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Lunes, 23 de octubre de 2017

Santos Inocentes

De Enciclopedia Católica

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Los niños mencionados en San Mateo 2,16-18:

“Al darse cuenta Herodes de que había sido burlado por los Magos, montó en cólera y mandó matar a todos los niños que había en Belén, en toda la comarca, de dos años para abajo, conforme al tiempo que había cuidadosamente averiguado de los Magos. Entonces se cumplió lo que había predicho el profeta Jeremías: ‘Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento; es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen’”

La Liturgia Griega afirma que Herodes hizo matar a catorce mil varones (ton hagion id chiliadon Nepion), los sirios mencionan a sesenta y cuatro mil; muchos autores medievales a ciento cuarenta y cuatro mil, según el Apocalipsis 14,3. Los autores modernos reducen considerablemente el número, ya que Belén era un pueblo muy pequeño. Knabenbauer los rebaja hasta quince o veinte (Evang. S. Mat., I, 104), Bisping a diez o doce (Evang. S. Mat.), Kellner a cerca de seis (Christus and seine Apostel, Friburgo, 1908); cf. “Anzeiger kath. Geistlichk. Deutschl”; 15 de febrero de 1909, p. 32. El historiador judío Flavio Josefo no menciona esta crueldad de Herodes, aunque relata no pocas atrocidades cometidas por el rey durante los últimos años de su reinado. El número de estos niños era tan pequeño que este crimen aparece como insignificante entre los otros delitos cometidos por Herodes. Macrobius (Saturn., IV, XIV, de Augusto et jocis ejus) narra que cuando Augusto se enteró de que entre los varones de hasta dos años, el propio hijo de Herodes había sido también masacrado, exclamó: “Es mejor ser el cerdo de Herodes [ous] que su hijo [houios],” aludiendo a la ley judaica de no comer, y por consiguiente no matar, cerdos. La Edad Media creía en esta historia; Pedro Abelardo la insertó en su himno dedicado a la fiesta de los Santos Inocentes:

Ad mandatum regis datum generale
Nec ipsius infans tutus est a caede.
Ad Augustum hoc delatum risum movit,
Et rex mitis de immiti digne lusit:
malum, inquit, est Herodis esse natum.
prodest magis talis regis esse porcum.
(Dreves, « Petri Abaelardi Hymnarius Paracletensis », París, 1891, págs. 224, 274).

Pero este “infante” mencionado por Macrobius, es Antipater, el hijo adulto de Herodes, quien, por orden del rey moribundo fue decapitado por haber conspirado contra la vida de su padre.

Es imposible establecer el día o el año de la muerte de los Santos Inocentes, ya que la cronología del nacimiento de Cristo y los acontecimientos bíblicos subsiguientes son muy inciertos. Todo lo que sabemos es que los infantes fueron asesinados dentro de los dos años después de la aparición de la estrella a los Sabios de Oriente (Belser, en el Tübingen “Quartalschrift”, 1890, p.361). La Iglesia venera a esos niños como mártires (flores martyrum); constituyen los primeros capullos de la Iglesia muertos por el hielo de la persecución; no sólo murieron por Cristo, sino en su lugar (Agustín, “Sermo 10us de sanctis”). En relación con ellos, el Apóstol recuerda las palabras del profeta Jeremías (31,15) hablando de la lamentación de Raquel. La tumba de Raquel, representante de las antepasadas de Israel, se encuentra en Ramá. Allí se congregaron los remanentes de la nación para ser conducidos al cautiverio. Igual que Raquel después de la caída de Jerusalén, desde su tumba lloraron los hijos de Efraín, de modo que ella llora nuevamente por los niños hombres de Belén. La ruina de su pueblo, conducido a Babilonia, es sólo un ejemplo de la ruina que amenaza a sus hijos ahora, cuando el Mesías va a ser asesinado y se ve obligado a huir de en medio de su propia nación para escapar a la espada del alguacil. El lamento de Raquel después de la caída de Jerusalén recibe su cumplimiento supremo a la vista de la caída de su pueblo, precedido por la matanza de sus hijos y el destierro del Mesías.

