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Domingo, 22 de octubre de 2017

Agaunum

De Enciclopedia Católica

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Agaunum

(Actualmente SAN MAURICIO-EN-VALAIS).

Agaunum, en la diócesis de Sion, Suiza, debe su fama a un evento relatado por San Euquerio, Obispo de Lyons, el martirio de una legión Romana, conocida como “Legión Tebana”, en el comienzo del siglo cuarto. Por siglos este martirio fue aceptado como un hecho histórico, pero a partir de la Reforma ha sido el tema de largas y violentas controversias, un relato exacto de lo cual puede encontrarse en el trabajo de Franz-Stolle. Las fuentes para el martirio de los Tebanos son pocas, consistentes en dos ediciones de sus “Actos”, ciertos registros en los calendarios y en los martirologios, y la carta del Obispo Euquerio, escrrita en el año 450. A esta pueden añadirse ciertas “Pasiones” de mártires Tebanos, que escaparon de la masacre de Agaunum, pero que más tarde fueron víctimas de la persecución en Alemania e Italia. Fue solamente en el episcopado de Teodoro de Octoduro (369-391), largo tiempo después del acontecimiento, que parece haberse puesto atención a la masacre de Agaunum. Fue entonces cuando, de acuerdo a San Euquerio, se construyó una basílica en honor de los mártires, cuya presencia había sido puesta en conocimiento del Obispo Teodoro por medio de una revelación. El documento de principal importancia en relación con esta historia es la carta de San Euquerio al Obispo Salvio, en donde él registra los sucesivos testimonios mediante los cuales fue transmitida la tradición hasta su época a lo largo de un período, de alrededor de ciento cincuenta años. El había viajado al lugar del martirio; adonde los peregrinos venían en grandes cantidades, y había, dice él, preguntado a aquellos que pudieran decirle la verdad acerca del asunto. El, sin embargo, no parece haber visto un texto del martirio, aun cuando su relato tiene muchas excelentes cualidades, históricas así como literarias. Ciertos hechos son relatados con exactitud, y el autor se ha abstenido de añadiduras milagrosas. Pero por otra parte, los discursos que él atribuye a los mártires, y la alusión por la cual hace lo posible para relacionar la masacre de la Legión Tebana con la persecución general bajo Diocleciano, ha dado pie para mucha discusión. Los discursos fueron probablemente de composición propia del Obispo; el fundamento histórico sobre el cual pretende basar el martirio es completamente independiente del relato original. Las objeciones levantadas contra el hecho mismo, y los intentos efectuados para reducir la masacre de la legión a la simple muerte de seis hombres, uno de los cuales era un veterano, no parecen merecer atención. Bárbara como también parece, no hay nada increíble en la masacre de la legión; podrían citarse en apoyo ejemplos de una ocurrencia tan inusual, si bien es bastante posible que en el caso de Agaunum no tengamos relación con una legión, sino con un simple vexillatio. El silencio de historiadores contemporáneos, que ha llamado la atención como un argumento irrefutable contra la verdad del martirio de los Tebanos, está lejos de tener el peso que le ha sido dado. Paul Allard ha mostrado esto muy claramente probando que no había razón por la que Sulpicio Severo, Orosio, Prudencio, Eusebio, o Lactancio hubieran hablado de los mártires Tebanos. El fija la fecha del martirio como anterior al año 292, no, como es generalmente aceptado, en el 303. Dora Ruinant, Paul Allard, y los editores de la “Analecta Bollandiana” son de la opinión que “el martirio de la legión, atestiguado, como lo es por evidencia antigua y confiable, no puede ser puesto en duda por cualquier mente honesta.” Esta opinión optimista, sin embargo, no parece haber convencido a todos los críticos. (Ver EUQUERIO DE LYONS; MAURICIO, SAN)

La carta de Euquerio no nos da detalles en cuanto a la regla impuesta sobre los sacerdotes dejados por Teodoro de Octoduro al cuidado de la basílica en Agaunum; ni sabemos si ellos eran regulares o seculares, si bien un sermón de San Avito, Obispo de Viena, parecería indicar la existencia de una fundación monástica, que fue reemplazada y renovada por la fundación de Segismundo, Rey de los Borgoñones. De los dos documentos que confirman esta opinión, la “Vita Severini Acaunensis” es absolutamente indigna de confianza, siendo un tejido de contradicciones y mentiras; la “Vita Sanctorum Abbatum Acaunensium”, un documento de escaso valor, para ser recibido con precaución, si bien ciertos hechos pueden deducirse de ella. A la fecha de las primeras dádivas de Segismundo a Agaunum la comunidad estaba regida por el Abad Enemodo, quien murió el 3 de Enero de 516. Su siguiente sucesor, Ambrosio, trajo notoriedad a Agaunum por una innovación desconocida en el Occidente, la Salmodia Perpetua, en 522 o 523 a más tardar. Esta Salmodia Perpetua, o laus perennis, era continuada, día y noche, por varios coros, o turmae , que sucedían uno al otro en la recitación del Oficio Divino, de tal foma que la oración continuara sin interrupción. Esta laus perennis era practicada en el Este por los Acoemetae , y su inauguración en Agaunum fue ocasión de una solemne ceremonia, y de un sermón de San Avito que ha llegado hasta nosotros. La “costumbre de Agaunum”, como llegó a denominarse, se extendió a Galia, a Lyon, Chalons, la Abadía de San Denis, a Luxeuil, San Germán en París, San Medardo en Soissons, a San Riquier, y fue adoptada por lo monjes de Remiremont y Laon, si bien la Abadía de Agaunum dejó de practicarla desde el comienzo del siglo noveno. Pero Agaunum había ganado fama mundial por sus mártires y su salmodia. La abadía poseía algunos de los más ricos y mejor preservados tesoros en el Occidente. Entre las piezas inapreciables y artísticamente exquisitas de orfebrería, solo necesitamos mencionar el châse (relicario), decorado con mosaico de cristal, una de las más importantes en el Occidente para el estudio de los comienzos del arte barbárico y Bizantino. Está a la altura de la armadura de Chideric, el Libro de los Evangelios en Moza, Italia, y las coronas de Guarrazar en España. Ella está decorada no solamente con mosaicos, sino con azulejos y piedras preciosas, lisas o grabadas. El frente está ornamentado con un medallón, por largo tiempo tomado por un camafeo, pero que es una pieza única de trabajo en vidrio de corona. Su edad ha sido muy discutida. El respaldo lleva una larga inscripción, que infortunadamente no proporciona solución al problema, pero podemos convenir con d’Arbois de Jubainville en que no es de fecha anterior al año 563.

STOLLE, Das Martyrium der thebaischen Legion (Breslau, 1890); ALLARD, Le Martyre de la legion thebeenne, Hist. des persecutions (Paris, 1890; V, 335-364); Analecta bollandiana (1891, X, 369-370); SCHMIDT, Der hl. Mauritius und seine Genossen (Lucerne, 1893); KRUSCH, La falsification des vies de saints burgondes, in Melanges Julien Havet (Paris, 1895); AUSBERT, Tresor de l'Abbaye de Saint-Maurice d'Agaune (Paris, 1872); LECLERCQ in Dict. d'archeol. chret. et de lit. (1903, I, 850-871).


H. LECLERCQ

Traducido por Daniel Reyes V.