Herramientas personales
En la EC encontrarás artículos autorizados
sobre la fe católica
Sábado, 21 de octubre de 2017

Devoción al Corazón de María

De Enciclopedia Católica

Saltar a: navegación, buscar
Fotografía de Mario Sarmiento.Siglo XVIII. Autor desconocido. Centro de espiritualidad del Carmen. Toluca, México
Alegoría del Corazón de María
5388141161 25a055cbc4.jpg
ImaculadoCorMaria.jpg
SACROS~1.JPG
3301365176 d11eb71455.jpg
CORAZON DE MARIA.jpg
Al igual que en el artículo sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, este tema será considerado bajo dos encabezamientos:

La naturaleza de la devoción

Así como la devoción al Sagrado Corazón de Jesús es únicamente una forma de devoción a la adorable Persona de Jesús, así también lo es esta devoción al Santísimo Corazón de María, sin embargo, esta es una forma especial de devoción a Ella. Hablando apropiadamente, a fin de que haya devoción al Corazón de María, la atención y homenaje de los fieles debe ser dirigida al corazón físico mismo. Aunque en sí no es suficiente, los fieles deben de leer, en lo que a esto se refiere, todo lo que sugiere el corazón humano de María el cual es símbolo expresivo y recordatorio viviente de: la vida interior de María, sus alegrías y dolores, sus virtudes y perfecciones ocultas, y, sobretodo, su amor virginal por su Dios, su amor maternal por su Divino Hijo y su amor maternal y compasivo por sus miserables y pecadores hijos que vivimos aquí abajo. La consideración de la vida interior de María y las bellezas de su alma, sin ninguna consideración a su corazón físico, no constituye nuestra devoción; aún así, mucho menos consiste en la mera consideración del Corazón de María como parte de su cuerpo virginal. Los dos elementos son esenciales en la devoción así como el cuerpo y el alma son necesarios para la constitución del hombre.

Todo esto se hace suficientemente claro en las explicaciones que se dan en otra parte (ver DEVOCION AL CORAZON DE JESUS), y, si es que nuestra devoción a María no debe ser confundida con nuestra devoción a Jesús, por otro lado, es igualmente cierto que nuestra veneración al Corazón de María es, como tal, análoga a la adoración al Corazón de Jesús. Sin embargo, para indicar algunas diferencias en esta analogía, es mejor explicar el carácter de la devoción católica al Corazón de María. Algunas de estas diferencias son bien marcadas mientras que otras apenas se pueden percibir. La devoción al Corazón de Jesús se dirige especialmente al Divino Corazón como un amor desbordante de amor a los hombres y este amor es presentado a nosotros como despreciado e injuriado. Por otro lado, en la devoción al Corazón de María, lo que parece que sobretodo nos atrae es el amor a este Corazón de Jesús y a Dios. No descuida su amor por los hombres pero no es tan evidente ni tan dominante. Con esta diferencia se vinculan uno al otro. Lo primero, el acto de la devoción al Corazón de Jesús es el amor deseoso de responder con amor, en la devoción al Corazón de María no se indica tan claramente este primer acto, tal vez, la meditación y la imitación tienen un lugar tan importante como el amor. Aunque esta meditación e imitación están impregnadas con afecto filial, la devoción por sí misma se presenta sin un objeto lo suficientemente conspicuo o llamativo como para despertar nuestro amor, el cual es, por lo contrario, despertado con naturalidad y aumentado por la meditación y la imitación. Por lo tanto, hablando con exactitud, el amor es más el resultado que el objeto de la devoción, siendo más bien el objeto el amor a Dios y a Jesús, uniéndonos mejor a María para este propósito e imitando sus virtudes. También parecería que aunque en la devoción al Corazón de María, el corazón tiene una parte esencial como símbolo y como objeto sensible, éste no destaca tan prominentemente como en la devoción al Corazón de Jesús; nosotros pensamos más bien en aquello que simboliza: en el amor, en las virtudes y en los sentimientos de la vida interior de María.

