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(CODICE B), un manuscrito griego, el más importante de todos los manuscritos de la Sagrada Escritura. Se le llama así porque pertenece a la Biblioteca Vaticana (Codex Vaticanus, 1209).
Este códice es un volumen en cuarto escrito en letras mayúsculas del Siglo IV, en folios de fino pergamino atados de cinco en cinco. Cada página se divide en tres columnas de cuarenta líneas cada una, entre dieciséis y dieciocho letras por línea, excepto en los libros poéticos, en los que, debido a la división por versos de las líneas, sólo hay dos columnas por página. No hay mayúsculas iniciales, pero a veces la primera letra de una sección se extiende por el margen. Varias manos han trabajado en el manuscrito; el primer escritor no introdujo pausas ni acentos, y sólo utilizó raramente una puntuación sencilla. Desgraciadamente el códice está mutilado; en una fecha posterior los folios perdidos se reemplazaron por otros. Así los primeros veinte folios originales se han perdido; una parte del folio 178, y diez folios tras el folio 348; también los cuadernillos finales, cuyo número es imposible de determinar. Se conservan en total 759 folios originales.
El Antiguo Testamento (Versión de los Setenta, excepto Daniel, que está tomado de la versión de Teodotio) ocupa 617 folios. Por causa de las lagunas arriba mencionadas, del texto del Antiguo Testamento faltan los siguientes pasajes: Génesis 1-46,28; 2 Samuel 2,5-7, 10-13; Salmos 105, 27-137, 6. El orden de los libros del Antiguo Testamento es el siguiente: Génesis hasta el 2º Libro de las Crónicas, Primero y Segundo Esdras, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Job, Sabiduría, Eclesiástico, Esther, Judith, Tobías, los Profetas Menores desde Oseas a Malaquías, Isaías, Jeremías, Baruch, Lamentaciones y Epístola de Jeremías, Ezequiel, Daniel; el Códice Vaticano no contiene la Plegaria de Manasés ni los Libros de los Macabeos. El Nuevo Testamento empieza en el folio 618. Debido a la pérdida de los cuadernillos finales falta una parte de las Epístolas paulinas: Hebreos 9,14-13, 25, las Cartas Pastorales, la Epístola a Filemón; también el Apocalipsis. Es posible que puedan haberse perdido también algunos escritos extracanónicos, como la Epístola de Clemente. El orden de los libros del Nuevo Testamento es el siguiente: Evangelios, Hechos de los Apóstoles, Epístolas Católicas, S. Pablo a los Romanos, Corintios (1-2), Gálatas, Efesios, Filipenses, Tesalonicenses (1-2), Hebreos.
En el Códice Vaticano no encontramos ni las partes ammonianas ni los cánones de Eusebio. Sin embargo, está dividido en partes, según un modo común al Codex Zacynthius (Cod. “Zeta”), un manuscrito de la Escritura de S. Lucas del Siglo VIII. Los Hechos de los Apóstoles muestran una división especial en treinta y seis capítulos. Las Epístolas Católicas tienen huellas de una doble división, en la primera y más antigua de las cuales algunos creen que faltaba la Segunda Epístola de Pedro. La división de las Epístolas paulinas es bastante peculiar: se tratan como un libro, y se numeran de manera continuada. De esta enumeración resulta claro que en la copia de las Escrituras reproducida en el Códice Vaticano la Epístola a los Hebreos se situaba entre la Epístola a los Gálatas y la Epístola a los Efesios.
El Códice Vaticano, pese a las opiniones de Tischendorf, que sostenía la prioridad del Codex Sinaiticus, descubierto por él, está correctamente considerado como la copia más antigua que existe de la Biblia. Como el Codex Sinaiticus representa lo que Westcott y Hort llaman un “texto neutral”, esto es, un texto que antedata las modificaciones encontradas en todos los manuscritos posteriores, no sólo las modificaciones encontradas en las menos antiguas recensiones antioquenas, sino también las encontradas en las recensiones oriental y alejandrina; puede decirse que el Códice Vaticano, escrito en la primera mitad del Siglo IV, representa el texto de una de las recensiones de la Biblia que eran corrientes en el Siglo III, y que pertenece a la familia de manuscritos que utilizó Orígenes en la composición de su Hexapla.
