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Lunes, 22 de enero de 2018

Epístolas de San Pedro

De Enciclopedia Católica

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Primera Epístola

Autenticidad

La autenticidad de las Epístolas de San Pedro, aceptada universalmente por la Iglesia primitiva, ha sido negada en los pasados siglos por críticos protestantes y racionalistas (Baur y la Escuela de Tübinga, Von Soden, Harnack, Jülicher, Hilgenfeld y otros), pero no puede ser cuestionada seriamente. Está bien establecida por argumentos extrínsecos e intrínsecos.

(1) Argumentos Extrínsecos: (a) En escritos de los siglos I y II, por ejemplo, las cartas de Justino a las Iglesias de Lión y Vienne, Ireneo, Clemente de Alejandría, Papías, Policarpo, Clemente de Roma, la “Didajé”, el “Pastor” de Hermas y otros. La Segunda Epístola de San Pedro, que incluso aquellos que cuestionan su autenticidad admiten que es muy antigua, alude a una epístola anterior escrita por el apóstol (3,1). Por lo tanto, la carta existió muy temprano y era considerada muy autoritativa. (b) La tradición también es unánime por la autoría de San Pedro. En los siglos II y III tenemos mucho testimonio explícito en ese sentido. Clemente y Orígenes en Alejandría, Tertuliano y Cipriano en África, Peshitto en Siria, Ireneo en la Galia, la antigua Itala e Hipólito en Roma, todos están de acuerdo en atribuirla a Pedro, como hicieron también los herejes, Basílides y Teodoro de Bizancio. (c) Todas las colecciones o las listas del Nuevo Testamento la mencionan como de San Pedro; el Canon Muratorio, que es el único que está en desacuerdo con esta tradición común, es oscuro y tiene marcas evidentes de corrupción textual, y la posterior restauración sugerida por Zahn, que parece mucho más probable, es claramente favorable a la autenticidad. Por otra parte Eusebio de Cesarea no duda en colocarla entre las Escrituras incuestionables.

(2) Argumentos Intrínsecos: El examen de la Epístola en sí misma es totalmente favorable a su autenticidad; el autor se llama a sí mismo Pedro, apóstol de Jesucristo (1,1); el autor llama “mi hijo” (5,13) a Marcos, que según los Hechos de los Apóstoles tenía tales relaciones cercanas con Pedro; el autor se representa como el discípulo inmediato de Jesucristo (1,1; 5,9.11-14); él ejerce desde Roma una jurisdicción universal sobre toda la Iglesia (5,1). Los numerosos lugares en los que parecería ser el testigo inmediato de la vida de Cristo (1,8; 2,21-24; 5,1), así como la similitud entre sus ideas y las enseñanzas de los Evangelios, están elocuentemente a favor de la autoría apostólica (cf. Jacquier, 251). Por último, algunos autores consideran que la epístola y los sermones de San Pedro relatados en los Hechos muestran una analogía en base y forma que prueba un origen común. Sin embargo, es probable si no cierto que el apóstol hizo uso de un intérprete, especialmente de Silvano; San Jerónimo dice: “las dos epístolas atribuidas a San Pedro difieren en estilo, carácter y en la construcción de las palabras, lo cual prueba que, según las exigencias del momento, San Pedro utilizó los servicios de varios intérpretes” (Ep. CXX ad Hedib.). Pedro mismo parece insinuar esto: Dia Silouanou houmin . . . egrapha (5,12), y los versos finales (12-14) parecen haber sido añadidos por el apóstol mismo. Sin negar que Pedro era capaz de usar y hablar el griego, algunos autores consideran que no podía escribirlo en la forma casi clásica de esta epístola. Sin embargo, es imposible determinar con exactitud la participación de Silvano; es probable que la escribió de acuerdo con las instrucciones del apóstol, y que insertó las ideas y exhortaciones sugeridas por él.

