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Jueves, 19 de octubre de 2017

Ageo

De Enciclopedia Católica

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Nombre y vida personal

Ageo, el décimo entre los profetas menores del Antiguo Testamento, es llamado Hággáy en el texto hebrero y Haggaios en la Versión de los Setenta, de donde proviene la forma latina, Ageo. El significado exacto de su nombre es incierto. Muchos estudiosos lo consideran un adjetivo que significa “el festivo” (nacido en día de fiesta), mientras que otros lo consideran una forma abreviada del nombre Hággíyyah (Jagguías), “mi fiesta es Yahveh”, nombre propio que aparece en 1 Crón. 6,15 (Vulgata: 1 Cron. 6,30).

Existe una gran duda respecto a la vida personal del profeta. El libro que lleva su nombre es muy corto, y no contiene información detallada sobre su autor. Los pocos pasajes que hablan de él se refieren sólo a la ocasión en que tuvo que pronunciar un mensaje divino en Jerusalén, durante el segundo año del reinado del rey persa Darío I (520 a.C.); y todo lo que la tradición judía cuenta sobre Ageo no parece tener mucha, si alguna, base histórica. Afirman que nació en Caldea durante el cautiverio en Babilonia, que era un joven cuando regresó a Jerusalén con los desterrados y que fue sepultado en la Ciudad Santa entre los sacerdotes. También lo representan como un ángel en forma humana, como uno de los hombres que estaban con Daniel cuando vio la visión narrada en Dan. 10,7, como miembro de la llamada Gran Sinagoga, y como sobreviviente hasta la entrada de Alejandro el Grande a Jerusalén (331 a.C.), e incluso hasta el tiempo de Nuestro Salvador. Obviamente, éstas y tradiciones similares merecen muy poca credibilidad.

Circunstancias históricas

Al regresar de Babilonia (536 a.C.) los judíos, llenos de celo religioso, rápidamente le erigieron un altar al Dios de Israel y reorganizaron su culto sacrificial. Luego celebraron la fiesta de los Tabernáculos, y algún tiempo después colocaron los cimientos del “Segundo” Templo, llamado también el Templo de Zorobabel. Al poco tiempo los samaritanos—es decir, las razas mixtas que habitaban en Samaria---apelaron a las autoridades persas, para evitar que se prosiguiera con la reconstrucción del Templo. De hecho, la obra fue interrumpida por dieciséis años, durante los cuales se vieron obligados a descuidar la restauración de la casa de Dios por varias circunstancias, entre éstas: la invasión persa a Egipto en 527 a.C., una sucesión de malas temporadas que ocasionaron la pérdida de las cosechas y los viñedos, la indulgencia en el lujo y el egoísmo de las clases altas de Jerusalén. Hacia el final de este período las luchas políticas en que se involucró Persia hicieron imposible que sus gobernantes interfirieran con la obra de reconstrucción de Jerusalén, incluso si lo hubiesen deseado, y esto fue claramente comprendido por el profeta Ageo. En general, en el segundo año del reinado de Darío, el hijo de Histaspes (520 a.C.), Ageo vino en nombre del Señor a reprender la apatía de los judíos, y a convencerlos de que había llegado el tiempo de terminar su santuario nacional, que era el símbolo visible de la presencia Divina entre ellos.

Las profecías

El libro de Ageo consta de cuatro pronunciamientos proféticos, cada uno encabezado por la fecha en que fue dirigido.

  • La primera (1,1.2) es asignada al primer día del sexto mes (agosto) del segundo año del reinado de Darío. Apremia a los judíos a reasumir la obra de levantar el Templo, y a no apartarse de su deber por el disfrute de sus lujosas casas. También representa la reciente sequía como un castigo divino por su pasada negligencia. Este primer discurso es seguido por un breve relato (1,12-14) de su efecto sobre los oyentes; tres semanas después de comenzó el trabajo en el Templo.
  • En su segunda declaración (2,1-9) fechada el día veinte del mismo mes, el profeta predice que la nueva Casa, que ahora aparece tan pobre comparada con el antiguo Templo de Salomón, un día será incomparablemente más gloriosa.
  • En la tercera declaración (2,11-20) datada el vigésimo cuarto día del noveno mes (noviembre-diciembre), declara mientras la Casa de Dios no sea reconstruida, la vida de los judíos estará contaminada y maldita, pero que la bendición divina recompensará su renovado celo.
  • El último pronunciamiento (2,20-23) adscrito al mismo día que el anterior, dice que en el próximo derrocamiento de las naciones paganas, le concederá su favor a Zorobabel, el nuevo retoño y representante de la casa de David.

La mera lectura de estos oráculos nos hacen sentir que aunque fueron puestos en cláusulas separadas como era usual en la poesía hebrea, su estilo literario es escabroso y sencillo, sumamente directo, y, por lo tanto, muy natural de parte del intento de un profeta de convencer a sus oyentes sobre su deber de reconstruir la Casa del Señor.

Además de esta armonía en el estilo con el tono general del libro de Ageo, aparece información interna fuerte para confirmar la fecha y autoría tradicional de ese escrito sagrado. En particular, cada segmento de la obra provee con tales fechas precisas y tan expresamente atribuido a Ageo, que cada pronunciamiento lleva la marca distintiva de haber sido escrita tan pronto se pronunció.

También se debe tener en mente que aunque las profecías de Ageo tenían la intención directa de asegurar la inmediata reconstrucción de la Casa de Dios, no carecen de un significado más elevado. Los tres pasajes que se consideran como realmente mesiánicos son 2,7-8; 2,10; y 2,21-24. Es cierto que es significado de los dos primeros pasajes en el original hebreo difieren algo de la presente interpretación de la Vulgata, pero todos contienen una referencia a los tiempos mesiánicos.

El texto antiguo del libro de Ageo ha sido particularmente bien coservado. Las pocas variaciones que ocurren en los manuscritos se deben a errores al transcribirlos, y no afectan materialmente el sentido de la profecía.

Además de la corta obra profética que lleva su nombre, a Ageo también se le ha atribuido, pero erróneamente, la autoría de los Salmos 112(111) y 146(145). (Vea Salmos).


Bibliografía

Comentarios; KNABENBAUER (1886); PEROWNE (1886); TROCHON (1883); ORELLI (1888; tr. 1803); NOWACK (1897); SMITH (1901), Introducciones al Antiguo Testamento: VIGOUROUX RAULT; TROCHON-LESETRE; KEIL; BLEEK-WELLHAUSEN; KAULEN; CORNELY; DRIVER; GIGOT.

Fuente: Gigot, Francis. "Aggeus (Haggai)." The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New York: Robert Appleton Company, 1907. <http://www.newadvent.org/cathen/01209d.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina.