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Martes, 16 de septiembre de 2014

Hedonismo

De Enciclopedia Católica

(hedoné, placer) El nombre dado al grupo de sistemas éticos que sostienen, con diferentes modificaciones, que los sentimientos de placer o alegría son los fines últimos y más elevados de la conducta; que, consecuentemente, aquellas acciones que incrementan la cantidad de placer son por lo tanto correctas, e inversamente, las que incrementan el dolor son incorrectas.

HISTORIA El padre del Hedonismo fue Aristipo de Cirene. El enseñaba que el placer es el objetivo universal y fundamental del esfuerzo. Por placer no solo quería decir el placer sensual sino también las formas más elevadas de gozo, placeres mentales, amor doméstico, amistad, y satisfacción moral. Sus seguidores, sin embargo, redujeron el sistema a una defensa de la auto-complacencia (ver ESCUELA CIRENAICA DE FILOSOFIA).

A la Cirenaica sucedió la Escuela de Epicuro, quien enfatizó la superioridad de los placeres sociales e intelectuales sobre los de los sentidos. También confirió mayor dignidad a la doctrina hedonística combinándola con la teoría atómica de la materia; y esta síntesis encuentra su expresión refinada en el determinismo materialista del poeta Romano Lucrecio. Epicuro enseñaba que el dolor y el autocontrol tienen un valor hedonístico; porque el dolor es a veces un medio necesario para la salud y el placer; mientras el autocontrol y el ascetismo prudente son indispensables si quisiéramos asegurarnos el máximo de placer (ver EPICUREANISMO). Con el decaimiento de los viejos ideales Romanos y el ascenso del imperialismo la filosofía Epicúrea floreció en Roma. Ella aceleró la destrucción de las creencias religiosas paganas, y, al mismo tiempo, estuvo entre las fuerzas que resistieron al Cristianismo.

El resurgimiento de los principios hedonísticos en nuestros propios tiempos puede tener su origen en una línea de filósofos Ingleses, Hobbes, Hartley, Bentham, James Mill, John Stuart Mill, los dos Austin, y más recientemente, Alexander Bain, que popularmente son conocidos como Utilitaristas. Herbert Spencer adoptó en su teoría de ética evolutiva, el principio de que la norma discriminante entre el bien y el mal es placer y dolor, si bien él sustituyó el final hedonista por el progreso de la vida.

EXPOSICION Hedonistas contemporáneos son a veces clasificados en egoístas y altruistas. La clasificación, sin embargo, no es bastante satisfactoria cuando se aplica a los escritores; pues muchos Hedonistas combinan el principio egoísta con el altruista. La distinción, sin embargo, puede ser convenientemente aceptada en relación con los principios que sustentan las diversas formas de la doctrina. La declaración de que la felicidad es el propósito de la conducta de una vez suscita la pregunta: la felicidad de quién? A esto el egoísmo responde: la felicidad del agente; mientras el Hedonismo altruista replica: la felicidad de todos los implicados, o, para usar una frase que es clásica en la literatura de esta escuela, “la mayor felicidad del mayor número”. Tal vez el único Hedonista egoísta auténtico es Thomas Hobbes, si bien en muchos lugares Benthman también, se proclama a sí mismo apóstol intransigente del egoísmo (ver EGOISMO), mientras que en otras partes, así como J.S. Mill, se expande en el altruismo. Las dificultades intrínsecas en la tarea de construir un código adecuado de moral sobre el principio egoísta, junto con la crítica destructiva que tales intentos encontraron, condujo a los Hedonistas a sustituir la felicidad de todos los implicados por la felicidad del individuo. El tránsito de una a la otra se trata de realizar a través de un análisis psicológico que mostraría que, por la operación de la ley de asociación de ideas, nosotros llegamos a amar por su propio bien objetos que en primera instancia amamos por un motivo egoísta. Esto es verdad en cierto grado, pero los casos en los que puede ocurrir caen muy cerca del campo que el principio tendría que cubrir para justificar la teoría. Además, adoptando la felicidad de otros como el objetivo, el Hedonista pierde la única apariencia de prueba que tenía para ofrecer en apoyo de su primera discusión, que la felicidad es el fin, esto es, que todo hombre desea felicidad y no puede desear nada más; por desgracia es evidente que no todo el mundo desea la felicidad de todos los demás. Otra modificación fue introducida para dar respuesta a la crítica de que, si el placer es el estándar del bien y el mal, la complacencia sensual es justo tan buena como la forma más noble de auto-sacrificio. Los Hedonistas, o por lo menos algunos de ellos, respondieron que no solamente debe tenerse en cuenta la cantidad de placer sino también la calidad. Hay placeres superiores y placeres inferiores; y los superiores son más deseables que los inferiores; por lo tanto, el comportamiento que aspira a lo superior es el mejor. Pero si los placeres han de dividirse así en superiores e inferiores, sin tener en cuenta la cantidad, la norma hedonística es, por el mismo hecho, desplazada, y alguna otra escala superior de evaluación moral se requiere o se sobreentiende. La norma subjetiva, sentimiento placentero, es mandada a retirarse a favor de alguna norma objetiva anónima que dicte lo que el agente debe perseguir. Este es el suicidio del Hedonismo. Otros defensores del sistema, contrario a su principio inicial, han introducido un impulso altruista primario, coordinado con y controlando al egoísta como un resorte de acción.