Objeciones: (a) La relación entre la Primera Epístola de Pedro y las Epístolas de Pablo, especialmente Romanos y Efesios, no prueba, como se ha afirmado (Jülicher), que la epístola fue escrita por un discípulo de Pablo. Esta relación, que algunos críticos han exagerado demasiado, no prueba una dependencia literaria ni evita que esta Epístola posea una originalidad característica en ideas y forma. La semejanza se explica fácilmente si se admite que Pedro empleó a Silvano como intérprete, pues éste había sido compañero de Pablo, en consecuencia, pudo haber sentido la influencia de su doctrina y manera de hablar. Además, Pedro y Silvano estaban en Roma, donde se escribió la carta, y ellos naturalmente se habrían familiarizado con las Epístolas a los Romanos y a los Efesios, escrita unos meses antes y destinadas, al menos en parte, a los mismos lectores. (b) Se ha afirmado que la Epístola presupone una persecución oficial y general en el Imperio Romano y que denota un estado de cosas correspondiente al reinado de Vespasiano, l incluso del de Domiciano o Trajano, pero la información que da es demasiado indefinida para concluir que se refiere a una de estas persecuciones en lugar de la de Nerón; además, algunos autores consideran que la Epístola no supone del todo una persecución oficial, y que las alusiones se explican fácilmente mediante las incontables dificultades y molestias a las que los judíos y paganos sometían a los cristianos.

Destinatarios; Ocasión y Objeto

Fue escrita para los fieles de "Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia" (1,1). ¿Fueron estos cristianos judíos conversos, dispersados entre los gentiles (1,1), como señalaron Orígenes, Dídimo de Alejandría, etc., y como todavía sostienen Weiss y Kuhl, o eran en su mayoría de origen pagano? Esta última opinión es por mucho la más común y la mejor (1,14; 2,9-10; 3,6; 4,3). El argumento basado en 1,7 no prueba nada, mientras que las palabras "a los que viven como extranjeros en la Dispersión: en el Ponto…" no deben tomarse en el sentido literal de judíos en el exilio, sino en el sentido metafórico de la gente de Dios, los cristianos, que viven en el exilio en la tierra, lejos de su verdadera patria.

Las opiniones de los autores que aceptan la autenticidad están divididas respecto a las circunstancias históricas que ocasionaron la Epístola, algunos creen que fue escrita inmediatamente después del decreto de Nerón que proscribía la religión cristiana, en cuyo caso las dificultades a las que Pedro alude no consisten simplemente en calumnias y vejaciones de las personas, sino que también incluyen la persecución judicial y la condena de los cristianos (2,23; 3,18; 4,14-16; 5,12), mientras 5,12 puede ser una alusión a la quema de Roma, que fue el motivo del decreto de Nerón. Esta es la opinión de Hug, Gloire, Batiffol, Neander, Grimm, Ewald, Allard, Weiss, Callewaert, etc., mientras que otros datan la Epístola a partir de la víspera de ese decreto (Jacquier, Brassac, Fillion, etc.). La Epístola, dicen, al ser escrita desde Roma, donde la persecución debe haber causado estragos en todo su horror, naturalmente buscamos indicaciones claras e indiscutibles de la misma, pero el tema general de la Epístola es que los cristianos no deben dar ocasión a los cargos de los infieles, sino que por su vida ejemplar deben inducirlos a glorificar a Dios (2,12.15; 3,9.16; 4,4); Además, la forma de hablar es generalmente hipotética (1,6; 3,13-14; 4,14), sin que se trate de jueces, tribunales, prisiones, torturas o confiscación. Los cristianos tienen que sufrir, no de la autoridad, sino de la gente entre las que vivían.

El apóstol Pedro les escribió a los cristianos de Asia para confirmarlos en la fe, para consolarlos en medio de sus tribulaciones y para indicarles la línea de conducta a seguir en el sufrimiento (5,2). A excepción de la introducción más dogmática (1,3-12) y unas pocas instrucciones cortas esparcidas a lo largo de la carta y destinadas a apoyar a las exhortaciones morales, la Epístola es exhortativa y práctica. Sólo un absurdo argumento a priori podría permitir a los críticos de Tübingen afirmar que ésta tenía un objeto dogmático y que fue escrita por un falsificador del siglo II, con la intención de atribuirle a Pedro las doctrinas de Pablo.

Fecha y Lugar de Composición

Los críticos que han negado la estancia de Pedro en Roma deben negar necesariamente que la carta fue escrita desde allí, pero la gran mayoría de los críticos, con toda la antigüedad cristiana, están de acuerdo en que fue escrita en la misma Roma, designada por el nombre metafórica de Babilonia (5,13). Esta interpretación ha sido aceptada desde los tiempos más remotos, y de hecho ninguna otra metáfora podría haber descrito tan bien la ciudad de Roma, rica y lujosa como lo era, y entregada al culto de falsos dioses y toda clase de inmoralidad. Ambas ciudades habían causado problemas al pueblo de Dios, Babilonia a los judíos, y Roma a los cristianos. Además esta metáfora estaba en uso entre los primeros cristianos (cf. Apoc. 14,8; 16,19; 17,5; 18,2.10.21). Finalmente, la tradición no nos ha traído la más débil memoria de ninguna estancia de Pedro en Babilonia.

Las opiniones de los críticos que niegan la autenticidad de la Epístola fluctúan la fecha, entre 80 a 160 d.C., pero ya que no hay la más mínima duda de su autenticidad, no tienen ninguna base para su argumento. Igualmente diversas opiniones se encuentran entre los autores que admiten la autenticidad, que van desde el año 45 d.C. a la aceptada como la de la muerte de Pedro. La opinión más probable es la que lo sitúa cerca de fines del año 63 o comienzos del 64; y al haber San Pedro sufrido el martirio en Roma en el año 64 (¿67?), la Epístola no pudo ser posterior a esa fecha; además, se supone que la persecución de Nerón, que se inició a finales del 64, aún no había estallado (véase más arriba). Por otro lado, el autor alude con frecuencia a la Epístola a los Efesios, y hace uso de sus propias palabras y expresiones; en consecuencia, la Epístola no puede haber sido anterior al 63, ya que la Epístola a los Efesios fue escrita al final de la primera cautividad de Pablo en Roma (61-63).

Análisis

No puede haber un plan estricto de análisis, ya que la epístola como un todo es sólo una sucesión de ideas generales sin conexión estrecha. Se divide de la siguiente manera: la introducción contiene, además de la dedicatoria (sobrescrito y saludo, 1,7), una acción de gracias a Dios por la excelencia de la salvación y la regeneración a la que se ha dignado llamar a los cristianos (3-12). Esta parte es dogmática y sirve como base para todas las exhortaciones morales en el cuerpo de la Epístola. El cuerpo de la Epístola se puede dividir en tres secciones:

(a) la exhortación a una vida verdaderamente cristiana (1,13 - 2,10), en la que Pedro exhorta sucesivamente a sus lectores a la santidad en general (13-21), a la caridad fraterna en particular (1,22 - 2,1), al amor y al deseo de la verdadera doctrina; así serán piedras vivas en la casa espiritual de la cual Cristo es la piedra angular, serán sacerdocio real y pueblo elegido del Señor (2-10).

(b) Normas de conducta para los cristianos que viven entre paganos, especialmente en tiempos de persecución (2,11 – 5,19). Que su conducta sea tal que los mismos infieles sean edificados y cesen de hablar mal de los cristianos (11-12). Este principio general se aplica en detalle en las exhortaciones relativas a la obediencia a los gobernantes civiles (13-17), los deberes de los esclavos a sus amos (18-25), los deberes recíprocos de los cónyuges (3,1-7). Respecto a aquellos que, no teniendo la misma fe, calumnian y persiguen a los cristianos, estos deberán devolver bien por mal, según el ejemplo de Cristo, que siendo inocente sufrió por nosotros, y que predicó el Evangelio no sólo para los vivos , sino también a los espíritus que estaban en prisión (8-22). El apóstol concluye reiterando su exhortación a la santidad en general (4,1-6), a la caridad (7-11), a la paciencia y a la alegría en el sufrimiento por Cristo (12-19).

(c) Luego siguen algunas recomendaciones especiales (5,1-11): que los ancianos sean vigilantes al apacentar la grey que se les encomendó a su cuidado (1-4); que los fieles estén sujetos a su pastor (5a); que todos observen humildad entre ellos mismos (5b); que todos sean sobrios y vigilantes, confiando en el Señor (6-11).

