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Martes, 23 de enero de 2018

Henry Edward Manning

De Enciclopedia Católica

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Sacerdote Cardenal de San Andres y San Gregorio en la Coelian Hill y segundo Arzobispo de Westminster, nació el 15 deJulio de 1808; murió el 14 de Enero de 1892.

Henry Edward Manning, quien nació en la casa de su abuelo, Copped Hall, Totteridge, Herts., Inglaterra, fue el segundo hijo de William Manning, miembro del Parlamento para Evesham y Lymington y por un tiempo Gobernador del Banco de Inglaterra. La familia de su padre era de una vieja rama de Kent y aunque nació en Hertfordshire, el futuro cardenal pasó algunos años de su niñez en Combe Bank, cerca de Sevenoaks en Kent, a donde su padre se había mudado cuando su hijo tenía apenas siete años. Su madre, la segunda esposa de William Manning, era hija de Henry Lannoy Hunter, que venía de una familia hugonota francesa conocida por el nombre de Veneur. La madre de su padre fue la señorita Ryan, con un nombre que delata su origen irlandés; en algunos viejos diarios que apenas recientemente han salido a la luz, aparece que ella era católica y que fielmente practicaba los deberes de su religión. Parece que esto no era conocido por el Cardenal Manning, pues los diarios han sido descubiertos apenas después de su muerte. Después de aprender los primeros rudimentos en casa y en una escuela privada en Totteridge, Henry Manning fue a Harrow en 1822, y al terminar la escuela continuó sus estudios por algún tiempo bajo un tutor. Al principio su propósito había sido seguir a su padre en el negocio bancario y entrar al parlamento. Pero habiendo sufrido el banquero un revés de la fortuna, con gusto tomó un camino diferente. En 1827 fue a Oxford e ingresó al Balliol College. Aunque ya no tenía a la vista una carrera parlamentaria, continuó interesandose en cuestiones políticas y sus facultades naturales de oratoria pronto lo hicieron notar en los debates de la Unión, donde fue sucedido en la presidencia por Gladstone. Más tarde en su vida, aún gozaba recordando el memorable debate de 1829, cuando Monckton Milnes y Hallam and Sunderland llegaron de Cambridge para probar la superioridad poética de Shelley a Byron.

Estas distracciones retóricas no interfirieron con sus estudios, y en 1830 tomó una primera clase sobre los clásicos. Al salir de Oxford aceptó un puesto subordinado en la Oficina Colonial y dedicó su atención a cuestiones de economía política, estudio que lo dejó bien parado cuando años después tomó prominente parte en la discusión práctica de problemas sociales. Pero aunque este tiempo no fue perdido de ninguna manera, aún no había encontrado en su vida su lugar apropiado y su trabajo verdadero. Apenas había renunciado a sus sueños de ambición política, cuando se sintió llamado al servicio de Dios y de sus hermanos. Fue por esto que una vez más regresó a Oxford, donde en 1832 fue electo Miembro del Merton College. Fué ordenado ministro de la Iglesia Anglicana en el mismo año que completó el curso de lectura requerido para recibir las órdenes y dijo su primer sermón en el templo de Cuddesdon el día de Navidad. Apenas ordenado fue como asistente del Rev. Juan Sargent, Rector de Lavington-with-Graffham, Sussex, que se hallaba enfermo, y al tomar lo que parecía que sería un trabajo temporal encontró lo que sería su casa por los siguientes diecisiete años. En Mayo de 1833 al morir el Rector fue presentado a los vivos por su patrona, la Sra. Sargent at Lavington, madre del Rev. John Sargent. En Noviembre del mismo año se casó con Caroline Sargent, la tercera hija de su predecesor en el cargo. Se puede decir que su matrimonio tuvo que ver, por lo menos indirectamente, con que se encaminara a la Iglesia Católica pues lo llevó a un circulo familiar que estaba destinado a ser fuertemente afectado por el surgente movimiento en dirección de Roma. De las cuatro famosas hermanas Sargent, la señora de Henry Wilberforce y la señora de George Ryder fueron recibidas en la Iglesia con sus esposos e hijos; las otras dos, Caroline Manning, que murió en Julio de 1837 y la mayor de las hermanas, la esposa de Samuel Wilberforce que después sería obispo de Winchester, ya habían muerto cuando el movimiento apenas empezaba; empero, una de ellas eventualmente dió su esposo y la otra una hija a la Iglesia.


