Herramientas personales
En la EC encontrarás artículos autorizados
sobre la fe católica
Lunes, 22 de enero de 2018

Epístola a los Colosenses

De Enciclopedia Católica

Saltar a: navegación, buscar


Una de las cuatro epístolas de la cautividad escrita por S. Pablo durante su primera detención en Roma -- las otras tres son las dirigidas a Los Efesios, a Filemón y a los Filipenses. En el mismo texto se hace constar que fueron escritas en prisión. El escritor menciona sus” cadenas ” y sus “cuerdas” (Efes.6:20, Col. 4:3; 4:18; Fil.1:7, 13, 17); nombra a los que están en prisión con él (Col. 4:10; Fil. 23) se llama a si mismo prisionero (Ef. 3:1; 4:1; Filemón 9): "Pablo hombre viejo y ahora prisionero”. Se suponía que estas cartas fueron escritas durante los dos años de cautividad en Cesarea pero ahora se reconoce generalmente (por los que admiten su autenticidad) que fueron escritas durante los años inmediatamente siguientes, en Roma, durante el tiempo que “Pablo hubo de sufrir vivir solo con un soldado que le guardaba”…” y permaneció dos años completos un una vivienda que tuvo que alquilar; y recibía a todos los que venían a él. “(Hechos 28:16-30).

Como Pablo había apelado al emperador, fue entregado, en espera de su juicio, a la guardia del Pretor que entonces era probablemente el famoso Burrhus, el amigo de Séneca. Le permitió vivir cerca del palacio imperial en lo que se llamaba custodia militaris, con su brazo izquierdo encadenado día y noche al brazo de un soldado, que era relevado a intervalos regulares (Conybeare, Howson, Lewin).

Estas epístolas fueron pues escritas en esas circunstancias, entre los años 61 y 63 d.C. No se puede objetar que no se mencione en ellas el terremoto del que hablan Tácito y Eusebio, que destruyó Laodicea, porque no hay constancia de que sus efectos alcanzaran a Colossae y Eusebio fija la fecha después de estas cartas. Las cartas a los Colosenses, Efesios y a Filemón fueron escritas y enviadas al mismo tiempo, mientras que la de los Filipenses se compuso en un período diferente de la cautividad. Las primeras tres están muy relacionadas. Tychicus es el mensajero en Ef., vi, 21 y Coloss., iv, 7, 8, 9. En esta última está acompañado por Onésimo, en cuyo favor se escribió la carta a Filemón. En ambas, Colosenses y Filemón se envían saludos de Aristarco, Marco, Epafras, Lucas y Dimas. Hay una cercana afinidad literaria entre Efesios y Colosenses (ver abajo).


Lectores citados

3 ciudades son mencionadas en Colosenses, Colossæ (i, 2), Laodicea y Hierápolis (iv, 13.) Están situadas a unos 200 Kms. al este de Efeso en Frigia, en el oeste de Asia Menor. Colossæ y Laodicea están en los bancos del Lycos, un tributario del Meander. Todas están a dos o tres horas de camino unas de otras. Sir William Ramsay ha mostrado que estas ciudades están juntas fuera de las rutas seguidas por S. Pablo en sus viajes misioneros; y de Colosenses se infiere (i, 4, 6, 7, 8 y ii, 1), que el apóstol nunca estuvo allí. La gran mayoría de los cristianos colosenses parecen ser gentiles convertidos de extracción griega y frigia (i, 26, 27; ii, 13), aunque es probable que hubiera un pequeña parte de judíos viviendo entre ellos, ya que se sabe que había muchos esparcidos en los distritos de alrededor (Josefo, Ant., XII, iii, 4, y Lightfoot).

¿Por qué se escribieron?