En el epílogo el apóstol mismo declara que empleó a Silvano para escribir la carta y afirma que la gracia divina que poseen sus lectores es la verdadera gracia (12); les dirige el saludo de la Iglesia en Roma el de Marcos (13), y les da su bendición apostólica.

Segunda Epístola

Autenticidad

En el estado actual de la controversia sobre la autenticidad se puede afirmar que es sólidamente probable, aunque es difícil probarla con certeza.

A. Argumentos Extrínsecos

(1) En los Padres Apostólicos y otros escritores eclesiásticos de los dos primeros siglos, excepto Teófilo de Antioquía, no hay una sola cita propiamente dicha de esta Epístola; a lo sumo hay algunas alusiones más o menos probables en sus escritos, por ejemplo, la Primera Carta de San Clemente de Roma a los Corintios, la “Didajé, San Ignacio, la Epístola de Bernabé, el “Pastor” de Hermas, la Epístola de Policarpo a los Filipenses, el Diálogo de San Justino con Trifón, San Ireneo, los “Reconocimientos” Clementinos, las “Actas de Pedro”, etc. La Epístola formó parte de la antigua Itala, pero no está en la siríaca. Esto demuestra que la Segunda Epístola de Pedro existía e incluso tenía una cierta cantidad de autoridad. Pero es imposible presentar con certeza un solo testimonio explícito a favor de esta autenticidad. El Canon Muratorio presenta un texto mutilado de 1 Pedro, y la restauración sugerida de Zahin, la que parece muy probable, sólo deja dudas en cuanto a la autenticidad de la Segunda Epístola.


(2) En la Iglesia Latina no hay ningún testimonio explícito a favor de la pertenencia al canon y apostolicidad de esta Epístola hasta mediados del siglo IV. Tertuliano y San Cipriano no la mencionan, y el Canon de Mommsen (360) todavía lleva vestigios de la incertidumbre entre las Iglesias Orientales en este sentido. La Iglesia Oriental dio testimonio temprano a su favor. Según Eusebio de Cesarea y Focio, Clemente de Alejandría (m. 215) comentó sobre ella, pero no parece haberla clasificado con la Primera. Se encuentra en las dos grandes versiones egipcias (sahídica y bohaírica). Es probable que Firmiliano de Cesarea la usara y se la adscribiera a San Pedro, como hizo explícitamente San Metodio de Olimpo. Eusebio (340), mientras que personalmente aceptó 2 Pedro como auténtica y canónica, sin embargo la clasifica entre las obras disputadas (antilegomena), y al mismo tiempo afirma que la mayoría de los cristianos la conocían y que muchos la estudiaban con las otras Escrituras. En las Iglesias de Antioquía y Siria en ese periodo la consideraban de dudosa autenticidad. San Juan Crisóstomo no habla de ella, y el Peshitto la omite. Fue probablemente debido a razones dogmáticas que la Epístola, anteriormente aceptada en esa Iglesia (Teófilo de Antioquía) aún no estaba incluida en el canon.

(3) En la segunda mitad del siglo IV estas dudas desaparecieron rápidamente en las Iglesias Orientales debido a la autoridad de Eusebio de Cesarea y a las cincuenta copias de las Escrituras distribuidas por mandato de Constantino el Grande. Dídimo de Alejandría, San Atanasio, San Epifanio, San Cirilo de Jerusalén, San Gregorio Nacianceno, el Canon de Laodicea, todos consideran la Epístola como auténtica. La adición al texto de Dídimo, según el cual era obra de un falsificador, parece ser el error de un copista. Así en las relaciones de Occidente con el Oriente y la autoridad de San Jerónimo finalmente produjo la admisión de su autenticidad. Fue admitida a la Vulgata, y el sínodo convocado por el Papa Dámaso en 382 la atribuye expresamente a San Pedro.

