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Martes, 24 de octubre de 2017

Liturgia Alejandrina

De Enciclopedia Católica

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La tradición de la Iglesia de Egipto se remonta al Evangelista San Marcos, primer obispo de Alejandría, y le atribuye ser el padre de la liturgia de la cual proceden todas las demás, usadas por los melquitas, los coptos y por la Iglesia-hija de Abisinia. Estos tres cuerpos poseen los tres grupos de liturgia empleados mientras duró el Patriarcado de Alejandría original. La Liturgia Griega de San Marcos, la más antigua de las tres, ha sido usada durante algunos siglos, después del cisma monofisita, por los melquitas ortodoxos; existen, por lo tanto, tres liturgias, todavía empleadas por los coptos, traducidas del griego al idioma copto, y derivadas del griego de San Marcos, y más aun, varios usos abisinios (etíopes), basados en la “Liturgia de los Doce Apóstoles”, que también desciende del rito griego alejandrino. Comparando estas liturgias y notando lo que les es común resulta posible, hasta cierto punto, reconstruir el empleo antiguo que de ellas hacía la Iglesia de Alejandría, tal como existía antes del cisma monofisita y del Concilio de Calcedonia, en 451. Hay, además, otras indicaciones de aquel empleo. Clemente de Alejandría, que murió alrededor de 217, ha expresado muchas; el Oracional de Serapión, obispo de Thmuis a mediados del siglo IV, y las descripciones del Pseudo-Dionisio (De hierarchâ eccl.) por las mismas fechas, en Egipto, hacen posible que se pueda reconstruir el esbozo de la liturgia egipcia de la época, la que, como es posible comprobar, coincide con la Liturgia de San Marcos.

LITURGIA DE SAN ATANASIO, SERAPIÓN Y EL PSEUDO-DIONISIO

La Misa se dividía en dos partes principales: la Misa de los Catecúmenos y la de los Fieles. Cuando los arrianos convencieron a un cierto Ischyras para que acusara a San Atanasio de haber derribado su altar y roto su cáliz durante la Liturgia, cometieron el error de presentar a un catecúmeno como testigo. San Atanasio pudo en seguida señalar que no se lleva el cáliz al altar hasta la Misa de los Fieles, cuando los catecúmenos ya han sido despedidos (Contr. Arian., XXVIII y XLVI). La Misa de los Catecúmenos consistía en unas Lecturas de la Sagrada Escritura, unos Salmos cantados en forma alternada, y las Homilías. Luego seguía la bendición y la despedida de varias clases de gente que no tenían permiso para estar presentes durante la Sagrada Eucaristía, los catecúmenos, los penitentes y los energúmenos. En Serapión y el Pseudo-Dionisio la Misa de los Fieles comienza cuando se acercan las oblaciones al altar; en ese momento se las cubre con un velo. El diácono lee una letanía por varias intenciones (he katholike), a cada una de estas peticiones el pueblo responde “Kyrie eleison”; el obispo luego hace un compendio de ellas en una colecta. A continuación se da el ósculo de paz. San Atanasio sitúa la ofrenda de los dones en este momento (Protest, Lit. des IV Jahrh., iii). Se leen los dípticos, seguidos de otra colecta y una plegaria por el pueblo. El obispo se lava las manos y empieza la Oración Eucarística (de la cual nuestro Prefacio constituye la primera parte). El inicio de la Oración Eucarística siempre ha sido muy largo en la liturgia egipcia. San Atanasio alude a la acción de gracias por la Creación, con referencias detalladas a los distintos trabajos, el Jardín del Edén, la Encarnación, y así sucesivamente; luego viene una alusión a los Ángeles y sus órdenes, que alaban a Dios y dicen ( el pueblo interrumpe la plegaria haciendo suyas las palabras de los ángeles): “Santo, santo, santo, es el Señor Dios del universo”. El obispo continúa, alaba a Dios Hijo, quien habiéndose hecho Hombre, en la noche en que iba a ser entregado tomó el pan, lo bendijo, lo partió y lo dio a Sus discípulos diciendo… Siguen las palabras de la Institución aunque San Atanasio, a causa de la disciplina arcani, evita citarlas. Tampoco menciona la Epíclesis que venía ciertamente a continuación. Teófilo de Alejandría (385-412) dice que: “ El Pan del Señor, en el cual se muestra el Cuerpo del Salvador, que partimos para nuestra salvación, y el santo Cáliz que se coloca sobre la Mesa de la Iglesia están latentes (en un comienzo) pero se santifican por la Invocación y el descenso del Espíritu Santo” (traducido por San Jerónimo, Ep.XCVIII, n.13). Se muestra al pueblo el Santísimo Sacramento, se parte la Hostia (probablemente en este momento se decía el Padrenuestro), se daba la Comunión, el obispo daba la Hostia y el diácono, el Cáliz; y se recitaba la Acción de Gracias (aparentemente Ps.XXXIII). Ya podemos notar en estas tres primeras referencias la gran extensión de la primera parte de la Oración Eucarística (el Prefacio), y el hecho de que se leyeran los dípticos antes de la Consagración. Estas dos notas son características de todos los usos egipcios.

LITURGIA GRIEGA DE SAN MARCOS

Este rito, tal como se lo conoce hoy en día, ha experimentado un desarrollo notable. Se ha añadido una Prótesis de la Liturgia Bizantina (preparación para las oblaciones antes del comienzo de la liturgia actual); el Credo se dice como en Constantinopla, justo antes de la Anáfora; la Epíclesis muestra signos de la misma influencia; y la entrada griega está acompañada por un Querubicón. A partir del cisma monofisita, este uso se vio afectado cada vez más por la liturgia bizantina, hasta que, por fin, fue enteramente adoptado por los melquitas. Sin embargo, es posible separarlo de adiciones posteriores y reproducir la liturgia alejandrina griega original, el rito madre de todos los demás en Egipto. Después de la Prótesis, la Misa de los Catecúmenos empieza con el saludo del celebrante:”La paz sea con vosotros”, a lo que el pueblo responde:”Y con tu espíritu”. El diácono dice “Oremos” y ellos repiten Kyrie eleison por tres veces; luego el sacerdote reza la oración colecta. Se repite todo el rito tres veces, de modo que hay nueve Kyrie eleison intercalados con saludos y colectas. Durante la Pequeña Entrada (procesiones del celebrante y el diácono con los libros para las lecturas), el coro canta el Trisagio (Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Mortal, ten piedad de nosotros). Las lecturas comienzan con el saludo usual: “La paz sea con vosotros”. Repuesta: “Y con tu espíritu”. Se lee “El Apóstol”, y luego, después de poner el incienso en el incensario, el Evangelio. El diácono indica al pueblo que se ponga de pie para oírlo. Sozomen, quien murió después de 425, describe como costumbre peculiar de Alejandría que el obispo no se pone de pie durante el Evangelio (Hiss. Eccl., VII, xix). Después del Evangelio sigue la Homilía. Tanto Sócrates como Sozomen declaran que en sus tiempos sólo predicaba el obispo, y atribuyen esta costumbre a las consecuencias de los problemas causados por Arrio (Socr., V, XII; Soz., VII, XIX). Antes de despedir a los catecúmenos, el diácono recita una letanía (la gran Ekteneia). Le dice al pueblo que ore por los vivos, los enfermos, los viajeros, para que haga buen tiempo, por los frutos de la tierra, por la “crecida regular de los ríos” (el Nilo, tema importante en Egipto), “por la buena lluvia y los trigales de la tierra”, por la salvación de todos, “la seguridad del mundo y de esta ciudad”, por “nuestros soberanos que aman a Cristo”, por los prisioneros, por “aquellos que se han dormido”, “el sacrificio de nuestras ofrendas”, por los afligidos, y por los catecúmenos. A cada invocación, el pueblo contesta “Kyrie eleison”. Mientras tanto, el sacerdote reza en silencio por las mismas intenciones, y cuando finaliza la letanía del diácono, termina su plegaria en voz alta con la doxología. Se canta el “versículo” (stichos, versículo de un salmo), y el diácono dice “Las Tres”, es decir, las tres oraciones: por toda la Iglesia, el Patriarca y la Iglesia local; en cada caso el sacerdote finaliza con una colecta. Se despide a los catecúmenos, y empieza la Misa de los fieles con la “Gran Entrada”. El celebrante y el diácono traen las ofrendas de la Prótesis al altar mientras el pueblo canta el Querubicón. A continuación se dan el ósculo de paz, con la oración que le pertenece; luego se recita el Credo y el Ofertorio en el altar. (En otras liturgias se dice el Ofertorio antes de la Gran Entrada en la Prótesis). Comienza la Anáfora, como siempre, con el saludo al pueblo y el diálogo: “Levantemos el corazón”. Respuesta: “Lo tenemos levantado hacia el Señor” – “Demos gracias a Dios”. Respuesta: “Es justo y necesario”. A continuación se dice la Oración Eucarística: “En verdad es justo y necesario, recto, santo, apropiado, y bueno para nuestras almas, oh Maestro, Señor, Dios Padre Todopoderoso, alabarte…” La peculiaridad de todas las liturgias egipcias es que la Súplica por distintas intenciones y por el pueblo, que en todos