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Lunes, 24 de septiembre de 2018

Valdenses

De Enciclopedia Católica

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Secta herética que apareció en la segunda mitad del siglo doce y que ha sobrevivido hasta hoy considerablemente modificada.


Nombre y Origen

El nombre proviene de Pedro Valdo, su fundador. Se le aplicaron varios nombres: por su profesión de extrema pobreza fueron llamados “los pobres”, por su lugar de origen, Lyon, fueron llamados “Leonistae”; y combinando ambas ideas. “Los Pobres de Lyon”. Su costumbre de llevar sandalias o zapatos de madera (sabots) les dieron los nombres de "Sandaliati", "Insabbatati", "Sabbatati", Sabotiers".

Deseosos de rodear su propia historia y doctrina con un halo de antigüedad, algunos valdenses reclamaban que la suya era una iglesia apostólica. Las primeras congregaciones valdenses, se decía, fueron establecidas por S. Pablo que en su viaje a España visitó los valles del Piamonte. La historia de estas fundaciones se identificaba con las de la cristiandad primitiva porque eran pobres y humildes.

Pero a principios del siglo cuatro, el papa Silvestre fue enaltecido por Constantino, al que había curado de la lepra, a una posición de riqueza y poder y el papado se volvió infiel a su misión. Algunos cristianos lograron mantenerse en la verdadera fe y prácticas de los primeros tiempos y en el siglo doce apareció un cierto Pedro, de los valles de los Alpes, llamado Valdo. No fue el fundador de una nueva secta, sino un misionero entre los fieles observantes de la genuina ley cristiana, ganando numerosas adhesiones. Esta versión, sin embargo, no era aceptada por todos los valdenses; muchos de ellos aceptaban como un hecho que se habían originado en tiempos de Constantino. Otros consideraban a Claudio de Turín (m. 840), Berengario de Tours (m.1088) o algunos que habían precedido a Valdo, como los primeros representantes de la secta.

El origen constantiniano fue admitido crédulamente durante largo tiempo por los historiadores protestantes. Pero en el siglo diecinueve pareció evidente a los críticos que los documentos valdenses habían sido alterados. Como resultado, las pretenciosas afirmaciones sobre su pretendida antigüedad pasaron al reino de las fábulas.

El verdadero fundador de la secta fue un rico comerciante de Lyon que en los primeros documentos es llamado Valdo. Desde 1368 se le añade el nombre de Pedro, que tomó en su “conversión”, o que más probablemente, le fue atribuido por sus seguidores. Se conoce poco de su historia personal. Hay dos relatos completos del cambio completo en su vida religiosa; uno de ellos escrito hacia 1220 por un monje premostratense, llamado “el cronista anónimo de Laon”; el otro por un fraile dominico e inquisidor Esteba de Bourbon (muerto hacia 1262) y que data de la mitad del siglo trece. . El primero da importancia a la influencia que tuvo sobre Valdo la historia de S. Alejo, mientras que el otro no lo menciona, pero habla de su conocimiento de los contenidos de la Biblia por traducciones. La historia de la conversión de Valdo quizás se pueda reconstruir de la manera siguiente: deseoso de adquirir conocimiento de las enseñanzas bíblicas, Valdo pidió a dos sacerdotes que le tradujeran los cuatro evangelios. De forma similar fue consiguiendo traducciones de otras partes de la Biblia y de algunos escritos de los Padres. Con la lectura de estas obras fue atraído a la práctica de la perfección cristiana. Su fervor aumentó cuando un día oyó a un cantor itinerante (ioculator, juglar) la historia de S. Alejo. Entonces consultó a un maestro en teología cual era el mejor camino para la salvación. La contestación fue citarle las palabras de Jesús al joven rico (Mat. 19:21). Valdo siguió inmediatamente el consejo del divino Maestro. Entregó a su mujer parte de su riqueza, parte a aquellos de los que la había adquirido, dejó algo a las monjas de Fontevrault en cuyo monasterio colocó a sus dos hijas pequeñas y distribuyó la mayor parte a los pobres. En la fiesta de la Asunción de 1176, dispuso de sus últimas posesiones terrenas y poco después hizo un voto de pobreza. El suceso conmovió a Lyon y pronto fueron surgiendo imitadores, sobre todo entre las clases bajas ineducadas. Sus miembros comenzaron inmediatamente a predicar por las calles y en los lugares públicos ganando más seguidores. Su predicación, sin embargo, estaba mezclada con errores doctrinales y fue prohibida, según Esteban de Bourbon, por el arzobispo de Lyon y según Walter Map, por el Tercer concilio general de Letrán, en el que estuvo presente (1179). Pero los valdenses, en vez de hacer caso a la prohibición, continuaron predicando porque era más importante obedecer a Dios que a los hombres. El papa Lucio III los incluyó en la lista de herejes contra los que iba la bula de Excomunión de Verona (1184).


DOCTRINA

La organización de los valdenses fue una reacción contra el gran esplendor de la ostentación externa que existía en la Iglesia medieval; era una protesta contra la forma de vida mundana de algunos eclesiásticos. En esas condiciones, los valdenses practicaban una pobreza extrema, característica de su forma de vivir, y enfatizaban con sus prácticas, la necesidad de la tarea de predicación que estaba tan abandonada. Eran reclutados en círculos que carecían no solo de conocimientos teológicos, sino de cultura, en general, por lo que era inevitable que el error se colara en sus prédicas y por consiguiente que las autoridades eclesiásticas quisieran poner fin a su trabajo evangélico.

Entre los errores doctrinales que propagaban, estaba la negación del purgatorio, de las indulgencias y de las oraciones por los muertos. Denunciaban toda mentira como pecado grave, rehusaban emitir juramentos y consideraban ilegal el derramar sangre humana. Consiguientemente condenaban la guerra y la pena de muerte. Algunos de los puntos de su doctrina son tan parecidos a los de los cátaros que se puede dar por cierto que los copiaron de los valdenses. Ambas sectas tenían organizaciones similares, divididas en dos clases, Los Perfectos (perfecti) y los Amigos o Creyentes (amici o credentes). (Ver CATAROS y ALBIGENSES.)

Entre los valdenses, el Perfecto, ligado por un voto de pobreza, iba de lugar en lugar predicando. Esa vida itinerante no se compaginaba con el matrimonio y así añadían al voto de pobreza el de castidad. Las personas casadas que se unían a ellos podían disolver el matrimonio sin el consentimiento de su consorte. El orden se conseguía con el voto de obediencia a sus superiores. Los perfectos no podían realizar trabajos manuales por lo que dependían para su sustento de los llamados “amigos”. Estos continuaban viviendo en el mundo, se casaban tenían propiedades y se dedicaban a los asuntos mundanos. La generosidad y limosnas debían proveer a las necesidades de los perfectos. Los amigos permanecían dentro de la iglesia católica, continuaban recibiendo los sacramentos, excepto la penitencia, para la que buscaban, cuando era posible a uno de sus propios ministros.

El nombre de valdense estaba reservado, en principio a los perfectos, pero a lo largo del siglo trece los amigos fueron también incluidos en la designación. Los perfectos se dividían en tres clases, obispos, sacerdotes y diáconos. El obispo, llamado “mayor” o “mayoral” predicaba y administraba los sacramentos de la penitencia, eucaristía y orden. Las celebraciones de la eucaristía, frecuentes quizás en el primer período solo ocurrían, después, en el Jueves Santo. El sacerdote predicaba y tenía facultades limitadas para oír confesiones. El diácono, llamado “junior” o “menor” ayudaba en las órdenes mayores y por la recolecta de limosnas quedaba libre de las preocupaciones materiales. El obispo era elegido en una reunión celebrada entre diáconos y sacerdotes. En su consagración, así como en la ordenación de los miembros del clero, el principal elemento era la imposición de manos, aunque la recitación del Padrenuestro, tan importante para los valdenses, era también importante.

Parece que el poder de jurisdicción fue ejercido exclusivamente por el obispo conocido como “rector” que era el cargo ejecutivo más alto. El poder legislativo supremo se daba en el capítulo general que se reunía una o dos veces al año y estaba formado por el perfecto y más tarde solo los miembros senior. En él se consideraba la situación general de la secta, se examinaban las condiciones religiosas de los distintos distritos, se admitía al episcopado, sacerdocio o diaconado y se pronunciaban sobre la admisión de nuevos miembros y la expulsión de los indignos.

