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Lunes, 23 de octubre de 2017

Ecos del orden español en la arquitectura virreinal limeña

De Enciclopedia Católica

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En el contexto de la ilustración, se produjo en España un curioso episodio protagonizado por un teniente de navío aficionado a la arquitectura llamado Luis de Lorenzana, quien se propuso crear un nuevo orden arquitectónico que fuera representativo de la nación española. Ciertamente Lorenzana no fue el primero en proponer algo de esa naturaleza, pues ya en 1714 el francés Sebástien Leclerc había incluido en su obra "Traité d´Architecture" diseños para un "orden francés" y un "orden español", adicionales a los cinco órdenes clásicos (1).

Buscando el reconocimiento oficial, Lorenzana presentó ante la Real Academia de San Fernando un texto denominado “Orden Español de Arquitectura que imbentó el Teniente de Navío Don Luis de Lorenzana” (2), en el cual sustentaba su propuesta arquitectónica y describía las características que debía tener este nuevo orden nacional. En principio, sus elementos compositivos y proporciones se basaban en los de los órdenes corintio y compuesto, siendo la principal diferencia con ellos el diseño de su original capitel. Este, aunque basado en el capitel corintio, se encontraba “ceñido de una corona de plumas reciviendo agua de una concha, y de si arrojando una serpiente”, elementos que debían representar “la América, descuvierta, conquistada y combertida”. En efecto, según el autor, “las plumas de este capitel representan con el de la Cabeza de una americana, y en esta la América (...) La concha vertiendo agua, que con clara, y legítima alusión representa el Bautismo llebado por nosotros a la América esta oportunamente colocada en el frente del Abaco (...) La Serpiente con la manzana es conocido geroglífico del pecado Original, y viéndola violentamente enroscada lanzarse de lo interior del Capitel por la misma parte que el agua misteriosa se introduce, la explicación de una alusión tan cabal y patente no ha menester más palabras.” El entablamento también estaba conformado con base en el del orden corintio – con modillones debajo de la corona de la cornisa-, aunque con una diferencia importante en el friso: éste estaba modelado siguiendo el orden dórico, es decir adornado con triglifos y metopas, aunque en este caso los triglifos eran llanos y en las metopas se debían esculpir “con bajo relieve los Heroicos y extraordinarios sucesos del descubrimiento, conquista y combersion (sic) de la América”.

La Real Academia de San Fernando no vio con buenos ojos la iniciativa de Lorenzana y en varias oportunidades expresó su rechazo hacia su propuesta de orden español (3). Tal fue su fracaso que en la Península solamente se conocen dos casos –ambos en Galicia- en los que se empleó el orden de Lorenzana: el desaparecido retablo mayor (1767) de la iglesia del monasterio cisterciense de Sobrado (4), y el retablo mayor de la iglesia parroquial de San Fructuoso (1769) en Santiago de Compostela, cuyo diseño se debe al propio Lorenzana (5).

Resulta anecdótico que esta propuesta arquitectónica, rechazada por la propia Academia y con escasa aplicación en obras de arquitectura en la Península, haya encontrado acogida en la lejana ciudad de los Reyes algunas décadas más tarde. El ambiente arquitectónico limeño hacia 1780 - 1790 se encontraba en plena transición entre las tendencias afrancesadas que habían dominado el panorama artístico de la ciudad luego del terremoto de 1746 y un incipiente clasicismo que se iba materializando en la arquitectura religiosa y doméstica, especialmente en los retablos.