los otros ritos siguen al Sanctus y a la consagración, se rezan en este punto durante lo que llamaríamos el Prefacio. El Prefacio Alejandrino es muy largo; entremezclado con él se reza una serie de oraciones por la Iglesia, el emperador, los enfermos, los frutos de la tierra, y así sucesivamente. Otra vez el sacerdote ora a Dios para que “lleve las aguas del río a su debida medida “; recuerda a varias clases de santos, especialmente a San Marcos, reza la primera parte del Avemaría, y continúa en voz alta; “especialmente nuestra santa, inmaculada y gloriosa María, Madre de Dios siempre Virgen”. En este momento el diácono lee los dípticos de los difuntos; el sacerdote continúa con sus súplicas por el patriarca, el obispo, y todos los vivos; el diácono indica al pueblo que se ponga de pie y que luego mire hacia el este; así, por fin se llega al Sanctus: “el Querubín de varios ojos y el Serafín de seis alas… cantan, exclaman, Te alaban, y dicen: Santo, santo, santo es el Señor del universo”. Continúa en voz alta: “Santifícanos y recibe nuestra alabanza, con todos los que te santifican, Señor y maestro, cantan y dicen” (el pueblo prosigue): “Santo, santo, santo es el Señor”. Después del largo Prefacio, el Canon hasta las palabras de la Institución es muy corto. El sacerdote, como siempre, recoge las palabras del pueblo y casi enseguida dice “Nuestro Señor, Dios y gran Rey (pambasileus), Jesucristo, quien en la noche en que se iba a entregar a la más horrible de las muertes por nuestros pecados, tomando el pan en Sus manos santas, puras e inmaculadas, mirando al cielo a Ti, Su Padre, Dios nuestro y Dios de todas las cosas, dio gracias, lo bendijo, lo partió, y se lo dio a Sus santos y benditos discípulos y apóstoles, diciendo [en voz alta]: Tomad y comed [el diácono le dice a los sacerdotes concelebrantes que extiendan las manos], porque éste es Mi Cuerpo, partido y entregado por vosotros para el perdón de los pecados”. Respuesta: Amén. Las palabras de la Institución del Cáliz se dicen de la misma manera. El sacerdote, al final, levanta la voz diciendo: “Bebed todos de él”; el diácono dice: “Extiende tus manos otra vez”, y el sacerdote continúa: “ésta es Mi Sangre del Nuevo Testamento, derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados”. Respuesta: Amén. “Haced esto en conmemoración Mía…” Sigue la Anamnesis, que se refiere a la muerte, resurrección, ascensión, y segunda venida de Nuestro Señor, y pasa inmediatamente a la Epíclesis: “Manda Tu Espíritu Santo para que baje sobre nosotros y sobre este pan y cáliz, para que Él como Dios Todopoderoso los bendiga y perfeccione [en voz alta] y convierta este pan en el Cuerpo”. Respuesta: Amén. “Y este cáliz, la Sangre del Nuevo Testamento, la Sangre de nuestro Señor, y Dios, y Salvador, y gran Rey, Jesucristo”… Finaliza la Epíclesis con una doxología a la cual el pueblo responde: “Como era y es”. A continuación sigue el Padrenuestro, dicho primeramente en silencio por el sacerdote y luego en voz alta por el pueblo, con los embolismos usuales, la Inclinación delante del Santísimo Sacramento – el diácono dice: “Inclinemos nuestras cabezas delante del Señor”, y el pueblo contesta: “Ante Ti, oh Señor”; la Elevación con las palabras: “Cosas santas al Santo” y la respuesta: “Un solo Padre Santo, un solo Hijo Santo, un solo Espíritu Santo, en unión del Espíritu Santo. Amén”. Después se Parte el Pan, durante lo cual se canta el Salmo cl (Laudate Dominum in sanctis eius), ) y la Comunión. La fórmula de la comunión es: “El Cuerpo santo” y luego “la preciosa Sangre de nuestro Señor, Dios y Salvador”. Se prosigue con una acción de gracias breve, y se despide al pueblo con la bendición tomada de Cor. II,XIII, 13. Se recitan unas plegarias más en el Diaconicón, y la liturgia termina con las palabras: “Bendito sea Dios que bendice, santifica, protege y nos guarda en toda la participación de Sus misterios santos. Es bendito por siempre. Amén”.

