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Jueves, 19 de octubre de 2017

Armand-Jean Du Plessis

De Enciclopedia Católica

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Cardenal, hombre de estado francés, nacido en París, 5 de septiembre de 1585; muerto allí el 4 de diciembre de 1642. Al principio, intentó seguir la carrera militar pero cuando en 1605 su hermano Alfredo renunció al obispado de Luçon y se retiró a la Gran Cartuja, Richelieu consiguió la sede de Enrique IV y se retiró al campo para empezar sus estudios teológicos bajo la dirección del Obispo Cospean de Aire. Fue consagrado obispo el 16 de abril de 1607; no tenía todavía veintidós años de edad, aunque el Breve de Pablo V del 19 de diciembre de 1606, en el que se anunciaba su nombramiento, contenía la declaración: “in vigésimo tertio aetatis anno tantum constitutus”. Mgr. Lacroix, el historiador de la juventud de Richelieu, cree que en un viaje realizado a Roma a finales de 1606, Richelieu mintió al Papa sobre su edad, pero el incidente permanece todavía poco claro. En su diócesis, Richelieu mostró un gran celo por la conversión de los protestantes y designó a los oratianos y a los capuchinos para que realizaran misiones en todas las parroquias. Richelieu representó al clero de Poitou en los Estados Generales de 1614, donde comenzó su carrera política. Aquí fue el portavoz de la Iglesia, y en un célebre discurso pidió que los obispos y prelados, que se convocara a los obispos y prelados a los consejos reales, que se prohibiera la distribución de beneficios eclesiásticos a los laicos, que la Iglesia quedara exenta de la tributación, que los protestantes que usurpaban iglesias o que tenían a sus correligionarios enterrados en ellas fueran castigados, y que los Decretos del Concilio de Trento fuera promulgados por toda Francia. Concluyó asegurando al joven rey Luis XIII que el deseo del clero era que el poder real estuviera tan afianzado que pudiera ser “comme un ferme rocher que brise tout ce qui le heurte” (como roca firme que rompe todo lo que se le opone).

Richelieu fue nombrado secretario de estado el 30 de noviembre de 1616, pero después del asesinato del favorito de María de Médicis, Concini, fue obligado a abandonar el ministerio y acompañar a la Reina Madre a Blois. Para escapar de las intrigas políticas que le perseguían se retiró en junio de 1617 al priorato de Coussay y durante este tiempo de ocio provocado por su desgracia publicó en octubre del mismo año (fecha confirmada por Mgr. Lacroix) su “Les principaux points de la foi de l`eglise catholique, défendus contre l’ecrit adressé au roi par les quatre ministres de Charenton”; después de leer este libro, siglo y medio más tarde, Jacques de Coras, pastor protestante de Tonneins, se convirtió al catolicismo. Richelieu continuaba siendo a los ojos del rey un enemigo de su poder; el Capuchino Leclerc du Tremblay, nunca consiguió del todo justificarlo ante la opinión del rey. Para desarmar sospechas, Richelieu pidió al rey que nombrara un lugar de exilio, y, por orden suya, marchó en 1618 a Avignon, donde estuvo casi un año y donde compuso un catecismo que se hizo celebre bajo el nombre de “Instruction du chrétien”. Este libro, destinado a ser leído cada domingo en todas las parroquias durante el sermón, constituyó una verdadera bendición en una época en la que la ignorancia religiosa era el principal mal. Cuando María de Médicis se escapó de Blois en 1619, Richelieu fue seleccionado por el ministro Luynes para negociar la paz entre Luis XIII y su madre. Por el Breve de 3 de noviembre de 1622 fue nombrado cardenal por Gregorio XV. El 19 de abril de 1624 reingresó en el Consejo de Ministros, y el 12 de agosto de 1624 fue nombrado su presidente. La política de Richelieu puede ser reducida a dos ideas principales: la unificación interna de Francia y la oposición a la Casa de Austria. En el interior tuvo que luchar con constantes conspiraciones en la que estuvieron involucrados María de Médicis, la Reina Ana de Austria, Gastón de Orleáns (hermano del rey) y los nobles más importantes de la corte. Las ejecuciones de Marillac (1632), Montmorency (1632), Cinq-Mars y la de Thou (1642) intimidaron a los enemigos del cardenal. También tuvo que luchar contra los protestantes que estaban constituyendo un estado dentro del estado (véase HUGONOTES). La rendición de La Rochela y la paz de Alais (28 de junio de 1629) aniquilaron el protestantismo como partido político.