Colosenses fue escrita como advertencia contra ciertos falsos maestros, acerca de los cuales S. Pablo había oído hablar, probablemente a Epafras, su “compañero de prisión “y fundador de la iglesia de los Colosenses. Se han oído muchas opiniones sobre estos seductores. Tertuliano los llama filósofos, S. Clemente de Alejandría, epicúreos, Eichorn, judíos y Grotius, paganos seguidores de Pitágoras. También se las ha llamado magos caldeos, cristianos judaizantes, esenios, ebionitas, Cabalistas, gnósticos otras variantes de todos ellos (ver Jacquier, Histoire, I, 316; Cornely, Introduction, III, 514).

Las líneas principales de sus errores se establecen con suficiente claridad en la epístola que contienen una doble refutación; primero una afirmación de la verdadera doctrina sobre de Cristo por la que se muestra que sus enseñanzas no tienen fundamento y en segundo lugar por una polémica directa en la que se manifiesta la vaciedad de lo que afirman bajo el nombre inapropiado de “filosofía”. Aquí, no se condena la filosofía en general, sino solo la filosofía de esos falsos maestros (Hort, Jud. Chr., 118). Esta no era de acuerdo con Cristo sino de acuerdo con la tradición de los hombres y se refiere solamente al mismísimo alfabeto de la especulación mundana (kata ta stoicheia tou kosmou -- ver Gal. 4:3). Josefo y Filo aplican la palabra “filosofía” a la enseñanza judía y no hay duda que es la que se aplica en Colos, ii; se dan algunos detalles en 16-23: (1) Los falsos maestros querían introducir la observancia del sabbat, lunas nuevas y otros días semejantes. (2) Prohibían comer y beber y hasta probar y tocar ciertas cosas. (3) Bajo la falsa pretensión de humildad inculcaban la adoración (threskeia) de ángeles a los que consideraban iguales o superiores a Cristo.

Los mejores comentadores modernos, católicos y no católicos están de acuerdo con S. Jerónimo que todos estos errores eran de origen judío. Los esenios tuvieron ideas exageradas sobre la observancia del sabbat y la purificación externa y parece que emplearon los nombres de ángeles con fines mágicos (Bel. Jud. II, vii, 2-13, Lightfoot, Col. and Dissertations). Muchos especialistas son de la opinión de que “elementos de este mundo” (stoicheia tou kosmou) quiere decir espíritus. En ese tiempo muchos judíos mantenían que las cosas materiales tenían ángeles especiales. En el Libro de Henoc y en el Libro de los Jubileos se lee sobre ángeles y estrellas, estaciones, meses, días del año, calor, frío, escarcha, granizo, vientos, nubes etc. Abbott (Eph. and Coloss., p. 248) dice que “el término propiamente usado de los elementos regidos por los espíritus puede ser aplicado a los espíritus mismos puesto que no había otro término conveniente”. Sea lo que fuere, los ángeles juegan un papel importante en la mayoría de los libros apócrifos de los judíos es decir, en los dos libros que acabamos de mencionar, el Libro de los secretos de Henoc, el Testamento de los Doce Patriarcas etc.

Hay notar de paso que las palabras de la epístola contra las los cultos supersticiosos de los ángeles no pueden ser tomados como condena de las invocaciones católicas de los mismos. El Dr. T.K. Abbott, un cándido sabio no católico tiene un pasaje muy pertinente que aclara esto (Eph. and Coloss. p. 268): "Zonaras…dice que había una antigua herejía de algunos que decían que no debiéramos recurrir a Cristo para que nos ayude o para acceder a Dios, sino a los ángeles…esta visión , sin embargo, colocaría a Cristo sobre los ángeles y por consiguiente no puede ser la de los colosenses a los que había que insistir en la enseñanza de la superioridad de Cristo” .

Las objeciones traídas a veces de un pasaje de Teodoreto sobre el Concilio de Laodicea son refutadas clara y completamente por Estius (Comm. in Coloss., II, 18).

Otra dificultad se puede mencionar en conexión con esta arte de la epístola. La afirmación de que la vana filosofía estaba de acuerdo con “la tradición de los hombres” no es una crítica a las tradiciones de los Apóstoles, de las que el mismo Pablo habla de la siguiente manera:” Por consiguiente, hermanos, manteneos firmes y guardad las tradiciones que recibisteis ya de palabra ya por nuestra carta” (2 Tess. 2:14). "Os alabo de que en todo os acordéis de mi y retengáis la tradiciones que yo os he transmitido” (1 Cor. 11:2. – Ver también 2 Tes. 3:6; 1 Cor. 7:17; 11:23; 14:33; 2 Cor. 1:18; Gal. 1:8; Colos. 2:6, 7; 2 Tim. 1:13, 14; 2:2; 3:14; 2 Juan 1:12; 3 Juan 13). Finalmente el último versículo que trata de los errores (ii, 23) se considera uno de los pasajes más difíciles de todas al Escrituras: “son preceptos que implican cierta especie de sabiduría, de afectada piedad, humildad y severidad con el cuerpo, pero sin valor alguno si no es para la satisfacción de la carne”. Las últimas palabras de este versículo han dado lugar a multitud de interpretaciones conflictivas. Se han tomado como condena de las mortificaciones corporales y como exhortación a ella: los comentaristas modernos dedican mucho espacio a la enumeración de las muchas opiniones y a un estudio exhaustivo de estas palabras sin resultados satisfactorios. Hay pocas dudas que la opinión de Hort, Haupt y Peake (Exp. Greek Test., 535)es la correcta, es decir, que la lectura correcta de este versículo se ha perdido irrevocablemente, en la transcripción , en los primeros tiempos.


Contenidos

Primera parte (1-2)

La epístola tiene dos partes; los dos primeros capítulos son dogmático –polémicos y los dos últimos prácticos y morales. En la primera parte el autor muestra lo absurdo de los errores con la afirmación directa de la supereminente de la dignidad de Cristo por cuya sangre tenemos la redención de los pecados. El es la imagen perfecta del Dios invisible, engendrado antes que todas las criaturas: Por El y para El fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, espirituales o materiales y por El todas las cosas se mantienen. El es la cabeza de la Iglesia y El ha reconciliado todas las cosas por la sangre de su cruz, también a los Colosenses… por la muerte”. S. Pablo como Apóstol de los gentiles y prisionero por su causa les exhorta a agarrarse a Cristo en quien habita la plenitud de Dios y no permitirse bajo el plausible nombre de filosofía ser esclavizados de nuevo por las tradiciones judías basadas en la ley de Moisés que no era sino una sombra de la que la realidad es Cristo y que fue abrogada con Su llegada. No han de escuchar las vanas y rudimentarias especulaciones de los falsos maestros y han de dejarse engañar por una falsa apariencia de humildad que pone a los Ángeles o demonios al mismo nivel que a Cristo, creador de todo, dueño de los ángeles u conquistador de los demonios.


Segunda parte (3-4)

En esta parte de la epístola Pablo saca algunas lecciones prácticas de la enseñanza anterior. Apela a ellos que fueron elevados con Cristo y deben preocuparse de las cosas de arriba, desterrar al hombre viejo y vestirse del nuevo. En Cristo no ha de haber ni judío ni gentil, bárbaro o escita, esclavo o libre. A continuación se citan los deberes de las esposas y de los maridos, niños y siervos. Recomienda la oración constante y que sean agradecidos; y les dice que caminen con sabiduría hacia los que están fuera, y que sus palabras sean dichas con gracia sazonadas con sal y que sepan como responder a cada uno. Después de u saludo final, termina: “El saludo es de mi mano, Pablo. Acordaos de mi en mis cadenas. La gracia sea con vosotros”