Los puntos característicos de este rito son los nueve Kyries al comienzo, las oraciones del Ofertorio dichas ante el altar en lugar de ante la Prótesis, y especialmente el lugar de la gran Súplica antes del Sanctus. Esto último hace que, en esta liturgia, la consagración tenga lugar mucho después que en ninguna otra. Deberá hacerse notar que el lugar de la Súplica constituye una dificultad en la Misa Romana. Rezamos una parte de ella antes (por la Iglesia, el Papa y el Obispo, el Memento Vivorum y Communicantes), y otra parte (memento Defunctorum, Mobis quoque peccatoribus) después de la consagración. En el uso de Antioquia, y todos los que se derivan de él, toda la Súplica viene después de la Epíclesis. Se ha sugerido que la explicación de todas estas diferencias es que originariamente, en todas partes, el diácono empezaba a leer en voz alta las cláusulas de la súplica tan pronto como el sacerdote hubiera comenzado la Oración Eucarística. Entonces, seguirían recitando sus partes juntos, siendo el diácono interrumpido por las palabras dichas en voz alta por el sacerdote. El momento en que debía terminar la súplica dependía de su extensión; y si, eventualmente, en dicho momento ( durante el cual el sacerdote uniría sus intenciones en una colecta) ocupara su lugar en la liturgia, podría ocurrir antes de la Consagración (como en Alejandría), o después (como en Antioquía), o todavía podría decirse una parte antes y otra parte después (como en Roma). El uso romano, entonces, podría representar un paso intermedio de desarrollo (cf. A. Gastoué in Carbol, Diet. D’arch. Chrét. et de liturgie, París, 1904). Pero los paralelismos entre los usos romano y alejandrino son demasiado obvios como para que no sugirieran una fuente común para estas liturgias. Está el Kyrie Eleison, repetido nueve veces en grupos de tres, en cuanto el sacerdote se pone de pie ante el altar justo antes del Trisagio que, más o menos, corresponde a nuestro Gloria in excelsis. Existen, además, cláusulas e incluso oraciones enteras cuyo origen común con aquellos de nuestro Canon no puede ponerse en duda. Como ejemplo, comparemos la oración rezada después de la lectura de los dípticos de los difuntos con nuestro Supra quae y Supplices te rogamos. La liturgia de San Marcos reza: “Recibe, oh Dios, el Sacrificio, las ofrendas, y la Eucaristía de tus siervos en Tu altar santo, celestial y espiritual en las alturas del Cielo por ministerio de tus arcángeles… como aceptaste las ofrendas del justo Abel y el sacrificio de nuestro padre Abrahán…” Hay otros pasajes paralelos no menos notables; así que, a pesar del parecido entre el Canon Romano y la Anáfora Siria, se supone generalmente que esta liturgia egipcia tiene que haber tenido con la nuestra una fuente común (Duchesne, Orígenes, pág.54). Sócrates y Sozomen señalan algunas peculiaridades del Patriarcado de Alejandría en el siglo V. No se celebraba la liturgia los miércoles ni los viernes (Socr., V, xxii, que asegura que ésta es una antigua costumbre). También en este caso, Alejandría y Roma siguen la misma práctica, mientras que la de todas las otras Iglesias Orientales es diferente (Duchesne, Orígenes, pág. 220). Las primeras dos sedes también acordaron no celebrar la misa los sábados; en otras regiones de Egipto existía una Liturgia de Presantificados, y los fieles recibían la Sagrada Comunión los sábados por la tarde, sin ayuno previo (Socr., ib., Soz., VII, xix, mysterion metechousi).

LITURGIAS COPTAS

A partir del cisma monofisita, los coptos compusieron un número de liturgias en su propia lengua. Tres de ellas se convirtieron en las más importantes y están todavía en uso: las de San Cirilo, San Gregorio Nacianceno, y San Basilio. Solamente difieren en las Anáforas que están unidas a una Preparación común y a una Misa de los Catecúmenos. La Anáfora de San Cirilo, también llamada de San Marcos, junto con la parte de la liturgia que es común a todas, corresponde exactamente con la del griego San Marcos. Cuando se la tradujo al copto, una gran parte de las fórmulas, como el Trisagio, la letanía del diácono que se decía al comienzo de la Misa de los Fieles, casi todos los saludos cortos como eirene pasin ano hymon tas kardias ta hagia tois hagiois, y todo lo que decía el pueblo había sido universalmente aprendido en griego. En toda la Liturgia Copta, estas partes se dejaron entonces en ese idioma, y todavía se las escribe o imprime en griego, aunque usando caracteres coptos. Unas pocas plegarias han sido añadidas a la Liturgia Griega original, entre ellas un acto de fe muy concreto en la Presencia Real recitado por el sacerdote antes de comulgar. También existen versiones griegas de las otras dos Anáforas Coptas: las de San Basilio y San Gregorio.

EL USO ACTUAL

Dos de estos tres grupos, el copto y el Abisinio, todavía mantienen sus liturgias propias. Durante el año, los coptos emplean la de San Basilio los domingos y días de semana, y para los requiem; en ciertas fiestas sustituyen la Anáfora de San Gregorio; conservan la de San Cirilo para Cuaresma y la víspera de Navidad. Este orden es común a los coptos monofisitas y uniatas. Muy poco después de que los árabes conquistaran Egipto en 641,su lengua se convirtió en la única que emplearon los cristianos; en menos de dos siglos el copto se había vuelto una lengua completamente muerta. Por esta razón, las rúbricas de los libros litúrgicos coptos han sido durante mucho tiempo escritas también en árabe; a veces se añaden también las traducciones arábigas de las oraciones. Los libros necesarios para la Liturgia son el Khulaji (euchologion), Kutmarus (Kata meros), un leccionario conteniendo las lecturas de las Sagradas Escrituras, el Synaxar (synaxarion), que contiene la leyenda de los santos, que a veces se leen en lugar de aquellas procedentes de los Hechos de los Apóstoles, y del “Libro del Ministerio de los Diáconos”. (Brightman, lxvii). Los uniatas coptos y abisinios tienen libros especialmente impresos para ellos, los cuales difieren de los otros únicamente en lo referente a que se omiten los nombres de los monofisitas, se inserta el de Calcedonia, y se añade el Filioque al Credo. La Iglesia Ortodoxa de Egipto hace mucho que ha sacrificado su propio uso por el de Constantinopla. Durante un tiempo después de la aparición del cisma monofisita se siguió manteniendo la liturgia de San Marcos en griego. Pero quedaban muy pocos ortodoxos en el país; reverenciaban a casi todos los funcionarios del gobierno imperial, y especialmente después de la conquista árabe, la influencia de Constantinopla sobre ellos, así como sobre todo el mundo ortodoxo, creció enormemente. De modo que eventualmente seguían al Patriarca Ecuménico en sus ritos como en todo lo demás. El Patriarca Ortodoxo de Alejandría fue incluso a vivir a Constantinopla bajo la sombra del César o del obispo de la corte del César. El cambio de liturgia tuvo lugar al final del siglo XII. Teodoro Balsamón dice que en aquella época un cierto Marcos, Patriarca de Alejandría, fue a Constantinopla y allí continuó celebrando la liturgia de su propia Iglesia. Los bizantinos le advirtieron que el uso del trono ecuménico más santo era diferente, y que el emperador había ya ordenado a toda la Iglesia ortodoxa en todo el mundo que siguiera la liturgia de la ciudad imperial. Así que Marcos pidió perdón por no haber conocido esta ley y se ajustó al uso bizantino (P.G., CXXXVIII, 954). Desde entonces la liturgia griega de San Marcos no ha sido usada por nadie. Queda por ver si ahora que la Iglesia Ortodoxa de Jerusalén ha empezado a efectuar algunas pequeñas reformas para su propio uso (ver LITURGIA DE ANTIOQUÍA), el prelado muy enérgico y firmemente anti-fanariota que rige la Iglesia Ortodoxa de Egipto (Lord Photios de Alejandría) no hará que reviva, al menos por un día al año, la venerable liturgia de su propio uso.


Escrito por Adrián Fortescue. Transcripto por Fred Dillenburg.

Traducción de Estela Sánchez Viamonte.


Bibliografía

LITURGIA GRIEGA, MANUSCRITOS.—No existen manuscritos muy antiguos de este uso; el más antiguo lo constituye un largo fragmento escrito en el siglo XII, conservado en la Biblioteca de la Universidad de Mesaina (gr. N. 177). La Biblioteca Vaticana posee un manuscrito del siglo XIII de toda la Liturgia (gr. 1970), que se ha convertido en la base del textus receptus y que ha sido reproducido por Swainson y Brightman. También existen un manuscrito del año 1207 (Bibl. Vat. Gr. 2281) y un fragmento de los siglos XII o XIII en el Monte Sinaí, con una traducción árabe al margen.

EDICIONES IMPRESAS.—He theia leitourgia tou hagiou apostolou kai euaggelistou Markou mathetou tou hagiou Petrou (París, 1583), editado por JOHN A S. ANDREA (de Santa- Andrea). Esta es la editio princeps. Ha sido reeditado por FRONTO DUCAEUS (Frontón le Duc), Biblioteca vet. Patrum (París, 1624); RENAUDOT, Liturgiarum Orientalium collectio (ea. II, Frankfort, 1847), I, 120-148; ASSEMANI, Codez; liturgicus eccl. Universales (Roma, 1754), VII, 1 y sig.; NEALS, Tetralogia liturgica (Londres, 1849); DANIEL, Cod. Liturg. Eccl. Univ. (Leipzig, 1853), IV, 134 y sig.; SWAINSON, Liturgias Griegas (Cambridge, 1884), 2-73; BRIGHTMAN, Liturgias Orientales y Occidentales (Oxford, 1896), I, 113-143, I 113-143 NEALE y LITTLEDALE, Liturgias de San Marcos, Santiago, San Clemente, San Crisóstomo, San Basilio (Londres), 1875, 5-31.

TRADUCCIONES.—La edición de John a S. Andrea contiene una versión latina reproducida desde entonces por ASSEMANI RENAUDOT, etc. Versiones inglesas en BRETT, Colección de las Principales Liturgias (Londres, 1720), 29-41; NEALE, Historia de la Santa Iglesia Oriental (Londres, 1850), I, 532-570; Liturgias de San Marcos, Santiago, San Clemente, San Crisóstomo, San Basilio, y de los cristianos de Malabar (Londres, 1859). Versiones alemanas en PROBST, Liturgia der drei ersten christlichen Jahrhunderte (Tubinga, 1870), 318-334; SORFF, La liturgia griega (Kempten, 1877) 84-116.

