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Sábado, 21 de octubre de 2017

Lucifer de Cagliari

De Enciclopedia Católica

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(LUCIFER CALARITANO)

Obispo que nació probablemente a principios del siglo IV, murió en 371. Se desconoce su lugar de nacimiento y las circunstancias de su juventud. Su primera aparición en la historia eclesiástica, en plena madurez de fuerza y habilidades, fue en 354, cuando fue delegado por el Papa Liberio, con el sacerdote Pancracio y el diácono Hilario, para solicitar al emperador Constancio que convocara un concilio que tratara sobre las acusaciones contra San Atanasio y su previa condenación. Este concilio fue citado para Milán. Lucifer allí defendió al obispo de Alejandría con tanta pasión y en un lenguaje tan violento, que dio a los adversarios del gran alejandrino un pretexto para el resentimiento y más violencia, y causó una nueva condenación a Atanasio. Constancio, poco acostumbrado a la independencia de los obispos, maltrató atrozmente a Lucifer y a su colega, Eusebio. Ambos fueron desterrados; Lucifer fue enviado a Germánica en Siria, y luego a Eleuterópolis en Palestina; al final fue relegado a la Tebaida.

Mientras estaba en el exilio Lucifer escribió un panfleto extremadamente virulento titulado “Ad Constantium Augustum pro sancto Athanasio libri “”, una elocuente defensa de la ortodoxia católica, pero con un lenguaje tan exagerado que se pasó de la raya e injurió la causa a la que quería servir. Lucifer se jactó de su obra, y Constancio, tirano como era, se abstuvo de venganza ulterior. Después de la muerte de Constancio, Juliano el Apóstata permitió a todos los desterrados volver a sus ciudades. Lucifer se fue a Antioquía y de inmediato se enredó en las disensiones que dividían el partido católico. El las prolongó y exacerbó al consagrar a un obispo que le pareció ser capaz de continuar la oposición al obispo y partido que él juzgaba ser el más débil dentro de las circunstancias. Siendo incapaz de tener tacto, agravió a los disidentes, en vez de tratarlos cautelosamente para poder ganárselos, y desplegó especial severidad hacia los católicos que habían vacilado en su adherencia al Credo Niceno. Por este tiempo un Concilio en Alejandría presidido por San Atanasio decretó que los arrianos que renunciaran a su herejía debían ser perdonados y que no se debía molestar a los obispos que por compulsión habían contemporizado con los herejes. Lucifer protestó contra esta indulgencia, y fue tan lejos como anatematizar a su antiguo amigo Eusebio, que ejecutó los decretos del Concilio de Alejandría. Viendo que sus opiniones extremas no ganaban partidarios ni en Oriente ni Occidente, se retiró a Cerdeña, reasumió su sede y formó una pequeña secta llamada los luciferinos. Estos sectarios pretendían que todos los sacerdotes que habían pertenecido al arrianismo debían ser privados de su dignidad, y que debían ser excomulgados los obispos que reconocían los derechos de los herejes ya arrepentidos. Los luciferinos, al encontrar fuerte oposición, delegaron a dos sacerdotes, Marcelino y Faustino, para presentar una petición, la bien conocida “Libellus precum”, al emperador Teodocio, explicando sus agravios y reclamando protección. El emperador prohibió que se les persiguiera, y su cisma parece que no duró más allá de su primera generación.


Bibliografía: HARTEL en Corp. script. eccles, lat., XIV (1886); USENER, Lucifer von Cagliari und sein Latein in Archiv für latein. Lexikogr. und Gramm., III (1886), 1-58; KRÜGER, Lucifer Bischof von Calaris und das Schisma der Luciferianer (Leipzig, 1886); TILLEMONT, Mém. hist. ecclés, VII (1700), 514-24, 763-66; DAVIES in Dict. Christ. Biog., s.v.

Fuente: Leclercq, Henri. "Lucifer of Cagliari." The Catholic Encyclopedia. Vol. 9. New York: Robert Appleton Company, 1910. <http://www.newadvent.org/cathen/09410b.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina.