Nombre dado a la traducción
de la Biblia realizada por la Comisión establecida para este fin por el rey de
Inglaterra James I, de donde comúnmente se la conoce como la Biblia del
Rey James o Biblia del Rey Santiago (en inglés King James Bible). Se usa profusamente entre los no-católicos de lengua
inglesa. Para entender sus orígenes e historia, es necesario que hagamos una breve
presentación de las traducciones de la Escritura al inglés anteriores a la Versión
Autorizada. Desde épocas muy tempranas trozos de las Escrituras fueron traducidos
al inglés. Se sabe bien que Beda el Venerable estaba terminando una traducción
del evangelio de San Juan en su lecho de muerte (735). Pero la historia de toda
la Biblia en inglés no va tan lejos; se remonta a la así llamada versión
de Wyclif, que se cree fue terminada alrededor del año 1380. La traducción
fue hecha a partir de la Vulgata según la versión que circulaba en aquellos tiempos,
es decir, antes de las revisiones Sextina y Clementina, y goza de calidad y precisión.
El Abad Gasquet defiende confiadamente (en The Old English Bible, pp. 102ss) que
en realidad esa versión tiene origen católico, y nada tiene que ver con Wyclif;
de cualquier modo que sea parece claro que Wyclif no tuvo participación alguna
en esa traducción excepto, tal vez, en los evangelios; hay evidencias de que copias
de toda la traducción circulaban en manos de buenos católicos y eran por ellos
leídas. La importancia de esta versión, sin embargo, nace del uso que le dieron
Wyclif y los Lollards, y es en este contexto en el que generalmente se la recuerda.
A medida que iba progresando la Reforma, aparecieron algunas versiones inglesas,
traducidas mayormente no de la Vulgata, sino de los originales Hebreo y Griego.
De estas versiones las más famosas fueron: la Biblia de Tyndale (1525), la de
Coverdale (1535), la Biblia de Matthew (1537), la Biblia de Cromwell o Gran
Biblia (1539, cuyas versiones subsecuentes se conocieron como la Biblia
de Cranmer), la Biblia de Ginebra (1557-60), y la Biblia del Obispo (1568).
Dado que el arte de la imprenta ya se conocía para estos tiempos, copias de estas
versiones circulaban libremente entre la gente. Que hubo mucho de bueno y de paciente
trabajo en ellas, nadie lo negará; pero estas versiones fueron arruinadas por
la corrupción de muchos pasajes debido a los prejuicios teológicos de los traductores,
y fueron usados en todos los respectos para servir a la causa del protestantismo.
A fin de contraatacar los malos
efectos de estas versiones, los católicos decidieron producir una ellos mismos.
Muchos vivían ya en ciudades del continente, habiendo sido obligados a abandonar
Inglaterra por la Leyes Penales, por lo cual el trabajo fue realizado por miembros
del Allen College, en Douai, Flandes, que temporalmente fue trasladado a Reims.
El resultado de esta empresa fue el Nuevo Testamento de Reims (1582) y la Biblia
de Douay (1609-10). La traducción fue hecha a partir de la Vulgata y, aunque exacta,
fue muy deficiente en la forma literaria, estando tan llena de latinismos que
ciertos pasaje resultaban ininteligibles. De hecho algunos años más tarde el Dr.
William Fulke, un conocido controversista puritano, publicó un libro en el cual
la Biblia del Obispo y el Nuevo Testamento de Reims fueron puestos en columnas
paralelas, con el solo objetivo de desacreditar ésta última. En esto Fulke no
logró el éxito que esperaba, y hoy en día es generalmente aceptado que la Biblia
de Douay contenía un trabajo científico excelente, siendo sus defectos debidos
más bien a una ansiedad excesiva por la exactitud. Mientras tanto los protestantes
comenzaban a descontentarse con sus propias versiones, y poco después de su ascensión
a la corona, el Rey James I nombró una comisión de revisión -la única resolución
práctica de las celebradas Conferencias de la Corte de Hampton. Los comisionados,
en total cuarenta y siete, fueron divididos en seis compañías, de las cuales dos
se establecieron en Oxford, dos en Cambridge y dos en Westminster. Cada compañía
trabajó sobre un determinado texto bíblico; los resultados serían luego revisados
por una comisión selecta elegida de entre todos los miembros del cuerpo de traductores.
Las instrucciones que los traductores tenían eran las siguientes: tomar como base
la Biblia del Obispo (the Bishops Bible) que estaba en
uso en las iglesias, corrigiéndola en comparación con los textos hebreos y griegos.
También se les dio una lista de otras versiones inglesas que deberían consultar.
