Líder de los Espirituales, nacido en Casale de Vercelli, en
1259; murió alrededor de 1330. Tomó el hábito
franciscano en un convento de la provincia de Génova en 1273,
y fue enviado a París a continuar sus estudios, permaneciendo
allí durante nueve años, luego de los cuales regresó
a Italia. En 1285 visitó los santuarios de Roma, y después
siguió para Greccio, cerca de Rieti, para ver al Beato Juan
de Parma, que era considerado como el patriarca de los Frailes Espirituales.
Después se estableció en Toscana y en 1287, en Florencia,
fue compañero y discípulo del Hermano Pierre-Jean Olivi.
Fue lector en Santa Croce, Florencia, pero dejó el cargo luego
de algunos años para dedicarse a predicar, especialmente en
Florencia. Hombre de genio, pero de carácter excéntrico
y revoltoso, pronto se convirtió en líder de los famosos
Espirituales de Toscana, profesó extrañas ideas relativas
a la pobreza evangélica y franciscana, y atacó al gobierno
de la orden, aunque algunas de estas ideas habían sido reprobadas
por Olivi en su carta de Setiembre de 1295, al Beato Conrado da Offida,
un [zelote] moderado de la pobreza franciscana. Los Espirituales de
Toscana eran tan fanáticos como para reprobar públicamente
a Gregorio IX y Nicolás III, y hasta condenarlos como herejes,
por haber interpretado la Regla de San Francisco con relación
a la pobreza de acuerdo con la justicia y la moderación; también
condenaban a Inocente III, porque se oponía fuertemente a las
enseñanzas de Joaquín de Flora, que ellos consideraban
oráculo del Espíritu Santo, y cuyas teorías eran
la causa de la discordia dentro de la Orden Franciscana en la primera
mitad del siglo XIV. Con motivo de su crítica excesiva y satírica,
Ubertino fue convocado por Benito XI; se le prohibió predicar
en Perugia, y fue apartado al Convento de La Verna, donde en 1305
concibió y escribió, en sólo tres meses y siete
días (si podemos creerle en este punto), su obra mayor, "Arbor
vitae crucifixae Jesu Christi". Esta obra es una colección
de teorías alegóricas, teológicas y políticas
relativas a la sociedad civil y a la Iglesia de aquellos días,
en la que expone también su ideal para el futuro cercano. En
esta obra critica todo y a todos, a los papas y a la Iglesia, especialmente
por presuntos abusos de riqueza en el estado eclesiástico y
en el civil, y finalmente a la Orden Franciscana por no practicar
la más extrema pobreza. En la misma obra (libro I, capítulo
IV), se menciona por primera vez la leyenda de la resurrección
de San Francisco, que afirma haber escuchado del Beato Conrado da
Offida, y éste del Beato Hermano León, que Cristo había
elevado a San Francisco en un cuerpo glorioso para consolar a sus
pobres frailes, que, de acuerdo con Ubertino, eran evidentemente sólo
los Espirituales. A pesar de sus utópicas teorías, Ubertino
tenía muchos protectores y admiradores, y en 1307, después
de haber escrito el "Arbor vitae", fue elegido capellán y [cercano]
del Cardenal Napoleone Orsini, sobrino de Nicolás III, que
había sido nombrado por Celestino V protector de los Espirituales
de la [marca] de Ancona, pero su protectorado había terminado
pronto, con la elección de Bonifacio VIII en Diciembre de 1294.
Orsini, que durante los años 1306-08 había sido legado
pontificio en Italia central, envió a Ubertino el 10 de setiembre
de 1307, para absolver a los habitantes de Siena, que habían
incurrido en censura eclesiástica. Cuando Orsini se trasladó
a Alemania en 1308, Ubertino no lo acompañó, habiendo
sido llamado entonces a Francia. En los años 1309-12, que fueron
testigos de la mayor batalla dentro de la Orden Franciscana, Ubertino
fue convocado a Avignon con otros jefes de los Espirituales para discutir
ante el Papa las cuestiones en debate entre las dos partes de la orden.
Se discutieron cuatro puntos:
- las relaciones de la orden con la secta de los llamados Seguidores
del Espíritu Libre,
- la condena y la doctrina de Olivi,
- la pobreza y la disciplina en la Orden de los Frailes Menores,
y
- las supuestas persecuciones de los Espirituales de la orden.