La Historia de la Devoción

La historia de la devoción al Corazón de María se conecta en muchos puntos con la del Corazón de Jesús, sin embargo tiene su propia historia la cual, aunque es muy simple, no carece de interés. La atracción de los cristianos fue atraída inicialmente por el amor y las virtudes del Corazón de María. El Evangelio mismo atrajo esta atención con exquisita discreción y delicadeza. Lo que primero estimuló fue la compasión por la Madre Virgen. Por decirlo así, fue al pie de la Cruz que el Corazón cristiano conoció por primera vez el Corazón de María. La profecía de Simeón preparó el camino, proporcionó la devoción con su fórmula favorita y su representación más popular: el corazón atravesado por una espada. Pero María no sólo estaba pasivamente al pie de la Cruz, sino que como dice San Agustín “ella cooperó con la caridad en la obra de nuestra propia redención”.

Otro pasaje de las Sagradas Escrituras que ayuda a presentar la devoción fue lo que San Lucas repitió dos veces: que María guardaba todo lo dicho y los actos de Jesús en su corazón, que allí es donde ella los reflexionaba y vivía. Algunos de las palabras de la Virgen registradas también en el Evangelio, particularmente en el Magnificat, descubren facetas nuevas en la psicología mariana. Algunos de los patriarcas también arrojan luz sobre la psicología de la Virgen, por ejemplo, San Ambrosio al hacer su comentario sobre San Lucas, sostiene a María como el ideal de la virginidad; y también San Ephrem, cuando canta tan poéticamente la venida de los Magos y la bienvenida que les dio la humilde Madre. Poco a poco, como consecuencia de la aplicación del Cántico de las relaciones de amor entre Dios y la Virgen Bendita, el Corazón de María viene a ser para la Iglesia Cristiana el Corazón del Esposo de los Cánticos así como el Corazón de la Madre Virgen. Fortalecen esta impresión algunos pasajes de otros Libros de la Sabiduría entendidos igualmente como que se refieren a María en quién ellos personifican la sabiduría y sus gracias gentiles. Estos son los textos en los cuales la sabiduría es presentada como la madre del amor excelso, del temor, del conocimiento y de la santa esperanza. En el Nuevo Testamento, Isabel proclama que María es bendita porque ella ha creído las palabras del ángel; el Magnificat es una expresión de su humildad; y en respuesta a la mujer del pueblo quien para exaltar al Hijo proclamó que la Madre era Bendita, Jesús mismo dijo: “ ¡ Felices, pues, los que escuchan la palabra de Dios y la observan!” ¿Es esta una manera de Jesús de invitarnos a buscar en María lo que la ha hecho tan amada de Dios y ha originado que sea elegida como la Madre de Jesús? Los padres de la Iglesia comprendieron lo que El quería decir y encontraron en estas palabras una nueva razón para alabar a María. San León dice que a través de la fe y del amor ella concibió a su Hijo espiritualmente, incluso antes de recibirlo dentro de su vientre, y San Agustín nos cuenta que ella fue bendecida más por haber dado a luz a Cristo en su corazón que por haberlo concebido en su carne.

Es sólo a partir del Siglo XII, o hacia finales del Siglo Once, que se percibieron ligeras indicaciones de una devoción regular en un sermón de San Bernardo (De duodecim stellis), del cual la Iglesia ha tomado un extracto que ha sido usado en los Oficios de la Compasión y en el de los Siete Dolores. Se encuentran fuertes evidencias en las meditaciones pías del Ave María y del Salve Regina atribuidas usualmente a San Anselmo de Lucca (muerto en 1080) o a San Bernardo; y también en el gran libro “De laudibus B. Mariae Virginis” (Douai, 1625) por Richard de Saint-Laurent, Penitenciaría de Rouen en el Siglo Trece. En Santa Matilde (muerta en 1298) y en Santa Gertrudis (muerta en 1302) la devoción tuvo sus dos fieles más fervientes. Un poco antes ésta había sido incluida: por Santo Tomás Becket en la devoción de gozos y dolores de María; por el Beato Hermann (muerto en 1245), uno de los primeros hijos espirituales de Santo Domingo, en sus otras devociones a María y, de algún modo la devoción apareció después en el “Libro de las Revelaciones” de Santa Brígida. Tauler (muerto en 1361) contempla en María el modelo del místico, así también San Ambrosio percibió en ella el modelo de un alma virginal. San Bernardino de Siena (muerto en 1444) se absorbió más en la contemplación del corazón virginal, y es de él de quien la Iglesia ha prestado las lecciones de Nocturno Segundo para la fiesta del Corazón de María. San Francisco de Sales habla de la perfección de este corazón, que es el modelo de amor a Dios y que está dedicado a su “Theotimus”.

Durante el mismo periodo uno encuentra mención ocasional de prácticas devotas al Corazón de María como en el “Antidotarium” de Nicolás du Saussay (muerto en 1488) en Julius II, y en “Pharetra” de Lanspergius. En la segunda mitad del Siglo Dieciseis y en la primera del Diecisiete, autores ascéticos extendieron grandemente esta devoción. Sin embargo, esta difusión fue reservada a San Juan Eudes (muerto en 1681) quien propagó esta devoción, la hizo pública y realizó la fiesta que se celebraba en honor al Corazón de María primero en Autun en 1648 y después en un número de diócesis francesas. El estableció algunas sociedades religiosas interesadas en sostener y promover la devoción, de las cuales su gran libro sobre el Coeur Admirable (Corazón Admirable) publicado en 1681, se asemeja a un compendio. Los esfuerzos del Padre Eudes para asegurar la aprobación de un Oficio y fiesta fracasaron en Roma, pero a pesar de esta desilusión la devoción al Corazón de María progresó. En 1699, el Padre Pinamonti (muerto en 1703) publicó en italiano su hermoso pequeño trabajo sobre el Corazón de María, y en 1725 Pere de Gallifet combinó la causa del Corazón de María con la del Corazón de Jesús para obtener la aprobación de Roma a las dos devociones y la institución de las dos fiestas. En 1729 su proyecto fue anulado y en 1765 se separaron las dos causas para asegurar el éxito de la principal.

En 1799, Pío VI, entonces en cautividad en Florencia, concedió al Obispo de Palermo la fiesta del Purísimo Corazón de María para algunas de las Iglesias en su Diócesis. En 1805, Pío VII hizo una nueva concesión, gracias a la cual la fiesta fue pronto celebrada ampliamente. Esa era la situación existente cuando comenzó en París un doble movimiento que otorgaba nuevos impulsos a la devoción. Los dos factores de este movimiento fueron, primero que todo, la revelación de la “medalla milagrosa” en 1830 y todos los prodigios que siguieron, y luego el establecimiento de la Archicofradía del Inmaculado Corazón de María, Refugio de los Pecadores en Notre-Dame-des-Victoires desde donde se esparció rápidamente en todo el mundo y fue la fuente de innumerables gracias. El 21 de Julio de 1855, la Congregación de los Ritos aprobó finalmente el Oficio y la Misa del Purísimo Corazón de María los que sin embargo, no se impusieron en toda la Iglesia Universal.

Actualmente existen por lo menos tres fiestas al Corazón de María, todas con Oficios diferentes:

· La de Roma, observada en muchos lugares el Domingo después de la Octava de la Asunción y en otros, el tercer Domingo después de Pentecostés o a inicios de Julio; · La del Padre Eudes celebrada entre los eudistas en un número de comunidades el 8 de Febrero; y · La de Notre-Dame-des-Victoires, solemnizada un poco antes de la Cuaresma.

Sin embargo, todavía no se ha dispensado ninguna fiesta para toda la Iglesia.


JEAN BAINVEL Transcrito por William G. Bilton, Ph. D. Traducido al castellano por Laura Morales