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Miércoles, 24 de enero de 2018

Teocracia

De Enciclopedia Católica

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Forma de gobierno civil en la que el propio Dios es reconocido como jefe. Las leyes de la comunidad son los mandamientos de Dios, y son promulgadas y expuestas por los representantes acreditado de la Deidad invisible, real o supuesta – generalmente el clero. Así, en una teocracia cívica las tareas y funciones forman parte de la religión, lo que implica la absorción del Estado por la Iglesia o al menos la supremacía de esta última sobre el Estado.

La utilización más antigua registrada del término “teocracia” se encuentra en Josefo, quien aparentemente la acuña al explicar a los lectores gentiles la organización de la comunidad judía de su época. Al contraponer ésta con otras formas de gobierno – monarquías, oligarquías y repúblicas – añade: “Nuestro legislador [Moisés] no tuvo en cuenta ninguna de estas formas, sino que ordenó nuestro gobierno a lo que, con expresión forzada, puede llamarse una teocracia [theokratian], al atribuir el poder y la autoridad a Dios, y persuadir a todo el pueblo de que lo tuviera en cuenta como autor de todas las cosas buenas”(Contra Apión, libro II,16). En relación con esto Josefo se introduce en una larga y prolija discusión del tópico, pero todo el pasaje es instructivo.

Hasta qué punto se realizaron los ideales de la teocracia mosaica en la historia del Pueblo Elegido es asunto de controversia. Muchos eminentes eruditos se inclinan a restringir su dominio casi exclusivamente al periodo posterior al exilio, cuando incuestionablemente el gobierno hierocrático y las ordenanzas del Código sacerdotal fueron llevadas a efecto más plenamente que en ninguna de las épocas precedentes. Sea como fuere, y renunciando a la discusión crítica de los escritos del Antiguo Testamento con los que la solución de la cuestión está íntimamente relacionada, se puede llamar la atención al hecho de que la creencia en el gobierno teocrático de las naciones y tribus es, en forma más o menos vulgar, característica del fondo común de las ideas religiosas semíticas. Las diversas deidades eran consideradas como teniendo una jurisdicción territorial, combatiendo por sus respectivos pueblos y defendiendo los territorios en que moraban. Esto se prueba ampliamente por los registros históricos y religiosos existentes de los asirios y los babilonios, y la misma idea encuentra ocasional expresión en el propio Antiguo Testamento(ver, por ejemplo, Jueces 11, 23 y ss.; 1 Samuel 26,19; Ruth 1 15-16, etc.). En un pasaje del Libro de los Jueces, se representa a Gedeón rechazando la realeza que el pueblo le ofrece tras su victoria sobre los madianitas, en términos que implican que el establecimiento de una monarquía permanente supondría una deslealtad para con el gobierno de Yahvé. “No seré yo el que reine sobre vosotros, ni mi hijo; el Señor reinará sobre vosotros” (Jueces 8, 23). Más explícita y contundente expresión se da a la misma opinión en el Primer Libro de los Reyes en relación con la apelación del pueblo al anciano profeta Samuel de que constituya un rey para ellos a la manera de las demás naciones. La petición disgusta a Samuel y al propio Señor, que ordena al profeta que acceda a los deseos del pueblo que puede ser castigado por el rechazo de su reino. “Y el Señor dijo a Samuel: Haz caso a todo lo que el pueblo te dice. Porque no te han rechazado a ti, me han rechazado a mí, para que no reine sobre ellos” (1 Samuel 8,7). De nuevo en el capítulo 12, Samuel, en su discurso final al pueblo, le reprocha en términos similares: “ me habéis dicho: No, que reine un rey sobre nosotros, siendo así que el Señor vuestro Dios era vuestro rey”. Y a la llamada del profeta el Señor envía el trueno y la lluvia como signo de su disgusto, “y reconoceréis y veréis el gran mal que habéis hecho a los ojos del Señor, al pedir un rey para vosotros”.

La relación de estos pasajes con la institución histórica de la teocracia varía en la estimación de diversos eruditos según la fecha que los mismos asignan a las fuentes a que pertenecen los pasajes. Wellhausen y su escuela, principalmente sobre bases a priori, los consideran un retoque del periodo posterior al exilio, pero es mucho más probable que formen parte de una tradición mucho más antigua e indiquen que una creencia en la realeza del Señor sobre el Pueblo Elegido existía antes del establecimiento de una monarquía terrenal. Al mismo tiempo, no hay suficiente garantía como para suponer por la autoridad de estos textos que el gobierno teocrático en Israel acabó con la inauguración de la monarquía, como es evidente en la narración del pacto del Señor con el rey David y su descendencia (2 Samuel 7, 1-17).

Según los términos de este pacto, el monarca terrenal continúa bajo el control del Rey celestial, y es constituido como su delegado y representante. Y esta dependencia directa del rey respecto del Señor en cuanto a sabiduría y guía es dada por supuesta en todos los datos históricos de la monarquía hebrea. La prueba suprema del merecimiento de cualquier rey para ocupar su elevada posición es su fidelidad al Señor y a la ley revelada por Éste. Los libros históricos y aún más los escritos de los profetas, proclaman la constante creencia de que Dios ejercía un gobierno especial y eficiente sobre Israel mediante sus bendiciones, castigos y rescates. En el periodo posterior al exilio el gobierno hierocrático se convirtió en el rasgo dominante de la teocracia judía, y pese a sus limitaciones y perversiones, preparó, de acuerdo con los designios de una sabia Providencia, el camino para el Nuevo Orden – el Reino de los Cielos tan a menudo mencionado en los Evangelios.


Bibliografía: VIGOUROUX, Dictionnaire de la Bible, s.v.

Fuente: Driscoll, James F. "Theocracy." The Catholic Encyclopedia. Vol. 14. New York: Robert Appleton Company, 1912. <http://www.newadvent.org/cathen/14568a.htm>.

Traducido por Francisco Vázquez