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Sábado, 22 de septiembre de 2018

Avempace

De Enciclopedia Católica

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(Ibn Bayya, o Ibn Badja, llamado por los escolásticos Aven-Pace y Avempace).

Filósofo árabe, médico, astrónomo, matemático y poeta; nacido en Zaragoza hacia finales del siglo XI; murió en Fez en 1138. En 1118 estaba en Sevilla donde escribió muchos tratados sobre lógica. Después se trasladó a Granada y a África. Según relatos árabes fue envenenado por un médico rival.

Escribió tratados sobre matemáticas, medicina, filosofía y comentó varias obras de Aristóteles, sobre todo la “Physcis”, “Meteorológica”, "De Generatione et Corruptione", partes de "Historiae Animalium" y "De Partibus Animalium". Sus obras filosóficas incluían tratados de lógica, una obra “Sobre el Alma”, “La guía del Ermitaño” (Munk traduce el título como “Regime du Solitaire”, “Tratado de la unión del Intelecto con el hombre.” y una “Valedictory Letter” (La Carta del Adiós) (Citada en latín como “Epistola de Discessu” y “Epistola Expeditionis”). Se dice que sus tratados sobre lógica existen en manuscritos en la Biblioteca del Escorial. Sus otros escritos o se han perdido o aún no se han descubierto. Afortunadamente, un escritor judío del siglo XIV, Moisés de Narbona nos ha dejado un relato de “La Guía del Ermitaño” que completa las insatisfactorias alusiones de Averroes y nos permite describir las doctrinas que contiene.

El propósito del tratado es mostrar cómo el hombre (el ermitaño) puede, desarrollando sus propias potencialidades mentales, llegar a la unión con el Intelecto Agente (ver Escuela Árabe de Filosofía). Avempace distingue dos clases de acciones: la animal, que es el producto del alma animal, y la acción humana, que es el producto del alma humana, es decir del libre albedrío y la reflexión. El hombre que destroza una piedra porque le ha herido realiza una acción animal; pero el que destroza una piedra para que no haga daño a otros, realiza una acción humana. Ahora bien, el primer paso en la educación moral del ermitaño es enseñarse a sí mismo a ser gobernado por la voluntad y la razón, para que todas sus acciones sean humanas. Sin embargo, ese es solamente el primer paso.

Sin embargo, una vez conseguido, el ermitaño debe luchar por una mayor perfección para que sus acciones lleguen a ser divinas. Debe esforzarse por ponerse en contacto con las formas espirituales, que ascienden en grado creciente de incorporeidad desde las ideas del alma individual hacia el Intelecto Agente en sí mismo, sobre el que sólo hay formas de cuerpos celestiales, es decir, sustancias espirituales que, si bien tienen una importante función cósmica, no tienen relación a la excelencia moral del hombre. Por consiguiente, a través de las ideas a las ideas de las ideas y por éstas a las ideas abstractas de las cosas y por éstas últimas a la forma pura del Intelecto Agente: éste es el camino de la perfección, según Avempace. La mente que se ha puesto en contacto con el Intelecto Activo, se convierte en un intelecto, el Intelecto Adquirido (Intellectus Adeptus). Es en referencia a este último punto sobre el que los escolásticos, en especial San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino, mencionan a Avempace y sus enseñanzas. Su conocimiento del autor del “Régimen del Solitario” les llegó seguramente a través de su discípulo y admirador Averroes, y ciertos pasajes de “Contra Gentiles” justificarían quizás la suposición de que Santo Tomás conociera de primera mano la "Epistola Expeditionis".


Bibliografía: Munk, Melanges de philosophie juive et arabe (París, 1859), 410-418; Munk, en Dictionnaire des science philosophiques (París, 1844-52), s. v. Ibn-Badja; St. Thomas, Contra Gentiles, II, 41; Casiri, Bibliotheca Arabo-hispana (Madrid, 1760), I, 179; Ueberweg-Heinze, Gesch. Der Phil., II, 9th ed. 249 ss., tr. I, 414; Stockl, Gesch. Der Phil. D.M.A. (Mainz, 1865), II, 58 ss.

Fuente: Turner, William. "Avempace." The Catholic Encyclopedia. Vol. 2. New York: Robert Appleton Company, 1907. <http://www.newadvent.org/cathen/02150a.htm>.

Traducido por Pedro Royo. lhm