Herramientas personales
En la EC encontrarás artículos autorizados
sobre la fe católica
Lunes, 23 de octubre de 2017

Américo Vespucio

De Enciclopedia Católica

Saltar a: navegación, buscar

Famoso navegante italiano, nació en Florencia, el 9 de marzo de 1451; murió en Sevilla, el 22 de febrero de 1512. Fue el tercer hijo de Ser Nastagio, un notario de Florencia, hijo de Amerigo Vespucci. Su madre fue Lisabetta, hija de Ser Giovanni, hijo de Ser Andrea Mini; su madre era Maria, hija de Simone, hijo de Francesco di Filicaia. La fecha del nacimiento de Américo, muy discutida anteriormente, es ahora establecida definitivamente por los libros de la Ufficio delle Tratte, preservados en el Reale Archivio di Stato de Florencia, donde se encuentra el siguiente pasaje: “Amerigo, hijo de Ser Nastagio, hijo de Ser Amerigo Vespucci, en el día IX de Marzo de MCCCCLI” ( 1451). La madre del padre de Américo fue Nanna, hija de Mestro Michele, de los Onesti de Pescia, y hermana de Mestro Michele, el padre de Nicole y de Francesco, que residía en el magistrato supremo de los Jefes en la República de Florencia.

Vespucio recibió su primera educación de su tío Giorgio Antonio, un filósofo platónico que fue maestro de la mayor parte de la nobleza Florentina. Américo cultivó el estudio de la literatura, incluyendo la de la lengua Latina, como se muestra por un pequeño código autógrafo en la Biblioteca Ricardiana de Florencia, titulado "Dettati da mettere in latino" al final del cual está escrito lo siguiente: “ Este libreto fue escrito por Amerigo Se Anastagio Vespucci” También escribió una carta en Latín a su padre, fechada el 19 de octubre de 1476, en la que da cuenta de sus estudios. Posiblemente Vespucio se había relacionado con Toscanelli, quien, como es sabido, murió en 1482, dos años después de que Américo se fue a España. Después de esto, Américo se dedicó al estudio de la física, astronomía, y cosmografía, ciencias en las que logró rápido progreso.

Después de la muerte de su padre, que ocurrió por el año 1483, Américo, quizás a causa de las circunstancias desafortunadas de su familia, se convirtió en administrador de la casa de Lorenzo di Pierfrancesco de' Medici, con varios cargos que fueron multiplicados en proporción a como ganaba la confianza y el afecto de los hijos de Pierfrancesco, de cuyos intereses rurales y comerciales llegó a ser superintendente, como se aprecia de numerosas cartas escritas a él, que han sido recientemente publicadas. De 1478 a 1480 estuvo agregado a la embajada en París, a las órdenes de su pariente Guido Antonio Vespucci, embajador de Florencia ante Luis XI de Francia. Consecuentemente, escribió muchos reportes a la Signoria, que son preservados en el Archivio di Stato de Florencia. La estadía de Vespucio en París, y la del Duque Rene de Lorraine en Florencia, anteriormente, explican porqué Vespucio habría enviado al Duque Rene una copia, en Latín, de la carta de los cuatro viajes, escrita en Italiano al gonfaloniere perpetuo Piero Soderini, y porqué una de las primeras ediciones de los viajes de Vespucio ( la tercera) habría sido hecho en París en 1504. Los oficios que Vespucio mantuvo de la rama más joven de la casa de Medici explican porque él, entre noviembre de 1491 y febrero de 1492, se unió, en Sevilla, con Giannetto di Lorenzo Berardo Berardi, jefe de una casa establecida en esa ciudad, y que tenía estrechas relaciones financieras con la rama más joven de los Medici, esto es, con Lorenzo di Pierfrancesco y su hijo. Gracias a su inteligencia, llegó a ser uno de los agentes principales de esa firma, la que, más tarde tuvo una parte principal en equipar las expediciones oceánicas que condujeron al descubrimiento del Nuevo Mundo.

Los viajes exitosos de Cristóbal Colón incrementaron el deseo de Vespucio de tomar parte en el movimiento Europeo general para buscar un pasaje occidental a las Indias. Habiendo obtenido tres barcos de Fernando, Rey de Castilla, Vespucio pudo emprender su primer viaje. Consecuentemente, zarpó de Cádiz el 10 de mayo de 1497, navegando hacia las Islas Fortuna, y entonces enderezando el curso hacia el occidente. Después de veintisiete o treinta y siete días, el 6 o 10 de abril, tocó tierra continental ( Guyana o Brasil? ), Y fue bien recibido por los habitantes del lugar. En este primer viaje él pudo haber entrado al Golfo de México y navegar a lo largo de la costa de una gran porción de Estados Unidos, hasta el Golfo de San Lorenzo. Entonces retornó a España y arribó a Cádiz el 15 de octubre de 1498. No hay más relación de este primer viaje que la contenida en la primera carta de Américo Vespucio con relación a las islas recién encontradas en sus cuatro viajes, dirigida a Piero Soderini, Gonfaloniere de Florencia.

El 16 de mayo de 1499, Vespucio zarpó de Cádiz en su segundo viaje, con Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa. Dirigió su curso hacia Cabo Verde, cruzó el Ecuador, y avistó tierra, en la costa de Brasil, a 4° o 5° S, posiblemente cerca de Aracati. De allí siguió la costa a lo largo de las Guyanas y el continente, desde el golfo de Paria a Maracaibo y Cabo de la Vela; Descubrió el Cabo San Agustín y el río Amazonas, e hizo notables observaciones de las corrientes marinas, de la Cruz del Sur y otras constelaciones australes. Regresó a España en septiembre de 1500. Hubo dos expediciones emprendidas al servicio de España; la tercera y la cuarta al de Portugal. Como consecuencia de las grandes fatigas de su segundo viaje, Vespucio cayó enfermo de Malaria. Cuando su salud se restableció, escribió una crónica de su viaje a Lorenzo di Pierfrancesco de' Medici.

En mayo de 1501, navegó de Lisboa a Cabo Verde, y de allí hacia el oeste, hasta que el primero de enero de 1502, llegó a un golfo a 13° S., que llamó Bahía de todos los Santos, en cuyas costas ahora se levanta la ciudad de Bahía. De allí, navegó a lo largo de la costa de Sudamérica, hasta la Plata. A su regreso, descubrió la isla de Georgia del Sur, a 54° S., y 1900 Km al este de Tierra del Fuego. Arribó a Lisboa el 7 de septiembre de 1502. En su cuarto viaje, se embarcó con Gonzalo Coelho desde Lisboa, el 10 de junio de 1503, tocó tierra en las Islas de Cabo Verde, y cambió su curso hacia Bahía de todos los Santos. En Cabo Frío, habiendo encontrado grandes cantidades de madera de Brasil, estableció una agencia, exactamente en el trópico de Capricornio. Después de esto, navegó la costa del continente hasta cerca de Río de la Plata, y entonces regresó a Lisboa, a donde arribó el 18 de junio de 1504. Vespucio realizó un quinto viaje con Juan de la Cosa, entre mayo y diciembre de 1505; Ellos visitaron el golfo de Darién y navegaron 320 Km sobre el río Atrato. Durante este viaje recogió oro y perlas, y recibió información de la existencia de una gran abundancia de estos materiales en esa región. Este viaje fue repetido por los dos navegantes en 1507. De esas dos expediciones, sin embargo, no se da cuenta especial por parte de Vespucio. Se debe agregar que, en 1506, Vespucio estuvo ocupado en España, equipando la expedición de Pinzón, que fue abandonada en Marzo de 1507.