Autenticidad de la epístola

Pruebas externas

Las pruebas externas son tan Fuertes que hasta Davidson ha llegado al punto de decir “que unánimemente aceptada en tiempos antiguos”. Considerando su brevedad, el carácter de controversia y la naturaleza efímera local de los errores de los que trata, es sorprendente cuán frecuentemente fue utilizada por los escritores antiguos. Hay huellas de ella en los Padres Apostólicos y era conocida por el autor de la Epístola de Bernabé, por S. Policarpo y Teofilo de Antioquía. Fue usada por Justino mártir; Ireneo, Tertuliano, Clemente de Alejandría etc. Es evidente por el Fragmento Muratoriano y las primeras versiones que estaba incluida en las primeras colecciones de las Epístolas de S. Pablo. Se usaba como Escritora a principios del siglo segundo por Marción, los valentinianos y otros herejes mencionados en la "Philosophoumena"; que no la hubieran aceptado si se hubiera originado entre sus oponentes después de que rompieran con la Iglesia.


Pruebas internas

La epístola afirma que ha sido escrita por S. Pablo y las pruebas internas demuestran conexiones muy íntimas con Filipenses (von Soden) y Filemón que se admiten como genuinas de S. Pablo. Renan concede que presenta algunos rasgos que se oponen a que se una falsificación, entre ellas la conexión con Filemón . Hay que notar, también, que la parte moral de la epístola, los dos últimos capítulos, tiene una afinidad muy cercana con partes similares de otras epístolas, mientras que el todo encaja perfectamente con los detalles conocidos de la vida de S. Pablo y arroja considerable luz sobre ellos.


Objeciones

Puesto que la evidencia histórica es más fuerte que la de la mayoría de escritos clásicos, se puede preguntar por qué se ha puesto en duda su autenticidad. Nadie dudaba hasta 1838 cunado Meyerhoff, seguido por otros, comenzó a poner objeciones. Es conveniente tratar esas objeciones bajo estos epígrafes: (1) Estilo; (2) Cristología; (3) Errores que trata y (4) Semejanza con Efesios.

Estilo

(a) En general, al compararla con Corintios, Romanos y Gálatas se ve que el estilo, especialmente en la primer parte, es pesado y complicado. No contiene preguntas repentinas ni dilemas serios ni explosiones vehementes de arrasadora elocuencia paulina. Algunas frases son largas y rebuscadas y aunque el todo es expuesto de forma amplia y noble la presentación es uniforme y no, digamos, como en Gálatas. De ahí que se objete que no pudo ser escrita por Pablo. Sin embargo todo esto puede explicarse naturalmente cuando se tiene en cuenta que la epístola fue escrita después de varios años de monótono confinamiento, cuando la cristiandad había echado raíces, cuando el antiguo tipo de judaizante ya no existía y la posición de S. Pablo era ya reconocida. También hay que tener en cuanta su avanzado edad. No es justo comparar esta epístola y alguna de sus partes sólo con ciertos trozos de las primeras. Hay frases largas y complicadas distribuidas por toda la de los Romanos, I y II a los Corintios y gálatas y en la generalmente admitida a los Filipenses. Se ha observado que muchas de las expresiones paulinas y métodos de razonamiento son muy naturales y están entrelazadas inextricablemente en la misma materia y sustancia de la epístola. En los libros que se mencionan en la bibliografía se dan muchos ejemplos de todo esto. El Dr. Sanday ha difundido la opinión de críticos justos cuando dice que nadie que vea la epístola en su conjunto dejará de impresionarse por su irrompible unidad y carácter genuinamente paulino.

(b) Faltan muchas de las expresiones favoritas de S. Pablo. De ocho a doce palabras usadas con cierta frecuencia por él en escritos anteriores están ausente en esta breve carta y alrededor de una docena de partículas de unión, que emplea en todas partes faltan también. Uno o dos ejemplos mostraran como estas objeciones se pueden resolver fácilmente con ayuda de una concordancia. Las palabras dikaios, soteria no se encuentran en la epístola. Pero dikaios también falta en I Cor. y I Thess.; nomos no está ni en I Cor. Ni en Gal.; nomos no se encuentra en I Thess. o II Cor.  De la misma manera ( respecto a las partículas de unión) ara, que no está en esta epístola tampoco lo está en Filipenses o en los 100 primeros versículos de I Cor.,  lo que es más largo que toda la epístola; ara oun, que es frecuente en Romanos no se halla en I y II Cor. Y solo una vez en Gal. (ver los detalles del argumento en Abbott y Jacquier.) 