Durante las discusiones Ubertino se comportó de forma atropellada
e insolente contra todo el cuerpo de la orden, acusándolos
de muchas cosas falsas e injustas; no obstante fue forzado a reconocer
que la disciplina regular existía sustancialmente dentro de
la orden, pero en lo relativo a la pobreza atacó abiertamente
las declaraciones pontificias como contrarias a la regla y como causa
de la ruina de la orden. Él pretendía que los Frailes
Menores fueran obligados a observar literalmente la Regla y el Testamento
de San Francisco, incluso todos los consejos evangélicos enseñados
por Cristo. Y como no era posible lograr todo esto para la mayoría
de la orden, exigía que se erigieran conventos y provincias
para el partido reformado. Esto fue absolutamente denegado, mientras
por otro lado el tema de la observancia práctica de la pobreza
fue resuelto por la famosa Bula, "Exivi de paradiso", el 6 de mayo
de 1312, provocada en parte por los polémicos escritos de Ubertino.
A continuación Ubertino se retiró a Aviñón,
en 1313, y permaneció con el Cardenal Giacomo Colonna hasta
que obtuvo permiso de Juan XXII (el 1º de octubre de 1317) para dejar
la orden y entrar en la Abadía Benedictina de Gembloux, en
la Diócesis de Lieja. Algunos dudan que los Benedictinos recibieran
en su congregación a una persona de carácter tan tumultuoso,
pero estamos seguros de ello a través de Clareno y de un notario
del Rey Jaime II de Aragón en el año 1318. A pesar de
ello, Ubertino no desistió de mezclarse en la cuestión
que agitaba a la Orden Franciscana hasta que fue excomulgado por Juan
XXII. Cuando aún era un favorito de este Papa y [cercano] al
Cardenal Orsini, fue invitado por el soberano pontífice a dar
su opinión relativa a la otra famosa cuestión debatida
entre los Dominicanos y los Franciscanos, esto es, relativa a la pobreza
de Jesucristo y la de los Apóstoles. Esta última cuestión,
mucho más que la relativa a los Espirituales fue la causa del
desastroso cisma de la orden encabezado por Miguel de Cesena, general
de la Orden, y secundado por el rebelde Luis IV de Baviera. Ubertino
estaba en Avignon en 1322; a solicitud del Papa escribió su
respuesta sobre el tema en controversia en ese momento, afirmando
que Cristo y los Apóstoles deben ser considerados en una doble
condición: como personas privadas habían repudiado toda
propiedad, pero como ministros de religión hicieron uso de
bienes y dinero para cubrir necesidades y limosnas. A Juan XXII le
satisfizo la respuesta, pero Ubertino regresó al servicio del
Cardenal Orsini, y continuó escribiendo para comprometerse
con la cuestión, que mientras tanto había sido resuelta,
1322-23. Sea como fuere, es cierto que en 1325 fue acusado de herejía,
especialmente por haber sostenido obstinadamente algunos errores de
Olivi.
Ubertino, previendo la condena que pendía sobre él,
huyó de Avignon, y el Papa en una carta de fecha 16 de setiembre
de 1325, le ordenó al general de los Franciscanos que lo arrestara
como hereje; pero Ubertino probablemente se trasladó a Alemania
bajo la protección de Luis el Bávaro, quien se dice
que lo acompañó camino a Roma en 1328.
Desde esta época Ubertino desapareció de la historia,
de modo que no se conoce nada más sobre él. Algunos
suponen que dejó a los Benedictinos en 1332 para ingresar en
la Cartuja, pero no es cierto. Los Fraticelli del siglo XV, que lo
veneraban como a un santo, difundieron la noticia de que había
sido asesinado. El final de este famoso líder de los Espirituales,
recordado aun por Dante en el canto 12 del "Paraíso", probablemente
seguirá siendo un punto oscuro de la historia.
Además del "Arbor vitae", su obra principal, impresa sólo
una vez en Venecia en 1485, y de la cual se conocen apenas trece manuscritos
en las principales bibliotecas de Europa, Ubertino escribió
también otras obras de carácter polémico:
- el "Responsio" a las cuestiones de Clemente V (1310);
- el "Rotulus" (1311);
- la "Declaratio" contra la Orden Franciscana (1311);
- la apología de Olivi "Sanctitati Apostolicae", y
- el tratado "Super tribus sceleribus" sobre la pobreza, compilado
también en 1311.
HIERON. GOLUBOVICH
Transcrito por Carol Kerstner
Traducido por Amparo Cabal