B. Argumentos Intrínsecos

Si la tradición no parece proveer un argumento apodíctico a favor de la autenticidad, un examen de la Epístola misma lo hace. El autor se llama a sí mismo Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo (1,1), testigo de la gloriosa transfiguración de Cristo (1,16-18); recuerda la predicción de su propia muerte que Cristo le hizo (1,14); llama hermano al apóstol Pablo, es decir, su colega en el apostolado (3,15); y se identifica como el autor de la Primera Epístola. Por lo tanto, el autor debe ser necesariamente San Pedro mismo o alguien que escribió bajo su nombre, pero nada en la Epístola nos obliga a creer esto último. Por otro lado, hay varios indicios de su autenticidad: el autor se muestra a sí mismo como judío, de carácter ardiente, tal como el Nuevo Testamento retrata a San Pedro, mientras que una comparación con las ideas, palabras y expresiones de la Primera Epístola aporta un argumento adicional a favor de la identidad del autor. Tal es, al menos, la opinión de varios críticos.

Al examinar las dificultades planteadas en contra de la autenticidad de la Epístola, se debe recordar los siguientes hechos:

(1) Esta epístola ha sido acusada injustamente de estar impregnada de helenismo, del cual está aún más alejada que los escritos de Lucas y las Epístolas de Pablo.

(2) De la misma manera la falsa doctrina a la que se opone no es el gnosticismo totalmente desarrollado del siglo II, sino el gnosticismo incipiente según se le opuso San Pablo.

(3) La diferencia que algunos autores afirman que encuentran entre la doctrina de las dos Epístolas no prueba nada contra la autenticidad; otros incluso han afirmado que la comparación de doctrinas provee un nuevo argumento a favor de la identidad del autor. Sin duda existen diferencias innegables, pero ¿está un autor obligado a limitarse dentro del mismo círculo de ideas?

(4) La diferencia en estilo que los críticos han encontrado en ambas Epístolas es un argumento que requiere un trato muy delicado para proveer cierta conclusión, y aquí de nuevo otros, a partir de la similitud en estilo, han extraído un argumento a favor de la unidad de autoría. Admitiendo que la manera de hablar no es la misma en ambas epístolas, sin embargo, no hay la más leve dificultad, si es cierto como dijo San Jerónimo (vea la sección de arriba sobre la Primera Epístola), que en la composición de las Epístolas de San Pedro utilizó los servicios de diferentes intérpretes.

(5) También es incorrecto decir que esta Epístola supone que la Epístola de San Pablo ya había sido recopilada (3,15-16), pues el autor no dice que él conocía todas las Epístolas de San Pablo. El que debió haber considerado las epístolas de Pablo como inspiradas constituye una dificultad sólo para aquellos que no admiten la posibilidad de una revelación hecha a Pedro sobre este punto. Algunos autores también han impugnado erróneamente la unidad de la Epístola, mediante la afirmación de que consiste de dos epístolas distintas, que la segunda comienza en el capítulo 3, otros sostienen que del 2,1 al 3,2 ha sido interpolado. Recientemente M. Ladeuze (Revue Biblique, 1905) ha presentado una hipótesis que parece poner fin a numerosas dificultades: por un error involuntario de un copista o por la transposición accidental de las hojas del códice en el que se escribió la Epístola, una de las partes de la Epístola fue transpuesta, y de acuerdo con el orden de las secciones, la epístola debe ser restaurado de la siguiente manera: 1 - 2,3a; 3,1-16; 2,3b-22; 3,17-18. La hipótesis parece muy probable.

Relación de la Segunda Epístola de San Pedro con la Epístola de San Judas: Esta Epístola tiene tanto en común con la de San Judas que el autor de una debe haber tenido la otra frente a él. No hay acuerdo en cuanto a la cuestión de prioridad, pero la opinión más acreditada es que la de Pedro depende de la de San Judas.

Destinatarios; Ocasión y Objeto

Se cree que esta Epístola, como la Primera, fue enviada a los cristianos de Asia Menor, cuya mayoría eran gentiles convertidos (3,1-2; 2,11-12; etc.). Falsos maestros (2,1), herejes engañadores (3,3), de moral corrupta (2,1) y que niegan la Segunda Venida de Cristo y el fin del mundo buscaban corromper la fe y la conducta de los cristianos de Asia Menor. Pedro les escribió para exhortarlos a la práctica de la virtud y principalmente para alejarlos de los errores y mal ejemplo de los falsos maestros.

