la “Chronicon Farfense”, el monasterio de Farfa fue el más importante de Italia en este período, tanto desde el punto de vista de las posesiones materiales, como en términos de la dignidad eclesiástica.

Tenía una gran basílica y cinco iglesias menores, con gran número de obras maestras de la orfebrería religiosa. El deseo de posesión de los saracenos fue excitado y aproximadamente en 890, durante el gobierno del Abad Pedro, ellos arrebataron el lugar. Pedro se mantuvo contra ellos durante siete años, y luego resolvió abandonar el monasterio. Dividió a sus monjes en tres secciones y compartió con ellos la riqueza de la abadía. Un grupo fue enviado a Roma, otro a Rieti, y otro al condado de Fermo. Los saracenos preservaron Farfa como una fortaleza, pero algunos ladrones cristianos le dieron fuego por error.

Entre 930 y 936, fue reconstruida por el Abad Ratfredus, quien luego fue envenenado por dos monjes enfermos, Campo y Hildebrando, quienes dividieron la riqueza entre ellos, y gobernaron, hasta Alberico, Príncipe de los Romanos, llamado en Odo de Cluny, a fin de reformar Farfa y otros monasterios.Campo fue desalojado del poder y un santo monje llamado Dagoberto tomó su lugar.

Luego de cinco años, también él fue envenenado y la condición moral de Farfa fue de nuevo, deplorable. Los monjes robaron los altares y sus ornamentos y llegaron a tener vidas llenas de vicios. En 967, el papa consagró al Abad Juan III, quien tuvo la protección del Emperador Otho, en cuanto a reestablecer el poder. Pero el gran reformador de Farfa fue Hugues (998-1010).

Existieron algunas inseguridades acerca de su nominación, pero el éxito de su gobierno las compensó. En esta instancia, Odilo, Abad de Cluny, y Guillermo, Abad de Dijon, visitaron Farfa, y reestablecieron allí el amor y la piedad por el estudio.

La “Consuetudines Farfenses” escrita aproximadamente en 1010, bajo la supervisión de Guido, quien había sucedido a Hugues, y recientemente fue publicada por Albers, muestra el cuidad con el cual Hugues organizó la vida monástica de Farfa. Bajo el título de “Destructio Monasterio”, Hugues por sí mismo escribió la historia del triste período anterior a su mandato; y luego bajo el título de “Diminutio Monasterio” y “Querimonium”, relata las dificultades temporales que se tuvieron en Farfa debido a la ambición de señores romanos. Estos trabajos tienen una gran importancia para el estudio de este período.

Uno de los sucesores de Hugues, Berardo, Abad de 1049 a 1089, hizo de la Abadía un lugar de gran actividad intelectual. El monje Gregorio de Catino (nacido 1060) arregló los archivos. A fin de dar consistencia a los reclamos de Farfa y a los derechos de sus monjes, editó la “Regesto di Farfa” o “Liber Gemmiagraphus sive Cleronomialis ecclesiae Farfensis” compuesta de 1324 documentos, todos ellos muy importantes para la historia de la sociedad italiana en el Siglo XI. Ugo Balzani alabó la exactitud de su trabajo, “planeado” indicó, “de conformidad con la armonía y los mejores esfuerzos críticos de nuestros tiempos”.

En 1103, Gregorio escribió el “Largitorium” o “Liber Notarius sive Emphiteuticus”, una larga lista acerca de todas las concesiones, o donaciones, hechas por el monasterio. Una vez que hubo recolectado toda esta información con detalle, se puso a trabajar en la historia del monasterio, la “Chronicon Farfense”, y cuando tenía 70 años de edad, a fin de facilitar las referencias a sus primeros trabajos, llegó a compilar una especie de índice que aparece con su personal estilo: “Liber Floriger Chartarum cenobii Farfensis”.

Gregorio fue un hombre de verdadero aprendizaje, fue muy sobresaliente en ello; a principios del Siglo XI, escribió una historia con gran sentido de exactitud, y contando con gran información. Los monjes de Farfa poseían 683 iglesias o conventos; dos pueblos, Centumcellae (Civitavecchia) y Alatri; 132 castillos; 16 fortalezas; 7 puertos marinos; 8 minas de sal; 14 villas; 82 molinos; 315 aldeas. Toda esta riqueza fue incorporada a la vida religiosa entre 1119 y 1125.

Farfa se mantuvo en problemas derivados de las rivalidades entre el Abad Guido y el monje Berardo quien deseaba ser abad. Durante el conflicto de investituda, Farfa fue, más o menos, a favor del grupo de los “Ghibellines”. La “Ortodoxa defensio imperiales”, escrita en apoyo del partido gibelino, fue, de conformidad con Bethmann, un trabajo de Gregorio, y de uno de sus discípulos, de acuerdo a lo establecido por Balzani. La colección de textos canónicos contenidos en el “Regesto”, los que fueron estudiados por Paul Fournier, parecen omitir deliberadamente cualquier mención de los textos canónicos de los papa reformistas del Siglo XI.

Sin embargo, en 1262, con la victoria de los papas sobre el último de los Hohenstaufen, puso fin a la influencia alemana en Italia, Farfa buscó la protección de Urbano IV, tal y como lo vemos en un privilegio que fue otorgado el 23 de febrero de 1262, y publicado por Jean Guiraud. A fines del Siglo XIV, la Abadía de Farfa llegó a tener una “cardinalatial in commendam”, y desde 1842, el Obispo Cardenal de Sabina, un subvicariato del obispado, llegó a tener también el título de Abad de Farfa.

GREGORIO DI CATINO, Il Regesto di Farfa, published by the R. Società romana di storia patria, under the direction of GIORGI and BALZANI (Rome, 1879-1892), 4 vols.; Il Chronicon Farfense di Gregorio di Catino; precedono la "Constructio Farfensis" e gli scritti di Ugo di Farfa: published by BALZANI (Rome, 1903), 2 vols.; Atti della R. Accademia dei Lincei; Notizie degli Scavi (1888), 292; MABILLON, Acta sanctorum Ord. Ben., I, 231-233; BRUNO ALBERS, Consuetudines monasticæ, vol. I of his Consuetudines Farfenses (Stuttgart, 1900); FOURNIER, La collezione canonica del regesto di Farfa in Archivio della R. Società romana di Storia Patria, xvii, 285 sqq.; GUIRAUD, La badia di Farfa alla fine del secolo xiii in Archivio della R. Società romana di Storia Patria, XV, 275-288; MARINI, Serie Cronologica degli Abbati del monastero di Farfa (Rome, 1836); ANGELI, Passeggiate Sabine: Farfa in Rivista Moderna Politica e letteraria (1 Nov., 1902).

GEORGES GOYAU

Transcripción de Gerald Rossi

Traducción al castellano de Giovanni E. Reyes