LITURGIAS COPTAS, MANUSCRITOS.—La Biblioteca Vaticana contiene un manuscrito de las Anáforas de San Basilio, San Gregorio y San Cirilo del año 1288 (Vat. Copt. XVII), como otros del siglo XIV, XV y XVII. Para la lista de otros manuscritos (todos bastante recientes) ver BRIGHTMAN, op. cit., LXX. TEXTOS IMPRESOS. TUKI, Missile Coptice et Arabice (Roma, 1736 para los uniatas). El Kulaji (Euchonologion) y el Diakonikon se publicaron en El Cairo en copto y árabe (en la oficina de El-Watan, aura martyrum, 1603, A.D. 1887).


TRADUCCIONES.—Latín en SCIALACH, Liturgias Basilio magni, Gregorii theologi, Cyrilli alexandrini ex arabico conversoe (Augsburgo, 1604), reimpreso en RENAUDOT, op.cit., I, 25, 25, 37, 38 51, ASSEMANI, op. cit., VII, etc. Inglés en MALAN, Documentos Originales de la Iglesia Copta (Londres, 1875); BUTE, El Oficio Matutino Copto para el Día del Señor (Londres 1882); NEALE, Historia de la Iglesia Oriental (Londres 1850) I, 381 y sig.; RODWELL, Las Liturgias de San Basilio, San Gregorio, y San Cirilo, De un manuscrito copto del siglo XIII (Londres, 1870); BRIGHTMAN, op. Cit., 144-188.

IV. LITURGIAS ETÍOPES. En sus liturgias, como en todo lo demás, la Iglesia de Abisinia depende del Patriarcado Copto de Alejandría. El uso normal y original etíope es la “Liturgia de los Doce Apóstoles”, que es el copto de San Cirilo pasado a su propia lengua. Los abisinios tienen también muchas otras Anáforas (diez o quince) atribuidas a varias personas tales como San Juan Evangelista, los 318 Padres de Nicea, San Juan Crisóstomo, etc., que las añaden a la primera parte de su liturgia en varias ocasiones en lugar de su propio Canon.

LITURGIAS ETÍOPES. MANUSCRITOS.—La Biblioteca Vaticana contiene manuscritos de las Anáforas (Vat. Ethiop., XIII, XVI, XXII, XXVIII, XXIX, XXXIV, XXXIX, LXVI, LXIX), el Museo Británico posee un manuscrito del siglo XVII del Ordo Communis con varias Anáforas (Or. 545) y existen otras y algunos fragmentos en París y Berlín; todos son del siglo XVII.

TEXTOS IMPRESOS. SWAINSON, op cit., 349-395; aunque esto se describe como el Canon Copto Ordinario de la Misa, se trata de la Pre-anaforal etíope de acuerdo con el Brit. Mug. MS. 545 (ver BRIGHTMAN, op. cit., lxxii). PETRUS ETHIOPS (sic), Testamentum novam… Miseale cum benedictions incensi, cerce, etc. (Roma, 1548), 158-167 para los uniatas; contiene el ordo communis y la Anáfora de los Doce Apóstoles.

TRADUCCIONES. Latín en PETRUS ETHIOPS (op cit);, REANUDOT (op.cit), 1, reimpresos en 472-495. El Bullarium partronatus Portogallice regum in ecclesiis Africca (Lisboa, 1879) contiene versiones de la Anaphorce de Nuestra Señora María y Dioscor; Dillman Chrestomathia Aethiopica (Leipzig, 1866), da la de San Juan Crisóstomo, 51-56.

V.DISERTACIONES.—Además de las introducciones y notas en RENAUDOT, BRIGHTMAN, SWAINSON, PROUST, LORD BUTS (op.cit), PROUST, Liturgia des IV Jahrhunderts (Münster, 1893), 106-124, reconstrucciones de San Atanasio, Pseudo-Dionisio, etc.; BUTLER, Antiguas Iglesias coptas de Egipto (Oxford, 1884), EWETTS Y BUTLER, Iglesias y Monasterios de Egipto (Oxford, 1895); EWETTS, Ritos de la Iglesia copta (Londres, 1888); LUDOLF, Historic Aethiopica (Frankfort, 1681) LE BRUN, Explicación de la Misa (París, 1788), IV, 469-519, 519-579; BENT, La Ciudad Sagrada de los Etíopes (Londres, 1893).