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Lunes, 23 de octubre de 2017

Patriarca Ecuménico Bartolomé y la defensa del Medio Natural: El Simposio Mississippi

De Enciclopedia Católica

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¡El mundo está repleto de la grandeza de Dios!

En las últimas dos décadas, el mundo ha sido testigo de la degradación ecológica alarmante que ha derivado en el fracaso de las políticas medioambientales y una brecha cada vez mayor entre ricos y pobres. Durante el mismo período, quizá ningún líder religioso en todo el mundo ha sido tan reconocido por su dedicación en hacer frente a la crisis ecológica como Patriarca Ecuménico Bartolomé, conocido como el Patriarca Verde por su persistencia en proclamar la primacía de los valores espirituales en la determinación de una ética ambiental y la praxis. En Octubre de 2009, el Patriarca Ecuménico Bartolomé organizó un simposio en New Orleans en el Mississippi. Él tuvo el discurso inaugural del Octavo Simposio de Religión, Ciencia y Medioambiente titulado Buscando el Equilibrio: El Gran Rio Mississippi en el que se dieron cita un amplio grupo de teólogos, científicos, políticos, medioambientalistas, representantes de ONGs y de los medios de comunicación durante cinco días.

Cosmovisión e iniciativas: un informe

Las iniciativas ambientales del Patriarcado Ecuménico se remonta a mediados de la década de 1980 con la Conferencia Pan-Ortodoxa pre-sinodal (Chambésy Suiza, 1986) que expresaba su preocupación por el abuso de los recursos naturales, especialmente en las sociedades occidentales ricos, al tiempo que subraya el daño de la guerra, el racismo y la desigualdad social que también denigran comunidades. El énfasis, ya entonces como ahora, era a la salida de un mundo mejor para las generaciones futuras. Reuniones posteriores entre los ortodoxos se celebraron en 1989 por el anterior Patriarca Ecuménico Dimitrios, quien designó el 1 de septiembre como un día mundial de la oración por la protección del medio ambiente natural. Todas las Iglesias ortodoxas hicieron caso a su llamada, al igual que la Conferencia Europea y el Consejo Mundial de Iglesias. Después de su elección en 1991, el Patriarca Ecuménico Bartolomé lanzó una serie de actividades medioambientales: Una conferencia Pan- Ortodoxa en Creta Una reunión sin precedentes de los patriarcas ortodoxos, invitándolos a apoyar su visión ecológica Una serie de cinco seminarios ecológicos de verano sobre educación, ética, comunicación, justicia y pobreza Establecimiento de la Comisión Religiosa y Científica (un organismo ecuménico e interdisciplinario pionero), que hasta la fecha ha organizado siete simposios internacionales, interreligiosos e interdisciplinarios:: en el Mar Egeo, en el Mar Negro, a lo largo del Danubio y el Báltico, alrededor del Mar Adriático, en el Amazonas, y más recientemente en el Ártico, y en el Mississippi. Exactamente 20 años después su predecesor, el Patriarca Ecuménico Dimitrios emitió la primera carta encíclica alentando a todos los cristianos ortodoxos para mantener el 1 de septiembre como un día de oración por la preservación del medio ambiente natural. El simposio ecológico promovido por el Patriarca Ecuménico Bartolomé en octubre de 2009 en New Orleans, Mississippi

Medio Ambiente y la espiritualidad: Una reflexión

Sin embargo, el sello de las iniciativas del Patriarca no es el éxito, sino en realidad la humildad. Al contemplar la imagen más grande, el Patriarca Ecuménico reconoce que está ante algo más grande que él, de hecho, algo más grande que su Iglesia o cualquier otra. Para Bartolomé, la curación de un entorno estropeado es una cuestión de la veracidad de Dios, la humanidad y el orden creado. Él fue el primero en atreverse a extender el concepto tradicional del pecado – más allá de las consecuencias individuales y sociales – en el que incluye los daños al medio ambiente. En 1997, en los Estados Unidos, declaró: “Cometer un crimen contra la naturaleza es un pecado. Para los seres humano que hacen que las especies se extingan y destruir la diversidad biológica de la creación de Dios; para los seres humanos que degradan la integridad de la Tierra, causando cambios en el clima y despojando a la tierra de sus bosques naturales y de sus humedales; para los seres humanos … que contaminan las aguas de la Tierra, su terreno, aire, y en definitiva, su vida, con sustancias venenosas– todos estos (actos) son pecados.” El medio ambiente no es solo una política o una cuestión tecnológica; se trata, como hemos llegado a apreciar, en primer lugar de una cuestión religiosa y espiritual. La religión tiene un papel clave, así como una espiritualidad, que sigue sin involucrarse con la creación ni con el misterio.

