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Observatorio Vaticano

El Observatorio Vaticano lleva ahora el título oficial de “Specola Astronomica Vaticana". Para comprender su historia es necesario subrayar que las denominaciones osservatorio o specola no se limitan a la astronomía, sino que pueden significar cualquier localidad elevada desde la que se observan los fenómenos aéreos. Desde este punto de vista la historia de la Specola Vaticana ha pasado por sucesivos estadios:

(1) El primer periodo del Observatorio Vaticano se describe así por León XIII en el Motu Proprio de 1891:

Gregorio XIII ordenó que se erigiera una torre en un lugar conveniente de los edificios vaticanos, y que fuera provisto de los más grandes y mejores instrumentos de la época. Allí celebró reuniones con los sabios a los que había confiado la reforma del calendario. La torre existe hoy día, testimonio de la munificencia de su autor. Contiene una línea meridiana hecha por Ignazio Danti de Perugia, con un círculo de mármol en el centro adornado con diseños científicos. Cuando le dan los rayos de sol que entran desde arriba, los diseños demuestran el error del cálculo antiguo y la corrección de la reforma.

La primera mitad de esta narración se basa en una tradición apoyada en Gilii y Calandrelli (ver LILIUS); se relaciona con el Observatorio Vaticano, al menos en cuanto se refiere al lugar. La torre se eleva 73 metros sobre el nivel del mar y está encima del museo y la biblioteca, entre los patios Belvedere y della Pigna. A menudo se le llama la “Torre de los Vientos”

(2) El segundo periodo del Observatorio Vaticano tiene que ver sobre todo con la persona de Monseñor Filippo Luigi Gilii, cuya vida ha sido escrita por Lais. Gilii nació en Corneto en 1756 y murió en Roma en 1821, siendo un clérigo beneficiado de la Basílica de San Pedro. Fue un genio universal, muy versado en física y biología, en arqueología y en lengua hebrea. La Torre Gregoriana estaba entonces en manos del bibliotecario del Vaticano, cargo para el que había sido nombrado el cardenal Zelada en 1780. Zelada deseaba honrar las tradiciones de la torre dedicando su parte superior a observatorio. En 1797 obtuvo la sanción de Pío VI y colocó sobre la entrada de la torre la inscripción latina Specula Vaticana. El piso superior fue provisto de instrumentos meteorológicos y magnéticos, con un sismógrafo, un telescopio Dolland, un pequeño telescopio portátil y un reloj de péndulo, y el observatorio fue puesto a cargo de monseñor Gilii. Desde 1800 a 1821 Gilii hizo una serie de observaciones meteorológicas ininterrumpidas,  leyendo los instrumentos dos veces al día (después de las 6 a.m. y de las 2 p.m.) según el programa de la Sociedad Meteorológica de Mannheim. Las observaciones de casi siete años de la larga serie se han publicado, mientras que el resto se conserva en manuscrito en la Biblioteca Vaticana. También están depositadas observaciones astronómicas de eclipses, cometas, satélites de Júpiter y de una trayectoria de Mercurio. La actividad científica de Gilii se extendió más allá del Observatorio Vaticano y más allá de Roma. Se le debe la línea de meridiana frente a San Pedro con el obelisco como gnomon y las lecturas de las estaciones por la longitud de la sombra; así como también los signos en el suelo de la Basílica de San Pedro, indicando las longitudes de las mayores iglesias del mundo, como los dos grandes relojes de estilo francés e italiano, frente a la Basílica, y finalmente, el primer pararrayos en la cúpula de San Pedro. Similares recuerdos de él existen en varias iglesias y ciudades de Italia. La lápida en Aracoeli le llama hombre "mitissimi ingenii, modestiæ singularis, pius". A la muerte de Gilii el Observatorio Vaticano fue suspendido por la siguiente razón: Pío VII y León XII elevaron el nivel de los estudios en los estados papales. Este último Papa, en su carta apostólica "Quod divina sapientia", dio instrucciones sobre observatorios, publicaciones e intercambios con científicos extranjeros. En 1787 se había fundado el observatorio del Colegio Romano, dirigido por Calandrelli, y se declaró preferible al Vaticano por ser más accesible a los estudiantes en la ciudad y no obstruido por la gran cúpula de San Pedro (Giornale Arcadico, II, p. 407). Por consejo del Padre Boscovich los instrumentos se trasladaron de la Torre Gregoriana al Colegio Romano.

(3) El resurgimiento del Observatorio Vaticano en su tercer periodo fue ocasionado, por una parte, por la pérdida para la Iglesia del Colegio Romano y su observatorio en 1870, y por otra, por la exposición de instrumentos presentada a León XIII por el clero italiano en la celebración de sus bodas de oro sacerdotales, en 1888. El barnabita Padre Denza, bien conocido como fundador de la Sociedad Meteorológica Italiana, propuso entonces a León XIII conservar los instrumentos en la Torre Gregoriana, y restaurar ese lugar para sus anteriores fines. El plan fue aceptado y se consiguió una serie de los mejores instrumentos, en parte por donaciones de Hicks en Londres, en parte por la compra del aparato auto-registrador de Richard en París. Se adquirieron del observatorio del difunto marqués de Montecuccoli en Módena, del que había sido Denza director, un ecuatorial de cuatro pulgadas, un telescopio portátil de tres pulgadas y cuatro relojes de péndulo con dos cronómetros. El Padre Denza aún tenía planes más amplios. El año anterior, 1887, Mouchez había organizado la cooperación de cierto número de observatorios para continuar las observaciones de Argelander de las magnitudes más débiles por medio de la fotografía. En la segunda reunión del comité en París, en 1889, Denza declaró su intención de unirse al trabajo. Para esta finalidad, León XIII cedió al Observatorio Vaticano una segunda torre, distante más de 400 metros de la Gregoriana. Es la más occidental de las torres que subsisten de la Fortaleza Leonina, que fue construida para defenderse contra los sarracenos en 848-53. De 17 metros de diámetro y de un grosor de 4,5 metros en los muros más bajos, parecía lo bastante amplia y fuerte para soportar el refractor fotográfico de trece pulgadas que se encargó a Gauthier en París. Durante los cuatro años siguientes, el observatorio continuó a cargo del vice-director, el Padre Lais del Oratorio, que ha dirigido el trabajo fotográfico desde el principio, todo ello a sus expensas. Desde 1898 a 1905 la dirección estuvo en manos del agustino Padre Rodríguez, un especialista en meteorología. Durante el tercer periodo del observatorio se publicaron siete volúmenes, cuatro bajo Denza, el quinto bajo Lais y los dos últimos bajo Rodríguez.

(4) El cuarto y actual periodo del Observatorio Vaticano comenzó con el nombramiento,  en Noviembre de 1904, por Pío X del arzobispo (hoy cardenal) Maffi como presidente de la Specola. Su primer paso fue poner remedio a la gran dificultad causada por la separación de las dos torres. Según sus planes, la Torre Gregoriana debía abandonarse a los archivos históricos y la segunda torre redonda de la vieja Fortaleza Leonina, con la anexa residencia de verano de León XIII, debía dedicarse a la astronomía. Las dos antiguas torres debían unirse entre sí mediante un pasadizo sobre el muro de la fortificación, con un puente de hierro que salvara una abertura de 85 metros de longitud. Para llevar a cabo estos planes fue designado el autor de este artículo en la audiencia concedida por el cardenal Maffi el 14 de Marzo de 1906, y nombrado oficialmente el 26 de Abril. El muro de la fortificación de mil años de antigüedad, que se extiende por unos 400 metros, está ahora coronado por cuatro cúpulas rotatorias, que cubren el refractor astrográfico de la Torre Leonina y un nuevo telescopio visual de dieciséis pulgadas en la segunda torre, llamada Torre Pío X. Un ecuatorial de cuatro pulgadas se sitúa en un bastión semicircular, en el extremo oeste del puente, y un fotoheliógrafo en el extremo este de la vieja muralla, por encima de los cuarteles de los gendarmes. El antiguo telescopio portátil está montado en una bóveda sobre los muros principales de la nueva residencia. Tras la restauración material del observatorio, los principales problemas fueron una biblioteca y la medición de las placas astrográficas. La rica biblioteca meteorológica fue entregada a la Academia Pontificia Lincei, y los antiguos instrumentos meteorológicos y sísmicos fueron en su mayor parte enviados al observatorio de Valle di Pompei. Una biblioteca astronómica ocupa ahora dos salas de la nueva residencia; se consiguieron antiguos tesoros para ella mediante el préstamo de la colección científica de la Biblioteca Vaticana, limitándose ésta a las ramas histórica y literaria. Las placas astrográficas están midiéndose por dos nuevas máquinas Repsold, que están situadas en un convento vecino, a cargo de tres hermanas. Durante casi cuatro años el director disfrutó de la cooperación del Padre Stein, S.J., por medio del cual fue posible publicar los tres primeros números de la nueva serie, aparte de ensayos menores, y las dos últimas series del atlas de estrellas variables. En la reunión del Congreso Astrográfico de París en 1909, el P. Lais presentó treinta tablas reproducidas por él mismo en papel de bromuro de plata.      

Fuentes

DENZA, La Nuova Specola Vaticana in Atti, Acad. Pont. N. Lincei XLIII (1889); ZAHM, The Observatory of the Vatican in The Cosmopolitan (1895), bien ilustrada pero no exacta en todos sus detalles; STEIN, Restauri della Specola Vaticana in Rivista di Fisica etc., IX (Pavía, 1908); HAGEN, Vaticanische Sternwarte en V. J. S. Astron. Ges., XLV (1910); MAFFI, Specula Vaticana, Inaugurazione (Roma, 1910); PARR, The Vatican Observatory of Today in Knowledge (1911), correcta, excepto las añadiduras por los editores.

JOHN HAGEN

Transcrito por Douglas J. Potter. Dedicado al Immaculado Corazón de la Santísima  Virgen María.

Traducido por Francisco Vázquez


The Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor Imprimatur +John Cardinal Farley, Archbishop of New York



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