Fecha y Lugar de Composición

Mientras que los que rechazan la autenticidad de la Epístola la colocan alrededor del año 150 d.C., los defensores de su autenticidad sostienen que fue escrita después de 63-64, fecha de la Primera Epístola, y antes de 64-65, la fecha que se cree que ocurrió la muerte de San Pedro (1,14). Al igual que la Primera, fue escrita en Roma.

Análisis

En el exordio, el apóstol, después del sobrescrito y el saludo (1,1-2), recuerda los magníficos dones que Jesucristo ha concedido a los fieles; les exhorta a la práctica de la virtud y mucho más encarecidamente ya que está convencido de que su muerte se acerca (3-15). En el cuerpo de la Epístola (1,16 - 3,13), el autor presenta el dogma de la segunda venida de Cristo, lo cual prueba recordando su gloriosa transfiguración y la predicción de los profetas (1,16-21). Luego arremete contra los falsos maestros y condena su vida y doctrinas: (a) Deberán someterse a un castigo divino, en prueba de lo cual el Apóstol recuerda el castigo infligido a los ángeles rebeldes, a los contemporáneos de Noé y a los pueblos de Sodoma y Gomorra (2,1-11). (b) Describe la vida inmoral de los falsos maestros, su impureza y sensualidad, su avaricia y duplicidad (12-22). (c) Refuta sus doctrinas, y muestra que ellos están equivocados al rechazar la segunda venida de Cristo y el fin del mundo (3,1-4), pues el Juez ciertamente vendrá y de forma inesperada; incluso según el viejo mundo pereció por las aguas del Diluvio así el mundo actual perecerá por fuego y será reemplazado por un nuevo mundo (5-7). Luego sigue la conclusión moral: vivamos santamente, si deseamos estar listos para la venida del Juez (8-13); debemos emplear el tiempo que se nos ha dado para trabajar por nuestra salvación, según enseñó Pablo en sus epístolas, de las que abusan los falsos maestros (14-17). El versículo 18 consiste en el epílogo y la doxología.


Bibliografía: DRACH-BAYLE, Epitres catholiques (París, 1873); HUNDHAUSEN, Die beiden Pontificalhereiben des Apostelfursten Petrus (Maguncia, 1878); CORNELY, Hist. Et crit. Introductio in U. T. libros sacros, III, Introductio specialis (París, 1886); BEELEN, Hetniewe Testament (Brujas, 1891); JULICHER, Einleitung in das neue Testament (1894); KUHL, Briefe Petri und Judoe (Gottingen, 1897); HORT, The First Epistle of St. Peter (Londres, 1898); VON SODEN, Briefe des Petrus (Friburgo, 1899); HARNACK, Gesch. der altchrist. Literatur, die Chronologie (Leipzig, 1900); MONNIER, La premiere epitre de Pierre (Macon, 1900); ZAHN, Grundriss der Gesch. des neutestamntlichen Kanons (Leipzig, 1901); TRANKLE, Einleitung in das neue Test. (Friburgo, 1901); BIGG, A Critical and Exegetical Commentary on the Ep. of St. Peter and St Jude (Edimburgo, 1902); CEULEMANS, Comment. in epist. catholicas et apocalypsim (Malinas, 1904); HENKEL, Der zweite Brief des Apostelfursten petrus gepruft auf seine Echtheit (Friburgo, 1904); BELSER, Einleitung in das neue Test. (Freiburg, 1905); CALMES, Epitres cathol. Apocalypse (París, 1905); WEISS, Der erste Petrus brief und die neuere Kritik (Lichterfelde, 1906); DILLENSEGER, L'authenticite' de la II Petri in Melanges de la faculte' orientale (Beirut, 1907); CALLEWAERT in Revue d'hist. eccles. (Lovaina, 1902, 1907); JACQUIER, Hist. des livres du N. Test. (París, 1908); BRASSAC, Manuel bibl. (París, 1909); VANSTEENKISTE-CAMERLYNCK, Comment. in epist. cathol. (Brujas, 1909).

Fuente: Vander Heeren, Achille. "Epistles of Saint Peter." The Catholic Encyclopedia. Vol. 11. New York: Robert Appleton Company, 1911. 12 Aug. 2016 <http://www.newadvent.org/cathen/11752a.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina