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Sábado, 22 de septiembre de 2018

Representaciones cristianas primitivas de Angeles

De Enciclopedia Católica

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Los ángeles eran pocas veces representados en el arte cristiano anterior a Constantino. El fresco más antiguo, en que aparece un ángel, es del siglo II y es la escena de la Anunciación en el cementerio de Santa Priscila. En el cementerio de los Santos Pedro y Marcelino, Wilpert descubrió una pintura del siglo III sobre el mismo tema. En ambos se pintan las representaciones del arcángel Gabriel con forma humana, vestido con túnica y palio. El “Ángel Bueno” ( angelus bonus) del siglo IV, fresco sincrético que representa el juicio de Vibia ha sido también pintado en figura humana vestido como un personaje sagrado. El ángel con alas no aparece en el arte cristiano preconstantiniano, a pesar de que se hubieran podido aducir abundantes referencias a las Escrituras, probablemente porque tales figuras podrían haber atraído enseguida a ciertos temas favoritos del arte clásico. Otro hecho digno de mención en este aspecto es que en el primer período del arte cristiano los ángeles nunca se representaban, a no ser que fuera históricamente necesario hacerlo; tal es el caso de la referida escena de la Anunciación, y a veces ni siquiera se lo hacía entonces. Por ejemplo, en un fresco de los niños hebreos en el horno del cementerio de Santa Priscila, una paloma ocupa el lugar del ángel, mientras que en una representación análoga del siglo IV, en el coemeterium majus, la mano de Dios sustituye al mensajero celestial.

A partir del reinado de Constantino aparece en el arte cristiano un nuevo tipo de ángel: el alado. Los cuatro ángeles con lanzas del ciborium de la Basílica de Letrán (Lib. Pont., I, 172) eran con toda probabilidad de este tipo. Esta innovación estuvo, evidentemente, influida por las “Victorias” y otras figuras similares del arte clásico; pero el peligro de que tales figuras sugirieran ideas idolátricas era remoto en ese momento en que el arte histórico había reemplazado al simbólico y exigía ángeles con alas. Algunas esculturas gnósticas parecen marcar la transición de la victoria clásica al ángel alado (Carbol, Dict. d'Arch. Chret., col. 2116 y siguientes). Los ejemplos más antiguos de ángeles con alas se pueden observar en algunos bajorrelieves de Cartago y en una representación en marfil de San Miguel, ambos atribuidos al siglo IV. Esta última, parte de un díptico del Museo Británico, muestra al Arcángel Miguel de pie sobre los peldaños más altos de una portada adornada arquitectónicamente, que sostiene en una mano un bastón, y en la otra, una esfera coronada por una cruz. La figura está admirablemente ejecutada.

La escena de la Anunciación (siglo V) representada en el arco triunfal de Santa María la Mayor marca un segundo desarrollo de la concepción artística de los ángeles. En este caso, en forma distinta al de las Catacumbas, el tema del Ángel Gabriel está representado elevándose en el aire en dirección a María, quien está sentada en medio de ángeles alados que la acompañan. Desde el siglo V los ángeles se convirtieron en temas favoritos del arte cristiano no sólo como simples figuras exigidas para completar una escena histórica, sino, muy a menudo, como acompañantes de Nuestro Señor y de la Santísima Virgen. El mosaico de Santa María la Mayor, antes mencionado, y dos mosaicos de San Apolinar Nuevo y de San Vital de Ravena (siglo VI), son ejemplos de ángeles dentro de este estilo. En los mosaicos de San Apolinar in Classe, los Arcángeles Miguel y Gabriel van vestidos con la clámide militar y llevando estandartes de guerra con la palabra Agios (sagrado). Desde el siglo VI, la Hierarchia coelestis del Pseudo Dionisio ejerció una influencia importante en la concepción artística de los ángeles desde el siglo VI. Es cierto que antes de esa época, se hacía una distinción entre las diferentes categorías del ejército celestial, pero ahora las relaciones de los ángeles con Dios se representaban en Oriente siguiendo los distintos grados de los funcionarios de la corte que rendían homenaje al Emperador.

El culto a los Ángeles La literatura primitiva cristiana, igual que el primer arte cristiano, contiene pocas referencias a los ángeles. Esto se puede deducir fácilmente por las circunstancias de la época, ya que, a causa de la creencia popular en una multitud de deidades, era necesario poner un énfasis especial en la unidad de Dios. En los primeros siglos del Cristianismo, el culto oficial en honor de los ángeles hubiera impulsado un inminente peligro de que se los considerara divinidades inferiores. Esto queda demostrado por las extravagancias del gnosticismo. No obstante, hay pruebas suficientes de que las relaciones de los ángeles con Dios no estaban excluidas de la enseñanza cristiana. Justino Mártir (Apol., I, vi) afirma que el “ejército de ángeles buenos” era tenido en gran veneración, y su contemporáneo Atenágoras alude a las obligaciones de los ángeles, “a quienes Dios nombró en los distintos cargos, para que se ocupen de los elementos, los cielos y el mundo” (Legatio, x). En el siglo IV encontramos a Eusebio de Cesarea quien distingue exactamente entre el culto rendido a los ángeles y la adoración a Dios. (Demonstratio evang., III, 3). San Ambrosio recomendaba que se les rezara. Desde el siglo V, frecuentemente se dedicaron iglesias a los ángeles; en este aspecto se destacaba especialmente la región de Umbría; en Oriente se erigieron numerosos templos en honor de san Miguel. En las letanías más antiguas se invoca a los Arcángeles Miguel y Gabriel después de las personas de la Trinidad e inmediatamente antes de la Santísima Virgen.


Escrito por Maurice M. Hassett

Trascrito por Jim Holden

Traducido por Estela Sánchez Viamonte