(c) Se objeta que la epístola contiene muchas palabras que S. Pablo no usa en ninguna otra parte. Pero eso es precisamente lo que cabría esperar en una epístola de S. Pablo. Cada una de sus epístolas contiene muchas palabras que no emplea en otros lugares. Alford da una lista de treinta y dos apax legomena en esta epístola de las cuales dieciocho aparecen en el capítulo segundo, donde trata de los errores. Lo mismo ocurre en epístolas anteriores, donde el apóstol habla de temas nuevos o errores peculiares y allí abundan los apax legomena. Esta epístola no muestra mas que la porción ordinaria de palabras nuevas y a este respecto se compara favorablemente con la genuina II Cor. Más aún, las palabra compuestas que se encuentran en ella tiene sus análogas en pasajes similares de la auténtica a los Romanos. Sería absurdo sujetar a un estrecho y fijo vocabulario un autor de tal vigor intelectual y versatilidad literaria como Pablo. El vocabulario de los escritores cambia con el tiempo, lugar y tema. Salmon, Mahaffy y otros señalan los cambios similares en los escritos de Jenofonte, que era un viajero, como S. Pablo. Compárense las primera y últimas cartas de Lord Acton (editado por Abbot Gasquet) o del Cardenal Newman.


Cristología

Se ha objetado que la idea de Cristo presentada en la epístola no puede ser de S. Pablo. Contestando a esto bastará citar el siguiente pasaje de la genuina Filipenses: "Quien (Jesucristo) estando en forma de Dios, no reputó como botín el ser igual a Dios, antes se anonadó tomando la forma de siervo” (2:6, 7, etc. ver Romanos 1:3-4; texto griego, 8:3; 1 Cor. 7:6; 2 Cor. 8:9; Gal. 4:6, etc.). El estudio imparcial de esta carta muestra que la cristología de la epístola no difiere en ningún punto esencial de las otras epístolas de S. Pablo. El tema ha sido científicamente tratado por Père Rose (Rev. bibl. 1903), M. Lépin (Jésus Messie, 341), Sanday (Criticism of the Fourth Gospel, lect. vii, Oxford, 1905), Knowling (The Testimony of St. Paul to Christ, London, 1905), Lacey (The Historic Christ, Londres 1905), etc. Y las palabras (i, 24): I . . . "llena las cosas que faltan de los sufrimientos de Cristo en mi carne, porque este cuerpo, que es la iglesia", no presentan ninguna dificultad cuando se recuerda que había terminado de decir que Cristo había reconciliado todo por la sangre de su Cruz, y que el significado correcto de antanaplero ta hysteremata ton thlipseon tou Christou en te sarki mou hyper tou somatos autou, ho estin he ekklesia, es: "Yo completo los sufrimientos cristianos que permanecen para que yo los soporte por causa de la Iglesia de Cristo", etc. Comparar II Cor., i, 5,”Porque los sufrimientos de Cristo abundad en nosotros” (ta pathemata tou Christou).

Errores que trata

La objeción que hay bajo este título no debe detenernos mucho. Hace algunos años se afirmaba con frecuencia que los errores que combate en esta epístola son los de los Gnósticos del siglo segundo, y por consiguiente la epístola fue escrita muchos años después de la muerte de Pablo. Pero esta opinión ya es considerada anticuada. Nadie puede leer los escritos de los gnósticos sin convencerse que los términos que emplean se usan en un sentido muy diferente que el que se les da en la epístola. El mismo Baur parece tener considerables dudas sobre el asunto. Los errores del Gnosticismo judaico, condenados en la Epístola, estaban en embrión comparados don el Gnosticismo completamente desarrollado del siglo segundo (ver Lightfoot, Coloss., etc.).


