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Viernes, 28 de noviembre de 2014

Indios Navajo

De Enciclopedia Católica

Los indios navajo, cuyo número es de 20 000 aproximadamente, constituyen el grupo más grande de indígenas perteneciente a la estirpe atabascán o diné. Otros grupos de la misma estirpe son los apaches (nadé), los lipanes (lipa nadé), lo hupas de California y varias tribus diné que habitan la Colombia Británica y Alaska (véase dinés). Esto indica que hace siglos los navajo emigraron del extremo norte; ellos mismos tienen una tradición vaga de los diné nahodoni, esto es, de los «otros navajos», que viven lejos. De acuerdo a sus mitos, ellos surgieron de los mundos inferiores en alguna parte de las montañas San Juan en el suroeste de Colorado. Actualmente, ocupan una reserva extensa en la esquina noreste de Arizona y noroeste de Nuevo México; pero muchos viven allende sus fronteras, especialmente hacia el sur. Antiguamente, su hábitat se extendía algo más allá del noreste.

Aparecen por primera vez en los escritos de Zárate Salmerón (1626), y se les llama apaches de Nabaju. En 1630, un franciscano, Alonzo Benavides, hace mención de la «provincia de los apaches de Navajo» en su petición al rey de España, y añade: «estos de Navajo son grandes agricultores, pues eso significa navajo: grandes sembrados». Por consiguiente, es posible que la palabra ‘navajo’ se derive de la voz ‘nava’, que significa «llanura o campo». Los navajo se llaman a sí mismos ‘diné’, es decir, ‘pueblo’. Benavides menciona luego el tratado de paz que acordó entre los indios navajo y pueblo en Santa Clara en 1630. Anteriormente —según Benavides— y posteriormente, hasta 1862, existió una guerra de guerrillas casi continua entre los indios navajo y pueblo y los mexicanos. El número de navajos que quedó cautivo en las familias mexicanas en 1862 se ha estimado entre 1500 y 3000. En 1856 el coronel norteamericano Doniphan realizó una expedición al territorio navajo, si bien no fue el primero, ya que en 1849 lo mismo hizo el coronel Washington y en 1845, el general Sumner. En 1859, volvió a estallar la guerra, y en 1860 los navajo atacaron Fort Defiance. Los coroneles Miles y Bonneville, así como el general Canby, hicieron campañas en contra de ellos; mas, cuando estalló la rebelión y los tejanos realizaron su invasión, todas las tropas norteamericanas tuvieron que ser retiradas del territorio navajo, lo cual dio oportunidad a los indios de cometer tropelías. En 1862, el general Carleton envió al coronel Kit Carson con una fuerza contra ellos. Éste los dominó y los obligó a rendirse por inanición al destruir su ganado y sus cosechas, con lo cual fueron transferidos cerca de 7300 a Fort Sumner en el sureste de Nuevo México. Alrededor de 1500 nunca se rindieron y cerca de 400 huyeron de Fort Sumner a sus antiguos hogares. El 1.º de junio de 1868, el general Sherman firmó un tratado con ellos mediante el cual se les permitía regresar a su reserva.

Desde entonces, son un pueblo pacífico y pastoril que vive de (y con) sus rebaños de ovejas y cabras. Aunque la naturaleza árida de su territorio —bueno solo para el pastoreo— los fuerza a llevar una vida nómada, no obstante, la mayoría de las familias tiene una morada que consideran su casa principal, generalmente en un valle húmedo, donde cultivan grano, judías, papas, melones, avena, alfalfa, etcétera. Las mujeres navajo tejen las famosas mantas navajo, conocidas por sus durabilidad, belleza y variedad de diseño, además de cuidadosa ejecución; en tanto que un número de hombres son astutos orfebres y fabrican collares, cinturones, pulseras, anillos, botones, etcétera, de belleza rara, a partir de monedas de plata mexicanas. Siempre han sido un grupo unido. Tienen poco de lo huraño y reservado que se les atribuye a los indios en general, y son alegres, amistosos, hospitalarios y trabajadores. Su gobierno es democrático; no existe jefe que gobierne toda la tribu, y sus jefes locales son hombres de autoridad temporal y mal definida, cuyo poder depende en gran medida sobre la influencia personal, la elocuencia y la fama de sabiduría y justicia. La tribu está dividida en alrededor de 58 clanes o gens, agrupada en varios clanes originales o nucleares. Los matrimonios exógamos con los mexicanos, utes y apaches, sobre todo con los indios pueblo de los alrededores —capturados o esclavizados y finalmente adoptados por la tribu—, son responsables de cierto número de clanes. En consecuencia, no existe algo que se asemeje a un tipo pronunciado o imperante de navajo, sino que entre ellos hay toda clase de formas y figuras. El matrimonio se contrae a temprana edad, y la poligamia y el divorcio aún es frecuente. La ceremonia de matrimonio es únicamente lícito cuando se desposa a una virgen. Los vicios del aborto, el infanticidio y el suicidio prácticamente no se conocen entre ellos.

