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Miércoles, 18 de octubre de 2017

Clemente de Alejandría

De Enciclopedia Católica

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(TITUS FLAVIUS CLEMENS, pero conocido en la historia de la iglesia por esta designación para distinguirle de Clemente de Roma).

Fecha de nacimiento desconocida; murió el año 215. Era un teólogo griego y director de la escuela catequética de Alejandría. Atenas debió ser el punto de partida de sus viajes ( y probablemente su lugar de nacimiento). Se convirtió al cristianismo y viajó de lugar en lugar en busca de más conocimiento, uniéndose sucesivamente a diferentes maestros: un griego de Jonia, otro en Magna Grecia, a un tercero en Coele-Siria, después de los cuales se dirigió por turno a un egipcio, un asirio, un palestino judío convertido y por fin encontró a Pantaeno en Alejandría y en sus escritos “encontró el descanso “.

El lugar fue bien elegido. Era natural que la especulación cristiana tuviera su asiento en Alejandría. La gran ciudad era entonces el gran centro cultural y de comercial donde había ido creciendo una gran universidad bajo el patronazgo continuado del Estado. El ambiente intelectual era abierto y tolerante como correspondía a un ciudad donde se mezclaban tantas razas. Los filósofos eran críticos o eclécticos y Platón era el más admirado de los viejos maestros. La filosofía del renacimiento pagano, el neoplatonismo, tenía entonces allí un profeta, Ammonio Saccas.

También los judíos, que eran muy numerosos, respiraban ese ambiente liberal y habían asimilado la cultura laica, formando la colonia más ilustrada de la Diáspora. Habían dejado de usar el hebreo por lo que vieron la necesidad de que Las Escrituras se tradujeran al Griego, que era su lenguaje cotidiano. Filón, su más importante pensador, se convirtió en una suerte de Platón judío. Alejandría era además una de los centros de esa peculiar mezcla de especulación pagana y cristiana conocida como Gnosticismo. Allí enseñaban Basílides y Valentino, por lo que no sorprende que algunos cristianos fueran afectados a su vez por eses espíritu científico.

En una fecha incierta, a finales del siglo segundo, se fundó “una escuela de instrucción oral”. Se daban clases a las que se admitían como oyentes a los paganos y a los cristianos se les proporcionaba enseñanza avanzada por separado. Era una institución oficial de la iglesia. Pantaeno es el más antiguo maestro del que se ha conservado el nombre. Clemente asistió a sus enseñanzas y después le sucedió en la dirección de la escuela, alrededor del 190 d.C. Ya se le conocía como escritor cristiano antes de los días del papa Víctor (188-199).

Por entonces debió componer el “Discurso exhortatorio a los Griegos” (Protreptikos pros Ellenas), que es una llamada persuasiva a la fe, escrito con muchísima elegancia. Se abre el discurso con pasajes que parecen al oído como una suave música. Amphion y Arion con su músicos cantores arrastraron tras de sí monstruos sagrados y conmovieron hasta a las piedra. Cristo es el más noble cantor. Su arpa y su lira son hombres. El saca la música de sus corazones gracias al Espíritu Santo y Cristo mismo es el Nuevo Cantar cuya melodía somete a las fieras y a las más duras fuerzas de la naturaleza. A continuación procede Clemente a mostrar la trascendencia de la religión cristiana, poniendo encontraste el cristianismo con la vileza de los ritos paganos y la débil esperanza de la poesía pagana y de sus filósofos. El hombre nace de Dios. La Palabra llama a los hombres hacia. El. Sólo en Cristo se halla toda la verdad. La obra termina con una descripción del cristiano temeroso de Dios y contesta a aquellos que dicen que es erróneo abandonar la propia religión ancestral.

La obra titulada Hypotyposeis parece ser el resultado de la primera actividad de Clemente. Rufino la tradujo al latín con el título de Disposiciones. La obra, en ocho libros, no sobrevivió, aunque se hayan conservado numerosos fragmentos en Eusebio Oecumenius, Máximo el Confesor, Juan Moschos y Focio. Según Zahn, un fragmento latino "Adumbrationes Clementis Alexandrini in epistolas canonicas", traducido por Casiodoro y purgado de pasajes opinables, representa en parte el texto de Clemente.

Eusebio representa los “Esbozos o Contornos” como un comentario resumido con anotaciones doctrinales e históricas sobre toda la Biblia y sobre la Epístola no-canónica de Bernabé y el Apocalipsis de Pedro. También Focio la había leído y la describe como una serie de explicaciones de los textos bíblicos especialmente el Génesis, Éxodo, Salmos, Eclesiastés y las epístolas paulinas y católicas. Declara que es un trabajo sólido, pero añade que contiene “impiedades y fábulas” tales como la eternidad de la materia, la creación del Verbo, pluralidad de palabras (logoi), docetismo, metempsicosis etc.

Especialistas conservadores creen que Focio ha tratado indebidamente los errores de Clemente, cualesquiera que pudieran haber sido. El estilo de Clemente es difícil, sus obras están llenas de pasajes prestados y sus enseñanzas no pueden reducirse fácilmente a un cuerpo de doctrina. Y esta primera obra, que son comentarios dispersos sobre la Sagrada escritura, pueden fácilmente haber sido reconstruidos equivocadamente. Es cierto que algunos de los cargos más importantes se poyan en equivocaciones. De todas las maneras lo que ha nos llegado de Clemente da una mejor imagen de él.

Otras obras suyas son “Miscelánea” (Stromateis) y “El Tutor” (Paidagogos). Las Misceláneas comprenden siete libros completos de los que los primeros cuatro son anteriores a “El Tutor”. Cuando terminó esta obra, volvió a las Misceláneas que nunca pudo terminar. Faltan las primeras páginas de la obra. Lo que desde tiempos de Eusebio se ha conocido como libro octavo no es otra cosa que una colección de pasajes y extractos de los filósofos paganos. Es probable, como ha sugerido Arnim, que Clemente hiciera uso de estos materiales junto con los resúmenes de Teodoro (extractos de Teodoro y de la Escuela Oriental de Valentino) y las "Eclogae Propheticae". Extractos de los profetas (más bien notas al albur sobre textos o tópicos escriturarios) para la continuación de "Miscellaneas, en las que Clemente no manifiesta ni plan ni orden. El compara la obra a una pradera donde toda clase de flores crece libremente y también a una colina sombreada o montaña plantada con árboles de todas clases. De hecho son una serie de observaciones, posiblemente notas de sus clases en la escuela, pero es la más completa de las obras de Clemente. Comienza con la importancia de la filosofía para la consecución del conocimiento cristiano. Aquí quizá esté defendiendo su propio trabajo científico ante el criticismo local de sus hermanos más conservadores. Muestra cómo la fe está relacionada con el conocimiento y enfatiza la superioridad de la revelación respecto a la filosofía. La verdad de Dios se encuentra en la revelación, una parte de ella en la filosofía y es el deber del cristiano no ignorar ninguna de las dos. La ciencia religiosa, derivada de es doble fuente, es un elemento de perfección para el cristiano instruido - “el verdadero Gnóstico,” es el perfecto cristiano. El que ha ascendido a las alturas está lejos de conmociones de las pasiones, está unido a Dios y es, en un sentido misterioso, uno con El. Esta es la línea de pensamiento que se indica en la obra, por otra parte llena de digresiones.

“El Tutor” ( El pedagogo, el Maestro) es un tratado practico en tres libros. Su propósito es preparar al cristiano ordinario por medio de una vida disciplinada para convertirse en un cristiano instruido. En tiempos antiguos, el paedagogus era el esclavo que estaba al cargo del niño, acompañándole todo el tiempo. De él dependía la formación del carácter del niño. Ahora ese el oficio del Verbo Encarnado para con los hombres. El los llama para que sean Suyos, entonces los educa a Su forma, que es moderada, ordenada, tranquila y sencilla. Nada es demasiado común o trivial para el cuidado del Tutor, cuya influencia se nota en los más mínimos detalles de la vida, en la manera de comer, beber, dormir, vestirse y divertirse etc. El tono moral de esta obra es amable, y resulta muy hermoso el ideal de una vida trasfigurada descrita al final. En las ediciones de Clemente, “El Tutor” va seguido de dos poemas cortos, el segundo de los cuales, dirigido al Tutor es de algún pío lector de la obra y el primero, titulado “Un himno al Salvador Cristo” (Hymnos tou Soteros Christou), se atribuye a Clemente en los manuscritos que lo contienen y puede ser suyo (Bardenhewer) o de fecha tan temprana como el Gloria in Excelsis (Westcott).

Algunos especialistas ven en los escritos de Clemente, “La Exhortación”, “El Tutor”, y “Miscelánea”, una gran trilogía que representa la iniciación gradual a la vida cristiana – fe, disciplina, conocimiento – tres estados que corresponden a los tres grados de los misterios neoplatónicos - purificación, iniciación y visión.. Algo de tal concepción esta en la mente de Clemente, pero apenas se puede decir que lo consiguiera expresarlo. Era demasiado asistemático.

Además de estas obras importantes, escribió un bello tratado “¿Quién será el rico que se salvará?” (tis ho sozomenos plousios), que es una exposición de S. Marcos x, 17-31, en el que Clemente muestra que la riqueza no es condenada en sí misma como intrínsecamente mala, sin o que su moralidad depende del buen o mal uso que se haga de ella. La obra concluye con la narración del hombre joven que fue bautizado, perdido y de nuevo vuelto a ganar por el Apóstol S. Juan. No se puede fijar la fecha de la composición de esta obra que ha llegado casi completa. Clemente escribió homilías sobre el ayuno, sobre el mal hablar y usó su pluma en la controversia sobre la cuestión Pascual.

Duchesne (Hist. ancienne de l'Eglise, I, 334 ss.) resume así los siguientes años de la vida de Clemente. No terminó su vida en Alejandría. La persecución cayó sobre Egipto en el año 202 y sobre todo sobre los catecúmenos. La escuela catequética sufrió las consecuencias. En los primeros dos libros de “Miscelánea”, escritos en este momento, se halla más de una alusión a la crisis. Clemente fue obligado a retirarse y lo encontramos poco después en Cesarea de Capadocia junto a su amigo y antiguo discípulo, el Obispo Alejandro. La persecución también es allí activa y y Clemente cumple con un ministerio de amor, Alejandro está en prisión por Cristo y Clemente se encarga de la iglesia en su lugar, fortaleciendo a los fieles y hasta haciendo nuevas conversiones. Lo sabemos por una carta escrita el 211 ó 212 por Alejandro para felicitar a la iglesia de Antioquía por la elección de Asclepíades como obispo. Clemente en persona se encargó de entregar la carta, pues era conocido para los fieles de Antioquía. En otra carta escrita el 215 a Orígenes, Alejandro habla de Clemente como de alguien ya fallecido.

Clemente no ha tenido una notable influencia en el curso de la teología fuera de su influencia personal en el joven Orígenes. Sus obras se copiaron ocasionalmente, por Hipólito en su “Chronicon”, por Arnobius y por Teodoreto de Ciro. S. Jerónimo admitió sus conocimientos y el papa Gelasio, en el catálogo que se atribuye, menciona las obras de Clemente, aunque añade:” Pero no han de ser en ningún caso recibidas por nosotros”. Focio en su “Biblioteca” censura una lista de errrores sacada de sus escritos, aunque muestra un sentimiento amable hacia Clemente asumiendo que el texto original ha sido falsificado.

De hecho, Clemente ha sido empequeñecido en la historia por la grandeza de Orígenes que le sucedió en Alejandría. Hasta el siglo XVII era venerado como santo y su nombre se encontraba en los martirologios y su fiesta el 4 de diciembre. Pero cuando se revisó el Martirologio Romano por Clemente VIII su nombre cayó del calendario por consejo del cardenal Baronius. Benendicto XIV mantuvo la decisión de su predecesor sobre la base de que la vida de Clemente era poco conocida y que nunca había obtenido culto público en la iglesia y que algunas de sus doctrinas eran, si no erróneas, al menos sospechosas. En tiempos más recientes, el respeto hacia Clemente ha crecido por su encantador temperamento literario, su atractivo candor, por su valeroso espíritu que le hizo ser un pionero en la teología y por su inclinación a los requerimientos de la filosofía. Es de espíritu moderno, de amplísimas lecturas, con amplísimos conocimientos de toda la Biblia y de la literatura cristiana, de las obras ortodoxas y heréticas. Era aficionad a las cartas y tenía un conocimiento de los poetas y filósofos paganos, le encantaba citarlos y así se han preservado algunos fragmentos de obras perdidas. El grueso de los hechos y citas recogidas por él y reunidas en sus escritos es algo que no tiene igual en la antigüedad, aunque no es improbable que sacase datos de los florilegios o antologías, con pasajes elegidos de la literatura.

Los eruditos no han conseguido fácilmente resumir los principales puntos de las enseñanzas de Clemente, ya que le falta de precisión técnica y no pretende hacer una exposición ordenada. Es fácil, por consiguiente, juzgarle mal. Aceptamos el juicio de Tixeront. La regla de fe era sólida, aceptaba la autoridad de la tradición de la Iglesia. El sería en primer lugar un cristiano que acataba la ley eclesiástica pero que también quería permanecer como filósofo y que su razón tuviera qué decir en cuestiones de religión. ªHay pocos, decía, que hayan cogido los restos de los egipcio y hayan hecho con ellos un mueble para el Tabernáculo”. Aceptó la filosofía como instrumento, para trasformar la fe en ciencia y la revelación en teología. Los gnósticos habían pretendido ya poseer la ciencia de la fe, pero de hecho, eran puros racionalistas o más bien soñadores de sueños fantásticos. Clemente no quería otra cosa que la fe como base de su especulación. No se le puede acusar de que quisiera ser desleal, pero era un pionero en una difícil prueba y hay que admitir que falló a veces en su elevado intento. Era cuidadoso ateniéndose a la Sagrada Escritura pero la utilizó mal por textos con su exégesis defectuosa. Había leido todos los libros del Nuevo Testamento, excepto la Segunda Epístola de Pedro y la Tercera de S. Juan. “De hecho”, dice Tixeront, “su testimonio respecto a la forma primitiva de los escritos apostólicos es del más alto valor.” Desafortunadamente, interpretó las Escrituras a la manera de Filón; encontraba alegorías por todas partes. Los hechos del Antiguo Testamento llegaron a ser para él meros símbolos. Pero no se permitió tanta libertad con el Nuevo Testamento.

El campo especial que Clemente cultivó le llevó a insistir en la diferencia entre la fe del cristiano ordinario y la ciencia del perfecto y sus enseñanzas en este campo son muy características de él. El cristiano perfecto tiene una visión de los grandes misterios del hombre y de la naturaleza, de la virtud –que el cristiano normal acepta sin una visión clara. Muchos creen que Clemente exagera en la moral digna de conocimiento religioso; aunque debe recordarse que alaba no el mero conocimiento estéril, sino el conocimiento que se convierte en amor. Lo que él alaba, es la perfección cristiana – el verdadero gnosticismo del que Clemente gusta describir como que lleva a una calma inalterable. Y aquí, sin duda, las enseñanzas de Clemente están tintadas de estoicismo. No describe tanto al cristiano con sus sentimientos sensitivos y deseos controlados, sino el ideal estoico que ha matado sus sentimientos completamente. El cristiano perfecto lleva una vida de devoción total; el amor de su corazón le lleva siempre a una más íntima unión con Dios por la oración, al trabajo para la conversión de la almas, al amor de sus enemigos y hasta a sufrir martirio.

