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Viernes, 13 de diciembre de 2019

Septuaginta, Versión

De Enciclopedia Católica

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Version de los Setenta (Septuaginta).

La primera traducción del Antiguo Testamento Hebreo al griego popular antes de la Era Cristiana. El artículo tratará de:

I. Su importancia.

II. Su origen.

A. De acuerdo a la Tradición.

B. De acuerdo con el punto de vista común aceptado.

III. Historia subsecuente, recensiones, manuscritos y ediciones.

IV. Valor crítico e Idioma.

I. Importancia histórica de Los Setenta.

La importancia de la Versión de los Setenta (Septuaginta) se muestra en las siguientes consideraciones:

A. Los Setenta es la más antigua traducción del Antiguo Testamento y por consiguiente de valor crítico incalculable para entender y corregir el texto hebreo( Masora), tal como nos ha llegado, siendo el texto establecido por los Masoretas en el siglo sexto d.C. Muchas corrupciones textuales, adiciones, omisiones o trasposiciones pueden haberse introducido en el texto hebreo entre los siglo tercero y segundo a.C y los siglos sexto y séptimo de nuestra Era. Por consiguiente los manuscritos de los que dispusieron los Setenta pueden haber sido mejores que los manuscritos masoréticos.

B. La Versión de los Setenta fue aceptada primero por los judíos de Alejandría y después por todos los países de habla griega, y ayudó a extender entre los gentiles la idea de la expectación del Mesías y a introducir en el griego la terminología teológica que le convirtió en el mejor instrumento para la propagación del Evangelio de Cristo.

C. Los judíos la usaron mucho tiempo antes de la Era Cristiana y en tiempos de Cristo era reconocida como un texto legítimo, empleado en Palestina aún por los rabinos. Los Apóstoles y los Evangelistas también la usaron y hasta tomaron prestadas citas del Antiguo Testamento, especialmente relacionadas con las profecías. Los Padres y otros escritores eclesiásticos de la Iglesia Primitiva la aprovecharon ya directamente, como en el caso del los Padres Griegos o indirectamente como los Padres Latinos y escritores que empleaban las versiones latinas, siríacas, etiópicas, árabes y góticas. Todos la tenían en gran estima y algunos hasta creían que estaba inspirada. Consiguientemente un conocimiento de los Setenta ayuda a perfeccionar el conocimiento de estas literaturas.

D. Actualmente, Los Setenta es el texto oficial en la Iglesia Griega y las antiguas versiones latinas usadas en la iglesia occidental se hicieron a partir de ella. La más temprana traducción adoptada en la Iglesia Latina, la Vetus Itala, salió directamente de los Setenta: Los significados que se adoptaron en ella, los nombre griegos y las palabras empleadas (tales como Génesis, Éxodo, Levítico, Números [Arithmoi] ,Deuteonomio) y finalmente la pronunciación dada al texto hebreo, pasó muy frecuentemente a la Itala y desde ella , a veces, a la Vulgata, que da algunos signos de la influencia de la Vetus Itala, especialmente en los Salmos ya que la traducción de la Vulgata es simplemente la Vetus Itala corregida por S. Jerónimo de acuerdo con el texto hexaplar de los Setenta.

II. ORIGEN DE LOS SETENTA.

A. Según la Tradición.

La versión de los Setenta es la primera mencionada en una carta de Aristeas a su hermano Filocrates. En sustancia esto es lo que se lee sobre el origen de la versión: Ptolomeo II Filadelfo, rey de Egipto (287-47 BC) había establecido recientemente una valiosa biblioteca en Alejandría. Fue persuadido por Demetrio de Falero, bibliotecario jefe, que la enriqueciera con una copia del libro sagrado de los hebreos. Ptolomeo, para ganarse la aprobación popular y por consejo de Aristeas, un oficial de la guardia real, egipcio de nacimiento y pagano de religión, emancipó a 100.000 esclavos en diferentes partes de su reino. Envió delegados, entre los que estaba Aristeas, a Jerusalén para pedir a Eleazar, sumo sacerdote judío, que le proveyera con una copia de la ley y judíos capaces de traducirla al griego. La embajada tuvo éxito y se le envió una copia ricamente ornamentada de la Ley y setenta y dos israelitas, seis de cada tribu, encargados de ir a Egipto a realizar la voluntad del rey. Fueron recibidos con grandes honores y durante siete días asombraron a todos por la sabiduría que mostraron contestando a setenta y dos preguntas que se les hicieron. A continuación fueron llevados a la solitaria isla de Faros donde comenzaron a trabajar traduciendo la Ley, ayudándose unos a otros y comparando las traducciones a medida que las iban terminando. Al final de setenta y dos días el trabajo estaba completado. La traducción fue leída en presencia de los sacerdotes judíos y de la gente reunida en Alejandría. Todos ellos reconocieron y alabaron su perfecta conformidad con el original hebreo. El rey quedó muy complacido con el trabajo y lo entregó a la biblioteca.

