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Lunes, 23 de octubre de 2017

Elegido

De Enciclopedia Católica

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El término “elegido” denota generalmente a uno escogido o tomado con preferencia entre dos o más; como término teológico es equivalente a “escogido como objeto de la misericordia o favor divino, como apartado para la vida eterna”. A fin de determinar más exactamente el significado de la palabra, estudiaremos su uso tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo.

El Antiguo Testamento

El Antiguo Testamento le aplica el término elegido, o escogido, sólo a los israelitas en la medida en que están llamados a ser pueblo de Dios, o que son fieles a su llamado divino. La idea de tal elección es común en el libro de Deuteronomio y en Isaías 40 - 66. En los Salmos 105(104),6.43 y 106(105),5, los elegidos son el pueblo hebreo en la medida en que es el receptor de las bendiciones temporales y espirituales de Dios. En Is. 65,9.15.22 son los israelitas arrepentidos, como pocos en número, "como cuando se encuentra mosto en el racimo" (Is. 65,8); en Tobías 13,10 son los israelitas que permanecieron fieles durante su cautiverio; en Sabiduría 3,9 y 4,15 son los verdaderos siervos de Dios; en Eclesiástico 24,4.13 y 46,2 estos siervos de Dios pertenecen al pueblo elegido.

El Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento (excepto tal vez en Hechos 13,17) transfiere el significado del término de su relación con el pueblo de Israel a los miembros de la Iglesia de Cristo, ya sea militante en la tierra o triunfante en el cielo. Así 1 Pedro 1,1 habla de los elegidos entre los "extranjeros dispersos" a través de las diversas partes del mundo; 1 Pedro 2,9 los representa como "un linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido”, llamado de las tinieblas a la luz admirable de Dios. San Pablo, también, habla de los elegidos (Rom. 8,33) y describe los cinco grados de su elección: los conocidos de antemano, los predestinados, los llamados, los justificados y los glorificados (Rom. 8,29-30). Él regresa a la idea una y otra vez: 2 Tes. 2,12 ss.; Col. 3,12; Tito 1,1-2; 2 Tim. 2,10. San Juan le da el título de elegidos a aquellos que luchan al lado del Cordero contra los poderes de las tinieblas (Apoc. 17,14). Según San Lucas (18,7), Dios escucha el clamor por justicia de sus escogidos; según los dos primeros evangelistas Él acortará los últimos días en atención a los escogidos (Mt. 24,22.24.31; Mc. 13,20.22.27).

Si se pregunta por qué se les dio el nombre de elegidos a los miembros de la Iglesia militante, podemos asignar un doble motivo: en primer lugar, fueron elegidos libremente por la bondad de Dios (Rom. 11,5-7.28); en segundo lugar, deben mostrar en su conducta que son hombres elegidos (Ef. 4,17). En la frase "muchos son llamados, pero pocos los escogidos", la última expresión traduce una palabra en el texto griego y latino, que se traduce en otros lugares como elegidos (Mt. 20,16; 22,14). Todos concuerdan que el término se refiere a los miembros de la Iglesia Triunfante, pero hay algunas dudas sobre si se refiere a la mera pertenencia, o a un grado más elevado. Esta distinción es importante, si la palabra implica la mera pertenencia a la Iglesia Triunfante, a continuación, entonces los elegidos, o aquellos que serán salvados, son pocos, y los no miembros de la Iglesia Triunfante son muchos; si la palabra denota un grado especial de gloria, entonces pocos alcanzarán este rango, y muchos no lo lograrán, aunque muchos son los llamados a ello. Por lo tanto, la oración "muchos son llamados, mas pocos escogidos" no resuelve la cuestión en cuanto al número relativo de los elegidos y de los perdidos. Los teólogos están divididos sobre este punto, y mientras que Cristo en los Evangelios insiste en la importancia de la salvación de la propia alma (Lc. 13,23.24), alternativamente, de modo que fortalece nuestra esperanza y excita nuestro temor para no dejarnos ningún motivo sólido para cualquier presunción o desesperación.


Bibliografía: LESÊTRE en Dict. de la Bible (París, 1899), II, 1708 ss.; MURRAY, Dict. of the Bible (Nueva York, 1900), I, 678 ss.; KNABENBAUER, Evang. secundum Matthæum (París, 1893), II, 178, 247; MONSABRÉ Conférences de Notre-Dame (1899), Conferencia VI.

Fuente: Maas, Anthony. "Elect." The Catholic Encyclopedia. Vol. 5. New York: Robert Appleton Company, 1909. <http://www.newadvent.org/cathen/05374a.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina.