Herramientas personales
En la EC encontrarás artículos autorizados
sobre la fe católica
Sábado, 21 de octubre de 2017

Adán en la liturgia y literatura cristiana primitiva

De Enciclopedia Católica

Saltar a: navegación, buscar

La importancia de Adán para los Padres y los autores de los muchos escritos apócrifos de los cinco primeros siglos de la Era cristiana se muestra claramente por sus frecuentes alusiones a él. Su lugar en la liturgia no es, sin embargo, en modo alguno destacada. Su nombre aparece en el calendario y en un himno de la Iglesia Oriental, y no corre mucho mejor suerte en la de Occidente. Las secciones que se refieren a él son la primera profecía del Sábado Santo y las lecturas del Libro del Génesis en tiempo de Septuagésima. En la literatura, por otro lado, es tratado más generosamente, y se ha convertido en el héroe de varios libros, tales como: El Libro de la Penitencia o Combate de Adán (Migne, Dictionnaire des apocryphes, vol. II); El sufrimiento que experimentaron Adán y Eva tras ser expulsados del Paraíso, y su estancia en la cueva de los tesoros, por orden del Señor su Creador (Migne, op. cit.). El Codex Nazaraeus (ibíd.); el Testamento de Adán; el Apocalipsis de Adán; el Libro de las hijas de Adán; la Penitencia de Adán, etc. muestran también hasta qué punto se hizo uso del recuerdo del primer hombre en literatura.

El Testamento de Adán, ahora consistente en tan sólo algunos fragmentos, es de gran interés. Su lugar preciso en la historia de la literatura sólo puede determinarse tras un estudio de la relación que existe entre él y los escritos del mismo periodo o de un periodo anterior. Los fragmentos litúrgicos que tienen que ver con la división de las horas del día y de la noche hacen posible percibir en qué forma las ideas persas influyeron en el Gnosticismo. Se pueden encontrar pasajes en las Constituciones Apostólicas de los Coptos que parecen tener alguna relación con las ideas contenidas en los fragmentos litúrgicos. Lo que sigue es una traducción de uno de ellos:

Fragmento primero. Horas de la noche.

Primera hora: Esta es la hora en que adoran los demonios; en cuanto que están adorando, cesan de hacer daño al hombre, porque el oculto poder del Creador los refrena.

Segunda hora: Esta es la hora en que adoran los peces, y todos los reptiles que hay en el mar.

Tercera hora: Adoración de los abismos más profundos, y de la luz que hay en los abismos, y de la luz más escondida que el hombre no puede penetrar.

Cuarta hora: Trisagio de los Serafines. Antes de mi pecado, dice Adán, oí a esta hora el ruido de sus alas en el Paraíso; pues los Serafines habían ido batiendo sus alas, produciendo un sonido armonioso, en el templo reservado para su culto. Pero después de mi pecado, y de la transgresión de la orden de Dios, cesé de oírles y verles, incluso cuando era justo.

Quinta hora: Adoración de las aguas que están por encima de los cielos. A esta hora, ¡oh hijo mío, Set!, oímos, los ángeles y yo, el ruido de las grandes olas, que elevan su voz para dar gloria a Dios, por causa del signo escondido de Dios que las mueve.

Sexta hora: Congregación de nubes, y gran temor religioso, que vela la mitad de la noche.

Séptima hora: Descanso de las potencias, y de todas las naturalezas, mientras las aguas duermen; y en esta hora, si alguien toma agua, deja que el sacerdote de Dios mezcle con ella aceite sagrado, y le hace un signo con este aceite a los que sufren y no duermen, se curarán.

Octava hora: Se dan gracias a Dios por el crecimiento de las plantas y semillas, cuando el rocío de los cielos cae sobre ellas.

Novena hora: Servicio de los ángeles que están ante el trono de Dios.

Décima hora: Adoración de los hombres. La puerta del cielo se abre para que la plegaria de todo lo que vive pueda entrar; se postran y luego se retiran. A esta hora, todo lo que el hombre pide a Dios se le concede, mientras los Serafines baten sus alas o canta el gallo.

Undécima hora: Gran alegría de toda la tierra cuando sale el sol desde el paraíso del Dios Vivo sobre toda la creación, y se eleva sobre el universo.

Duodécima hora: Espera y profundo silencio en medio de todos los órdenes de luz y espíritus, hasta que los sacerdotes hayan puesto perfumes ante Dios. Luego todos los órdenes y todas las potencias del cielo se retiran.

Hay un largo e importante artículo sobre el Liber Adami de Sylvestre de Sacy en el Journal des Savants para 1819-20. El libro condena la continencia, y prescribe el matrimonio; permite comer carne de animales, peces y pájaros. El ritual litúrgico proporciona oraciones para tres veces al día: después de la salida del sol, a la hora séptima, y a la puesta de sol. Los nazarenos se limitan a dar limosnas y a predicar, deben bautizar a sus hijos en el Jordán, y eligen el primer día de la semana para la ceremonia

H. LECLERCQ Traducido por Francisco Vázquez