Los hechos respecto a los viajes de Vespucio son aceptados como se dan en la narración anterior por la mayoría de los biógrafos autorizados del navegante; pero la inexactitud de los textos impresos, la dificultad de identificar los nombres de lugares, usados por Vespucio, con los nombres actuales, y el error de atribuir autenticidad a todas las afirmaciones contenidas en los documentos oficiales, especialmente en aquellos con relación a procedimientos legales, han dado origen a enorme confusión en todos estos relatos de los viajes de Américo Vespucio, de los cuales la base principal para crítica futura será la investigación de códices apócrifos de las narraciones de los viajes de Vespucio, escritos al tiempo en que los auténticos aparecieron. Vespucio fue ciertamente tenido en alta estima en España, donde se estableció después de sus viajes al servicio de Portugal. En 1505, por un decreto real, del 14 de abril de ese año, recibió la naturalización española, y un decreto del 6 de Agosto de 1508, lo nombra “piloto mayor” de España, título que corresponde al moderno jefe del Almirantazgo, y que poseyó Vespucio hasta su muerte.

Américo Vespucio se casó con María Cerezo, aparentemente en 1505. La única información precisa respecto a ella es proporcionada por el decreto real del 28 de marzo de 1512, concediéndole una pensión, a cuenta de la satisfacción dada por su esposo como piloto mayor, pensión que fue confirmada por el decreto de noviembre 16 de 1523. Por otra parte, un decreto del 26 de diciembre de 1524, garantiza el resto de la pensión a su hermana Catalina Cerezo; lo que prueba que María murió entre las dos últimas fechas, y que no dejó hijos. Con Américo Vespucio, estaba el hijo de su hermano Antonio, Giovanni, que nació el 6 de marzo de 1486, y que fue nombrado piloto mayor en 1512, a la muerte de su predecesor y tío, Américo. Para información relacionada a él, véase Harrisse,”El descubrimiento de Norte América”(1892), 744-5.

Es imposible determinar, aquí, el lugar de Américo Vespucio en la historia del descubrimiento del Nuevo Mundo, en relación a los de Cristóbal Colón, Sebastián Cabot, y de los hermanos Pinzón. Primero es necesario distinguir entre el descubrimiento geográfico y el social de América. El primero es debido a los islandeses, quienes establecieron, en la costa este de Groenlandia, una colonia que fue mantenida desde el siglo décimo hasta el decimoquinto, de cuya historia un muy buen compendio es dado por Fischer en “Los descubrimientos de los Normandos en América” ( Londres 1902); en conexión con este trabajo debería ser consultada la colección de documentos concernientes a las relaciones de la Iglesia de Roma con Groenlandia durante esas centurias, publicados por orden de León XIII.

El descubrimiento de América se debió al fracaso de la cruzada contra los turcos que fue intentada por Pío II, y cuyo éxito fue frustrado por la rivalidad y corrupción de los estados de Europa en ese tiempo. Europa sintió entonces la necesidad de ir al Oriente por otro camino, de buscar el Oriente por medio del Occidente, un eslogan que llegó a ser la bandera de los navegantes de esta época.

Paolo Toscanelli, cuya sinceridad de sentimiento religioso no fue menos que su gran mérito de logro científico ( ver el trabajo del presente autor sobre Toscanelli, I, 1894, en la "Raccolta Colombiana", parte V), previó, antes de que Portugal lo hiciera, que el tiempo había llegado para que este país tomara el lugar de Italia como el intermediario del comercio entre Europa y Asia, y por lo tanto, como punto de partida de navegantes y aventureros, seducidos por el deseo de ser los ejecutores de la gran empresa. Colón fue el primero en alcanzar tierra al oeste – una de las islas Bahamas- el 12 de octubre de 1492, convencido de que había llegado a una de las islas de Asia oriental. Fue seguido por Vespucio, Cabot, y muchos otros, cada uno proponiéndose llegar a la tierra de las especias, esto es, India.

No podemos, aquí, entrar en la muy intrincada cuestión de quién, de los tres navegantes nombrados, fue el primero en pisar tierra continental del Nuevo Mundo. Para esto, sería necesario tener ante nosotros los textos correctos de todos los documentos fundamentales concernientes a esos navegantes. Con respecto a Colón, la “Raccolta Colombiana”, publicada por el gobierno Italiano en ocasión del cuarto centenario del descubrimiento de América, es un documento exhaustivo. Muy importantes, para toda la historia del descubrimiento de América, son las colecciones de Navarrete, los libros y documentos publicados por Harrisse, la Duquesa de Alba, y muchos otros. Pero con respecto a Vespucio, hay, en Florencia, copias contemporáneas apócrifas de todas las descripciones de sus viajes, excepto el texto que fue usado para la publicación del "Mundus novus”, de cuya descripción, como será visto más tarde, falta una correcta edición.

Las primeras ediciones de los documentos relacionados a los viajes de Vespucio pueden ser clasificadas como sigue:

A. Texto Parisino : A. “Mundus Novus” ( tercer viaje), 1a. ed., 1503 o 1504.

B. Textos Florentinos: Ba. Carta de los cuatro viajes en los años 1497-98, 1499-1500, 1501-2, 1503-4; 1a. ed.,1507; Bb. Carta publicada por Baldini en 1745, con relación al segundo viaje; Bc. Carta publicada por Bartolozzi en 1789, con relación al tercer viaje; Bd. Carta publicada por Baldelli Boni en 1827, con relación al tercer viaje;

C. Textos Venecianos: Ca. Carta de Girolamo Vianello a la Signoria de Venecia, fechada el 23 de diciembre de 1506, con relación al quinto viaje, publicada por primera vez por Humboldt en 1839. Cb. Carta de Francesco Corner a la Signoria de Venecia, fechada el 19 de junio de 1508, con relación al sexto viaje, publicada por primera vez por Harrisse en 1892.

La pregunta principal gira ,a la vez, sobre la autenticidad del viaje y sobre aquella de las publicaciones A, Ba, Bb, Bc, Bd, Ca, y Cb. En general, una confusión muy errónea es hecha entre dos puntos: Casi todos admiten la autenticidad de las publicaciones A y Ba, pero muchos rechazan la autenticidad del primer viaje, hecho por Vespucio en los años 1497 y 1498, y descrito en la publicación Ba. Algunos, como Varuhagen y otros, niegan la autenticidad de los textos Bb, Bc, y Bd, mientras otros mantienen la opinión contraria con respecto a uno u otro, o a los tres de estos textos. Casi todos consideran como inadmisibles los viajes quinto y sexto, narrados en los textos Ca y Cb.

Para las varias ediciones del “Mundus novus”, la publicación de Sarnow y Trubenbach es exhaustiva, pero no hay edición crítica de ninguno de los otros textos, que fueron impresos con muchos errores; mientras, como se ha dicho, los textos apócrifos, aunque contemporáneos, de todos ellos son preservados en Florencia. El presente autor propuso la preparación de una edición crítica de este tipo, y la proposición fue aprobada por tres Congresos Geográficos Nacionales de Italia, celebrados en Florencia (1898), Milán (1901), y Nápoles (1904), respectivamente, y por el Congreso Internacional de Americanistas, celebrado en Stuttgart, en Agosto de 1904. Recientemente, una comisión ha sido creada en Florencia, para la ejecución de este propósito, bajo la presidencia del Marqués Filippo Corsini, presidente de la Sociedad de Estudios Geográfico y Colonial residente en Florencia; De esta comisión, el Profesor Attilo Mori, del Instituto Geográfico Militar, y el autor de este artículo son miembros. Hasta que la publicación en cuestión aparezca, será inútil discutir la autenticidad de los viajes de Vespucio, basando tal discusión sobre los textos incorrectos que están ahora disponibles- excepción hecha del “Mundus novus”, citado arriba. Aquellos que buscan mayor detalle en relación a estos códices pueden consultar a Harrisse, "Biblioteca americana vetustissima" (1868), y “Additions”(1872). Todos los trabajos de este autor, sean bibliográficos o históricos, son la base para cualquier trabajo sobre el descubrimiento de América.

Es bien conocido hoy que Vespucio no fue en modo alguno responsable del hecho de que su nombre, y no el de Colón, fuera dado al nuevo Mundo, y por lo tanto, que no merece el cargo de robo que ha sido hecho contra él por muchos, entre ellos, el famoso publicista americano, Emerson, que fue llevado al error por escritores partidistas. Por otra parte, la correspondencia afectiva entre los dos navegantes sería suficiente para desaprobar todas las acusaciones indignas. La carga recibió un cierto apoyo de los esfuerzos de una porción considerable del clero, de todo el mundo, para obtener la canonización de Colón, la cual, sin embargo no tuvo éxito, cuando los méritos del caso fueron examinados, por orden de León XIII, en ocasión del cuarto centenario del descubrimiento de América. En esta época, el clamor general contra Américo Vespucio fue tan grande que el famoso estadista americano Blaine, en ocasión de la exposición de Chicago, publicó un libro bajo el título de “ Colón y Colombia”, con objeto de que no pudiera contaminarse con el nombre profano de Vespucio.

Puede ser comentado que, al tiempo del descubrimiento de América, como es ahora claramente probado, las narraciones de los viajes de Vespucio fueron más ampliamente diseminadas, por mucho, que lo que fueron aquellas de los viajes de Colón, y que Florencia era el centro principal para la difusión de noticias sobre el descubrimiento del Nuevo Mundo. A las cercanas relaciones que existían entre Gian Francesco Pico, Duque de la Mirándola y Florencia, y entre Gian Francesco y el erudito alemán, Matthew Ringmann, quien en 1504, publicó una de las más importantes ediciones del “Mundus novus”, bajo el título de "De ora antartica per regem Portugalliae pridem inventa", y a las cercanas relaciones entre Ringmann y el geógrafo Martin Waldseemuller (Hylacomilus), se debe el hecho que cuando, en 1507, Waldseemuller publicó el célebre trabajo "Cosmographiae introductio", en Saint-Dié, en Lorraine, él dio el nombre de América al Nuevo Mundo, arguyendo que, ya que los tres continentes entonces conocidos, Europa, Asia, y África, tenían nombres de mujer, era propio dar al recientemente descubierto continente también el nombre de una mujer, tomándolo del nombre de bautismo del descubridor del nuevo continente, Vespucio. Muchos intentos fueron hechos para nombrar al Nuevo Mundo Colombia, como la justicia parecía demandar, pero todos estos esfuerzos fracasaron. El autor ha tratado de aclarar todos estos puntos y probar la honestidad de Vespucio; y su esfuerzo ha recibido la aprobación de la Sociedad Numismática y Arqueológica de Nueva York; por lo anterior, habiendo resuelto acuñar , cada año, una medalla conmemorativa de algún benefactor de América, decidió que la primera de estas medallas debería ser acuñada en honor de Américo Vespucio, y solicitó al autor proponer la mejor efigie del gran navegante para su reproducción. La sociedad aceptó la sugerencia del autor y dio la preferencia a la efigie de la Galleria degli Uffizi de Florencia, que es generalmente aceptada ser la más genuina, pero consideraron que deberían tomar en cuenta el gran mapa de Waldseemuller, de 1507, en el cual hay un retrato de Américo Vespucio, así, la medalla fue acuñada con dos imágenes, una en cada lado.

