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sobre la fe católica
Domingo, 22 de octubre de 2017

Antonio Daniel

De Enciclopedia Católica

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Misionero que trabajó entre los hurones, nació en Dieppe, en Normandía, el 27 de mayo de 1601. Fue asesinado por los iroquíes en Teanaostae, cerca de Hillsdale, en el condado de Limcoe, en Ontario, Canadá, el 4 de julio de 1648. Luego de dos años de estudio de la Filosofía y uno de Derecho, entró a la Compañía de Jesús en Roma, el 1 de octubre de 1621. Enviado a Canadá, su primera encomienda fue el poblado de Cape Breton, donde su hermano, el Capitán Daniel, había establecido un fuerte francés en 1629. Posteriormente se le encomendó el cuidado de una escuela para niños indígenas en Quebec. Pero, fuera de esas excepciones, él se mantuvo siempre vinculado a la misión de Ihonatiria, en territorio hurón, desde julio de 1634 hasta su muerte, catorce años después. En el verano de 1648 los iroquíes atacaron repentinamente la misión mientras los guerreros hurones estaban ausentes. El Padre Daniel hizo cuanto estaba a su alcance para ayudar a su pueblo. Antes de que las barreras hubieran sido derribadas, se encaminó a la capilla donde estaban reunidos los ancianos, las mujeres y los niños y les dio la absolución general y administró el bautismo a los catecúmenos. Daniel no hizo intento alguno por escapar, sino que con toda calma se adelantó hacia los enemigos. Cogidos por sorpresa con ese acto, los atacantes se detuvieron momentáneamente, pero recuperados le dispararon una lluvia de flechas. "La víctima del heroísmo de caridad", dice Bancroft, "murió con el nombre de Jesús en sus labios y la naturaleza le proporcionó una tumba. La nación hurona le guardó duelo" (vol. II, cap. xxxii). En ésto se equivoca Brancfort. El cuerpo inerte fue arrojado a la capilla que se incendiaba y ambos se consumieron al mismo tiempo. Daniel fue el segundo en recibir la corona del martirio entre los jesuitas enviados a la Nueva Francia, y el primero entre los misioneros que laboraban entre los hurones. Su superior, el Padre Ragueneau, habla de él en una carta al general de la orden, diciendo que "es un hombre verdaderamente notable, humilde, obediente, unido a Dios, de paciencia sin límites y de valor indomable ante la adversidad" (Thwaites, tr. Relations, XXXIII, 253-269). EDWARD P. SPILLANE Transcrito por Tomas Hancil Traducido por Javier Algara