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Lunes, 23 de octubre de 2017

Abadía de San Victor

De Enciclopedia Católica

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En el año 1108, el famoso Guillermo de Champeaux, archidiácono de Notre Dame en París, quien había estado enseñando a multitudes de estudiantes, renunciando a su cátedra, se apartó a una pequeña ermita dedicada a San Víctor, el soldado mártir, cerca de la ciudad. Aquí, le siguieron muchos de sus discípulos, entre ellos Abelardo y le indució a enseñarles nuevamente. Aquí está, el origen tanto de la Abadía Real como del Colegio de San Víctor.

Con algunos de sus seguidores, Guillermo habíase convertido en canon regular, pero a solicitud de San Bernardo fue nombrado Obispo de Chalones en el año 1113, y a él le sucedió en San Víctor Gildwin, un hombre, como lo registra el “Necrologium”, de piedad y saber y muy dedicado a la promoción de la orden canónica. La Abadía, por medio de la generosidad de los papas, los reyes, las reinas y los nobles se enriqueció rápidamente. Numerosas casas religiosas de cánones regulares fueron reformadas por sus cánones. Santa Genoveva (París), Wigmore en Gales, San Agustín (Bristol, en el año 1148), Santa Catalina (Waterford), Santo Tomás (Dublín), San Pedro (Aram, Nápoles) están entre ellos. Nada menos que cuarenta abadías de la orden de San Víctor se mencionan en el último testamento del Rey Luis VIII, quien dejó todas sus joyas para la construcción de la iglesia de la Abadía y 4000 libras para ser divididas entre ellas en forma equitativa. En el capítulo general convocado cada año, fueron presentes unos 100 entre superiores y priores. Antes de que la Abadía cumpliese 160 años, varios cardenales y por lo menos ocho superiores, todos hijos de San Víctor, se encontraban a cargo de igual número de abadías, entre ellos Juan, el Superior de Santa Genoveva (París) y Andrés, un inglés, el Superior de Wigmore.

Se seguían las tradiciones de Guillermo de Champeaux y San Víctor se convirtió en un centro de devoción y de saber. El colegio, juntamente con los de Santa Genoveva y el de Notre Dame, fueron la cuna de la Universidad de París. A ese célebre colegio afluyeron multitudes de estudiantes de todos los países. Entre ellos había hombres como Hugo de Blankenburg, mejor conocido como Hugo de San Víctor, llamado el San Agustín de su tiempo; Ricardo, un Escocés, el doctor místico; Adam, el mas grande poeta de la Edad Media; Pedro Comestor, el historiador; Pedro Lombardo, el magister sententiarum; Tomás, Superior de San Andrés (Verséis), a quien San Francisco le envío a San Antonio de Padua para seguir sus estudios teológicos; otro Tomás, Superior de la abadía quien, casi cincuenta años antes de su tocayo el de Cantórbery, dio su vida por la justicia. Vino a San Víctor, solamente cuatro meses antes de su martirio, el mismísimo Santo Tomás à Becket y dirigió la palabra a sus hermanos cánones con estas palabras: “In pace factus est locus ejus”. El “Scotichronicon” registra que en el año 1221 un canon de San Víctor, en su capacidad de legado papal, visitó Irlanda y Escocia, donde en Petra convoca todos los dignatarios eclesiásticos a una convención general que duró cuatro días.

Llegó el momento en el cual los superiores in commendam fueron presentados, los signos de decaimiento se manifestaron. Hacia fines del siglo quince se hicieron algunos esfuerzos para reformar la abadía con los cánones traídos de la recientemente establecida congregación de Windesheim. Unos años más tarde el Cardenal de Larochefoucauld trató nuevamente de reformarla, pero en vano. Los cánones, por otra parte, se habían enredado con el movimiento Jansenista, sólo uno, el Venerable Jordán se mantuvo fiel a las tradiciones y antiguo espíritu. En ese tiempo vivía en San Víctor Santeul, el gran poeta clásico, cuya prosa en Latín fue adoptada por la Liturgia Galicana. El final de la abadía vino con la Revolución Francesa. En 1800 la iglesia y los otros edificios fueron vendidos, la famosa biblioteca esparcida, y unos años más tarde todo había desaparecido. Aun hoy existen unos pocos conventos de canonesas, en Bruges, Ypres y Neuilly, que preservan la regla y el espíritu que originalmente recibieran de la Abadía de San Víctor.

BONNARD, Ilist. de l'abbaye royale de St. Victor de Paris (1907); GAUTIER, Adam de St. Victor (Paris, 1858); BONNEAU, Notice des chanoines de l'eglise (Paris, 1908).

A. ALLARIA

Transcrito por Thomas M. Barrett

Traducido por Antonio Hernández Baca