CRITICA Los errores fundamentales del Hedonismo y las principales objeciones incontestables a la teoría pueden resumirse brevemente como sigue: (1) Se apoya en un falso análisis psicológico; tendencia, apetito, propósito, y bien están fijos en la naturaleza con anterioridad al sentimiento placentero. El placer depende de la obtención de algún bien que es anterior a, y causante de, el placer resultante de su adquisición. La alegría o placer que acompañan al buen comportamiento es una consecuencia, no un constituyente, de la calidad moral de la acción. (2) Falsamente supone que el placer es el único motivo de la acción. Esta opinión se sustenta en la falacia de que lo placentero y lo deseable son términos intercambiables. (3) Aún si se admitiera que el placer y el dolor constituyen el estándar del bien y del mal, este estándar sería completamente impracticable. Los placeres no son conmensurables unos con otros, ni con los dolores; además ninguna mente humana puede calcular la cantidad de placer y dolor que resultarían de una actividad determinada. Esta tarea es imposible aún cuando solamente vaya a ser tenido en cuenta el placer del agente. Cuando se van a medir el placer y el dolor de “todos los implicados” el propósito se convierte en un disparate. (4) El Hedonismo Egoísta reduce toda benevolencia, auto-sacrificio, y amor del bien a simple egoísmo. Es imposible que el Hedonismo altruista evada la misma consumación excepto a costo de la coherencia. (5) Ningún código general de moralidad podría establecerse sobre la base del placer. El placer es esencialmente sentimiento subjetivo, y solamente el individuo es el juez competente de cuánto placer o dolor le proporciona una forma de actuar. Lo que es más placentero para uno puede serlo menos para otro. Por lo tanto, en terrenos hedonísticos, es evidente que no podría existir permanente y universalmente una línea divisoria válida entre el bien y el mal. (6) El Hedonismo no tiene terreno para la obligación moral, ni sanción por responsabilidad. Si yo debo buscar mi propia felicidad, y si el comportamiento que lleva a la felicidad está correcto, el peor reproche que se me puede hacer, sin importar en qué pueda basarse mi conducta, es que Yo he hecho una elección imprudente.

Los Hedonistas se han apropiado del término felicidad como un equivalente a la totalidad del sentimiento placentero o agradable. La misma palabra se emplea como la traducción Inglesa del término Latino beatitudo y del Griego eudaimonía, que significan un concepto bastante diferente del hedonista. La idea Aristoteliana es traducida más correctamente al Inglés por el término bien-estar. Este significa el estado de perfección en que se constituye el hombre cuando ejercita su facultad más elevada, en su función más elevada, sobre su bien más elevado. A causa de que fallan para dar la debida atención a esta distinción, algunos escritores incluyen eudæonism entre los sistemas hedonistas. El Hedonismo algunas veces reclama el crédito de mucho esfuerzo benéfico en la reforma social en Inglaterra que ha sido promovida por Utilitaristas declarados; y en todas partes los movimientos popularmente designados como altruismo son señalados como monumentos al valor práctico del principio hedonista “el mayor bien del mayor número”. Pero debe observarse que este principio puede tener otra génesis y otro papel qué jugar en la ética diferentes a las atribuidas por el Hedonismo. Además, como señalaba Green, los Utilitaristas lo anexaron ilógicamente, y los frutos que trajo en su actividad política deben acreditársele en su carácter democrático antes que en el hedonístico.

JAMES J. FOX

Transcrito por Rick McCarty

Traducido por Daniel Reyes V.