El lugar originario del Códice Vaticano es incierto. Hort cree que se escribió en Roma; Rendel Harris, Armitage Robinson y otros lo atribuyen al Asia Menor. Un opinión más común mantiene que se escribió en Egipto. Armitage Robinson cree que el Vaticano y el Sinaítico estuvieron originalmente juntos en alguna antigua biblioteca. Su opinión se basa en el hecho de que en los márgenes de ambos manuscritos se encuentra el mismo sistema especial de capítulos para los Hechos de los Apóstoles, tomados de la división de Eutalio, y encontrada en otros dos códices importantes (Amiatino y Fuldense) de la Vulgata latina. Tischendorf creía que tres manos habían trabajado en la transcripción del Códice Vaticano. Identificó (?) la primera mano (B1), o transcriptor, del Antiguo Testamento con el transcriptor de una parte del Antiguo Testamento y algunos folios del Nuevo Testamento en el Codex Sinaiticus. Este texto primitivo fue revisado, poco después de su transcripción originaria, con la ayuda de un nuevo manuscrito, por un corrector (B2 – Para el Antiguo Testamento, B2 es citado por Swete como Ba). Seis siglos después (según algunos), una tercera mano (B3, Bb) volvió a trazar las letras desdibujadas, dejando sólo muy poco del original sin tocar. Según Fabiani, sin embargo, esta reescritura fue hecha a primeros del Siglo XV por el monje Clemente (qui saeculo XV ineunte floruisse videtur). En tiempos modernos (Siglos XV-XVI) se añadieron los folios perdidos al códice para, como conjetura Tregelles, prepararlo para su uso en la Biblioteca Vaticana. Antiguos catálogos demuestran que estaba allí en el Siglo XV. La añadidura al Nuevo Testamento fue listada por Scrivener como Cod.263 (en Gregory, 293) para la Epístola a los Hebreos, y como Cod. 91 para el Apocalipsis. Napoleón I trajo el códice a París (donde Hug fue autorizado a estudiarlo) pero después fue devuelto a la Santa Sede, con algunos otros restos del botín romano, y vuelto a colocar en la Biblioteca Vaticana. Hay diversos cotejos, ediciones y estudios del Códice Vaticano. Los cotejos son:
- el de Bartolocci (Giulio di S.Anastasia), antiguamente bibliotecario del Vaticano; fue hecho en 1669 y se conserva en manuscrito –Gr. Supl. 53 de la Bibliothèque Nationale – en París (se cita bajo la sigla: Blc)
- el de Birch (Bch) editado en Copenhague en 1798 para los Hechos de los Apóstoles y las Epístolas, en 1800 para el Apocalipsis, en 1801 para los Evangelios;
- el llevado a cabo para Bentley (Btly) por el abate Mico hacia 1720 al margen de un ejemplar del Nuevo Testamento griego que se publicó en Estrasburgo en 1524 por Cephalaeus; esta copia está entre los libros de Bentley en la biblioteca del Trinity College de Cambridge – el cotejo propiamente dicho se editó en el apéndice de Ford a la edición de Woide del Codex Alexandrinus en 1799;
- una lista de las alteraciones producidas, editada a requerimiento de Bentley por el abate Rulotta con ayuda del abate de Stosch (Rlt); esta lista se suponía que había desaparecido, pero se conserva entre los papeles de Bentley en la biblioteca del Trinity College de Cambridge bajo la sigla: B.17.20;
- en 1860 Alford, y en 1892 Cure, examinaron un selecto número de las lecturas del Códice Vaticano, y publicaron el resultado de sus trabajos en el primer volumen del Testamento griego de Alford.
Muchos otros estudiosos han hecho cotejos específicos para sus propios propósitos, vg., Tregelles, Tischendorf, Alford, etc. Entre las obras escritas sobre el Códice Vaticano podemos indicar: Bourgon, “Cartas de Roma " (Londres, 1861). En el segundo volumen del Catálogo de manuscritos griegos vaticanos, ejecutado según el método científico moderno para la catalogación de la Biblioteca Vaticana, hay una descripción del Códice Vaticano.
Respecto a las ediciones de este códice, la edición romana de los Setenta (1587) se basó en el Vaticano. Del mismo modo, la edición de Cambridge por Swete lo sigue regularmente y utiliza el Sinaítico y el Alejandrino sólo para las partes que faltan en el Vaticano. La primera edición romana apareció en 1858, bajo los nombres de Mai y Vercellone, y, bajo los mismos nombres, una segunda edición romana en 1859. Ambas ediciones fueron severamente criticadas por Tischendorf en la edición que llevó a cabo en Leipzig en 1867, "Novum Testamentum Vaticanum, post A. Maii aliorumque imperfectos labores ex ipso codice editum", con un apéndice (1869). La tercera edición romana (Verc.) apareció bajo los nombres de Vercellone (muerto en 1869) y de Cozza-Luzi (muerto en 1905) en 1868-81; iba acompañada de una reproducción fotográfica del texto: "Bibliorum SS. Graecorum Cod. Vat. 1209, Cod. B, denou phototypice expressus, jussu et cura praesidum Bibliothecae Vaticanae" (Milán, 1904-6). Esta edición contiene una magistral introducción anónima (por Giovanni Mercati), en la que el autor corrige muchas afirmaciones inexactas hechas por autores anteriores. Hasta hace poco no se concedía el privilegio de consultar este antiguo manuscrito con toda libertad y de manera plena a todo el que lo pedía. La condición material del Códice Vaticano es mejor, hablando en términos generales, que la de sus contemporáneos; se prevé, sin embargo, que dentro de un siglo se habrá hecho en pedazos salvo que se descubra un remedio eficaz, que se está buscando con empeño.
UMBERTO BENIGNI
Transcrito por Sean Hyland
Traducido por Francisco Vázquez
The
Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor Imprimatur
+John Cardinal Farley, Archbishop of New York
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