Las comunidades lombardas eran más radicales que las francesas. Mantenían que la validez de los sacramentos dependía de la dignidad del ministro y veían a la iglesia católica como la comunidad de Satán, por lo que rechazaban completamente su organización en todo lo que no estuviera en las Escrituras. Respecto a la recepción de los sacramentos su práctica era menos radical que su teoría. Aunque veían a los sacerdotes católicos como ministros indignos, recibían de sus manos la comunión y lo justificaban porque Dios anula los defectos del ministro y concede directamente su gracia a los que la recibían dignamente.

La iglesia valdense actual puede ser considerada como una iglesia protestante de tipo calvinista. Reconoce como su fundamento doctrinal la confesión de fe publicada en 1655, basada en la confesión reformada de 1559. Solo admiten dos sacramentos, bautismo y la Cena del Señor. La autoridad suprema es ejercida por un sínodo anual y los asuntos de las congregaciones individuales son administrados por un consistorio bajo la presidencia de un pastor.

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HISTORIA

Los valdenses en Francia y España.

La predicación de Valdo y sus discípulos tuvo un éxito inmediato no solo en Francia sino también en Italia y España. Los seguidores italianos formaron in grupo independiente. En Francia el movimiento ganó terreno sobre todo en el sur desde donde se extendió al norte de España.

La iglesia intentó evitar el peligro, ante las numerosas defecciones, primero por la persuasión. Ya en 1191 hubo una conferencia entre católicos y valdenses en un sitio desconocido; siguió otra en Pamiers en 1207 y una última en la que Durán de Huesca y varios otros valdenses volvieron a la Iglesia. Con la autorización de Inocencio III se organizaron en una orden religiosa especial de "Los Pobres católicos para la conversión de los Valdenses”, que no tuvo mucho éxito. Entonces se empleó la fuerza para contener el movimiento herético. En 1192 el obispo Otto de Toul ordenó encadenar a todos los valdenses y entregarlos al tribunal episcopal. Dos años después, el rey Alfonso II de Aragón los desterró de sus dominios y prohibió que les suministraran abrigo y alimentos. Pedro II renovó estas medidas en el concilio de Gerona (1192) decretándose la muerte en la hoguera para los herejes.

Las autoridades francesas parecen haber sido algo menos severas en ese momento. Sin embargo las guerras contra los albigenses también influyeron en la política sobre los valdenses y en 1214 siete de ellos sufrieron la pena de muerte en Maurillac. Pero hasta mediado el siglo trece la herejía no perdió terreno en Provenza y Languedoc. No desapareció de esos lugares hasta que se mezcló con la Reforma Protestante, mientras que en España y Lorena se libraron de ellos en el curso del siglo trece.

El centro más importante de la actividad valdense en Francia al final de la Edad Media fue el Delfinado y las laderas occidentales de los Alpes Cocios. Parece que la secta se introdujo en estos lugares desde Lombardía. Desde el Delfinado y los valles alpinos llevaron el trabajo misionero por todo el sur de Francia hasta el Atlántico. En 1403 se hicieron esfuerzos para recuperar a los valdenses del valle de Louise, Argentière y Freissinièeres; pero hasta la labor apostólica de S. Vicente Ferrer fue inútil.

Tampoco la Inquisición tuvo éxito, ni las duras medidas de las autoridades civiles. La política de represión fue abandonada temporalmente por el rey Luis XI que creyendo que eran ortodoxos, extendió la protección real a los valdenses de los citados valles en una ordenanza de 1478. A este período de paz siguió en 1448 una cruzada contra los valdenses convocada por Inocencio VIII. La guerra no logró eliminarlos.