A pesar del carácter legendario, el relato de Aristeas logró ganar crédito. Aristóbulo (170-50 B.C.), en un pasaje conservado por Eusebio dice que “por el esfuerzo de Demetrio de Falero, una traducción completa de la legislación judía fue realizada en los días de Ptolomeo”. La historia de Aristeas se repite casi verbatim por Flavio Josefo (Ant. Jud., XII, ii) y sustancialmente por Filón de Alejandría aunque con la omisión del nombre de Aristeas (De vita Moysis, II, vi). La carta y la historia fueron aceptadas como genuinas por muchos Padres y escritores eclesiásticos hasta principios del siglo dieciséis. Y para enfatizar el extraordinario origen de la versión, se fueron añadiendo detalles al relato de Aristeas: Los setenta y dos intérpretes fueron inspirados por Dios (Tertulliano, S. Augustin, el autor de "Cohortatio ad Graecos" [¿Justino?], y otros); al traducir ninguno consultó con los otros porque habían sido encerrados en distintas celdas, ya solos ya de dos en dos, y cuando sus traducciones se compararon se vio que coincidían con el texto original y unos con otros en el sentido y en las expresiones empleadas (Cohortatio ad Graecos, St. Irenaeus, St. Clement of Alexandria). S. Jerónimo rechazó la historia de las celdas como fabulosa y no verdadera ("Praef. in Pentateuchum";"Adv. Rufinum", II, xxv) y otro tanto respecto a la supuesta inspiración de los Setenta. Finalmente los setenta y dos intérpretes tradujeron no sólo los cinco libros del Pentateuco sino todo el Antiguo Testamento hebreo. La autenticidad de la fue puesta en duda primero por Luis Vives carta en cuestión (1492-1540), profesor en Lovaina (Ad S. August. Civ. Dei, XVIII, xlii) después por Scaliger (+. 1609), y especialmente por H. Hody (+. 1705), Dupin ( +1719) y hoy es negada universalmente.

Criticismo.

(1) La carta de Aristeas es ciertamente apócrifa. El escritor que se llama a si mismo Aristeas y dice que es un griego pagano muestra en todo su trabajo que es un judío pío y celoso que reconoce al Dios de los judíos como el único verdadero, que declara que Dios es el autor de la Ley Mosaica. Es un entusiasta admirador del Templo de Jerusalén, de la tierra de los judíos, de su gente, de sus sagradas leyes y de sus hombres sabios.

(2) El relato de la carta ha de ser considerado como fabuloso y legendario, al menos en algunas de sus partes. Algunos de los detalles, tales como la intervención oficial del rey y del sumo sacerdote, el número de 72 traductores, las 72 preguntas a las que tenían que responder, los 72 días que les costó realizar el trabajo, son afirmaciones arbitrarias. Es difícil admitir que los judíos alejandrinos aceptaran para su adoración pública una versión de la Ley, hacha a petición de un rey pagano. Por fin, el mismo lenguaje de la versión de los Setenta muestrta en algunos lugares un conocimiento imperfecto tanto del griego como del hebreo y de la topografía de Palestina y se corresponde más con el idioma vulgar de Alejandría. Pero no es cierto que todo lo contenido en la carta sea legendario y los estudiosos se preguntan si no hay un fundamento histórico bajo los detalles legendarios. De hecho es probable – como aparece por el carácter peculiar del idioma y también por lo que sabemos del origen e historia de la versión – que el Pentateuco fue traducido en Alejandría. Parece también verdad que data de tiempo de Ptolomeo Filadelfo y por consiguiente de mediados del siglo tercero a.C. Porque si, como se cree normalmente, la carta de Aristeas se escribió alrededor del 200 a.C. cincuenta años tras la muerte de Filadelfo y con la intención de incrementar la autoridad de la versión griega de la Ley, ¿hubiera sido tan fácilmente aceptada y extendida si hubiera sido ficticia y si el tiempo de la composición no coincidiera con la realidad? Más aún, es posible que Ptolomeo tuviera algo que ver con la preparación o la publicación de la traducción, aunque no podamos determinar cómo ni por qué. ¿Fue para el propósito de enriquecer la biblioteca como dice el Pseudo–Aristeas?. Esto es posible, pero no probado, como se mostrará abajo y podemos muy bien dar cuenta del origen de la versión independientemente del rey.

(3) Los pocos detalles que durante el curso de los tiempos han sido añadidos al relato de Aristeas no pueden ser aceptados, tal como la historia de las celdas (S. Jerónimo la rechaza explícitamente), la inspiración de los traductores, una opinión basada en la leyenda de las celdas, el número de traductores, setenta y dos, (ver abajo), la afirmación de que se tradujeron todos los libros hebreos al mismo tiempo. Aristeas habla de la traducción de la Ley (nomos), de la legislación (nomothesia), de los libros del legislador. Estas expresiones, especialmente las dos últimas, ciertamente significan el Pentateuco, excluyendo otros libros del Antiguo Testamento. S. Jerónimo (Comment. in Mich.) dice: “Josefo escribe y los hebreos nos informan que sólo los cinco libros de Moisés fueron traducidos por ellos (setenta y dos) y entregados al rey Ptolomeo”. Además, las versiones de los varios libros del Antiguo Testamento difieren tanto en vocabulario, estilo, forma y carácter, a veces libre a veces extremadamente literal, que no pueden ser la obra de los mismos traductores. Sin embargo, a pesar de estas divergencias el nombre de Versión de los Setenta se aplica universalmente a la colección completa de los libros del Antiguo Testamento de la Biblia Griega adoptada por la Iglesia Oriental.

B. Origen según el punto de vista comúnmente aceptado.

Respecto al Pentateuco, el siguiente punto de vista parece plausible y es aceptado comúnmente en líneas generales: los judíos de los dos últimos siglos a.C. eran tan numerosos en Egipto, especialmente en Alejandría, que en un momento dado llegaron a ser dos quintos del toda la población. Poco a poco la mayoría dejaron de usar y hasta olvidaron en gran parte el idioma hebreo y corrían el peligro de olvidar la Ley. Por ello se convirtió en una costumbre interpretar en griego la ley que se leía en las sinagogas y era muy natural que después de algún tiempo, algunos hombres celosos de la ley tomaran la iniciativa de compilar la traducción griega del Pentateuco. Esto sucedió a mediados de la tercera centuria a.C.

Respecto a los otros libros hebreos – proféticos e históricos – era natural que los judíos alejandrinos, que ya usaban el Pentateuco traducido al griego, en sus reuniones litúrgicas – deseasen leer los libros restantes y poco a poco hacer que se tradujeran al griego, que se había convertido en su idioma materno. Y esto es mucho más probable puesto que cada día era menor su conocimiento del hebreo. No es posible determinar con precisión el momento o la ocasión en la que se hicieron las distintas traducciones, pero es cierto que la ley y los Profetas, y al menos parte de otros libros, es decir, las hagiografías, existían en griego antes del año 130 a.C. como aparece en el prólogo del Eclesiástico, que no es posterior a ese año. Es difícil decir donde se hicieron las diferentes traducciones, ya que los datos son tan escasos, pero a juzgar por las palabras y expresiones egipcias que aparecen en la versión, la mayoría de los libros deben haber sido traducidos en Egipto, y muy probablemente en Alejandría. Sin embargo, Ester fue traducido en Jerusalén (XI, i).

¿Quienes eran los traductores y cuántos? ¿Hay algún fundamento para el número 70 ó 72, como cuenta la leyenda(Brassac-Vigouroux, n. 105)? Parece imposible decidir claramente. Los talmudistas nos dicen que fueron cinco (Sopherim, c.i.). La Historia no nos da detalles, pero un examen del texto muestra que en general los autores no fueron judíos palestinos llamados a Egipto, y diferencias de terminología, método etc., prueban claramente que los traductores no fueron los mismos para los diferentes libros. Es imposible decir si el trabajo fue ejecutado por encargo oficial o fue una iniciativa privada, como parece ser el caso del Eclesiástico, pero los diferentes libros traducidos fueron pronto puestos juntos – el traductor del Eclesiástico conoció la colección – y fueron recibidos como oficiales por los judíos grecoparlantes.

III. La historia posterior.

Recensiones .

La versión griega conocida como Los Setenta bien acogida por los judíos de Alejandría, se extendió rápidamente por los países de habla griega, fue utilizada por diferentes escritores y suplantó al texto original en los servicios litúrgicos. Filón de Alejandría la usó en sus escritos y pensaba que los traductores estaban inspirados como los profetas. Por fin fue recibida hasta por los judíos de Palestina y fue empleada notablemente por Josefo, el historiador palestino judío. Sabemos también que los escritores del Nuevo Testamento hicieron uso de ella, tomando de ella la mayoría de sus citas. Se convirtió en el Antiguo Testamento de la Iglesia y se la tenían en tan alta estima por los primitivos cristianos que muchos escritores y Padres declararon que estaba inspirada. Los cristianos habían recurrido a ella constantemente en su controversias con los judíos, que pronto reconocieron sus imperfecciones y finalmente rechazaron a favor del texto hebreo o de traducciones más literales (Aquila, Teodocion)..

Correcciones críticas de Orígenes, Luciano y Hesiquio.

Las copias de los Setenta se multiplicaron para ser distribuidas entre los judíos helenizantes y los primeros cristianos. Y como era de esperar, se colaron muchos cambios deliberados o involuntarios. Se sentía la necesidad de restaurar el texto en lo posible a su prístina pureza. La siguiente es una relación de esos intentos de corrección:

A. Orígenes reprodujo el texto de los Setenta en la quinta columna de sus Hexapla, marcando con “obeliscos” los textos que ocurrían en los Setenta que no estaban en el original, añadiendo, según la versión de Teodoción, y distinguiendo con asteriscos y “metobeliscos” los textos del original que no estaban en los Setenta adoptando el texto, de entre las variaciones, que estuviera más cerca del texto hebreo y finalmente trasponiendo allí donde el orden de los Setenta no se correspondía con el orden del hebreo. Su recensión, copiada por Panfilio y Eusebio se llama hexaplar, para distinguirla de la previamente empleada y que se llama común, Vulgata, koiné o ante- hexaplar. Fue adoptada en Palestina.

B. S. Luciano, sacerdote de Antioquía y mártir publicó, a principios del siglo cuarto, una edición corregida de acuerdo con el hebreo, que retuvo el nombre de koiné, edición Vulgata y a veces llamada Loukianos por su autor. En tiempos de S. Jerónimo se utilizaba en Constantinopla y Antioquía.

C. Finalmente Hesiquio un obispo egipcio, publicó por el mismo tiempo una nueva recensión empleada principalmente en Egipto.

Manuscritos.

Los tres más celebrados manuscritos de los Setenta que se conocen son el Vaticano, “Codex Vaticanus” ( siglo cuarto), el Alejandrino “Codex Alexandrinus” ( siglo quinto) ahora en el Museo Británico de Londres y el del Sinai “Codex Sinaiticus” ( siglo cuarto) encontrado por Tischendorf en el convento de Santa Catalina en el Monte Sinaí en 1844 y 1849, y que ahora está parte en Leipzig y parte en S. Petersburgo. Todos ellos escritos en unciales.

El “Codex Vaticanus” es el más puro de los tres. Generalmente da le texto más antiguo, mientras que el “Codex Alexandrinus” toma mucho prestado del texto hexaplar y está cambiado siguiendo el texto masorético (Al Codex Vaticanus se le asigna la letras B, al Codex Alexandrinus la A y y al Codex Sinaiticus la primera letra del alefato hebreo Alef o la S). La Bibliotheque Nationale de París posee también un importante manuscrito palimsesto de los Setenta "Codex Ephraemi rescriptus" ( designado por la letra C) y dos manuscritos de menos valor (64 y 114), en cursivas, uno perteneciente al siglo diez u once y el otro al trece (Bacuez and Vigouroux, 12th ed., n. 109).

Ediciones Impresas.

A. Todas las ediciones impresas de los Setenta se derivan de las tres recensiones mencionadas arriba:

• La editio princeps es la Complutense o de Alcalá. Fue impresa en 1514-18 del texto hexaplar de Orígenes y no fue publicada hasta que apareció en la Biblia Políglota del cardenal Jiménez de Cisneros en 1520.

• La Edición Aldina (comenzada por Aldus Manucius) apareció en Venecia en 1518. El texto es más puro que el de la edición Complutense. Y más cercana al Códice B. El editor dice que cotejó manuscritos antiguos pero no los especifica. Se ha reimpreso varias veces.

