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Miércoles, 18 de octubre de 2017

Efectos físicos de la Abstinencia

De Enciclopedia Católica

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Lat. abs, de trahere, sustraer).

La Abstracción es un proceso (o facultad) por cual la mente selecciona para la consideración uno de los atributos de alguna cosa a exclusión de los demás. Según algunos escritores, incluyendo a los Escolásticos, los atributos seleccionados para la atención se dicen ser abstraídos; mientras para otros como Kant y Hamilton, el termino se aplica a la exclusión de los atributos que son ignorados; el proceso, no obstante es el mismo en los dos casos. Las cosas que aparentan ser muy simples son complejas, i.e. tienen varios atributos; el proceso de la abstracción principia con la sensación, así como la vista percibe ciertas cualidades; el gusto, y otros; etc. Desde el alba de la inteligencia esta actividad progresa rápidamente, porque todas nuestras generalizaciones dependen de la abstracción de alguna fase, o fases que tienen en común los diferentes objetos. Un paso mas adelantado y importante se toma cuando la mente alcanza el nivel donde puede manipular a sus abstracciones tales como: extensión, moción, especie, ser, causa, como base para la ciencia y filosofía, en cual por lo menos a cierta medida, los conceptos abstraídos son manipulados semejante a como se manipula los símbolos de álgebra, sin referencia inmediata a lo concreto. Este proceso no esta sin sus peligros de fallas, pero el conocimiento humano no progresaría muy lejos sin ello. Es por eso evidente que los métodos para conducir a la mente de lo concreto a lo abstracto, tanto como el desarrollo del poder para manipular las ideas abstractas, son de gran importancia para la ciencia de la educación. Con esta explicación del lugar que tiene la abstracción en el proceso del conocimiento, la mayoría de los filósofos - y todos los que basan al conocimiento en la experiencia - estan en acuerdo substancial. Pero difieren ampliamente concerniente a la naturaleza y validez de los conceptos abstractos en si. Un punto de vista muy predominante, mejor representado por la escuela Asociativa, es que las ideas generales son formadas por el mezclar o fundir a las impresiones individuales. Pero los Escolásticos más eminentes, siguiendo a Aristóteles, adscriben a la mente en su aspecto superior un poder (llamado el Intelecto Activo) que abstrae de las representaciones de las cosas concretas o cualifica lo típico, lo ideal, los elementos esenciales, dejando atrás aquellos que son materiales o particulares. Los conceptos así formados pueden ser muy limitados en contenido, y varían con el conocimiento de particulares en numero y definición; pero la actividad de la facultad es siempre espontánea y inmediata; nunca es un proceso de mezclar las representaciones generales en una idea compuesta, mucho menos es el meramente agrupar a cosas similares o atributos bajo un nombre común. El concepto así obtenido representa un elemento que es universalmente realizado en todos los miembros de la clase, pero es reconoce formalmente como universal solo por el medio de aun mas observaciones y comparaciones. Los argumentos para la existencia de tal facultad no se extraen de un estudio sobre su operación actual, que elude a nuestros poderes de introspección, sino de un análisis de sus resultados. Sus defensores se apoyan principalmente en el hecho de que poseemos conceptos universales definitivos, como el de un triangulo, que transciende las imágenes vagas y flotantes que representan la fusión de nuestras representaciones individuales; y también sobre el elemento de universalidad y necesidad en nuestros juicios. Es en conexión con este último punto que la cuestión es de mayor importancia, los sistemas de filosofía que rechazan a este poder de abstracción directa de la idea universal son naturalmente más o menos escépticos sobre la validez objetiva de nuestros juicios universales.

Porter, The Human Intellect (New York, 1869), 377-430; Maher, Psychology (London and New York, 1900), 294, 307, 310; Spencer, Psychology (New York, 1898), I, viii; Mill, Logic (London and New York, 1898), I, ii; IV, ii; Mivart, The Origin of Human Reason (London, 1889), ii; Van Becelaere, The Philos. Rev., Nov., 1903; Newman, Grammar of Assent (London 1898), viii; Bowne, Theory of Thought and Knowledge (New York, 1897), xi; Bain, Education as a Science (New York, 1879), vii; Sully, Teacher's Psychology (New York, 1887), xii, xiii.

F.P. DUFFY.


Transcrito por Michael Mueller

Traducido por Francisco Hernandez