La política exterior de Richelieu (véase LECLERC DU TREMBLAY) se caracterizaba por su audacia en establecer alianzas con los protestantes extranjeros. En varias ocasiones fueron sus aliados los Grisones, Suecia, los Príncipes Protestantes de Alemania, y Bernardo de Sajonia-Weimar. Los tratados favorables firmados por Mazarino fueron el resultado de la política de Richelieu de alianza con los protestantes, una política que fue severamente criticada por algunos católicos. A finales de 1625, cuando Richelieu se preparaba para devolver la Valtelina a los protestantes grisones, los partidarios de España le denominaron “el Cardenal de los Hugonotes”, y aparecieron dos panfletos contra él, atribuidos a los jesuitas Eudemon Joannes y Jean Séller, panfletos que él ordenó quemar. Sin embargo, las hostilidades continuaron hasta que finalmente el confesor del rey se opuso a la política exterior del cardenal. Tuvo lugar una acontecimiento de gran importancia sobre el cual han arrojado nueva luz recientes investigaciones del P. De Rochemonteix en los archivos de la Compañía de Jesús. El P. Caussin, autor de “La santa corte”, y jesuita al que Richelieu, el 25 de marzo de 1636, había nombrado confesor real, intentó utilizar contra el cardenal la influencia de Mll. de La Fayette, dama por la que el rey había sentido una cierta veneración y que había ingresado en un convento. El 8 diciembre de 1637, el P. Caussin, en una solemne entrevista, le recordó al monarca sus obligaciones hacia su esposa, Ana de Austria, hacia la que se mostraba demasiado indiferente; le rogó que permitiera a su madre, María de Médicis, regresar a Francia; y le señaló los peligros que para el catolicismo podrían surgir por medio de la alianza de Richelieu con los turcos y los príncipes protestantes de Alemania. Después de esta entrevista Caussin le dio la Comunión y le dirigió un magnífico sermón en que le rogaba que obedeciera sus instrucciones. Richelieu creía que el confesor del rey debería ocuparse únicamente de “dar absoluciones”, consecuentemente, el 10 de diciembre de 1637, el P. Caussin fue cesado y exiliado a Rennes, y su sucesor, el P. Jacques Sirmond, célebre por sus conocimientos históricos, fue obligado a prometer que si veía “cualquier cosa censurable en la conducta del estado” informaría de ello al cardenal y que no trataría de influir en la conciencia del monarca. Sin embargo, los temores del P. Caussin sobre la política exterior de Richelieu no eran compartidos por todos sus hermanos. El P. Lallemand, por ejemplo, afirmó era imprudente o precipitado culpar al rey de la alianza política con los príncipes protestantes, alianza que había sido hecha solamente después del fracasado intento de establecer una con Baviera y los príncipes católicos de Alemania.

No puede negarse que Richelieu estaba dominado por sentimientos religiosos. Fue él quien en febrero de 1638, impulsó la declaración por la que Luis XIII consagró el Reino de Francia a la Virgen María; en el ministerio se rodeo de sacerdotes y religiosos; empleó como general al Cardenal de la Valette; como almirante a Sourdis, arzobispo de Burdeos; y a Berulle como diplomático; como ayudante principal tenía a Leclerc du Tremblay. El mismo designó a Mazarino como su sucesor. Tenía un elevado concepto de la dignidad sacerdotal, estaba continuamente protestando contra las intrusiones de los parlamentos en la jurisdicción de la Iglesia, y aconsejaba al rey que eligiera como obispos solamente a aquellos que “hubieran pasado después de sus estudios un tiempo considerable en los seminarios, lugares que fueron creados para el estudio de las funciones eclesiásticas”. Quiso obligar a los obispos a residir en su diócesis para fundar seminarios en ellas y para visitar sus parroquias. Alentó los esfuerzos de San Vicente de Paúl para inducir a los obispos a establecer los “exercises des ordinants”, retiros en los que los jóvenes clérigos se preparaban ellos mismos para el sacerdocio. Richelieu previó los peligros que el naciente Jansenismo iba a suponer para la Iglesia. Las doctrinas de Saint-Cyran sobre la constitución de la Iglesia, sus puntos de vista sobre la organización de la “gran República Cristiana”, sus lazos con Jansenius (que en 1635 había compuesto un violento panfleto contra Francia bajo el nombre de Mars gallicus) y la forma en que se opuso a la nulidad del matrimonio de Gastón de Orleáns, atrajeron sobre él las sospechas del Cardenal. Después de arrestarlo el 14 de mayo de 1638, Richelieu dijo que “si Calvino y Lutero hubieran sido confinados antes de comenzar a dogmatizar, los estados se habría ahorrado muchos problemas”. Dos meses después, Richelieu obligó a separarse a los solitarios de Port Royal des Champs; algunos fueron enviados a París, otros a Ferte-Milon. Saint Cyran permaneció en la prisión de Vincennes hasta la muerte del cardenal. Con la ayuda del benedictino Gregoire Tarisse, Richelieu se aplicó en persona, con seriedad, a la reforma de los benedictinos. En 1627 fue nombrado coadjutor del Abad de Cluny, y en 1629, Abad; llamó para este monasterio a los benedictinos Reformados de Saint Vannes. Se proponía fundir las congregaciones de Saint Vannes y Saint Mur en un solo cuerpo, del cual él habría sido superior. Solamente se había llevado a cabo la mitad de este proyecto, pese a todo, cuando en 1636 consiguió unir la Orden de Cluny a la Congregación de Saint Maur. Desde 1622 Richelieu fue Rector (proviseur) de la Sorbona y, en virtud de este cargo, decano de la Asociación de Doctores de la Sorbona. Reconstruyó por entero la Sorbona entre 1626 y 1629, y entre 1635 y 1642 edificó la iglesia de la Sorbona, en la que está enterrado.

Sobre la cuestión de las relaciones entre el poder temporal y espiritual, Richelieu profesaba la doctrina denominada Duvalismo por el teólogo Duval, quien admitía al mismo tiempo el poder supremo del Papa y el poder supremo del rey, así como el origen divino de ambos. En las desavenencias entre Roma y los Galicanos, actuaba con mucha frecuencia como mediador. Cuando en 1626 apareció en París un libro del jesuita Sanctarel en el que se afirmaba el derecho de los papas a deponer reyes por malos actos, herejía o incapacidad, el libro fue quemado en la Plaza de Greve. El Padre Coton y los tres superiores de las casas de los Jesuitas comparecieron ante el Parlamento, y fueron obligados a repudiar el libro. Los enemigos de los jesuitas deseaban crear inmediatamente nuevos disturbios con motivo de la publicación de la “Somme theologique des vérités apostoliques capitales de la religión chrétienne”, del Padre Garasse, pero Richelieu se opuso a que continuase la agitación. Sin embargo, esta se renovó a finales de 1626 debido a las tesis del dominico Têtefort, quien mantenía que los Decretales formaban parte de la Escritura. Richelieu nuevamente se esforzó por calmar los ánimos, y en un discurso (si bien seguía afirmando que el rey recibía su reino solamente de Dios) declaraba que “el rey no puede establecer un artículo de fe hasta que este artículo haya sido así declarado por la Iglesia en sus concilios ecuménicos”. Por consiguiente, Richelieu dio satisfacción al papa cuando el 7 de diciembre de 1629 obtuvo la retractación del galicano Edmond Richer, síndico de la facultad de teología, que sometió su libro “La puissance ecclesiatique et politique” a la autoridad del Papa. Sin embargo, nueve años después las luchas de Richelieu contra la resistencia ofrecida por el clero francés a las contribuciones le llevaron a adoptar una actitud más claramente galicana. Opuesto a las teorías que había mantenido en su discurso de 1614, consideraba, ahora que era ministro, que las necesidades del estado constituían un caso de fuerza mayor que obligaría al clero a someterse a todas las exigencias fiscales del poder civil. En 1625, la asamblea del clero, cansada de las incesantes exigencias de dinero por parte del gobierno, decretó que ningún delegado podía votar subsidios sin haber recibido primero plenos poderes sobre la materia; Richelieu, rebatiendo este principio, declaró que las necesidades del estado eran inminentes, mientras que las de la Iglesia eran imaginarias y arbitrarias.

En 1638 la pugna entre el Estado y el clero sobre el asunto de los impuestos alcanzó su punto crítico, y Richelieu, para apoyar sus reclamaciones, requirió la ayuda de los hermanos Pierre y Jacques Dupuy, que a mediados de 1638 publicaron “les libertes de l’eglise gallicane”. Este libro establecía la independencia de la Iglesia Galicana en oposición a Roma reduciéndola a una subordinación servil hacia el poder temporal. El clero y el nuncio protestaron; dieciocho obispos reunidos en la casa del Cardenal de la Rouchefoucauld denunciaron a sus compañeros esta “obra del demonio”. Richelieu entonces agravó sus exigencias fiscales respecto al clero; un edicto de 16 de abril de 1639 estipulaba que los eclesiásticos y las comunidades religiosas quedaban incapacitadas para poseer propiedades territoriales en Francia, y que el rey podía obligarles a cederle sus posesiones y unirlas a sus dominios, pero que les permitiría retener las que tenían en consideración de ciertas indemnizaciones que serían calculadas retrocediendo al año 1525. En octubre de 1639, tras el asesinato de un lacayo del Mariscal d’Estress, el embajador francés, este declaró que se había violado el derecho de gentes. Richelieu se negó a recibir al nuncio (octubre de 1639); un decreto del Consejo Real del 22 de diciembre restringía la autoridad de los Breves pontificios, e incluso el canonista Marca propuso romper el Concordato y convocar un concilio nacional en el que se nombraría a Richelieu patriarca. Precisamente en aquella fecha, Richelieu tenía toda una serie de quejas contra Roma: Urbano VIII había rehusado de forma sucesiva su nombramiento como Legado de la Santa Sede, Legado de Aviñón, y coadjutor del Obispo de Treveris; había rechazado la púrpura para el Padre José, y se había opuesto a la nulidad del matrimonio de Gastón de Orleáns. Sin embargo y pese a estar furioso, Richelieu no deseaba llevar las cosas al extremo. Después de un cierto número de polémicas sobre el asunto de las contribuciones que debía pagar el clero, la asamblea eclesiástica de Mantes en 1641 concertó con el gobierno (el cual quedó así satisfecho) la cantidad de cinco millones y medio, y Richelieu para restablecer la tranquilidad, aceptó la dedicatoria del libro de Marca “La concorde du sacerdoce et de l’empire”, en el que algunas excepciones se llevaron al libro de Dupuy. Al mismo tiempo, el envío de Mazarino como agente diplomático a Francia por Urbano VIII y la concesión a este del capelo cardenalicio, pusieron término a las diferencias entre Richelieu y la Santa Sede.

En conjunto, la política de Richelieu consistió en mantener un término medio entre el Galicanismo parlamentario y los Ultramontanos. “En tales asuntos”, escribía en su testamento político, “uno no debe fiarse ni de los cortesanos que habitualmente miden el poder del rey por el aspecto de su corona, la cual al ser redonda, no tiene término, ni de aquellos que por los excesos de un celo indiscreto, se proclaman ellos mismos abiertamente partidarios de Roma”. Uno puede creer que el libro de Pierre de Marca fue inspirado por él y que reproduce su pensamiento. Según el libro, las libertades de la Iglesia Galicana tienen dos fundamentos: (1) el reconocimiento de la primacía y de la autoridad soberana de la Iglesia de Roma, una primacía que consiste en el derecho de promulgar leyes generales, de juzgar sin apelación y no ser juzgada ni por obispos ni por concilios; (2) el derecho soberano de los reyes que no reconoce instancia superior en los asuntos temporales. Hay que destacar que Marca no sitúa los fundamentos de las libertades Galicanas en la supremacía del concilio sobre el Papa. (para la obra de Richelieu en Canadá véase el artículo CANADÁ). En 1636 Richelieu fundó la Academia Francesa. Tenía grandes pretensiones literarias y se representaron muchas piezas mediocres en un teatro de su propiedad. Con una terquedad inexplicable hoy en día, Voltaire, con cierta insensatez, negó que el “Testamento político” de Richelieu fuera auténtico; las investigaciones de M. Hanotaux han probado su autenticidad y otorgado el valor adecuado a capítulos tales como el denominado “El consejo del Príncipe”, en el que Richelieu, afirma M. Hanotaux, “ha puesto toda su alma y genio”. [Para las “Memorias” de Richelieu véase HARLAY, FAMILIA DE: (2) Achille de Harlay.]

Junto a las obras que aparecen en los artículos LECLERC DU TREMBLAY y MARIA DE' MEDICI se pueden consultar los siguientes trabajos: Maximes d'etat et fragments politiques du cardinal de Richelieu, ed. HANTAUX (Paris, 1880); Lettres, instructions diplomatiques et papiers d'etat du cardinal de Richelieu, ed. AVERNEL (8 vols., Paris, 1853-77); Memoires du cardinal de Richelieu, ed. HORRIC DE BEAUCAIRE, I (Paris, 1908); LAIR, LAVOLLEE, BRUEL, GABRIEL DE MUN, and LECESTRE, Rapports et notices sur l'edition des Memoires du cardinal de Richelieu preparee pour la societe de l'histoire de France (3 fasc., Paris, 1905-07); HANOTAUX, Hist. du cardinal de Richelieu (2 tomes in 3 vols., Paris, 1893-1903), que alcanza hasta el año 1624; CAILLET, L'Administration en France sous le ministere du cardinal de Richelieu (2 vols., Paris, 1863); D'AVENEL, Richelieu et la monarchie absolue (4 vols., Paris, 1880-7); IDEM, La noblesse francaise sous Richelieu (Paris, 1901); IDEM, Pretres, soldats et juges sous Richelieu (Paris, 1907); LACROIX, Richelieu a Lucon, sa jeunese, son episcopat (Paris, 1890); GELEY, Fancan et la politique de Richelieu de 1617 a 1627 (Paris, 1884); DE ROCHEMONTEIX, Nicholaus Caussin, confesseur de Louis XIII, et le cardinal de Richelieu (Paris, 1911); PERRAUD, Le cardinal de Richelieu eveque, theologien et protecteur des lettres (Autun, 1882); VALENTIN, Cardinalis Richelieu scriptor ecclesiasticus (Toulouse, 1900); LODGE, Richelieu (London, 1896); PERKINS, Richelieu and the Growth of French Power (New York, 1900).

GEORGES GOYAU Transcrito por Michael T. Barrett Dedicado a Peter y a Kelley Bock Traducido por Daniel Gutiérrez Carreras