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Martes, 23 de enero de 2018

Publio Elio Adriano

De Enciclopedia Católica

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Emperador de los romanos; nació el 24 de enero de 76 d.C. en Roma; murió el 10 de julio de 138. Se casó con su prima y tutora, Julia Sabina, resobrina de Trajano. Reinó desde el 118 al 138, se dedicó a las artes y ciencias, y poseía notables cualificaciones como hombre de estado y soldado. Abandonó Armenia, Mesopotamia y Asiria, países que su predecesor (Trajano) esperaba adquirir permanentemente mediante la conquista de los partos, y dedicó sus esfuerzos a desarrollar la provincia de Arabia. Fortaleció sus relaciones amistosas con el Senado mediante varios favores; le envió impuestos atrasados que se le debían al tesoro desde hacía quince años. El poder absoluto del emperador alcanzó límites nunca antes obtenidos. Los senadores suprimieron una conspiración que varios distinguidos oficiales fraguaron contra la vida de Adriano durante una de sus campañas en Moesia, y los cuatro cabecillas fueron ejecutados sin conocimiento del emperador. En la búsqueda de sus intereses políticos, científicos y militares, viajó por las provincias romanas, primero a través de las del norte y noroeste, luego España y Mauritania, y finalmente el Oriente y Grecia, donde aseguró la lealtad de treinta legiones y elevó la disciplina y eficiencia de guerra del ejército romano a un estándar elevado, aunque su política era perspicaz y pacífica.

Se le conmemoró en la acuñación como el restaurador de las provincias. Al proteger las fronteras en el valle del Bajo Danubio, y al construir muchos lugares fortificados, fomento el establecimiento de la provincia de Dacia por colonos romanos. En Alemania completó la trinchera empalizada entre el Rín y el Danubio (limes Hadriani). En Bretaña las legiones construyeron un muro fortificado que se extendía desde la boca del Río Tyne hasta el Estuario Solway (vallum Hadriani) para proteger las fronteras romanas de las invasiones de los pictos; el cual ha sido parcialmente preservado. Desistió de cualquier intento de subyugar la parte norte de la isla. Se construyeron numerosos fuertes y caminos militares en África y en el Mar Negro. Reconstruyó la vieja colonia Uscudama de Tracia y la convirtió en la floreciente ciudad de Adrianópolis. Una descripción de las costas del Ponto fue escrita a petición suya por su legado, el historiador Flavio Arriano de Nicomedia, en su “Periplo”. Aunque a su regreso había perdido alguna de su popularidad en Roma, en 129 hizo un segundo viaje al extranjero por varios años, y confirió tal abundancia de beneficios y regalos, particularmente a Grecia y Atenas, que, según su biógrafo Espartiano, esta ciudad, donde se construyó una nueva sección llamada el barrio de Adriano en el sureste del viejo pueblo, de nuevo se convirtió en el centro de la cultura helénica. Completó el Olimpieo que Pisístrato había comenzado, el templo más grande en el mundo grecorromano. Los griegos establecieron la estatua de Adriano en el templo en Olimpia y construyeron el Panhelenio en el pueblo nuevo en honor a Zeus Panhelenio.

En las provincias de Asia Adriano fomentó y ayudó a la construcción de acueductos, puentes, caminos y templos, y a la restauración de ciudades en ruinas. Por este medio buscó aliviar la angustia económica y al mismo tiempo promover su política doméstica. En el año 130, durante una inundación del Nilo, mientras viajaba a través de Egipto, se ahogó su favorito, el bello joven Antinoo, un nativo de Bitinia, al cual mandó a deificar. Para prevenir la recurrencia de insurrecciones de los judíos, quienes en sus escuelas religiosas abrigaban las esperanzas de revivir el reino judío bajo el Mesías, el emperador ordenó a las tropas romanas en Jerusalén a arrasar las ruinas que quedaban de la antigua ciudad y a establecer en el lugar una colonia militar, Ælia Capitolina, pues su deseo era erradicar el judaísmo como tal. Los judíos se amotinaron en 132 bajo el mandato de Simón, a quien llamaban Bar-Cocheba (Hijo de las Estrellas). Dentro de tres años Sexto Julio Severo suprimió la revuelta en medio de una terrible destrucción y derramamiento de sangre. Se les prohibió a los judíos siquiera poner el pie en el lugar que ocupaba la antigua ciudad.

En el año 134 Adriano regresó a Italia. Construyó un templo a Trajano en Roma, un templo doble colosal a Venus y Roma, y el gigantesco mausoleo en la rivera derecha del Tiber, el cual constituye la médula del castillo de Sant' Angelo. En su villa cerca de Tívoli copió los monumentos y paisajes que le habían impresionado más durante sus viajes. Para unificar la jurisprudencia a lo largo de todo el imperio, ordenó al pretor Salvio Juliano revisar y codificar sistemáticamente los edictos pretorianos y los edictos suplementarios anuales. En el año 131 este “edicto perpetuo” (edictum perpetuum) obtuvo fuerza de ley por virtud de un decreto del Senado; la misma fuerza se le dio a las opiniones de los jurisconsultos en todos los puntos en los cuales concordaran, para que el sistema legal pudiera continuar su desarrollo. Concedió los más altos puestos administrativos a hombres de rango caballeresco, en lugar de a libertos como hasta entonces, y reguló la sucesión de dichos oficios. Durante su ausencia de Roma había creado un consejo asalariado eficiente, con autoridad estatutaria, el cual fue confirmado por el senado, y el cual tenía de decisión de todos los asuntos importantes en la administración del imperio. Según los deseos de Adriano, los cristianos debían ser castigados sólo por las ofensas que cayeran bajo la ley común. Aunque no se había estatuido una franca tolerancia hacia ellos, no eran perseguidos debido a su religión.

Con la sanción del senado, adoptó a Lucio Ceionio Cómodo Vero, le designó su sucesor y le concedió el título de César en 136. Debido a que su cuñado, L. Julio Urso Serviano, abrigaba esperanzas de la sucesión para su propio joven nieto, Fusco Salinator, Adriano los mandó a matar a ambos. Después de la muerte de Vero (1 de enero de 138) él adoptó al admirable Aurelio Antonino, quien tenía cincuenta y dos años de edad, lo nombró co-regente y lo convenció a que adoptara a L. Vero, el hijo de su propio primer hijo adoptivo. Adriano murió de hidropesía el 16 de julio de 138.


Bibliografía: GREGOROVIO, Der Kaiser Hadrian, Gemälde der röm.-hellen. Welt (3 vols. Stuttgart, 1884); DÜRR, Die Reisen Kaiser Hadrians (Viena, 1881); HILZIG, Die Stellung Kaiser Hadrians in der röm. Rechtsgeschichte (Zurich, 1892); SCHILLER, Römische Kaiserzeit, (2 vols. Gotha, 1883).

Fuente': Hoeber, Karl. "Publius Ælius Hadrian." The Catholic Encyclopedia. Vol. 7. New York: Robert Appleton Company, 1910. <http://www.newadvent.org/cathen/07104b.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina.