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Domingo, 26 de mayo de 2019

Gregorio VIII

De Enciclopedia Católica

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Antipapa.

Mauricio Burdinus (Bordinho, Bourdin), colocado en la silla papal por el emperador Enrique V el 8 de marzo de 1118. Burdino era un francés nacido probablemente en Limoges. Recibió una buena educación en Cluny y siguió a su compañero benedictino Bernardo, Arzobispo de Toledo y Primado de España más allá de los Pirineos. En un tiempo en que Cluny significaba conocimiento y reforma el progreso de su carrera estaba asegurado. En 1098 obispo de Coimbra, en 1111 elevado a la sede metropolitana de Braga, tres años después, como consecuencia de una discrepancia con el primado fue suspendido por Pascual II. Mas tarde fue a Roma donde de tal manera simpatizó con el pontífice, Pascual, también cluniacense, que lo conservó en la corte papal y le encargó asuntos verdaderamente de peso.

En 1117 cuando Enrique vino a Roma para forzar sus condiciones al papa, que estaba seguro en Benevento, envió a Burdino con algunos cardenales para negociar con el emperador. Esta misión acabó siendo la ruina de Bourdin. Seducido de sus principios gregorianos, abiertamente abrazó la causa de Enrique y para enfatizar su apostasía, colocó la corona sobre la cabeza del emperador el día de Pascua de Resurrección. Enseguida fue excomulgado pero al mismo tiempo destinado al papado por sus nuevos socios. Unos pocos meses más tarde, cuando Enrique, al saber la muerte de Pascual, apresuró el viaje a Roma, rodeado de juristas, para ver que los cardenales habían sido más listos, y como no pudo capturar a Gelasio, declaró que su elección era nula y tras un discurso por el sabio Irnerius de Bolonia sobre los derechos imperiales, sobornó a una asamblea de romanos que eligieron papa a Burdino, quien con una ironía inconsciente, tomó el nombre de Gregorio.

Los honores del papado se convirtieron en cenizas en sus manos. Fue excomulgado repetidamente y finalmente entregado como prisionero en manos de Calixto II, habiendo sido recluido varias veces en distintos monasterios hasta su muerte en 1137. Y así terminó la carrera de un prelado a quien, como dice Guillermo de Malmesbury (Gesta Regum Angl., V, 434) “todos hubieron estado obligados a venerar y adorar por su prodigiosa diligencia, si no hubiera él preferido buscar la gloria con un crimen tan notorio”. Uno de los cánones del Noveno Concilio general, 1123, declara que todas la ordenaciones hechas por él después de su condena, o de cualquier obispo consagrado por él, eran ilegítimas.


Bibliografía.

JAFFE, Regesta RR. PP., 2d ed., I, 821-22: II, 715.


James F. Loughlin.

Transcrito por Janet van Heyst.

Traducido por Pedro Royo.


The Catholic Encyclopedia, Volume VI. Published 1909. New York: Robert Appleton Company. Nihil Obstat, September 1, 1909. Remy Lafort, Censor. Imprimatur. +John M. Farley, Archbishop of New York