Semejanza con Efesios

La principal objeción a la epístola es su semejanza con Efesios, David afirmaba que de 155 versículos en esta última, 78 eran idénticos a Colosenses. De Wette mantenía que Efesios n era mas que una amplificación verbosa de Colosenses. Baur pensó que Efesias era la superior y Renan preguntó cómo podemos suponer que el Apóstol pierda su tiempo ciándose a si mismo. Pero como señaló el Dr. Salomon un apóstol podía escribir una carta circular, es decir, podía enviar a diferentes lugares cartas con palabras similares. Se han elaborado muchas teorías para explicar el parecido. Ewald mantenía que la sustancia era S. Pablo, mientras que la composición se dejaba Timoteo. Weiss y Hitzig recurren a una teoría de interpolaciones. Pero la teoría que ha cobrado más notoriedad es la de H.J. Holtzmann en su "Kritik der Epheser- und Kolosser-Briefe" (1872) donde, hace una exhaustiva comparación tomando pasajes que perecen probar la prioridad de Efesios y un número igual que parece demostrar la anterioridad de Colosenses. La conclusión natural debería ser que todas estas semejanzas se debían al mismo autor que escribió y envió estas cartas a uno y mismo lugar. Pero Holtzmann lo explica de manera diferente. Supuso que S. Pablo escribió una breve epístola a los Colosenses. Y un escritor posterior compuso la Epístola a los Efesios. Tomando la breve carta a los Colosenses, interpoló y añadió cosas de su propia cosecha a los Efesios construyendo así la actual Epístola a los Efesios y tuvo tanto éxito que nadie sospechó hasta el siglo diecinueve. Pero esta teoría tan intricada no tuvo ningún seguidor ni entre la más avanzada escuela crítica. Hilgenfeld la rechazó en 1873. la mejor refutación fue la detallada crítica de Soden en 1885, que dijo que apenas ocho versos podían considerarse interpolaciones. Sanday en el "Dict. of the Bible" (I, 625) de Smith señaló que las líneas de demarcación de Soden eran puramente imaginarias y Pfleiderer mostró la inconsistencia implícita en su rechazo de los versículos. El resultado de toas estas críticas convenció a von Soden, en 1891, de que toda la epístola era genuina, con la excepción de un solo verso – que ahora se piensa que es genuino --. En 1894 Jülicher afirmaba que la mejor solución era admitir la autenticidad de ambas epístolas, aunque habla con más vacilación en "Encyc. Bibl." 1889. J. Weiss intentó, sin éxito, resucitar la moribunda teoría de Holtzmann, en 1900.

Mientras que los datos de Holtzmann son incontestables, y no hacen sino confirmar la comunidad de autoría, su explicación (en la que parecía haber perdido la fe) es rechazada por la mayoría de los especialistas por artificial e irreal. No explica muchas cosas sobre estas epístolas, por ejemplo cómo los cristianos permitieron que una carta auténtica de S. Pablo se perdiera completamente sin dejar rastro o mención alguna, en beneficio de las dos falsificaciones posteriores.

Cada epístola tomada en si misma muestra tal unidad y conexión de argumento y lenguaje, que si las otras no existieran nadie hubiera sospechado el menos grado de interpolación. Las partes rechazadas como interpolaciones rompen la unidad del argumento y el fluir de las ideas. ¿Por qué habría de interpolar versillos un falsificador, capaz de escribir lo sustancial de la epístola, o traerse la mitad de otra obra suya, en una conexión diferente? Como observa Salmond no hay ninguna tediosa igualdad de estilo en ambas epístolas. Efesios es redonda, completa rítmica; Colosenses más aguda, lógica y concisa. Efesios tiene varias referencias al A.T.; Colosenses solo una: Hay diferentes palabras nuevas en cada una de ellas y pasajes completos en una y nada de ellos aparece en la otra.

