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Martes, 17 de octubre de 2017

Antífona en la liturgia griega

De Enciclopedia Católica

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La liturgia griega utiliza “ antífonas ”, no solamente en el Oficio, sino también en la Misa, en las “ Vísperas ”, y en todas las Horas canónicas. Y eso no es todo; las “ antífonas ” tienen su propio lugar prescrito en casi todas las funciones “ litúrgicas ”. La esencia de la salmodia antifonal consiste en la alternancia establecida entre los solistas y el coro en la interpretación de un salmo. Aproximadamente en el siglo IV, el canto alternado, que hasta esa época se había utilizado solamente en reuniones seculares, encontró su camino hacia las reuniones del culto “ litúrgico ”. Sin embargo, esto no significa que el canto antifonal de los salmos fuera una novedad en el siglo IV, ya que se utilizaba en la “ Sinagoga ”, y no es muy probable que la “ Iglesia ” hubiera esperado tanto tiempo antes de asimilar una práctica altamente propicia para el orden adecuado de la “ oración pública ”. La verdadera novedad consistía en la introducción de una melodía más ornada en la salmodia antifonal. El solista cantaba el texto de un salmo y, a intervalos establecidos, la gente lo interrumpía con un estribillo. Las Constituciones Apostólicas hablan de una costumbre, que, nos dice “ Eusebio ”, estaba en uso en su época. Ya no era una cuestión de un estribillo intercalado, ajeno al texto del salmo, o ligado a cada verso, sino un final muy corto, a veces una simple sílaba, que la gente cantaba, ahogando las voces de los solistas y terminando la palabra o frase que éstos habían dejado inconclusa. Este último método parece haberse generalizado en “ Siria ”, y había sido empleado por los “ judíos ” en una época anterior. El estribillo, una especie de exclamación ajena al contexto, repitiéndose a intervalos establecidos, consistía en una palabra, o dos, o tres, aunque también a veces en un verso completo o troparium. Este método antifonal también estaba en uso entre los “ judíos ”, y es fácilmente reconocible en el caso de ciertos salmos. Fue este el método que la “ Iglesia ” tomó para sí. “ San Atanasio ”, hablando del lugar del “ Aleluya ” en los salmos, lo llama “estribillo” o “respuesta”. El “ Aleluya ” es, de hecho, el estribillo interjectivo de ocurrencia más frecuente. “ Tertuliano ” lo menciona, y a partir de su época en adelante esta exclamación conserva su lugar en el canto “ eclesiástico ”. En las “ liturgias egipcia ” y siria del siglo IV su rol es predominante. La fórmula utilizada como estribillo variaba en longitud, como ya se había dicho, pero la tendencia generalizada, posiblemente, se inclinaba hacia la brevedad. Un “Canon de las Antífonas”, publicado por el Cardenal Pitra, incluye algunas fórmulas breves y concisas, entre las que se repite con frecuencia el “ Aleluya ”. Las otras, por regla general, se toman del primer verso de sus respectivos salmos, mientras que otras, similares, se interponen entre los versos de los cánticos de las Sagradas Escrituras. Estos finales pueden compararse con los de las “ letanías romanas ”: “Miserere nobis”, “Exaudi nos, Domine”, “Te rogamus, audi nos”. A pesar de los estribillos más largos tomaban el lugar de la exclamación, no superaban, como mucho, una frase de unas quince palabras: San Atanasio nos dice que esta costumbre se debía al deseo de permitirle a la gente participar en la liturgia, ahorrándole, al mismo tiempo, la necesidad de aprender salmos enteros de oído, que, de hecho, la gran mayoría hubiera sido incapaz de hacer. Se puede citar una gran cantidad de textos solamente en el mundo griego, y todos muestran que el lector o cantante (cantor) recitaba el salmo entero, pero que la respuesta de la multitud irrumpía en la recitación a intervalos regulares. “ San Juan Crisóstomo ”, “ San Gregorio de Nisa ”, y Calímaco, todos dan cuenta de esta costumbre. “ San Basilio ”, en su carta a los fieles de Neo-Cesarea, escribe lo siguiente: “Dejándole a uno el “ deber ” de entonar la melodía, los otros le responden”. La misma costumbre prevalecía en Constantinopla, en 536, para el canto del Trisagio. Ni tampoco se podía pasar un caso distintivo en silencio, es decir, el “ himno ” de San Metodio en su “Banquete de las diez Vírgenes”, compuesto en antes del año 311. Cada estrofa alfabética cantada por la dama de honor, Tecla, es seguida por un estribillo uniforme, interpretado por el coro de vírgenes completo. El sistema antifonal, por lo tanto, se encuentra caracterizado por la interposición de un estribillo, o de una simple exclamación. Este sistema no alteró el método habitual, simplemente se limitó a añadirle un nuevo elemento accesorio. La estructura de la antífona consiste, pues, en estrofas himnódicas, intercaladas con versículos de las Escrituras, mientras que la respuesta se toma del salmo mismo. Por otra parte, en el psalmus responsorius todos los presentes entonan el estribillo, mientras que en el caso de la antífona, las estrofas himnódicas son interpretadas alternativamente por el coro. La costumbre de llamarla salmodia antifonal alternada posiblemente se debe a ello. Los escritores de himnos encontraban en estas estrofas un material inagotable para la elaboración, de manera que, poco a poco, los versos de los salmos dieron lugar a las estrofas adicionales. Existen ejemplos de salmos o grupos de salmos reducidos de esta forma a tres o cuatro versos, y, a veces, incluso a un solo verso.

Bibliografía

PETIT en Dict. d'arch. chrét. I, 2461-88. Transcripción. Este artículo fue transcripto para New Advent por Janusz Kowal. Aprobación Eclesiástica. Nihil Obstat. 1 de Marzo de 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor. Imprimatur. +John Cardinal Farley, Arzobispo de Nueva York.

APA citation. Leclercq, H. (1907). Antiphon (in Greek Liturgy). In The Catholic Encyclopedia. New York: Robert Appleton Company. Retrieved April 14, 2010 from New Advent: http://www.newadvent.org/cathen/01576a.htm MLA citation. Leclercq, Henri. "Antiphon (in Greek Liturgy)." The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New York: Robert Appleton Company, 1907. 14 Apr. 2010 <http://www.newadvent.org/cathen/01576a.htm>. Transcription. This article was transcribed for New Advent by Janusz Kowal. Ecclesiastical approbation. Nihil Obstat. March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor. Imprimatur. +John Cardinal Farley, Archbishop of New York. Contact information. The editor of New Advent is Kevin Knight. My email address is feedback732 at newadvent.org. (To help fight spam, this address might change occasionally.) Regrettably, I can't reply to every letter, but I greatly appreciate your feedback — especially notifications about typographical errors and inappropriate ads. http://www.newadvent.org/cathen/01576a.htm