En la siguiente bibliografía, hemos juzgado inútil citar los trabajos generales sobre América, y sobre su descubrimiento, los cuales aunque no conciernen a Vespucio especialmente, hacen referencia a él, como los de ASENSIO, FISKE, GAFFAREL, HERRERA, HUGUES, HUMBOLDT, IRVING, PAYNE, ROBERTSON, ROSELLY DE LORGUES, TIRABOSCHI, WINDSOR, etc., para los cuales el lector es referido a los artículos de AMÉRICA y de COLON; hemos, por el contrario, limitado nuestras citas a los trabajos que a la luz nuevos hechos, y no son, por lo tanto, exposiciones de las opiniones de sus autores. Para la bibliografía de las diversas ediciones de los viajes de Vespucio y de los autores que escribieron con relación a ellos entre los años 1492 y 1551, véase HARRISSE, Biblioteca americana vetustissima (New York, 1866); IDEM, Additions (Paris, 1872); y para lo mismo, pero, hasta el presente, véase FUMAGALLI, Bibliographia di Amerigo Vespucci en BANDINI, Vita di Amerigo Vespucci illustrata e commentata da Gustavo Uzielli (Florence, 1898), 104-28. Algunos podrán encontrar extraño que ciertos autores no son citados, como, por ejemplo Hugues, quien ha escrito numerosos trabajos muy autorizados sobre Vespucio, totalmente desprovistos, sin embargo, de criticismo; todos ellos son citados en la Bibliografía de Fumagalli. Hugues y Varnhagen consideran como apócrifas algunas narraciones de los viajes de Vespucio que son consideradas por otros autores ser de lo más auténtico; y ellos basan esta opinión en el hecho que las narraciones en cuestión fueron publicadas dos o tres siglos después de la muerte de Vespucio. Por ese razonamiento, uno declararía el comentario de Pietro Alighieri, sobre la “Divina Comedia” ser apócrifo, ya que fue publicado cinco siglos después de la muerte de Dante. Hugues y Berchet, sin embargo, de acuerdo a ese razonamiento, han omitido algunos de los relatos de los viajes de Vespucio, contenidos en la "Raccolta Colombiana", parte V, vol. II, y, como todos los estudiosos de Vespucio, excepto Sarnow y Trubenbach, ellos han omitido completamente cualquier estudio crítico de los textos de las narraciones, aceptando las publicaciones actuales tal como están, sin tomar cuidado de compararlas con los códices.


RAMUSIO, Navigationi et viaggi, I (Venice, 1550-59); BANDINI, Vita e letters di Amerigo Vespucci (Florence, 1745); BARTOLOZZI, Ricerche istorico-critiche circa alle scoperte di Amerigo Vespucci (Florence, 1789); CANOVAI, Viaggi d'Amerigo Vespucci (Florence, 1817); BALDELLI-BONI, Il milione, I (Florence, 1827), p. liii-lix; NAVARRETE, Colección de los viajes y descubrimientos, III (Madrid, 1825-37); HUMBOLDT, Examen critique de l'histoire du nouveau continent, XI (Paris, 1836-39), 157; SANTAREM, Recherches sur Americ Vespuce et ses voyages (Paris, 1842); AVEZAC, Les voyages d'Americ Vespuce au compte de l'Espagne in Bulletin de la societe de geographie de Paris (1858); VARNHAGEN, Amerigo Vespucci, Son caractere, ses ecrits (meme les moins authentiques), sa vie et ses navigations (Lima, 1865); HARRISSE, Bibliotheca americana vetustissima. Additions (Paris, 1872), p. xxviii; IDEM, The Discovery of North America (London, 1892); TOSCANELLI, Notes et documents concernant les rapports entre l'Italie et l'Amerique (Florence, 1893); MARKHAM, Vespucci. The Letters and other Documents illustrative of his Career (London, 1894); HARRISSE, Americus Vespuccius (London, 1895); THATCHER, The Continent of America: its Discovery and its Baptism (New York, 1896); UZIELLI, Amerigo Vespucci davanti la critica storica in Atti del Congresso Geografico Italiano (Florence, 1898); BANDINI, Vita di Amerigo Vespucci, illustrata e commentata da Gustavo Uzielli (Florence, 1898); MASETTI BENCINI AND HOWARD SMITH, La vita di Amerigo Vespucci in Firenze (Florence, 1903); SARNOW AND TRUBENBACH, Mundus novus (Strasburg, 1903); FISCHER AND WIESER, The oldest Map with the name of America of the year 1507 and the Carta Marina of the year 1516 by M. Waldseemuller (Ilacomilus) (Innsbruck, 1903); Proceedings and Papers of the American Numismatic and Archaeological Society of New York City, 46th annual meeting (1904), 8-15.

GUSTAVO UZIELLI

Trascrito por Thomas M. Barrett

Dedicado a la memoria de Américo Vespucio