Las expresiones que se supone que vienen de Colosenses ocurren muy naturalmente en Efesios, pero de ninguna manera en el mismo contexto y conexión y viceversa. Como la hipótesis de Holtzmann fue completamente destruida, pero su estudio de las epístolas muestra tan íntima relación entre ellas que solo puede haber una explicación posible: que ambos son escritos genuinos de un hombre y que ese hombre era Pablo. Paley, que escribió "Horæ Paulinæ" en 1790, expresó esta parte del argumento mucho antes de que se llegara a pensar en estas objeciones y el hecho de que aún se le cite, sin calificarlo, en este asunto es la mejor prueba de la futilidad de tales objeciones. Dice (Horæ Paulinæ, Londres, 1790, 215):

Quienquiera que escriba dos cartas o discursos casi sobre el mismo tema y a poca distancia temporal pero sin recoger expresamente lo que había escrito antes, se encontrará repitiendo algunas sentencias en el mismo orden de las palabras que ya había utilizado. Pero más frecuentemente se verá utilizando algunos términos importantes, con el orden cambiado sin darse cuenta o por el orden cambiado por la inclusión de otras palabras o ¡frases que expresen la idea que surge en ese momento, en otras muchas ocasiones repitiendo no palabras sueltas, ni frases completas sino partes y fragmentos de frases. De todas estas variedades el examen de las dos epístolas nos dará ejemplos claros y prefiero confiar en esta clase de ejemplos más que en el último porque aunque un impostor pudiera transcribir en una falsificación frases enteras, sin embargo las dislocación de palabras, la recogida parcial de frases, las mezcla de nuevos términos e ideas con términos e ideas usadas antes, que aparecerán en los ejemplos que siguen y que son el producto natural de la escritura hecha bajo las circunstancias en las que se representa que estas epístolas fueron compuesta – no hubiera dado lugar a la invención de un falsificador o en el caso contrario no hubiera sido tan fácil de realizar. Esta variación tan estudiada sería un refinamiento en la falsificación que no creo que existiera o si podemos suponer que se hizo en los ejemplos aducidos abajo, ¿por qué, se puede preguntar, no se hizo lo mismo en los que hemos recogidos en la clase precedente?”

A continuación ilustra todos esos puntos con numerosos ejemplos tomados de todas partes de las Epístolas

Fuentes

S. JERONIMO, Ep. cxxi, Ad Algas., q. x en Opera (Venecia, 1766), I Pt. I, 878; CORNELY, Introd. (Paris, 1897), III; SALMON, Intro. to New Test. (London, 1897); JACQUIER, Histoire des Livres du Nouveau Test. (Paris, 1906), I; ESTIUS, Commentarius (Maguncia, 1844); BISPING, Erklärung der Briefe an die Eph., Philip., Kol. (Münster, 1855); MCEVILLY, Exposition (Dublin, 1860); ALFORD, New Test. Critical and Exegetical Commentary (Londres, 1856); ELLICOTT, Critical and Grammatical Comm. (Londres, 1857); LIGHTFOOT, Colossians and Philemon (London, 1879); IDEM, Dissertations on the Apostolic Age (Londres, 1875); SANDAY en SMITH, Dict. of the Bible (London, 1893); VON SODEN, Die Briefe an die Kolosser, etc. (Leipzig, 1893); SALMOND, Ephesians; PEAKE, Colossians in Exp. Greek Test. (London, 1903). Uo de los mejores libros sobre el tema es ABBOTT, Ephesians and Colossians. Ver también The International Critical Commentary, ed. CLARK (Edinburgh, 1907); HORT, Judaic Christianity (London, 1898).


Aherne, Cornelius.


Transcrito por Vernon Bremberg. Dedicado a las monjas domincas claustrales del monasterio del Niño Jesús , Lufkin, Texas.


Traducido por Pedro Royo