Aunque Henry Manning aun no había alcanzado la plenitud de la fe, y aunque no había recibido la gracia sacramental y la fuerza espiritual de pastor Católico- por la luz que ya le había sido concedida- ya estaba sirviendo al Divino Maestro en la parroquia de su tierra en Lavington y laborando por la salvación de las almas con un verdadero espíritu de ardiente y generoso autosacrificio en el espíritu que en sus postreros días hablaría desde las páginas de su "Sacerdocio Eterno" y su "Oficio Pastoral". En 1841, despúes de algunos años de simple trabajo parroquial le fue abierto un campo más amplio por su designación al puesto de Arcipreste de Chichester. En su caso el puesto definitivamente no era honorario. El volumen de los cargos entregados en las visitas periódicas de la rectoría permanece para demostrar el inteligente e incansable fervor con que entró en estas tareas. Aquí también podemos encontrar algunas cosas que parecen anticipar su trabajo más grande en años posteriores, notablemente las páginas que testifican su amor hacia los pobres de Dios, su resuelta resistencia a lo equivocado y su ahinco en reformar abusos. Mientras tanto, todo este activo trabajo iba acompañado de un correspondiente crecimiento en el conocimiento de la verdad Católica.

El Movimiento Oxford ya se encontraba en pleno apogeo y algunos de sus dirigentes, aun cuando inconcientemente, ya se encontraban muy en camino a Roma. Newman había empezado a ver la luz en 1839 (dos años antes que Manning fuera nombrado arcipreste), pero tendrían que pasar seis años más antes de su sometimiento final a la Santa Sede en 1845. Es importante recalcar aquí ese hecho, pues nos recuerda que una conversión frecuentemente toma algún tiempo. Entre el tiempo en que empiezan las dificultades, desconfianzas y temores que pueden resultar ilusorios, y el período cuando los temores se convierten en convicciones y el deber se vuelve claro, puede transcurrir un tiempo considerable. Es difícil establecer una regla general, algunos pueden tener poca necesidad de recurrir a ayuda externa para hacer una decisión, pero cuando el proceso de convicción es lento, como frecuentemente sucede, y se necesita un sabio consejo, puede ser un deber confesar a algun consejero competente los temores y dudas que sería un crimen proclamarlos en público. En tal posición el más cándido y consistente escritor necesita hablar en un diferente tono en sus cartas confidenciales en que explica sus dificultades que el tono que usa en cartas a otros a quienes sería un error hacérselos saber. Y el lector que puede apreciar esta posición, fácilmente entenderá la aparente inconsistencia entre el lenguaje de Manning en su correspondencia privada desdoblando perplejidades concientes y el lenguaje de sus expresiones públicas en ese tiempo, en las que se calla toda duda. Ha sido acusado de seguir siendo anglicano después de perder la fe en las enseñanzas anglicanas, y se ha alegado que se volvió católico por ambición mundana. Un cambio de religión por tan deleznables motivos está muy lejos de corresponder al carácter del hombre como se rebela en sus cartas y diarios de esa fecha y no se puede entender si Manning hubiera sido el astuto y ambicioso hombre imaginado por sus acusadores. Cuando empezó a separarse de la Iglesia de Inglaterra no existía jerarquía católica o arzobispo cardenal en Inglaterra y la posición de vicario Apostólico no causaba ninguna gran tentación a un ambicioso arcipreste anglicano. Y si por un momento lo supusieramos tan falto de principios como para cambiar su creencia o profesión por una promoción, ¿porqué iría tan lejos para obtener tan poco?. Habría ciertamente menos dificultad y mejores prospectos de éxito en un cambio de curso dentro de la Iglesia de Inglaterra. Un astuto y ambicioso arcipreste de Chichester habría roto con el grupo de la Alta Iglesia y habría tomado una linea agradable a los hombres en puestos elevados. La causa real y motivo de su conversión a la Iglesia puede ser vista llanamente en toda la historia del Movimiento Oxford y en sus propios escritos publicados así como en sus cartas privadas y en sus diarios. En común con los líderes Tractarios, de los primeros había tomado los grandes principios católicos que encontró en los escritos de los primeros padres. Y en su caso la verdad que le llegó con fuerza especial, dominó y moldeó toda su vida y carácter fue la incesante presencia del Espíritu Santo en la Iglesia de Dios. Esto podría decirse que sea inmediatamente su idea principal en sus sermones anglicanos, su motivo principal al tiempo de su conversión y en el curso que tomó en el Concilio Vaticano, y constituye el tema favorito en sus postreros escritos espirituales y teológicos. Al principio, como otros eruditos en religión, podía sentirse satisfecho con que la Iglesia de Inglaterra fuese parte de la una Católica Apostólica Iglesia del Credo y como tal fuese guiada y vivificada por la presencia del Espíritu Santo. Por esta razón esperaba que la Iglesia guardara y apreciara las doctrinas reveladas que como suponía habían sido encomendadas a su cuidado.

Su fe en el anglicanismo ya había sido sacudida en algún grado por otras dificultades doctrinales e históricas. Finalmente fue hecha añicos por el Juicio Gorham de 1850, cuando el Comité Judicial del Concilio Secreto dió instrucciones al Rector de Arches de asignar al clérigo que había sido acusado de mantener puntos de vista no ortodoxos respecto al tema de la regeneración bautismal. Como Newman había dicho del obispado de Jerusalem, este acto de la iglesia del estado fue para Manning "el principio del fin". Aun entonces él no actuó con indebida prisa, y se unió a un intento de liberar la Iglesia de Inglaterra de una comprometedora asociación con la herejía. Su fervor y devoción al Establishment causó que fuera considerado como líder del partido de la Alta Iglesia a diferencia de los Tractarios en el cuerpo anglicano. El 23 de Enero de 1847, en respuesta al lamento que le había escrito el Dr. Pusey sobre la conversión de Canon McMullen le escribió: "Usted sabe cuanto tiempo le he expresado mi convicción de que la Iglesia de Inglaterra ha tomado una falsa posición. La cierta y directa tendencia que queda del movimiento original es hacia la Iglesia Romana. Usted conoce las mentes de los hombre que nos rodean mejor que yo, y sabrá por ello que fuerte impresión ejercen sobre ellos los reclamos de Roma. . . . también es claro que están revisando su Reforma; que la doctrina, ritual y práctica de la Iglesia de Inglaterra en el mejor de los casos no les es suficiente. . . . No digo esto buscando errores, sino con pena. No pretendo decir como ayudar para curarla." Pocos días después del juicio Gorham (Marzo de 1850) él aún se aferraba a la Iglesia de Inglaterra como una rama viva de la Iglesia de Cristo, y fue el primero en firmar una protesta llamando a la iglesia a liberarse de la herejía impuesta sobre ella por un poder civil. Se introdujo una reforma en la Cámara de los Lores para hacer que la última decisión en cuestiones de doctrina fuera transferida a la Cámara Alta de Convocación; fue perdida por 84 votos a 31 y Manning fue empujado a considerar si la Iglesia de Inglaterra podía pretender ser una infalible guía y maestro de la fe. Se preocupó por informar a sus amigos que estaba actuando con calma y deliveración. En Junio de 1850, escribió de Lavington a su hermana, la Sra. Austen: "Déjame decirte que no creas nada sobre mi, más que lo que venga de mi. Hace mucho que el mundo me envió a Pío IX, pero aún estoy aquí, y si pudiera descansar mis huesos bajo la tierra en Lavington Churchyard con un alma clara frente a Dios, ni todo el mundo podría moverme." Con Wilberforce y Mill circuló una declaración que el juramento de supremacía solo obligaba la conciencia en asuntos de naturaleza civil y no de naturaleza espiritual; fue enviada a 17,000 clérigos, pero solo unos 1800 la firmaron. Cuando fallaron estos esfuerzos, y la verdad se intensificó en él con fuerza irresisitible, al fin estaba claro frente a él su propio curso. En Michaelmas ese mismo año dio los pasos para renunciar a sus beneficios y el Domingo de Pasión , Abril 6 de 1851, junto con su amigo J. R. Hope-Scott, Q.C., fue recibido en la Iglesia Católica por el padre Brownbill, S.J.

Entre aquellos que conocieron el ahinco del arcipreste en su oficio pastoral por la salvación de las almas no cabía duda de su llamado al sagrado ministerio. Parecía natural que, después del intervalo necesario de preparación, a su sumisión a la Iglesia le siguiera su ordenación en el sacerdocio católico. Pocos pudieron haber esperado que esta ordenación sucediera tan rápidamente como fue. El cardenal Wiseman, reconociendo que las circunstancias del caso eran excepcionales, decidió que no se perdiera tiempo, y Henry Edward Manning fue ordenado sacerdote por su predecesor en la Sede de Westminster el Domingo de la Trinidad, 14 deJunio de 1851, poco más de dos meses después de su recepción en la Iglesia. Puede parecer una extraña ironía del destino que esta apresurada promoción fuera de quien daría tanta importancia a la debida preparación para el sacedocio. Pero la necesidad de preparación en este caso era más aparente que real. Ya sea que consideremos el aprendizaje teológico o la santidad espiritual de vida requerida de los candidatos al sacerdocio, Manning había hecho ya un nada despreciable progreso en su preparación. En sus años finales en Lavington había avanzado bastante en el estudio de la teología y en la literatura espiritual, y como su diario atestigua con su investigador auto-exámen y generosa resolución, el otro lado de la preparación no estaba carente de ninguna manera. Al mismo tiempo era ciertamente deseable que algún entrenamiento sistemático adicional fuera agregado a la autoeducación. Por esta razón, su ordenación fue seguida por un curso de estudios en Roma. Sin embargo, no se permitía que estos estudios impidieran el trabajo misionero inmediato, lo que había sido sin duda uno de los motivos principales del Cardenal Wiseman para apresurar la ordenación de un neófito. Durante estos años de estudio romano, Manning aprovechó las vacaciones de verano para ejercitar su oficio pastoral en Londres predicando, recibiendo conversos en la Iglesia y oyendo confesiones en la iglesia jesuita en la calle Farm. Se dice que en esta iglesia dijo su primera misa el 16 de Junio de 1851, asistido por Pere de Ravignan.

Por una significativa coincidencia, su ordenación tuvo lugar el 14 de Junio, fiesta de San Basilio, uno de los padres que fué de una manera especial su modelo, y quien nos ha legado una gran obra sobre el Espíritu Santo y que, como hizo notar en esa oportunidad con deleite, el introito de su primera misa (en la fiesta de San Francisco Regis) tenía el texto: "El Espíritu del Señor está sobre mi; por esa razón me ha ungido para predicar el Evangelio a los pobres que me ha enviado " (Lucas, iv, 18; Isaías, lxi, 1), palabras que traen ante nosotros su obra activa para los pobres y su devoción al Espíritu Santo, que es, por asi decirlo, el alma de toda su vida y labor. La labores sacerdotales que así empezaron fueron continuadas en un gran campo y con frescas ventajas cuando, en 1857, fundó en santa María de los Angeles en Bayswater, la Congregación de los Oblatos de San Carlos. Esta nueva comunidad de sacerdotes seculares fue de alguna manera el trabajo conjunto del Cardenal Wiseman y Manning, ya que ambos habían concebido independientemente la idea de una comunidad de esta clase, y Manning había estudiado la vida y el trabajo de San Carlos en sus días anglicanos en Lavington y además había visitado a los Oblatos en Milán en 1856 para estar convencido de que la regla podía ser adaptada a las necesidades de Westminster. En el mismo año que llegó a ser superior de su congregación se le impuso otro oficio. Instigado por el Dr. Whitty, que estaba por entrar a la Sociedad de Jesús, fue nombrado por Pio IX, dignatario principal del Capítulo Metropolitano de Westminster. Durante los ocho años que tuvo estos dos oficios, el dignatario principal y superior realizó una gran cantidad de trabajo tanto para la diócesis como para su propia comunidad, y la elocuencia que lo había convertido en el más distinguido de los predicadores anglicanos de su tiempo, ahora ayudó a extender y fortalecer la fe católica en Inglaterra. Su labor pastoral ahora ya no fue estorbada por luchas internas o por incertidumbres de diferencias doctrinales que mortificaran al arcipreste.

Aunque el viejo tiempo de tormenta y tensión había terminado, ahora habría de tener dificultades de otra clase, y aunque no por culpa suya, se encontró involucrado en una controversia doméstica que se volvió la causa de considerable malentendido. En las circunstancias del tiempo, era casi inevitable que la nueva comunidad, parcialmente constituída por conversos y aparentemente encaminada a traer renovación a la vida eclesiástica católica de Inglaterra, fuera sujeto de alguna diferencia de opinión. Hombres de la vieja escuela que miraban con sospecha cualquier novedad pueden ser perdonados por sentir alarma por la participación de la nueva comunidad en el seminario diocesano. Muy probablemente ninguno de los lados comprendió suficientemente las ideas y motivos del otro. Sea como sea, la mayoría del Capítulo Metropolitano adoptó puntos de vista diferentes a los de Wiseman y Manning, y en la controversia que se inició los cánones fueron apoyados por el arzobispo Errington que en ese tiempo era el coadjutor "con derecho a sucesión" a la sede. En el evento los Oblatos tuvieron que retirarse del St. Edmund's College (1861), donde su presencia había ofendido al capítulo. Pero el resultado más importante de la lucha fue la remoción del arzobispo Errington del oficio de coadjutor cum jure successionis. Y como la decisión de la Santa Sede siguió a una controversia en la que Manning tomó una conspicua parte, algunos críticos, insuficientemente conocedores de los hechos, lo han visto como un ambicioso aspirante para el oficio quitando los rivales de su camino. Pero al hacerlo, extrañamente confunden la situación y olvidan u omiten que la participación de Manning en la controversia fue estrictamente defensiva. Esto dificilmente puede ser disputado por cualquier cándido y cuidadoso estudiante de los documentos. Ya que aún un lector que compartiera los desfavorables puntos de vista del arzobispo Errington sobre la Comunidad de los Olatos y su posición e influencia en la diócesis, difícilmente podría culpar al superior de los Oblatos por escribir una vigorosa justificación de si mismo y de su comunidad. Aunque no se buscó esta batalla y aunque no pensó en asegurar la sucesión al puesto para si, sin embargo es cierto que esta controversia con el capítulo y con el coadjutor condujo eventualmente a su propio ascenso. Si la ruptura no hubiera llegado a suceder, no habría habido vacante a la muerte del Cardenal Wieseman, ya que el coadjutor lo habría sucedido a su debido tiempo. Al mismo tiempo, el ataque y la justificación tuvieron el efecto de hacer más conocidos en Roma los méritos y trabajos de Manning y lo marcaron como el hombre que más simpatizaba con la política de Wieseman, sugiriéndolo asi como apropiado sucesor. Asi que cuando ocurrió la vacante a la muerte de Wiseman en Febrero de 1865, siguió el resultado natural. Esto se hizo más seguro cuando el capítulo envió el nombre del arzobispo Errington encabezando la terna y los otros candidatos hicieron lo más que pudieron para asegurar el nombramiento del arzobispo Errington. Puesto que la Santa Sede dificilmente podía aceptar que se diera marcha atrás a la decisión hecha pocos años antes, era inevitable que los nombres fueran hechos a un lado y el Papa mismo decidió nombrar a Msgr. Manning. Mientras el asunto aun colgaba de la balanza, Manning se afanó por conseguir el nombramineto de otro, y en una carta confidencial a Msgr. George Talbot en Roma, dio impulso a las pretenciones de los obispos Ullathorne y Cornthwaite. De las resoluciones que tomó respecto a su conducta futura hacia el arzobispo venidero es claro que no anticipaba su propio nombramiento.