Aún en ese contexto no deja de ser sorprendente el empleo del orden español de Lorenzana en una de las obras arquitectónicas más importantes llevadas a cabo en la ciudad de Lima a fines del siglo XVIII: la construcción de las torres de la Santa Iglesia Catedral Metropolitana de la ciudad de los Reyes. El terremoto del 28 de Octubre de 1746 había dejado a la Catedral en un estado lamentable y en las obras de reconstrucción, las cuales se llevaron a cabo en dos etapas entre 1751 y 1758, no se incluyó la obra de las torres que habían sido destruidas por el sismo (6). En este estado de las cosas se emprendió la construcción de los nuevos campanarios, encomendada al arquitecto catalán Ignacio Martorell y llevada a cabo entre 1794 y 1799 (7). Se trataba en buena cuenta de la refacción de las bases construidas en el siglo XVII y de la construcción de los nuevos cuerpos de campanas “de la arquitectura española inventada por Don Luis de Lorenzana” (8), según lo describe José Manuel Bermúdez en su "Fama Póstuma", dedicada al Arzobispo Gonzales de la Reguera (1805). A pesar de que varios historiadores han pretendido atribuir a Lorenzana el diseño mismo de los campanarios a partir de esta cita, lo cierto es que solo hace referencia al empleo de su “orden español” en la composición arquitectónica de las torres (9).

Actualmente las columnas de las torres catedralicias ostentan capiteles corintios, pero en fotografías de mediados del siglo XIX (10) se pueden apreciar claramente los capiteles propios del orden español, con la corona de plumas, las serpientes y la concha antes descritos. Estas columnas empotradas -dos en cada lado de la torre flanqueando un arco abocinado- componen el cuerpo principal de los campanarios, de planta cuadrada con las esquinas ochavadas. El entablamento que sustentan las columnas sigue fielmente los lineamientos establecidos por Lorenzana con los triglifos llanos en el friso y la cornisa con modillones, y sobre él un frontón partido abraza un pequeño edículo con una ventana redonda coronada por un frontón triangular. El remate de las torres, consistente en un chapitel de forma piramidal flanqueado por cuatro pináculos en las esquinas (11), resulta inusual en la arquitectura virreinal limeña -aunque cuenta con un claro antecedente local en el chapitel bulboso que corona la torre de la iglesia dominica del Rosario (1774)- y es un lejano reflejo de la arquitectura de Filipo Juvarra, arquitecto turinés activo en España en la primera mitad del siglo XVIII. En resumen, los campanarios de la Catedral representan el triunfo de las tendencias clasicistas en la arquitectura limeña - materializadas en el orden de Lorenzana- , aunque marcadas por un acentuado carácter barroco que se expresa en las esquinas ochavadas, los frontones partidos y lo chapiteles piramidales.

A pesar de la importancia de las torres catedralicias, el orden español no trascendió en otras obras de arquitectura firme y fue en los retablos en donde se le empleó con cierta frecuencia. Así, el uso más temprano conocido del orden de Lorenzana en la arquitectura en madera lo encontramos en el retablo de Nuestra Señora de la Candelaria (1796), ubicado en la capilla de los Ss. Crispín y Crispiniano en la Catedral de Lima (12), a su vez uno de los primeros ejemplares de neoclásico - o "barroco clasicista" como bien apunta el Arquitecto José García Bryce (13)- que encontramos en la ciudad. Lamentablemente se desconoce el autor de este retablo -aunque algunos lo atribuyen a Matías Maestro (14)- por lo que no es posible saber de qué forma su artífice entró en contacto con las ideas de Lorenzana y las materializó en esta obra. El retablo se eleva en dos cuerpos de ancho desigual; el primer cuerpo se organiza mediante el orden español con seis grandes columnas situadas en distintos planos, jerarquizando la calle central en donde se encuentra la imagen titular, mientras que el segundo cuerpo, de menor tamaño, se organiza mediante columnas de orden compuesto. Si bien en el retablo de la Candelaria se empleó el orden español con corrección, en retablos posteriores su aplicación fue un tanto más relajada, utilizando en la mayoría de los casos solamente los capiteles de plumas y serpientes. Es el caso del retablo mayor de la iglesia del monasterio de Santa Catalina, que combina capiteles españoles con un entablamento jónico, y de los retablos mayores de la iglesia del Sagrario (c. 1810) y de la iglesia de Santa Rosa de los Padres (c. 1810), en los cuales se llega a prescindir completamente del arquitrabe (15).

El orden español de Lorenzana se mantuvo en relativa vigencia –por lo menos en el aspecto teórico- hasta la primera década del siglo XIX, como lo atestigua un texto publicado en la “Minerva Peruana” el cual señala: “el símbolo del León, los dos mundos, etc., es uno de los adornos sacados de nuestra religión y nuestras conquistas, los quales quiere sustituir un español de singular mérito, en el sexto orden de arquitectura que ha inventado, a los adornos de los otros órdenes; adornos que todos consisten en alusiones a las divinidades paganas” 16. Sin embargo, como hemos visto, su materialización en obras de arquitectura firme o en madera fue muy limitada.

Arquitecto Juan Pablo El Sous Zavala

Lima Triumphante



1 Cf. RODRÍGUEZ RUÍZ, Delfín: “La sombra de un edificio. El Escorial en la cultura arquitectónica española durante la época de los primeros Borbones (1700-1770)”. En: QUINTANA Nº2 2003. ISSN: 579-7414, pp. 61-62. El orden español aparece descrito en el Diccionario del Arquitecto Atanasio Brizguz (1738): “Este orden (dize) es el más hermoso en su todo, y en sus partes, que el Romano o Compuesto, y tiene no obstante un carácter de robustez y grandeza, que le haze agradable (...) En este orden el ábaco está sostenido de cuatro caulícolos. En medio del ábaco ay una cabeza de León, en lugar de Flor, para que se sepa, que este animal es símbolo de España, que manifiesta la fuerza, gravedad, y prudencia de esta Nación. En el Friso sobre el Chapitel, se pone un globo terrestre, circuido de dos cornucopias, Palmas, y Laureles. De este globo está pendiente el Tusón. En medio del colunario se podrán poner las coronas de dos, en dos, para dar a entender el gran Dominio de esta Nación en las dos partes del Mundo. El chapitel está adornado con 16 granadas coronadas”. BRIZGUZ Y BRU, Atanasio Genaro; “Escuela de Arquitectura Civil, en que se contienen los Órdenes de Arquitectura, la distribución de los Planos de Templos y Casas, y el conocimiento de los materiales”. Valencia: Oficina de Joseph de Orga, 1804, pp. 65-66. Curiosamente en Lima encontramos un ejemplo del orden español de Leclerc en el retablo mayor de la iglesia de N.S. del Rosario.

2 El texto se encuentra transcrito en SAMBRICIO, Carlos: “La tentativa del orden español de arquitectura que inventó Don Luis de Lorenzana en la segunda mitad del siglo XVIII”. En: Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Nº 60, 1985, págs. 263-286. Todas las citas de este párrafo corresponden al texto de Lorenzana.

3 Cf. SAMBRICIO, Carlos: Op. Cit. pp. 267-268.

4 Cf. SAMBRICIO, Carlos: Op. Cit.p. 268.

5 Cf. LÓPEZ CALDERÓN: Marica: Proyecto de investigación José Gambino: estudio, difusión y protección: http://iacobus.org/josegambino/mapafructuoso02.html

6 Es así que en 1794 el estado de las torres era el siguiente: “La que hace esquina a la calle llamada de los Judíos había quedado en la altura de 22 varas de su basa que estaba muy quebrantada. Una quincha sin adorno alguno formada sobre ella cubría las campanas. La otra torre no tenía más de once varas de elevación en su basa, y el resto hasta las 22 era de quincha doble”. En BERMÚDEZ, José M.: “Fama póstuma del Excelentísimo e Ilustrísimo Señor Doctor Don Juan Domingo Gonzáles de la Reguera del Consejo de Su Magestad Caballero Gran Cruz de la Real y distinguida Orden Española de Carlos III. Dignísimo XVI Arzobispo de Los Reyes”. Lima: Imprenta Real de los Huérfanos, 1805; p. 82.

7 El Padre Antonio San Cristóbal identificó en papeles del Archivo General de la Nación al autor material de las torres de la Catedral, el arquitecto Ignacio Martorell. Cf. SAN CRISTÓBAL, Antonio: “La Catedral de Lima. Estudios y Documentos”. Lima: Museo de Arte Religioso de la Catedral de Lima, 1996. Ricardo Kusunoki complementa esta información señalando a Matías Maestro como continuador de la obra de las torres. Cf. KUSUNOKI RODRÍGUEZ, Ricardo: “Entre Roma clásica y Jerusalén santa: utopías urbanas en Lima ilustrada (1790-1815)”. En: SEMATA, Ciencias Sociais e Humanidades, ISSN 1137-9669, 2012, vol. 24: 253-268.

8 BERMÚDEZ, José M.:Op. Cit., p. 82.

9 Dice el padre Rubén Vargas: “LORENZANA LUIS DE.- Maestro de obras. Diseñó las torres de la Catedral de Lima, en la reconstrucción hecha por el Arzobispo La Reguera”. En VARGAS UGARTE, Rubén: “Ensayo de un diccionario de artífices de la América Meridional”. Burgos: Imprenta de Aldecoa, 1968; p.420.

10 Son tres fotos de mediados del siglo XIX. Las dos primeras provienen de GARDNER, Alexander. (1865) Rays of sunlight from South America. Washington, D.C.: Philp & Solomons, c. [Image] Retrieved from the Library of Congress, https://www.loc.gov/item/44013000. La segunda forma parte del álbum “Recuerdos del Perú” de los Hnos. Courret: Lima. The Cathedral. (1868) [Image] Retrieved from the Library of Congress, https://www.loc.gov/item/2006679717.

11 La descripción de las torres es como sigue: “Sobre el pedestal entra el cuerpo de las campanas de la arquitectura española inventada por Don Luis de Lorenzana de dos y media varas de alto sobre catorce de ancho y tres de grueso de ladrillo con ochavos. Cuyos quatro frentes están guarnecidos con ocho columnas formadas de palos incorruptibles travadas por lo interior de la torre con cepos en su pie, medio y cabeza, que cada una enlaza con su opuesta y fortalece los muros. Sigue sobre la cornisa un pedestal de dos y media varas, con óvalos en sus medios y jarrones sobre las colunas. Y entra un zócalo corrido igual que sirve de pie al segundo cuerpo con quatro pirámides. Desde esta altura entra la obra de madera cubierta de azulejos en forma piramidal ochavado que cierra por abaxo escarpado dicho zócalo y en línea curva se eleva nueve varas, dexando quatro óvalos en sus frentes y sobre una corniza ligera que lo corona voltea una cúpula de quatro varas de diámetro con quatro troneras”. BERMÚDEZ, José M.: Op. Cit. 82-83.

12 Una cartela ubicada en el lado izquierdo del retablo dice “Se izo el año de 1796 este retablo” y otra del lado derecho dice: “El año de 1802 se pintó este retablo”. Kusunoki atribuye su diseño a Maestro y señala como autor material del retablo al carpintero Juan Pablo Mesía. Cf. KUSUNOKI RODRÍGUEZ, Ricardo: “Entre Roma clásica...”

13 GARCIA BRYCE, José: “Del Barroco al Neoclasicismo en Lima: Matías Maestro”. Separata de la Revista Mercurio Peruano Nº 488. Lima, 1972.

14 Este retablo es contemporáneo de la intervención que realizó Maestro en la Catedral al ejecutar el retablo del trascoro (1794) –dedicado a Nuestra Señora de la Antigua- y antecede al hermoso retablo mayor (1805), además de las nuevas rejas del coro y el púlpito (1811). El hecho de no encontrarse el retablo de la Candelaria entre las obras atribuidas al Presbítero en la obra de Bermúdez hace suponer que no fue obra suya.

15 Para ver imágenes de retablos con capitel español ver el blog de Marco Buitrón: http://deutschemark.tumblr.com/post/120311396793/the-spanish-order-the-spanish-order-was-an-attempt

16 Ver KUSUNOKI RODRÍGUEZ, Ricardo: “Matías Maestro, José del Pozo y el arte en Lima a inicios del siglo XIX”. En: Fronteras de la Historia 11, 2006. p. 195.