La Iglesia Latina instituyó la fiesta de los Santos Inocentes en fecha desconocida, no antes del final del siglo IV y no después del final del siglo V. Junto con las fiestas de San Esteban y San Juan, se halló por primera vez en el el Sacramentario Leonino, fechado alrededor de 485. Resulta desconocida para el Calendario Filocaliano de 354. Los latinos guardaban esta fiesta el 28 de diciembre, los griegos el 29 de diciembre, los sirios y caldeos el 27 de diciembre. Estas fechas no tienen nada que ver con el orden cronológico del acontecimiento; la fiesta se celebra dentro de la octava de Navidad porque los Santos Inocentes dieron su vida por el Salvador recién nacido. Esteban, el primer mártir (mártir por voluntad, amor y sangre), Juan, el discípulo amado (mártir por voluntad y amor), y estas primeras flores de la Iglesia (mártires por sangre solamente) acompañan al Santo Niño Jesús cuando aparece en el mundo el día de Navidad. Únicamente la Iglesia de Roma da el nombre de Inocentes a estos niños; en otros países latinos se les llama simplemente Infantes y la fiesta tenía el título de “Allisio infantium” (Brev. Goth.) “Natale infantum”, o “Necatio infantum”. Los armenios celebraban la fiesta el lunes después del segundo domingo después de Pentecostés (Menologio Armenio, 11 de mayo), porque creen que los Santos Inocentes fueron masacrados quince semanas después del nacimiento de Cristo.

En el Breviario Romano la fiesta era solamente semidoble (en otros breviarios doble menor) hasta los tiempos de Pío V, quien, en su nuevo Breviario (1568), la elevó a doble de segunda clase con una octava (G. Schober, “Exp.. rit. Brev. Rom.”, 1891, p. 38). También introdujo los dos himnos “Salvete flores martyrum” y “Audit tyrannus anxius”, que son fragmentos del himno de la Epifanía de Prudencio. Antes de Pío V, la Iglesia de Roma cantaba los himnos de Navidad en la fiesta de los Santos Inocentes. El prefacio propio del Sacramentario Gelasiano para esta fiesta se encuentra todavía en el Misal Ambrosiano. Poseemos un himno largo en honor de los Santos Inocentes de la pluma de San Beda el Venerable, “Hymnum canentes martyrum” (Dreves, “Analecta hymnica”) y una secuencia compuesta por Notker, “Laus tibi Christe”, pero la mayoría de las Iglesias usaban el “Clesa pueri concrepant melodía” en la Misa (Joseph Kehrein, “Sequenzen”, 1873, p. 348). En Belén es día de precepto. El color litúrgico de la Iglesia Romana es el violeta, no rojo, porque estos niños fueron martirizados en un tiempo en que no podían alcanzar la visión beatífica. Pero, por compasión, por así decirlo, hacia las madres llorosas de Belén, la Iglesia omite en la Misa tanto el Gloria como el Aleluya; esta costumbre, sin embargo, era desconocida en las Iglesias de Francia y Alemania. En la octava, y también cuando la fiesta cae en domingo, la liturgia romana prescribe el color rojo, el Gloria y el Aleluya. En Inglaterra la fiesta se llama “Childermas” (Misa del Día de los Inocentes).

La Estación Romana del 28 de diciembre es en San Pablo Extramuros, porque se cree que esa iglesia posee los cuerpos de varios de los Santos Inocentes. El Papa San Sixto V trasladó una parte de estas reliquias a Santa Maria la Mayor (fiesta el 5 de mayo; semidoble). La iglesia de Santa Justina en Padua, las catedrales de Lisboa y Milán, y otras iglesias también conservan cuerpos que aseguran ser de algunos de los Santos Inocentes. En muchas iglesias de Inglaterra, Alemania y Francia en la fiesta de San Nicolás (6 de diciembre) se elegía a un niño-obispo, quien oficiaba en la fiesta de San Nicolás y de los Santos Inocentes. Usaba mitra y otras insignias pontificales, cantaba la colecta, predicaba, y daba la bendición. Se sentaba en la silla del obispo mientras que el coro de niños cantaba en los bancos de los canónigos. Ellos dirigían el coro en ambos días y tenían una procesión solemne (Schmidt, “Thesaurus jur eccl.”, III, 67 y sig.; Kirchenlex., IV, 1400; P.L., CXLVII, 135).


Bibliografía: HELMLING IN Kirchenlex., XII, 369-71; NILLES, Kal. Man. Utriusque eccl. (Innsbruck, 1897); TONDINI, Calendrier de la nation armenienne (Roma, 1906); HAMPSON, Calendarium medii aevi (Londres, 1857); HOEYNCK, Augsburger Liturgie (Augsburgo, 1889); ROCK, Iglesia de Nuestros Padres (Londres, 1905).

Fuente: Holweck, Frederick. "Holy Innocents." The Catholic Encyclopedia. Vol. 7. New York: Robert Appleton Company, 1910. <http://www.newadvent.org/cathen/07419a.htm>.

Traducido por Estela Sánchez Viamonte. L H M.