El sistema elaborado de culto pagano, expresado en cánticos, sacrificios, pinturas de arena, danzas, ceremonias, algunas de las cuales duran hasta nueve días, hacen que los navajo parezcan ser muy religiosos. Aunque no conciben a un ser supremo, sus deidades antropomorfas son numerosas y sorprendentemente democráticas. Como desconocen las ideas del cielo y el infierno, creen en un más allá que consiste en una vida de felicidad con las personas de los mundos inferiores. Son creyentes firmes en la brujería y los amuletos. Su patología es en buena parte mitológica. Las enfermedades se atribuyen a espíritus malvados, a la influencia maligna de enemigos y a varios agentes ocultos. Sus remedios se basan, en gran medida, en la magia y constituyen parte integral de su religión. Las supersticiones, ceremonias y costumbres se mantienen vivas con diligencia gracias a un gran número de curanderos que ejercen una poderosa influencia entre ellos. Aunque algunos misioneros protestantes han estado viviendo entre los navajos desde 1980, y aunque actualmente (1910) tienen once misiones diferentes, un hospital y tres escuelas pequeñas, el número de adeptos es muy insignificante.

Tras un intento por parte de fray Benavides (en 1630) de cristianizar a los navajos, el padre Menchero (1760) indujo a varios a que se establecieran en Cebolleta, hoy pueblo mexicano localizado al norte de Laguna; mas la empresa llegó a fin prematuro. En 1749, el padre Mencher volvió a intentar y restableció la misión de Cebolleta y fundó otra en Encinal, hoy el pueblo Laguna; pero el 24 de junio de 1750, los indios las abandonaron para regresar a su desierto. El 13 de octubre de 1897, los franciscanos de Cincinnati (Ohio) aceptaron la misión de los navajo por petición de Monseñor Stephan, director del Departamento de las Misiones Indias Católicas, y de la madre Drexel. Los misioneros tomaron control de la misión St. Michael’s (Arizona) el 7 de octubre de 1898. El 3 de diciembre de 1902, la madre Drexel dio apertura a una escuela con internado para los navajos en St. Michael’s, y, desde entonces, ha sido manejada por su comunidad, las Hermanas del Santísimo Sacramento. Actualmente (1910), asisten a la escula 150 alumnos navajo. En 1905 se estableció una capilla en Chin Lee (Arizona) y se construyó otra en Lukachukai (Arizona). 231 niños y adultos se han bautizado en St. Michael’s, y 78 han hecho su primera comunión. Al parecer, el camino ya está preparado: los navajos están dispuestos a colaborar con los misioneros católicos y dan esperanzas fundadas para una cosecha abundante de almas.

Los franciscanos han prestado mucha atención al estudio y a la construcción del idioma navajo. En 1910 publicaron An Ethnologic Dictionary of the Navajo Language (Un diccionario etnológico del idioma navajo) y también A Navajo English Catechism of Christian Doctrine for the Use of Navajo Children (Catecismo navajo en inglés de la doctrina cristiana para uso de los niños navajo); otras obras se hallan en preparación.

MATTHEWS, Navajo Legends (Boston, 1897); Idem., The Mountain Chant, in Fifth Ann. Rept. of the Bur. of Ethnol. (Washington, 1887); Idem, The Night Chant, a Navajo Ceremony, in Memoirs of the American Museum of Natural History VI (Nueva York, 1902); FRANCISCAN FATHERS, An Ethnologic Dictionary of the Navajo Language (St. Michael's, Arizona, 1910); MENDILEEF, Navajo Houses, in Seventh Ann. Rept. of the Bur. of Ethnol. (Washington, 1898); STEVENSON, Ceremonial of Hasjelti Dailjis, etc. in Eighth Ann. Rept. of the Bur. of Ethnol. (Washington, 1891); SIMPSON, Report on the Navajo Country (1850); CULEN, Games of North American Indians, in Twenty-fourth Ann. Rept. of the Bur. of Ethnol. (Washington, 1902); BENAVIDES, Memorial, 1630, in Land of Sunshine, XIII (1900).

ANSELM WEBER Transcrito por M. Donahue Traducción de Manuel Rodríguez Rmz.