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Lunes, 23 de octubre de 2017

Atila, el Huno

De Enciclopedia Católica

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Rey y general de los Hunos; murió en 453. Accede en 433 al reino de Scythian, hordas desorganizadas y enfrentadas por discordias internas, a las que Atila pronto transforma en un compacto y formidable pueblo, terror de Europa y Asia. Una fracasada campaña contra Persia, fue seguida en 441 por una invasión del Imperio Romano Oriental, el éxito le animó a invadir a Occidente.

Atravesó sin oposición Austria y Alemania, llegó a Francia cruzando el Rhin, saqueando y devastando todo a su paso con ferocidad inigualable en la historia de las invasiones bárbaras y forzando a los que dominaba a aumentar su poderoso ejército. En 451 es vencido en los Plains of Chalons por los aliados romanos bajo el mando del general Aecio y los Visigodos Teodorico y Torismon, evitando el peligro que amenazaba a la Civilización Occidental. En la primavera de 425, Atila retorna a Italia, asola Aquileia y muchas ciudades de Lombardía, cuando se disponía a marchar sobre Roma, huido el emperador Valentino III, cerca de Mantua, recibe una embajada- cuyo miembro más eminente era el Papa León I - que disuade a Atila de saquear la ciudad Atila murió poco después.

El interés del Catolicismo por su personalidad se centra principalmente en sus relaciones con aquellos obispos de Francia e Italia que se enfrentaron a la furia devastadora del Caudillo huno. El poder moral de estos obispos, muy particularmente el del Papa durante la disolución del imperio, es notable tanto por la confianza depositada en ellos por el creyente, al oponerse al terrible invasor, como por la influencia que ellos ejercieron a veces enfrentándose a su influjo devastador. San Agnan de Orleáns mantuvo el coraroyesje de sus fieles y reforzó la ciudad lo que impidió que fuese arrasada; en Troyes San Lobo se enfrentó a Atila y liberó la provincia de Champagne al ofrecerse a sí mismo como rehén mientras el ejército huno permanecía en Francia; cuando Roma parecía seguir la misma suerte que las ciudades de Lombardía, a las que Atila había sometido al saqueo. Allí estaba el Papa León, el Magno, quien, con su elocuencia u su poderosa personalidad se enfrentó al conquistador y salvó la ciudad. El terror al que durante siglos se asoció al nombre de Atila " el azote de Dios ", como ha sido llamado, y la gratitud del pueblo a sus salvadores, unieron la hagiografía medieval con las leyendas de los santos con lo que creció la reputación de haber detenido a Atila por su fuerte personalidad, o por sus plegarias detuvo su avance. Pero estas leyendas ponen de relieve la importancia de los hechos que las inspiraron. Nos permiten valorar como general ese sentimiento expresado en el reciente descubrimiento, llamada de Eusebio de Dorilaeo al Papa León I :" Curavit desuper et ab exordio consuevit thronus apostolicus iniqua preferentes defensare..et humi Jacentes erigere, secundum possibilitatem quam habetis (ver Harnack..History of Dogma (Boston,1903),II,168). El orgullo nacional, también ha investido la persona de Atila de una aureola de ficción.

En muchos países europeos perviven leyendas sobre el Caudillo Huno, quien es diversamente representado, según la vanidad de cada nación que vería en Atila un amigo que ha contribuido a su grandeza o como un enemigo a cuya fuerza sobrehumana no ha sucumbido. De estas leyendas la más conocida es la historia de Etzel ( Atila) en la "Niebelungen-lied".

JOHN B. PETERSON Transcrito por Joseph P. Thomas Traducido por Fidel García Martínez