De modo que los rasgos distintivos de la visión del Patriarca son la sencillez humilde (ascesis) y la comunión litúrgica (koinonia). En todo lo que dice o hace, el Patriarca es consciente de que todo el mundo, sin excepción – con independencia de la confesión o convicción religiosa – debe involucrarse. Toda ciencia y disciplina deben contribuir; toda cultura y edad deben concurrir. El Patriarca ecuménico también es consciente de que los temas ambientales están íntimamente relacionados con numerosos problemas sociales: la guerra y la paz, la justicia social y los derechos humanos, la pobreza y el desempleo. En los círculos ecuménicos, esto se denomina acertadamente “eco- justicia.” Hemos llegado a ser cada vez más conscientes de los efectos de la degradación ambiental en las personas, especialmente en los pobres. Aún así, seguimos sin prestar atención a nuestra conexión con la tierra, la unidad y continuidad que compartimos con la creación de Dios. Llamamos a esta crisis “ecológica,” en la medida en que sus resultados se manifiestan en el ámbito ecológico. Sin embargo, la crisis no es en primer lugar ecológica. Es una crisis sobre los iconos, sobre el camino que perfilamos de nuestro mundo. Tratamos a nuestro planeta de una manera inhumana, olvidando de Dios, porque nos vemos a nosotros mismos de esta manera. Antes de que podamos abordar con eficacia las cuestiones ambientales, debemos cambiar nuestra propia imagen. De lo contrario, sólo tratamos con los síntomas. Debemos recordar que somos menos humanos sin Dios, menos humanos el uno sin el otro, y menos humanos sin la creación. Sabemos que no podemos tratar a las personas como cosas; es hora de que aprendamos a no tratar también las cosas como meras cosas. Dos místicos del siglo VII describen elocuentemente esta relación entre la naturaleza, la humanidad y Dios en términos de liturgia y piedad. Máximo el Confesor habló de la celebración de una “liturgia cósmica,” el mundo como un magnífico alta sobre el que los seres humanos rezan en acción de gracias y la gloria. Isaac el Sirio escribió acerca de la necesidad de “adquirir un corazón misericordioso, ardiendo de amor para toda la creación: los seres humanos, las aves y las bestias.” Si somos culpables de desechos incesantes en nuestro mundo, puede ser porque hemos perdido ese espíritu de culto y la espiritualidad en compasión. Si tuviéramos tal visión y sentimiento, comenzaríamos a escuchar la hierba crecer y sentir el latido del corazón.

Un imperativo ecuménico: El camino a seguir

Por último, este sentido de interconexión nos recuerda que, de una manera muy particular, la tierra nos une – antes, y más allá de las diferencias doctrinales, políticas, raciales o de otra índole. Podemos o no podemos compartir las convicciones religiosas o culturas étnicas. Pero nosotros compartimos una experiencia del entorno: compartimos el aire que respiramos, el agua que bebemos y la tierra que pisamos – aunque no siempre igual y de manera justa. Por alguna misteriosa relación que no siempre entendemos (y a veces escogemos ignorar), la tierra nos llama a ser humildes y sensibles. Seremos juzgados, en mi opinión, por la ternura y la delicadeza con la que respondemos a la naturaleza – en sí es un reflejo de la forma en que tanto oramos a Dios y tratamos a los demás. Este es el camino de la humildad, de pisar con pasos ligeros. La humildad nos une y el orgullo nos divide – unos de otros y de la tierra. De hecho, el orgullo es un atributo exclusivo de los humanos; pertenece a Adán, mientras que la tierra tiene la humildad y la capacidad de resistir nos cura, si permitimos que sobrevivan (tales valores). Como Patriarca Ecuménico Bartolomé declaró conjuntamente con el difunto Papa Juan Pablo II en su Declaración Común en el IV Simposio Ecológico, en el mar en el mar Adriático en Venecia en junio de 2002: “No es demasiado tarde. El mundo de Dios tiene poderes curativos increíbles. En una sola generación, podríamos dirigir la tierra hacia el futuro de nuestros hijos. Pero esa generación ha de empezar ahora.”

Reverendo John Chryssavgis

El Reverendo Dr. John Chryssavgis es el Archidiácono del Patriarcado Ecuménico y ha publicado más de 20 libros y numerosos artículos en varios idiomas sobre los Padres de la Iglesia y la espiritualidad ortodoxa. Actualmente desempeña el cargo de asesor teológico del Patriarca ecuménico sobre cuestiones ambientales.

Fuente: Ecojesuit

Artículo: Patriarca Ecuménico Bartolomé y del Medio Natural: El Simposio Mississippi [1]


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