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Lunes, 16 de octubre de 2017

Biblioteca de Alejandría

De Enciclopedia Católica

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La Gran Biblioteca de Alejandría, llamada así para distinguirla de la pequeña o "hermana" biblioteca en el Serapeum, fue fundada por los primeros Ptolomeos con el propósito de ayudar al mantenimiento de la civilización Griega en el interior de la muy conservadora civilización Egipcia. Si bien es cierto que el traslado de Demetrio Phalero a Alejandría en el año 296-295 a.C., está relacionado con la organización de la biblioteca, también lo es que por lo menos el plan de esta institución fue elaborado bajo Ptolomeo Sotero (muerto alrededor de 284 A.C.), y que la finalización de la obra y su conexión con el Museo fue la obra máxima de su sucesor, Ptolomeo Philadelpho. Como Estrabón no hace mención de la biblioteca en su descripción de los edificios del puerto, parece claro que no estaba en esta parte de la ciudad, además, su conexión con el Museo, permite ubicarla en el Brucheion o noreste de la ciudad.

Se cuentan muchas anécdotas acerca de los medios que fueron utilizados para la adquisición de los libros. Los barcos que entraban al puerto eran forzados a entregar cualquier manuscrito que llevasen y a tomar copias en su lugar. La copia oficial del trabajo de tres grandes tragedias provenientes de Atenas fue retenida por el incumplimiento en el depósito de quince talentos que habían sido prometido por su devolución. La rivalidad entre Alejandría y Pérgamo llegó a ser tan intensa que con el fin de perjudicar a la segunda la exportación del papiro fue prohibida. La necesidad los llevó a perfeccionar el método de preparar pieles para recibir la escritura; este nuevo y mejor material es conocido como "charta pergamena", del que se deriva la palabra inglesa "parchment". Esta rivalidad fue también la ocasión de la composición de muchas obras espurias y de invenciones para darle a los manuscritos la apariencia de una falsa antigüedad, y también de apresuramientos y malas copias. El cálculo del número de libros así obtenidos es variado, y las discrepancias se deben en parte al hecho de que las informaciones provienen de diversos períodos. Se dice que Demetrio Phalero dijo que el número de rollos de papiro era de 200.000, pero que el esperaba aumentarlo hasta 500.000. En el tiempo de Callimaco se habla de 490.000 rollos; más tarde, Aulo Gellio y Ammianus Marcellius hablan de 700.000 rollos. Orosio, por otra parte, habla sólo de 400.000, al tiempo que Séneca dice que 40.000 rollos fueron quemados (probablemente un error por 400.000).

El primer bibliotecario fue Zenodoto (234 A.C.). Seguido por Eratóstenes (234-195 A.C.); Aristófanes de Bizancio (195-181 A.C.); y Aristarco de Samotracia (181-171 A.C.), todos nombres de famosos estudiosos. La inclusión en esta lista de Calímaco y Apolonio de Rodas tiene poca autoridad y parece cronológicamente imposible. El trabajo de estos hombres consistió en la clasificación, catalogación y edición de las obras de la literatura Griega y ejercieron una profunda y permanente influencia no sólo por la forma de los libros, de sus subdivisiones y su disposición sino también por la transmisión de textos en todas las fases de la historia de la literatura.

Después de Aristarco la importancia de la biblioteca fue poca. En el 47 A.C. César se vio impelido a quemar su flota para impedir que cayera en manos de los Egipcios. El fuego se extendió a los documentos y al arsenal naval y destruyó 400.000 rollos. Es más probable según el relato de Orosio que esto no ocurrió en la biblioteca misma, por cuanto los rollos había sido trasladados de ella al puerto para embarcarlos a Roma; esta opinión es confirmada por la narración del autor de la "Bellum Alexadrinum" según la cual Alejandría había sido construida de tal manera que estuviera a salvo de una gran conflagración.

Séneca y Gellio también hablan sólo de la quema de los manuscritos, este último presentándola como de completa. Menos cuidadosamente Plutarco y Dio Cassio hablan de la quema de la biblioteca, pero de haber sido este el caso se debería encontrar mención de tal hecho Cicerón y en Estrabón.

La pérdida de libros fue parcialmente reparada por el regalo a Antonio por parte de Cleopatra, en el año 41 D.C., de 200.000 volúmenes provenientes de la biblioteca de Pérgamo. Domiciano extrajo e hizo transcripciones de la biblioteca. Bajo Aurelio, en el año 272 de nuestra era, una gran parte del Brucheion fue destrozada y es muy probable que la biblioteca también pereciera en este tiempo. La pequeña biblioteca de Serafis se supone que pereció cuando el Templo de Serafis fue destruido por Teóphilo, pero no hay una narración definitiva de este hecho. En la época de Gibbon, la más generalizada versión de la destrucción de la biblioteca fue la de que al momento de la captura de la ciudad por los Musulmanes en el 642 D.C., Juan Philoponos, habiendo hecho amistad con el general Amrou, le demandó el regalo de la biblioteca. Amrou le refirió el dato al Califa Omar y recibió esta respuesta: Si los escritos de los Griegos concuerdan con el libro de Dios, ellos no son necesarios, y no necesitan ser preservados; y si están en desacuerdo, son perniciosos, y deben ser destruidos.

En consecuencia ellos fueron usados en los baños como leña por seis meses. Esta historia es ahora generalmente desacreditada, principalmente porque se basa sólo sobre la autoridad de Abulpharagius, un escritos de seis siglos después, de la que los primeros escritores, especialmente Eustaquio y Elmacin, no hacen mención de ella. Por otra parte, el acto es contrario a las costumbres musulmanas; además, Juan Philoponos vivió cerca de un siglo después de la captura de la ciudad y la narración del tiempo que los rollos duraron comocombustible de los baños es absurdo. Finalmente, está la evidencia dada antes de la anterior destrucción de la biblioteca.

SANDYS, A History of Classical Scholarship (Cambridge, 1903); RITSCHL, Opuscula Philologica, I; SUSEMIHL, Geschichte der gr. Litteratur in der Alexandrinerzeit (Leipzig, 1891); DZIATZKO, in PAULY-WISSOWA, Real-Encyclopædie, III, 409-414.

GEORGE MELVILLE BOLLING Transcrito por Thomas J. Bress Traducido por José Octavio Lara, Pbro. Parroquia Nuestro Señor de los Cristales.