Clemente se adelantó a las controversias trinitarias. Enseñó que en la cabeza de Dios había tres Términos. Algunos críticos dudan de que los distinguiera como personas, pero una lectura cuidadosa prueba que lo hizo. El Segundo Término de la Trinidad es la Palabra. Focio creía que Clemente enseñaba una pluralidad de de Palabras, pero en realidad Clemente simplemente dedujo una distinción entre el inmanente atributo de la inteligencia del Divino Padre y la Palabra Personal que es el Hijo. El Hijo es eternamente engendrado y tiene los mismos atributos que el Padre. Sólo hay un Dios. De hecho, hasta aquí Clemente empuja su concepto de unidad de manera que parece aproximarse al Modalismo y sin embargo, es un editor tan suelto que en todas partes se encuentran inquietantes restos del error opuesto de Subordinacionismo. Aunque éstas pueden ser explicadas. De hecho necesita ser juzgado, más que los escritores en general, no pro una frase aquí o allá, sino por el sentido general de su enseñanza. Dice del Espíritu Santo muy poco y cuando se refiere a la Tercera Persona de la Trinidad, se adhiere estrictamente a la Escritura. Reconoció dos naturalezas en Cristo. Cristo es el Hombre-Dios que nos aprovecha como hombre y como Dios. Clemente evidentemente mira a Cristo como una Persona – la Palabra. Hay ejemplos frecuentes en sus obras de intercambio de estas expresiones. Focio ha acusado a Clemente de Docetismo, pero Clemente admitía claramente en Cristo un cuerpo real, aunque lo considera exento de las necesidades comunes de la vida, como comer, y el alma de Cristo está exenta de los movimientos de las pasiones, de la alegría y de la tristeza.


EDICIONES

Las obras de Clemente de Alejandría fueron editadas en primer lugar por P. Victorius (Florencia, 1550). La edición más completa es la de J. Potter. "Clementis Alexandrini opera quae extant omnia" (Oxford, 1715; Venice, 1757), reproducida in Migne, P.G. VIII, IX. LA edición of G. Dindort (Oxford, 1869) declarada por jueces competentes. La de O. Stahlin apareció en el „Griechisehen christlichen Schriftsteller" de Berlínetc. Hasta 1908 se habían publicado dos volúmenes de "Protrepticus" y el "Paedagogus" (Leipzig, 1905), y "Stromata" (Bks. I -VI, ibid., 1906). El prefacio el primer volumen (pp. 1-83) contiene el mejor recuento de los manuscritos y ediciones de Clemente. Entre las ediciones separadas de sus obras las siguientes son las más notables: Hort y Mayor, "Miscellanies", Bk. VII, con una traducción inglesa (London, 1902); Zahn, "Adumbrationes" en "Forschungen zur Geschiehte des Neutestamentlichen Kanons", III, y "Supplementum Clementinum" (Erlangen, 1884); Köster, "Quis dives salvetur?" (Freiburg, 1893). Esta ultima obra fue también editada por P.M. Barnard en "Cambridge Texts and Studies" de W. Wilson (1897), y traducido por él en "Early Church Classics" para S.P.C.K. (London, 1901). Una traducción inglesa completa de todos los escritos de Clemente , ver Ante-Nicene Christian Library (New York)

Artículo relacionado: Bertrand de Margerie S.J. http://www.aciprensa.com/exegesis/capitulo3.htm


FRANCIS P. HAVEY.

Transcrito por Joseph P. Thomas.

Traducido por Pedro Royo.