Nace en Palermo en 1702 y muere en Milazzo (Messina)
en 1768. De joven vistió el hábito talar, pero la vocación artística
tuvo entonces predominio. Si la arquitectura tardobarroca más viva
e interesante se encuentra en Sicilia, es sobre todo mérito suyo.
Habiendo devastado, el terremoto de 1693, la mayor parte de la ciudad
oriental de la isla, tuvo inicio un largo período de reconstrucción
y Catania fue el centro de la elaboración arquitectónica. Sus obras
constituyen, aún hoy, muchas partes del paisaje urbano. Fue llamado
a la ciudad terremotada por el Obispo Galleti, cuando tenía veintisiete
años. Había estudiado en Roma, donde conoció a Vanvitelli y a Carlo
Fontana y profundizó las obras de Bernini y de Borromini. A diferencia
de Juvara, la experiencia romana lo mantendrá cercano a la arquitectura
berniniana. El barroco vaccariniano es re-elaboración de las formas
y el ritmo clásicos, junto con el uso de materiales y la estilística del repertorio tradicional catanese.
F. Fichera, arquitecto de los años treinta, escribe
así de Vaccarini: «El tenía
el secreto del ritmo, un don que Dios ofrece a los grandes arquitectos
y a los grandes músicos y aún: Con Vaccarini se renovó el milagro
italiano, porque cada una de las cien ciudades nuestras tienen su
figura y su privilegio: Florencia tiene aquello de representar al
Renacimiento, Catania al Barroco». A los treinta y un años,
le fue asignado el proyecto de la Catedral de Catania con el encargo
de restaurarla, introduciendo las columnas marmóreas del Odeon greco
y del Circo romano. Innumerables son las obras que ha dejado, pero
su obra maestra es la Iglesia de la Abadía de Santa Ágata, edificada
en Plaza Duomo, precisamente donde construyó, más adelante, la Fuente
del Elefante y el Palacio del Senado. Sobre la Avenida Vittorio Emanuele
realizó los Palacios Valle y Serravalle, sobre la calle Crociferi,
la Iglesia de San Giuliano, en la plaza de los Studi, participó en
los trabajos de la Universidad y del Palacio de Sangiuliano, realizó
también el Colegio Cutelli, la Casa Vaccarini, la Biblioteca del Monasterio
de los Benedictinos y la Abadía de los monjes de San Benedetto.
De ánimo noble, bondadoso, pío y generoso, Vaccarini
conquistó el aprecio de los cataneses. El Senado de la ciudad, en
unánime deliberación del 28 de noviembre de 1735, consideradas las virtudes, el ingenio, las facultades artísticas
con las cuales, el Reverendísimo Don Giovanni Battista Vaccarini,
palermitano, Canónico Secondario de esta Catedral, es embellecido ... se le confiere la Ciudadanía Honoraria.
Enciclopedia
di Catania - Tringale Editore.
Traducido
por José Luis Anastasio