El nuevo arzobispo fue consagrado en Santa María Moorfields el 8 de Junio de 1865 por el obispo Ullathorne de Birmingham. Más tarde en ese año fue a Roma para recibir el palio, regresando a Inglaterra en Noviembre para ser entonces solemnemente entronizado y aplicarse a la gran obra que se le presentaba. La elección hecha por la Santa Sede fue naturalmente recibida con satisfacción por todos los que realmente le conocían, pero otros que no tenían esa ventaja la consideraron con reservas. Otros más que hasta entonces lo habían malentendido, posiblemente hayan ganado un nuevo sentido de su poder y de lo capáz que era para el puesto cuando dijo el sermón en el funeral del cardenal Wiseman. En ese sketch gráfico de la carrera de su predecesor, en que mostró como había sido conformado y preparado el hombre para el trabajo que estaba destinado a hacer en Inglaterra, el lector perceptivo puede ver lo bien que el predicador había comprendido las necesidades y esperanzas de la nación, y además puede ser inducido a refelxionar cómo él también, aunque de maneras diferentes a Weiseman, había sido preparado para avanzar la norma católica a victorias adicionales. Aun cuando los que entendieron correctamente los méritos de Manning pudieron haber tenido elevadas esperanzas para el futuro, pocos, si a caso alguno, pudieron haber previsto nada como lo que realmente logró. Su edad y su aparentemente frágil salud no prometían tan larga, activa y laboriosa vida. Decía él que pensaba que tendría por delante doce años de trabajo y hubo quien consideró esto alegremente optimista. Pero él tendría una vida llena de variado y extenuante trabajo durante más de un cuarto de siglo.

Inauguró un monumento a su predecesor, el cardenal Weiseman, y determinó que tomaría la forma de una catedral para Westminster. En 1868 pudo conseguir un sitio, pero en años posteriores se determinó uno más favorable. Fueron incesantes sus esfuerzos para procurar educación a los niños católicos de Londres, y en su Pastoral de Adviento de 1890 pudo decir que los nombres de 23,599 niños católicos estaban inscritos en los libros de las escuelas parroquiales y que durante el cuarto de siglo anterior se había acogido a 4542 niños en hogares de la arquidiócesis. Fue uno de los 500 obispos que se reunieron en Roma para tomar parte en el diecimo octavo centenario de los santos Pedro y Pablo y por ende estuvo presente cuando el Papa Pio IX anunció su intención de convocar a un Concilio General. Regresó a Roma en 1869, para la apertura del Concilio Vaticano el 8 de Diciembre y fue puesto en el Comité "De Fide". A este comité fue referida en marzo de 1870 la cuestión de la infalibilidad del Papa; se aprobó el decreto el 18 de Julio.

Al regresar a Inglaterra , Manning protestó en la prensa contra los cargos que hacía el Sr. Gladstone a los católicos que aceptaban los Decretos Vaticanos, y sus tres cartas pastorales publicadas bajo el título "Petri Privilegium" ayudaron mucho a quitar los prejuicios y conceptos equivocados aún entre los católicos. En 1878 su "Verdadera Historia del Concilio Vaticano" apareció en el "The Nineteenth Century" en respuesta a aseveraciones incorrectas que habían alcanzado credibilidad. En 1875 fue llamado a Roma para recibir el cardenalato y el título de Santos Andres y Gregorio, la iglesia en el Coelian que fue en otro tiempo la casa de San Gregorio el Grande, de donde San Agustín y sus compañeros habían sido enviados a convertir Inglaterra. En 1878 el cardenal Manning participó en el cónclave que eligió a León XIII, recibiendo él mismo uno o dos votos en el escrutinio; y la encíclica del Papa León "Sobre la condición de los Trabajadores", "le debe algo a los consejos del cardenal Manning", usando las palabras del obispo Hedley.

Un asunto de importancia que tomó no poco de su tiempo y le causó alguna ansiedad, surgió durante la junta de obispos de la Semana Baja de 1877; cuando propuso que prepararan una petición para ser enviada a Roma de que el Papa determine las relaciones que deben existir entre los regulares y el episcopado. Las principales cuestiones en discusión afectaban el derecho de los obispos para dividir misiones que ya estaban en manos de los regulares y el control que los obispos tenían sobre misiones atendidas por regulares en asuntos concernientes a las visitas y las auditorías de fondos recabados intuitu missionis. Después de algún necesario retardo fue emitida en 1881 la famosa constitución "Romanos Pontifices", y con el paso del tiempo sus claúsulas han sido extendidas a casi todas las naciones de habla inglesa. Trata principalmente de asuntos de jurisdicción y diciplina. Trata también de muchos asuntos que involucran bellos y complicados puntos de prudencia y equidad. A este fervor por la causa de la educación religiosa elemental, los años postreros del cardenal Manning vieron sumados sus esfuerzos por los pobres y rechazados. Fue invitado a unirse a la comisión por el mejor alojamiento de las clases trabajadoras, fundó su Liga de la Cruz para la promoción de la temperancia; la "Paz del Cardenal" recuerda el éxito de sus esfuerzos mediando entre los huelguistas y sus patrones en tiempos de la gran huelga de los muelles de Londres en 1889. Tales son algunas de las obras sobresalientes de la vida de Manning. Y puede hacerse notar que si bien cualquiera de estas varias lineas de acción pudo haber sido suficiente, o más que suficiente para cualquier hombre ordinario, todas ellas juntas de ninguna manera hacen todo el trabajo de la vida del cardenal Manning. Además de estas labores teológicas, literarias o sociales, restan sus actividades pastorales ordinarias. Si no hubiera realizado ninguna de estas cosas que a primera vista parecen las más notables y carácterísticas, su vida habría estado aún suficientemente llena con la administarción de los asuntos de la diócesis, con su cuidado a la capacitación de los clérigos, su diaria "solicitud por todas las iglesias", celebrando ordenaciones, presidiendo los sínodos diocesanos, y con la construcción y bendición de nuevas iglesias. Y nada a la manera de obras especiales podía hacerle descuidar sus obligaciones episcopales primarias o hacer que las realizara de manera rutinaria. Puede decirse con toda seguridad que éstas estaban primero y ante todo. Para él el obispo católico era el pastor del rebaño, solícito en todas las maneras por el bien de sus hijos. Por lo tanto fue como un obispo enviado por el Espíritu Santo, el "Pater pauperum", para gobernar la Iglesia de Dios que se desgastó en obras de caridad o de reforma social, o defendió la verdad contra ataques de todas formas de error o de las corrupciones de una vida de maldad y habló en el mismo espíritu ya fuera dirigiéndose a los trabajadores de los muelles en el East End o a los agnósticos en la Sociedad Metafísica o a obispos y teólogos en el Concilio Vaticano I.

La controversia teológica puede decirse que ocupó el primer lugar en la primera parte de su episcopado, culminando en el Concilio Vaticano I y continuando con vigor algo reducido por algunos años más. El trabajo social gradualmente se vuelve más conspicuo en los años después de 1876, y alcanza su clímax en la Huelga de los Muelles en 1889. La mayor parte de su trabajo activo en la Liga de la Cruz y entre trabajadores viene después de su elevación al cardenalato en 1875. Los últimos dos años de su vida, su debilitada salud lo hizo mayormente un prisionero. Después de algún tiempo, pasados algunos días de enfermedad vino el fin y descansó el 14 de Enero de 1892. Una prueba notable del arraigo que tenía en los corazones de los pobres y de la gente trabajadora de Londres fue dado cuando miles se juntaron para verlo por última vez tendido en su casa de Westminster y para seguir su funeral al cementerio Kensal Green. Después de algunos años en ese campo de los muertos que tan bien había descrito en sus palabras sobre Wiseman, fue regresado una vez más a Westminster y se le dió su último lugar de descanso terrenal en la cripta de la catedral.

Las fuentes principales de la historia del cardenal Manning son sus propias obras publicadas y sus notas, cartas, reminicencias y diarios manuscritos que existen en gran abundancia. Aparte del valor literario que es más elevado que lo que algunos apresurados críticos están dispuestos a aceptar, sus numerosas obras, tanto anglicanas como católicas, arrojan no poca luz sobre el crecimiento de sus opiniones y motivos de sus trabajos activos, ya que de principio a fin hay una estrecha correspondencia entre sus palabras y sus acciones. Para su desarrollo doctrinal en sus días anglicanos " El dominio de la Fe " (1839) y "Unidad de la Iglesia " son dignos de mención; pero su mejor obra se ve en los cuatro volúmenes de "Sermones" (1845-50) y "Sermones Universitarios" (1844), que deben ser comparados con obras católicas como "Las Bases de la Fe " (1852), "La Misión Temporal del Espíritu Santo" (1865) y "El Sacerdocio Eterno" (1883). Este último libro ha sido traducido a muchos idiomas y puede ser considerado su obra maestra; además de su valor intrínseco, expresa los pensamientos que dominaron toda su vida activa. La mayoría de sus documentos privados está aún sin publicar; pero un gran número de cartas y notas autobiográficas fueron impresas en "La Vida del Cardenal Manning, Arzobispo de Westminster", por EDWARD SHERIDAN PURCELL (Londres, 1895), 2 vols., una obra que contiene mucho material valioso, aunque la información del autor era muy imperfecta en algunos puntos y extrañamente malentendió algunos importantes episodios, notablemnte el estado de la mente de Manning antes de su conversión, su parte en el caso Errington y su relación con el cardenal Newman. Sobre estos puntos véase el "Apéndice al Cardenal Manning" (2a ed., Londres, 1896) por DR. J. R. GASQUET, sobrino político del cardenal, quien tuvo la ventaja de tener documentos privados y memorias familiares que eran desconocidas para Purcell. La verdadera historia del caso Errington está narrada, con la ayuda de documentos auténticos, por WILFRID WARD en su "Vida y Tiempos del Cardenal Wiseman". Y la relación de Newman y Manning, así como los otros dos puntos, son tratados en la revisión del libro de Purcell por W. H. KENT en el "Dublin Review" (Abril, 1896). Todos estos asuntos serán tratados más completamente en "Vida del Cardenal Manning" que está siendo preparado por W. H. KENT, una obra que contendrá muchos documentos importantes no publicados hasta la fecha, incluyendo las cartas al Sr. Gladstone que el Sr. Purcell equivocadamente supuso que se habían destruido. La "Vida del Cardenal Manning" por HEMENER (1897) puede ser mencionada también, así como la obra de un bien conocido protestante francés, DE PRESSENSE (1896: tr., 1897). Este libro, así como una más reciente biografía no católica, "El Cardenal Demócrata", por MISS I. TAYLOR, conceden especial atención al trabajo social del cardenal, tópico tratado también por una autoridad católica francesa, ABBE LEMIRE, en "El Cardenal Manning y su obra scial ". Sobre este punto el artículo de SYDNEY BUXTON, M.P., en el "Contemporary Review" (1896) sobre "El Cardenal Manning y la Huelga de los Muelles" es valiosa por la información de primera mano de alguien que tomó parte en la refriega. Otra obra no católica más, "La Vida del Cardenal Manning" por A. W. HUTTON (1892) es digna de mención solo por la excelente biografía. Véase también SNEAD-COX, "Vida del cardenal Vaughan" (Londres, 1910).

W.H. KENT Transcrito por M.E. Smith Traducido por Javier L. Ochoa M.