Los comisionados comenzaron la labor en 1607, completándola en el corto período
de dos años y nueve meses, y cuyo resultado fue lo que conocemos como la Versión
Autorizada. Aunque al comienzo fue lenta la aceptación recibida, la Versión
Autorizada obtuvo con el tiempo la fama de una joya de la literatura inglesa.
La primera edición apareció en 1611, poco después de la Biblia de Douay; esta
última no estaba en la lista de las versiones mencionadas en las instrucciones
para los traductores, pero sin embargo se sabe que tuvo una considerable influencia
en ellos (ver el Prefacio de la Revised Version, i, 2. También J. G. Carleton,
Rheims and the English Bible).
La Versión Autorizada fue impresa
en la forma común con capítulos y versos, y antes de cada capítulo se agregó un
sumario de su contenido. Ningún otro elemento extraño al texto fue permitido,
excepto algunas explicaciones marginales sobre el significado de algunas palabras
hebreas o griegas, y un cierto número de referencias cruzadas a otros pasajes
de la Escritura. Al comienzo de la edición fue publicada una Dedicación al Rey
James y una breve Advertencia al Lector. Libros como el Ecclesiasticus, Macabeos
y Tobías, que no son considerados canónicos por los protestantes, fueron por supuesto
omitidos. Aunque en la página de inicio se decía que la Versión Autorizada fue
destinada a ser leída en las Iglesias, de hecho llegó a usarse en
este sentido sólo gradualmente. Para las epístolas y los evangelios, no reemplazó
a la Biblia del Obispo hasta la revisión de la Liturgia en 1661; en lo que toca
a los salmos, la versión del Obispo se conserva en la liturgia hasta el día de
hoy; y esto porque se llegó a la conclusión de que el pueblo estaba tan acostumbrado
a cantar esa versión de los salmos que cualquier cambio pareció inoportuno, si
no imposible. Cambios de consideración fueron introducidos, de tanto en tanto,
en sucesivas ediciones de la Versión Autorizada en las notas y referencias, y
algunos también en el texto mismo. Un cuadro de cronología bíblica basado principalmente
en los cálculos del Arzobispo Ussher fue introducido por primera vez en 1701;
pero en muchas de las ediciones sucesivas tanto las fechas como algunas -e incluso
todas- las referencias o notas gramaticales fueron omitidas.
Se admite generalmente que la
Versión Autorizada fue en casi todos los respectos un gran progreso con respecto
a las versiones anteriores. Tanto es así que cuando el Obispo Challoner hizo su
revisión de la Biblia de Douay (1749-52), que se usa comúnmente hoy en día entre
los católicos anglófonos, no tuvo escrúpulos en tomar grandes trozos de aquella
versión. Incluso el Cardenal Newman nos da su opinión (Traces Theol. and Eccles.,
373) según la cual la revisión de Challoner terminó siendo más cercana a la Versión
Autorizada que a la versión original de Douay, no en la estructura gramatical,
sino en la fraseología y dicción. Sin embargo, pueden verse aquí y allí
en la Versión Autorizada huellas de prejuicios controversiales, como por ejemplo
en la salutación del angel a la Virgen María, donde las palabras altamente
favorecida son una muy imperfecta versión del original. En estos casos,
obviamente, Challoner siguió la versión de Douay. Además, mientras que en la Versión
Autorizada los nombres de personas y lugares fueron vertidos en la forma anglicanizada
de uso corriente, derivados de la escritura hebrea, Challoner casi siempre siguió
los nombre según aparecían en la Vulgata, que vienen originalmente de la versión
griega Septuaginta (o de los LXX). Es en parte debido a este hecho que la Versión
Autorizada tiene un sonido poco familiar para los oídos católicos. La Versión
Autorizada conservó su carácter de posesión indiscutida por casi tres siglos,
y se volvió parte de la vida de la gente. En la segunda mitad del siglo XIX, sin
embargo, se comenzó a pensar que el progreso de las ciencias llamaba a una nueva
versión que considerase los resultados de las investigaciones más recientes. La
obra fue emprendida por una Convocación en 1870, para lo cual se formó un Comité
con la cooperación de estudiosos americanos, dando como resultado la Versión Revisada
(Revised Version, 1881-84). La Versión
Revisada nunca obtuvo una aprobación eclesiástica definitiva, ni tampoco fue introducida
oficialmente en el uso de las iglesias; se abrió camino por sus propios méritos.
Pero aunque al día de la fecha es muy usada por parte de estudiantes, para el
público general (no-católico) la Versión Autorizada aún permanece en su lugar
y no da signo alguno de perder popularidad.
BERNARD WARD
Transcrito por Janet Grayson
Traducido por P. Juan Carlos
Sack, VE