• La más importante es la Romana o Sixtina que reproduce el “Codex Vaticanus” casi exclusivamente. Se publicó bajo la dirección del cardenal Caraffa con la ayuda de varios sirvientes en 1586 por la autoridad de Sixto V, para asistir a los que estaban revisando para una nueva edición de la Vulgata latina ordenada por el Concilio de Trento. Se ha convertido en el textus receptus del Antiguo Testamento Griego y ha tenido muchas nuevas ediciones, como la de Holmes y Pearsons (Oxford, 1798-1827), las siete ediciones de Tischendorf que aparecieron en Leipzig entre 1850 y 1887, las dos últimas publicadas tras la muerte del autor y revisadas por Nestle, las cuatro ediciones de Swete (Cambridge, 1887-95, 1901, 1909), etc.

• La edición de Grabe publicada en Oxford, de 1707 a 1720, reproducía imperfectamente, el “Codex Alexandrinus” de Londres. Para las ediciones parciales ver Vigouroux, "Dict. de la Bible", 1643 sqq.

IV. VALOR CRÍTICO Y LENGUAJE.

La Versión de los Setenta, aunque que daba exactamente tanto en la forma como en la sustancia el verdadero sentido de los Libros Sagrados, difiere considerablemente de nuestro texto hebreo actual. Estas discrepancias, sin embargo, no son de gran importancia, cuestión solamente de interpretación. Pueden clasificarse así.

Algunos resultados de los traductores que habiendo tenido a su disposición recensiones hebreas que diferían de las que eran conocidas por los Masoretas. Algunas veces los textos variaban, otras eran idénticos, pero leídos en diferente orden. Otras diferencias se deben a los mismos traductores, por no hablar de la influencia ejercida sobre su trabajo por sus métodos de interpretación, las inherentes dificultades del trabajo, su mayor o menor conocimiento del griego y del hebreo, de vez en cuando eran traducidos de forma diferente de los Masoretas, porque leían los textos de forma diferente, lo que era natural ya que el hebreo, escrito en caracteres cuadrados y con ciertas consonantes que eran iguales en la forma, era fácil confundirlas ocasionalmente y por ello dar una traducción errónea; más aún, como el texto hebreo se escribía sin espacios entre las palabras, podían fácilmente cometer un error en la separación de las palabras y finalmente, el texto hebreo que tenían a su disposición no llevaba vocales y podían poner vocales diferentes de las que después usaron los Masoretas. Es más, no debemos pensar que tenemos actualmente el texto griego tal como fue escrito por los traductores. Las frecuentes transcripciones durante los primeros siglos, de la misma forma que las correcciones y ediciones de Orígenes, Luciano y Hesiquio, perjudicaron la pureza del texto. Voluntaria o involuntariamente los copistas permitieron que muchas corruptelas textuales, transposiciones, adiciones y omisiones se colaran en el primitivo texto de los Setenta. En particular podemos notar la adición de pasajes paralelos, notas explicatorias o traducciones dobles causadas por notas al margen. Sobre ésto, consultar Dict. de la Bible, art. cit., and Swete, "An Introduction to the Old Testament in Greek".

Languaje.

Todos admiten que la versión de los Setenta se hizo en griego popular, el koine dialectos. ¿Pero es el griego de Antiguo Testamento un idioma especial? Muchas autoridades así lo afirman, aunque estén en desacuerdo respecto a su carácter real. El "Dict. de la Bible", s.v. Grec biblique, afirma que era el griego hebraizante hablado por la comunidad judía de Alejandría”, el griego popular de Alejandría “con una gran mezcla de hebraicismos”. El mismo diccionario, s.v. Septante, menciona la más reciente opinión de Deissmann que el griego de los Setenta es meramente el griego ordinario vernacular, el puro koiné de de su tiempo. Deissmann basa su teoría en el perfecto parecido del idioma de los Setenta y el de los papiros e inscripciones del mismo aquel tiempo y cree que las peculiaridades sintácticas de los Setenta, que al principio parecen favorecer la teoría del idioma especial, un griego hebraizante, se explican suficientemente por el hecho de que los Setenta son una traducción de libros hebreos.

VANDER HEEREN. Transcrito por Nick Austriaco, dedicado con gratitud a Dios , a la Asociación Católica M.I.T.

Traducido por Pedro Royo.