Poco después, la Reforma cambió profundamente la historia de la secta y su desarrollo doctrinal. Una comisión compuesta por G. Morel y P. Masson fue enviada en 1530 a Suiza para informarse sobre las nuevas ideas religiosas. A su vuelta, Masson fue arrestado y ejecutado Dijon. Morel completó solo la misión. El informe de su viaje llevó a la reunión de una asamblea general a la que fueron invitados Farel y otros reformadores suizos. Se celebró en Chanforans, en el valle de Angrogne y se adoptó sustancialmente la doctrina reformada (1532). Una minoría se opuso e intentó en vano mantener su radicalismo apelando a los Hermanos Bohemios para que les ayudasen. Una nueva Convención celebrada en el valle de S. Martín en 1533 confirmó la decisión de los de Chanforans. La adopción abierta del Protestantismo llevó pronto a la persecución en la que los Valdenses desaparecieron de Provenza (1545). La historia de las comunidades de otros distritos se identifica en adelante con la de los protestantes de Francia.


Los Valdenses en Italia y otros países

Italia se convirtió en un hogar permanente para los valdenses, más activos en el trabajo misionero que en Francia. Durante los primeros años de la predicación valdense, se mencionan conversiones en Lombardía. Crecieron rápidamente y se les unieron miembros de los Humiliati. Pronto surgieron las disensiones entre los valdenses de Francia y Lombardía. Estos se organizaron en gremios de artesanos, con líderes propios y se opusieron a que admitieran entre los perfectos a personas casadas sin el consentimiento de su consorte. Cuando Valdo rechazó sancionar estos puntos, se dio una secesión de sus seguidores en Italia, en la primera década del siglo trece. Después de su muerte se intentó sin éxito, en Bérgamo 1218 volver a la unión. La rama italiana no solo prosperó en los valles occidentales del Piamonte sino que establecieron importantes colonias en Calabria y Apulia. En el siglo quince se menciona comunidades igual de importantes en los Estados papales y otras partes de Italia central.

Hay constancia de la aparición de los Valdenses en la diócesis de Estrasburgo, en 1211 y en los años 1231 – 1233 en Alemania se hicieron esfuerzos para erradicarlos. Pero pronto se encontraron seguidores en Baviera, Austria y otros lugares. Se extendieron por el norte hasta las costas del Báltico y por el este hasta Bohemia, Polonia y Hungría. Con la aparición de nuevas herejías perdían a veces su carácter distintivo. En Bohemia se amalgamaron con los Husitas y con los Hermanos Bohemios, sin perder sus peculiaridades.

El protestantismo fue muy bien acogido. No solo se adoptaron universalmente sus enseñanzas, sino que numerosas comunidades valdenses se mezclaron con las iglesias protestantes. Solo las congregaciones italianas retuvieron una existencia independiente y el nombre original. Los de los valles del Piamonte disfrutaron de una paz religiosa desde 1536-1559, debido a que estos distritos dependían de Francia.

Los duques de Saboya desarrollaron una política distinta, a la que se opusieron desde el principio los valdenses. En 1561 se concedió a ciertos distritos el libre ejercicio de su religión. En 1665 se volvió de nuevo a la violencia contra ellos, sin resultados. Más tarde, en el mismo siglo (1686, 1699) algunos de ellos emigraron a Suiza y Alemania forzados por la persecución

En el Piamonte se les concedió igualdad civil en 1799 cuando los franceses ocuparon el país. Disfrutaron de esta paz hasta la caída de Napoleón I, y la volvieron a perder con el retorno de la Casa de Saboya. Desde 1816 en adelante, sin embargo, se hicieron concesiones graduales a los Valdenses y en 1848 Carlos Alberto les concedió la libertad completa y permanente.

Desde entonces su actividad se ha renovado. En 1855 fundaron una escuela de teología en Torre Pellice que transfirieron a Florencia en 1860. Con la emigración se extendieron a varias ciudades del sur de Francia y también a Sur y Norte América: Uruguay, Argentina; en Estados Unidos Wolf Ridge, Tejas; Valdese, Carolina del Norte, Monett, Missouri.

Las comunidades que se establecieron en Alemania en el siglo diecisiete han cortado la comunicación con la iglesia y abandonado su lenguaje original. En Hesse-Darmstadt se les prohibió el uso del francés en 1820-21; en Würtemberg se unieron a la Iglesia Luterana Estatal en 1823. Más tarde comenzaron a recibir ayuda financiera de la "American Waldensian Aid Society" fundada en 1906 y de una organización similar inglesa.


N.A. Weber.


Transcrito por Anthony A. Killeen. Aeterna non caduca.


Traducido por Pedro Royo